sábado, 31 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XX )



AGEN SE SUBLEVA


Puesto que los habitantes de Agen reciben un fuerte apoyo del rey, la insurrección se fija para el 2 de octubre de 1585. Los notables intentan apoderarse de la puerta del Pin, que el rey de Navarra ya había transformado en una auténtica fortaleza. Las tropas de la reina llevan a cabo un contraataque. Están a punto de recuperar la obra fortificada, pero, siguiendo el ejemplo de los notables, el pueblo se subleva a su vez. Todos corren hacia el convento de los jacobinos, donde están almacenadas las armas, así como una copiosa reserva de pólvora. Un soldado del rey de Navarra, infiltrado entre los del pueblo, logra penetrar en el polvorín y le prende fuego. Se produce una tremenda explosión que hace saltar por los aires la mayor parte del convento y afecta al noviciado, provocando la muerte de algunos novicios, dos padres, una sesentena de burgueses y del propio incendiario.

Ahora, la batalla es muy violenta y los defensores de la reina de Navarra enseguida se ven desbordados. Empieza la matanza. Los habitantes de Agen luchan con tanto más ardor cuanto que se les anuncia la próxima llegada de las tropas del mariscal de Matignon. Margot no cesa de dar órdenes, se aturulla y es presa de una indecisión inhabitual en ella. Los asaltantes prácticamente cercan su morada y se habla de arrojar a la condesa por encima de las murallas. Era preciso huir.



Margot llama a Jean de Lart de Galard, señor de Aubiac y hermano de una de sus dueñas de honor, un joven apuesto y audaz, según afirma el embajador toscano. Otros aseguran que era un pelirrojo de nariz roja y el rostro cubierto de pecas. Sin duda Margot no ignora que el escudero Aubiac está enamorado de ella y que un día declaró: “ Quisiera pasar una noche con ella, aun a riesgo de ser colgado después”. La reina le pide que consiga un caballo y la lleve a la grupa. Ebrio de alegría, el joven obedece y, unos minutos más tarde, ambos galopan hacia Carlat, situado a unas cuarenta leguas.

Las dueñas de honor de la reina han tenido que partir a toda prisa, sin máscara y a medio vestir. La señora de Duras –a quien un escudero también lleva a la grupa-, más ochenta gentilhombres y quinientos caballeros fieles a Margot, han traspasado a su vez la puerta Nueva y siguen a los fugitivos. Tras una larga y dura galopada, la reina duerme esa noche en el castillo de Brassac. Al día siguiente, sin duda toma una montura y abandona la grupa del caballo de Aubiac.




MARGOT EN CARLAT


El domingo 29 de octubre, en la frontera de Auvernia, el hermano de Lignerac – el señor de Marcé- la saluda a la cabeza de cuatrocientos guerreros. Tras haber oído misa en la abadía de Montsaluy, parte de nuevo para hacer su entrada, al día siguiente, en Carlat, que forma parte del patrimonio de la condesa de Agen. La plaza fuerte está construida sobre un elevado peñasco de basalto negro. Se trata de un burgo rodeado de murallas almenadas; el castillo, debidamente fortificado, se halla flanqueado por sólidas torres. Por fortuna, al pie del torreón fluye un manantial. Al menos no morirán de sed. Trescientos metros más abajo, dos ríos discurren por el valle y en invierno se convierten en torrentes.

Margot está magullada a consecuencia de la dura e interminable galopada de seis días a través de los salvajes montes de Auvernia. La herida del muslo le produce crueles sufrimientos. La fiebre sube y su cirujano barbero le practica una sangría. Pero lo hace tan mal que Margot ordena que lo azoten por haber demostrado semejante torpeza en el curso de la operación. La reina ha sido recibida por los habitantes del gran burgo de Carlat como soberana. Se instala en el palacio de Bridoré, una vasta fortaleza feudal que sólo tiene de dorado el nombre y que había servido de residencia a los condes de Armagnac. Los muebles e incluso las vidrieras han desaparecido. Una morada que más parece la guarida de un ladrón que la de una reina.

Su lecho de gala, al que ella tanto apego tiene, su ropa de cama, sus vestidos y sus baúles, se han quedado en Agen. Matignon, que ocupa la ciudad, organiza galantemente el traslado y, durante diez días, veintiséis caballos de albarda irán y vendrán para transportar hasta Carlat los enseres de la reina. Pero es preciso pagar el transporte y el dinero escasea más que nunca. Lignerac, comportándose como un auténtico rufián libertino, ha recuperado sus gastos de viaje sisando de la caja. Margot envía entonces sus joyas –oro y perlas- a un banquero florentino, el cual se muestra en las transacciones todavía más estafador que Lignerac.



Margot inició una apasionada relación con el capitán Aubiac, concediéndole el deseo que el joven había formulado. Lo asciende del servicio de las Caballerizas al de la Cámara y, “ se dejó pillar tanto – dicen-, que su vientre feliz de semejante encuentro se puso redondo e hinchado como un globo … “. Según se cuenta, el niño fue abandonado y dado a criar en un pueblo vecino, pero durante el viaje hacía un frío intenso y el recién nacido, que había sido mal envuelto en pañales, perdió el oído y la palabra.

La escasez de víveres llega a extremos desesperados. La bodega del Bridoré también se encuentra vacía. Así pues, la reina le pide a su marido que le haga llegar quinientas toneladas de vino, sin que éstas sean gravadas con el impuesto habitual. Enrique de Navarra, estupefacto ante la inconsciencia de aquella que todavía combate contra él con las armas en la mano, se niega. Le comunica la noticia a Corisande, diciéndole que ha recibido la visita “ de un hombre que venía de parte de la dama del camello”. Margot había engordado sobre todo de pecho, el cual tal vez aún conservaba bastante firmeza, pero recordaba ligeramente las jorobas de un camello. Expresándose con crudeza, Enrique comenta: “ Sería declararla borracha oficialmente. Se lo he negado. ¡ Qué gárgola insaciable! ”.


Fuente:
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994

jueves, 29 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XIX )



LA REBELDE MARGOT, CONDESA DE AGEN


Margot exige las llaves de la ciudad y de su ciudadela, suprime las franquicias municipales y transforma su capital en plaza fuerte. Se declara abiertamente miembro de la Santa Liga católica, ya no considera a su marido un rey y lo llama con desprecio “el príncipe de Béarn”. Ella misma rechaza su título de reina de Navarra y firma sus órdenes con el nombre de Margarita de Francia. Mantiene numerosas entrevistas con el duque de Guisa, la Liga y Felipe II de España. La condesa de Agen recluta mil doscientos hombres y Robert de Lignerac, teniente general de la alta Auvernia, le lleva un pequeño cuerpo de caballería originario del Quercy.

Margot se entera de que el mariscal de Matignon, lugarteniente general del rey de Francia en la Guyena, se dispone a atacarla. El señor de Lignerac recibe el mando de los soldados de Agen y toma como ayudante al conde de Duras. Ambos llevan a cabo operaciones contra las ciudades vecinas dominadas por las tropas del rey de Navarra, pues los esposos ahora se hacen la guerra. Tonneins es ocupada y Margot deja allí una guarnición que Enrique de Navarra, tras sitiar la ciudad, despedaza. Lo mismo sucede en Villeneuve. La reina madre está horrorizada por la conducta sediciosa de su hija: “ Veo que Dios me ha dejado esta criatura para castigar mis pecados, dadas las aflicciones que todos los días me causa. Es mi azote en este mundo …”.



Enrique de Guisa, llamado el Acuchillado



Pero hacer la guerra cuesta mucho dinero. El duque de Guisa le había pedido al rey de España, para su antigua amante – convertida en su aliada-, una ayuda de cincuenta mil escudos, pero aún no ha llegado nada del otro lado de los Pirineos. Entonces, la condesa de Agen requisa, expropia y saquea las casas de los hugonotes, aunque eso, evidentemente, no cubre sus necesidades. Margot remedia la penuria del condado creando nuevos impuestos. Los mercenarios de la guarnición están muy mal pagados. Constituyen auténticas hordas que asolan la provincia y cometen todos los atropellos posibles. Tres soldados violan a una mujer ante los ojos de su marido. En esta ocasión, la condesa ordena que se imponga un castigo ejemplar: se decapita a los tres soldadotes y sus cabezas son expuestas en la puerta del Pin.

Pero el descontento es general. La revuelta ruge. Para terminarlo de arreglar, la escasez es cada vez mayor, y la población empieza a segar el trigo antes de que madure. Y, como toque final del cuadro, la peste hace su aparición. En Agen se lamenta la muerte de entre mil quinientas y mil ochocientas víctimas. La plaga se extiende a pesar de las numerosas plegarias y peregrinajes y la celebración de misas solemnes.

Lance imprevisto. Enrique III se ve obligado a firmar la paz con la Liga, que ya había ocupado varias ciudades reales. Se trata de la paz de Nemours, anunciada a son de trompeta en las calles de Agen el 23 de julio de 1585. Margot no puede por menos de asistir, muy en contra de su voluntad, a un Te Deum. Esta paz no resuelve en absoluto la guerra entre el rey y la reina de Navarra. Ésta no se encuentra nada abatida por la adversidad. Tiene a dos reyes contra ella – su hermano y su marido- pero no por ello se desanima. El conflicto prosigue.



El descontento de los habitantes del Agenais está a punto de transformarse en auténtico odio hacia su condesa, fomentado por el hecho de que Margot se dispone a fortificar Agen todavía más. Decide levantar defensas y aislar la ciudadela mediante fosos. Una cincuentena de casas son derribadas y la condesa no puede indemnizar a los propietarios, que han recibido la orden de transformar ellos mismos su vivienda en un montón de piedras …, material del que los demás vecinos se apoderan sin miramientos.

Numerosos soldados desertan porque no reciben su paga. Los habitantes empiezan a sublevarse contra su condesa, pero rebelarse contra una hija de Francia, hermana y esposa de reyes, es una actitud que merece reflexión. Así pues, primero toman la precaución de enviar a unos emisarios – a escondidas de Margot, por supuesto- ante el mariscal de Matignon. Éste los recibe tanto más gustosamente cuanto que está llegando a un acuerdo con Enrique de Navarra para hacer entrar en razón a la rebelde esposa … Es decir, para hacerla prisionera. En los Archivos municipales todavía puede leerse el poder otorgado a los habitantes de Agen a fin de liberar su ciudad y no seguir obedeciendo a su condesa.


Fuentes:
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://www.flickriver.com/photos/thelostgallery/5645171386/

miércoles, 28 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XVIII )



EL REENCUENTRO DE MARGOT Y ENRIQUE DE NAVARRA


El reencuentro entre los esposos no tuvo lugar hasta el 13 de abril de 1584. Margot es la primera en llegar a Port-Sainte-Marie y espera a su marido en una habitación situada en el primer piso de una casa de la pequeña ciudad. Enrique se presenta con retraso y, sin apresurarse, sube a abrazar a su mujer. Tras una entrevista de una hora, el rey y la reina toman el camino de Nérac. Margot va tendida en su litera y el rey la escolta a caballo. Un testigo lo relata: “ El rey y la reina, su mujer, llegaron a Nérac y estuvieron los dos solos paseándose hasta la noche por la galería del castillo, donde vi a esta princesa derramar lágrimas sin cesar. De tal manera que, cuando estuvieron en la mesa, donde quise verles – era muy tarde, a la luz de las velas -, no vi jamás rostro más bañado en lágrimas ni ojos más enrojecidos por el llanto. Y esta princesa me dio mucha pena. Viéndola sentada junto al rey su marido, que hacía que lo entretuvieran con no sé qué discursos vanos unos gentilhombres que estaban a su alrededor, sin que ni él ni cualquier otro le hablara a esta princesa, pensé lo que el señor del Pin me había dicho, que él la había recibido por obligación. Y de pronto, se levantaron de la mesa, y yo me retiré sin que el rey me hubiera visto, previendo que esta reconciliación no duraría demasiado …”

Luego, la pequeña corte, que permanece al acecho, ve al rey y a la reina pasear otra vez, esta vez lentamente, a orillas del río. Los reproches hacen llorar de nuevo a Margot, que regresa al castillo con el semblante descompuesto y los ojos bañados en llanto. Una vez obtenido el perdón, Margot le escribe a su hermano expresándole la satisfacción que ha sentido al reunirse con su marido. Según Pierre de L’Estoile, las relaciones conyugales se reanudan, con escasa frecuencia, aunque suficiente, ya que la reina parte para someterse a una cura en las fecundantes aguas de Encausse. Sin embargo, Enrique de Navarra parece no querer insistir para obtener un resultado, pues la bella Corisande ha puesto en guardia a su “ Petiot” – así es como llamaba al rey -, en caso de que éste tuviera que cumplir con sus deberes de esposo, para que no legitimase a un hijo fruto de algún nuevo capricho de Margot.


Enrique de Borbón, rey de Navarra y de Francia




LA MUERTE DEL DUQUE DE ANJOU



Por más que Margot le escribe a su madre hablándole del “honor y el cariño” que ha recibido del rey su “marido y amigo”, Catalina de Médicis no es tonta. En realidad – y la reina madre lo sabe perfectamente-, las horas luminosas han terminado para su hija. Se encuentra lejos de Champvallon, sus relaciones con el rey de Francia son turbias y su marido apenas la soporta. Este último se niega cada vez con más frecuencia a ir a “ visitarla” por la noche. Menos de dos meses después de su llegada a Nérac, se recibe una mala noticia: la muerte del hermano menor de la reina, el duque de Anjou. Margot siente un profundo pesar. Los que la rodean se visten de luto y ella hace revestir su habitación de negro.

La cuestión más grave que se plantea ahora es la de la sucesión a la Corona de Francia. Casado desde hace nueve años con la dulce Luisa de Lorena-Vaudemont, el soberano francés no ha tenido hijos. ¿Quién sucederá a Enrique III si éste fallece sin descendencia?. De acuerdo a la Ley Sálica, que excluía a las mujeres del trono, el heredero venía a ser un hugonote, el rey de Navarra. Enrique III dejó perfectamente claro que él consideraba a su cuñado su sucesor legal y esperaba que, a su debido tiempo, podría persuadirlo de volver a convertirse al catolicismo. Pero Navarra se resistía, era demasiado inteligente para no saber que, si abjurase de su religión, perdería sus apoyos protestantes sin tener la seguridad de atraer hacia sí a los católicos, que nunca se fiarían de tal conversión.

Los católicos, concentrados en la cada vez más poderosa Santa Liga, no estaban dispuestos a aceptar que un hugonote se sentase en el trono de Francia. Aspiraban a ceñirse la corona; Enrique de Guisa, descendiente de Carlomagno, y el cardenal de Borbón, tío del rey de Navarra. En julio de 1585 el monarca francés promulgó el edicto de Nemours por el que el protestantismo era declarado ilegal en Francia. Por lo tanto, Enrique de Navarra, como hereje, no podría heredar el trono. Enrique III prohibió el acceso a la corona de su heredero legal. La respuesta fue inmediata y la guerra estalló de nuevo. A este enfrentamiento se le conoce como Guerra de los Tres Enriques, ya que en ella participaron: Enrique III, Enrique de Guisa y Enrique de Navarra.



Diana d'Andoins o Corisande, mujer de gran belleza y culta, fue amante de Enrique de Navarra durante siete años. Tuvo una gran influencia sobre el rey y le ayudó con dinero y hombres para sostener la campaña que llevaba contra la Liga. Algunos indican que tuvo un hijo, Antoine, de esta relación.


Margot recibe en secreto a unos emisarios: su deseo es unirse a la Santa Liga y, en consecuencia, al duque de Guisa, y combatir a la vez a los dos Enriques. Está exasperada al máximo por la presencia de la amante de su esposo, cuya fuerte personalidad influye demasiado, según ella, en las decisiones tomadas por su esposo. Diana d’Andoins – apodada “ la bella Corisande“- es una joven viuda, ambiciosa y de alcurnia. Con su belleza refinada y distante y su singular seguridad en sí misma, había eclipsado a Margot, y ya había empezado a pensar en hacer repudiar a la esposa de su amante y convertirse en reina de Navarra. Margot comienza a odiar a su esposo y en marzo de 1575, en un gesto inaudito para su época, abandonó a Enrique para refugiarse en Agen, que forma parte de su patrimonio.

La condesa de Agen – tal es ahora su título- hace una entrada muy modesta en su pequeña ciudad. Tan sólo la acompañan dos o tres damas en su carroza y no muchos más caballeros la escoltan. Se instala en su antiguo alojamiento de la calle del Ave María, en la casa de Pierre de Combefort, una mansión coronada por un afilado aguilón y flanqueada por torrecillas. Su corte abandona a su vez Nérac y va a reunirse con ella. Asimismo, se instalan en Agen numerosos gentilhombres católicos de la región. La reina permanecerá en su pequeña capital algo más de cuatro meses, al principio muy bien vista por los habitantes, que son todos buenos católicos y, por consiguiente, enemigos del hereje Enrique de Navarra. Margot se gana su cariño y asiste todos los días a misa. A la salida de la iglesia, abre su bolsa con generosidad. Su corte gasta sin mesura y los comerciantes conocen una prosperidad inesperada.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=enrique-iii-rey-de-francia

martes, 27 de marzo de 2012

La Reina Margot ( 1994 )



Patrice Chéreau dirigió en 1994 la película La reine Margot, una poderosa superproducción francesa en la que también participaron Alemania e Italia y que fue un gran éxito en su día. Basada en la novela histórica del mismo nombre escrita por Alejandro Dumas y adaptada por Daniel Thompson, la película ganó cinco Premios César y en Cannes ganó el premio a la mejor actriz y el premio del jurado. Su vestuario estuvo nominado al Oscar. La Reina Margot combina un definido retrato de personajes magistralmente interpretados con espectaculares y violentas escenas de gran realismo. Su puesta en escena y ambientación es de lo mejor del cine europeo de los años 90.


FICHA TÉCNICA

Título La reine Margot
Año 1994
Dirección Patrice Chéreau
Producción Claude Berri
Guión Danièle Thomson, Patrice Chéreau
Música Goran Bregović
Fotografía Philippe Rousselot
Protagonistas Isabelle Adjani,Daniel Auteuil,Jean-Hugues Anglade,Virna Lisi, Vincent Pérez, Miguel Bosé, Dominique Blanc, Bruno Todeschini, Pascal Greggory, Claudio Amendola, Asia Argento
País Francia, Alemania e Italia
Género Drama
Duración 162 min


SIPNOSIS
Francia, 1572. El país está inmerso en una guerra religiosa que enfrentara a católicos y protestantes. En busca de la paz, el rey Carlos IX y su madre, Catalina de Médicis, arreglan un matrimonio entre Margot de Valois, su hermana pequeña, y Enrique de Borbón, el rey de Navarra, para así unir ambas dinastías. Margot no desea tal matrimonio, pero se verá obligada a acceder. Seis días después de la boda, tendrá lugar la matanza de San Bartolomé: entre cinco mil y diez mil protestantes serán asesinados esa noche en las calles de París por orden del rey Carlos IX.


Catalina La Grande (1995)




FICHA TÉCNICA


TÍTULO ORIGINAL Catherine the Great (TV)
AÑO 1995
DURACIÓN 180 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Marvin J. Chomsky, John Goldsmith
GUIÓN John Goldsmith, Frank Tudisco
MÚSICA Laurence Rosenthal
FOTOGRAFÍA Elemér Ragályi
REPARTO Catherine Zeta-Jones, Craig McLachlan, Hannes Jaenicke, Paul McGann, Veronica Ferres, Mel Ferrer, Jeanne Moreau, Omar Sharif, John Rhys-Davies, Christoph Waltz
PRODUCTORA Coproducción Alemania-Austria-USA; ZDF / MR Filmproduktion / Patrola Film GmbH / UFA Fernsehproduktion GmbH / Skylark Cine Inc.
GÉNERO Biografía | Drama | Historia | Romance


SINOPSIS
1745. La emperatriz Isabel de Rusia concierta la boda de su hijo Pedro con la Gran Duquesa Catalina, una deslumbrante joven de origen alemán. Pero Pedro es incapaz de consumar el matrimonio y cada día que pasa detesta más a su esposa, quien se refugia en los brazos de un teniente del ejército del que pronto se enamora. Tras quedar embarazada, Catalina descubre que su amante seguía instrucciones de la emperatriz para asegurar la descendencia de los Romanov. Miniserie televisiva de producción mayoritariamente alemana.


Catalina de Inglaterra ( 1951)

 

Siempre me había preguntado por qué un personaje histórico tan importante en la Historia de Inglaterra y una de las mujeres más cultas del Renacimiento como Catalina de Aragón no tenía, al menos, una película. Pues resulta que hace sesenta años mi deseo se hizo realidad. Cuál fue mi sorpresa encontrarme con una película del cine clásico español de los años 50 cuya protagonista principal es mi querida Catalina, totalmente desconocida para mí, y eso que me gusta mucho el cine histórico. Seguramente en su momento no fue un éxito de taquilla ni tuvo la repercusión de otros viejos films de nuestro país. Por lo menos, ahora sé que hubo alguien que se interesó por llevar su vida a la pequeña pantalla.


FICHA TÉCNICA

Título Original: CATALINA DE INGLATERRA
Año Producción: 1951
Nacionalidad: ESPAÑA
Director: ARTURO RUIZ CASTILLO
Guión: JUAN F. MERCADAL, JESÚS PASCUAL, ARTURO RUIZ CASTILLO, JOSÉ ANTONIO TORREBLANCA
Fotografía: SALVADOR TORRES GARRIGA
Música: JUAN DOTRÁS VILA
Decorados: ANTONIO BURGOS
Ambientación: PURA DE UCELAY
Ayudante dirección: JOSÉ LUIS GAMBOA
Segundo operador: RICARDO ALBIÑANA



Intérpretes: Maruchi Fresno, Carlo Tamberlani, Aníbal Vela, Osvaldo Genazzani, Gabriel Llopart, Ricardo Vázquez, Guillermo Marín, Carlos Agosti, Emilio Sancho, Rafael Luis Calvo, Domingo Rivas, Mary Lamar, Lily Vincenti, Luis Orduna, Esperanza Grases, Ramón Martori, Salvador Muñoz, Francisco Martínez, José Zaro, Fortunato Garcia, César Pombo, Elena Salvador, José Bruguera, Carmen Reyes, Ricardo Calvo, María Jesús Valdés, Silvana Jachino, Lita Rey, Rafael Calvo Gutiérrez, José Gayán.

Sinopsis: Cuenta la vida de Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Cátolicos, su trágico matrimonio con Enrique VIII de Inglaterra y de los sucesos más destacables de ese capítulo de la historia inglesa, en los que aparecen sus más importantes protagonistas, como Thomas Wolsey, John Fisher y Tomás Moro.



 
 
 
 
 
Fuentes:
http://www.cineymax.com/15/index.php?option=com_content&view=article&id=51783:catalina-de-inglaterra&catid=102:c&Itemid=100004
http://www.depeliculasgratis.com/pelicula/catalina-de-inglaterra
 

Juana La Loca ( 2001)


Esta película de Vicente Aranda recibió el aplauso de los críticos y se convirtió en uno de los éxitos de taquilla de 2001, obteniendo tres premios Goya (mejor vestuario, mejor peluquería y maquillaje, y mejor actriz). Siendo, además, la candidata española a los Oscar de Hollywood de aquel año. Entre todos los premios, los más celebrados fueron los recibidos por Pilar López de Ayala: el premio Goya a la mejor actriz, la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián, el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos y el de la revista Fotogramas, entre otros.


FICHA TÉCNICA

TÍTULO ORIGINAL Juana la Loca
AÑO 2001
DURACIÓN 108 min.
PAÍS España
DIRECTOR Vicente Aranda
GUIÓN Vicente Aranda & Antonio Larreta
MÚSICA José Nieto
FOTOGRAFÍA Paco Femenía
REPARTO Pilar López de Ayala, Daniele Liotti, Rosana Pastor, Giuliano Gemma, Roberto Álvarez, Eloy Azorín, Guillermo Toledo, Susy Sánchez, Manuela Arcuri, Carolina Bona
PRODUCTORA Enrique Cerezo P.C.
GÉNERO Drama


SINOPSIS
Laredo, 22 de agosto de 1496. Una flota parte con destino a Flandes. Su objetivo es conducir a la infanta Juana de Castilla a la corte de Bruselas, donde contraerá matrimonio con el que más tarde será conocido en España como Felipe el Hermoso. El encuentro es fulgurante. Apenas mirarse, nace entre ellos un deseo y una atracción incontrolable que hace que se olviden de sus obligaciones políticas y se abandonen a los sentimientos. Sin embargo, el destino tiene otros planes para ellos. Las muertes de sus hermanos mayores y de su madre, Isabel la Católica, convierten a la infanta Juana en reina de Castilla y heredera de la corona de Aragón. Estos acontecimientos desembocarán en dos batallas: una política, entre la nobleza flamenca y la castellana, la otra, mucho más dolorosa, será la que libre Juana en el lecho conyugal.


Trailer




Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_la_Loca_(pel%C3%ADcula_de_2001)
http://www.elpais.com/articulo/espectaculos/Juana/Loca/Vicente/Aranda/elpepiesp/20040212elpepiesp_1/Tes

NEFERTITI de MICHELLE MORAN

La cautivadora historia de una mujer destinada a reinar sobre Egipto y su hermana.

La poderosa familia de Nefertiti siempre le dio esposas a la familia gobernante Egipto y ella está destinada a casarse con Amenhotep, el faraón joven e inestable. Ambiciosa, carismática y bella, Nefertiti, adorada por las masas, es la “princesa del pueblo”. Sin embargo, como no puede engendrar un heredero, la posición de su familia en la corte comienza a peligrar. Al mismo tiempo, se da cuenta de que ha subestimado el descontento de Egipto respecto a su marido, que se deshizo de los antiguos dioses por decreto. Los sacerdotes y los militares conspiran en contra de él. La única persona que pone a Nefertiti sobre aviso es Mut-Najmat, su hermana menor.

Reflexiva y observadora, Mut-Najmat prefiere, desde siempre, una vida simple, alejada de las intrigas de la corte. Quiere compartir esa vida con el hombre que se ha ganado su corazón. Pero Nefertiti decide que su hermana tiene que casarse por conveniencia política y no por amor. Para logar su independencia, Mut-Najmat tendrá que desafiar a su hermana, la mujer más poderosa de Egipto, y abrazar la vida que sueña para sí.

Nefertiti es uno de los personajes más amados de la Historia. Su poderosa y atrayente figura como gobernante de Egipto la catapultó a la fama universal y a las ambiciones y sueños de arqueólogos, historiadores y escritores. Un capítulo fascinante en la cultura egipcia retratado con maestría en esta fascinante novela.

Michelle Moran es una escritora norteamericana que comenzó su carrera literaria desde muy joven y ha publicado cuentos y relatos en numerosos medios y revistas.También es una profunda apasionada de la arqueología y ha participado en excavaciones como voluntaria. Es la autora de las novelas Nefertiti, The Heretic Queen, Cleopatra's Daughter y Madame Tussaud.

PASIÓN INDIA de JAVIER MORO

El 28 enero de 1908, una española de 17 años, sentada a lomos de un elefante lujosamente enjaezado, hace su entrada en una pequeña ciudad del norte de la India. El pueblo entero está en la calle rindiendo un cálido homenaje a la nueva princesa de tez tan blanca como las nieves del Himalaya. Podría parecer un cuento de hadas, pero así fue la boda de la andaluza Anita Delgado con el riquísimo maharajá de Kapurthala. Y así empezó una gran historia de amor y traición que se desgranó durante casi dos décadas en el corazón de una India a punto de extinguirse.

Tras realizar minuciosas investigaciones en Europa y en la India, Javier Moro, autor de “El pie de Jaipur”, “Las montañas de Buda” y coautor de “Era medianoche en Bhopal”, revela con todo lujo de detalles los secretos de aquella relación que culminó con uno de los mayores escándalos ocurridos en la India inglesa. Y nos traslada al fabuloso mundo de los maharajás, con sus harenes de las mil y una noches, sus bacanales eróticas, su pasión por las joyas, los palacios, el flamenco, los caballos, los Rolls Royce y las cacerías de tigres.

«Si al final he escrito una novela, no ha sido por deseo de inventar nada, sino al contrario, para reflejar mejor el sabor de una época, así como los olores y colores de la India, las prodigiosas extravagancias de los últimos maharajás y la irresistible personalidad de Anita Delgado, fiel a sus sentimientos hasta que logró conquistar su propia libertad.» (Javier Moro)

SARA MONTIEL de JOSÉ AGUILAR y MIGUEL LOSADA

Esta es la historia de una chica topolino que desde muy joven destaca por su belleza en algunas de las más importantes producciones españolas de la época como " Pequeñeces", "Mariona Rebull', "D.Quijote de la Mancha" o " Locura de Amor ". Que marcha a México donde va a trabajar en trece películas, tres de ellas como pareja de Pedro Infante, y actuar con Los Panchos, Agustín Lara o El Trío Calaveras. Amiga de personajes como Miguel Mihura, Ernest Hemingway, Leon Felipe o Severo Ochoa con los que llegó a tener relaciones más o menos íntimas. Una chica de La Mancha que, descubierta por Hollywood, trabaja al lado de Gary Cooper, Burt Lancaster, Joan Fontaine, Vincent Price o Rod Steiger, y acaba casándose con el director Anthony Man. Los autores realizan un amplio recorrido por su vida, sus películas, sus opiniones, los proyectos no realizados, lo que han dicho de ella, todo acompañado de numerosas fotos y documentos en gran parte inéditos.

AUDREY HEPBURN: LA BIOGRAFÍA de DONALD SPOTO

Hablar de Audrey Hepburn es hablar de estilo y elegancia. A lo largo de su extraordinaria carrera como actriz, esta dama de apariencia frágil conquistó a hombres y mujeres desde la pantalla, y hoy es ya un icono del siglo XX. Todos recordamos a la jovencita que descubría el amor a lomos de una Vespa en Vacaciones en Roma, a la excéntrica señora que paseaba de madrugada por las calles de Nueva York en Desayuno con diamantes y a la chiquilla que aprendía modales en My Fair Lady , pero casi nadie conoció a fondo a la persona que estaba detrás de estos espléndidos personajes.

Donald Spoto, el biógrafo por excelencia de los grandes de Hollywood, ha rescatado documentos inéditos y dedicado muchas horas de charla con amigos y colegas de Audrey Hepburn para dibujar un emotivo retrato de la diva, desde su infancia en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial hasta sus intentos de triunfar en el mundo del ballet, sus primeros pasos luego en el mundo del cine, el triunfo como actriz, sus desgraciadas aventuras matrimoniales y la dedicación generosa a los más pobres en los últimos años de su vida. La voz de Gregory Peck, Fred Astaire, Gary Cooper, Cary Grant y muchos otros hombres que acompañaron a Audrey en su vida y en su carrera, también desfilan con humor y admiración por las páginas de esta biografía que, al contarnos la historia de una mujer inolvidable, nos entrega también una magnífica historia del cine que más amamos.

MARÍA ANTONIETA: LA ÚLTIMA REINA de ANTONIA FRASER

La vida de María Antonieta (1755-1793) estuvo marcada desde el principio por el contraste y el desgarro. Hija del emperador Francisco I de Austria, con apenas catorce años fue enviada a París para contraer matrimonio con quien llegaría a ser el rey de Francia Luis XVI, en lo que en apariencia era una astuta alianza política. Sin embargo, María Antonieta no tardó en ganarse fama de mujer frívola y en exceso aficionada a la intriga política, lo que desató todo tipo de rumores y maledicencias. Con la llegada de su esposo al trono, estos rumores todavía se acentuaron más provocando un gran descontento entre los franceses. Murió guillotinada en 1793, envuelta en un halo de desprecio generalizado que, paradójicamente, la convirtió en un mito.

Esta obra de Antonia Fraser ha servido de guión a la versión cinematográfica de la biografía dirigida por Sofia Coppola sobre el personaje, y nos ofrece una nueva Maria Antonieta, eliminando toda esa aureola que ha creado el mito y contrastando documentación muy variada, hasta llegar a la auténtica Maria Antonieta.

domingo, 25 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XVII )




LA HUMILLACIÓN DE MARGOT EN EL LOUVRE


El 7 de agosto de 1583 se celebra un gran baile en la corte, en la sala de las Cariátides. Dado que la reina Luisa se encuentra ausente, Enrique III le pide a su hermana que ocupe el lugar de aquella. Ha urdido un plan maquiavélico. Margot, de punta en blanco, ha tomado asiento en el estrado real, colocado bajo un dosel. De pronto, cuando da comienzo el baile, el rey, seguido de Épernon, entra en la sala y se acerca a paso vivo hacia su hermana. Con un gesto dirigido a la tribuna, detiene a los músicos e interpela a su hermana pronunciando un imperioso:

-¡Señora!

Los bailarines, clavados en el suelo, presencian una escena atroz. Para empezar, el rey le dedica mil insultos a Margot, luego enumera los nombres de los numerosos amantes a los que ha recibido en su cama desde su matrimonio y de aquellos que actualmente gozan de favor. Al parecer incluso llegó a afirmar, volviéndose hacia los desconcertados asistentes:

-¡La reina de Navarra no se ha contentado con prostituirse con los cadetes de Gascuña! ¡ Iba a buscar a los muleros y caldereros de Auvernia!

Margot, paralizada de estupor, lívida bajo el maquillaje, ni siquiera tiene fuerzas para defenderse. Por último, el rey pronuncia el nombre que todos esperan:

- ¡ Y Champvallon!

Enrique III afirma que su hermana ha tenido un hijo ilegítimo de él, y está convencido de ello. El monarca cierra la lista de los desenfrenos de Margot espetándole esta orden a la cara:

- ¡No tenéis nada que hacer aquí! Id a reuniros con vuestro marido. ¡Y partid mañana mismo!

Una escena tan sorprendente que algunos historiadores intentaron poner en duda su autenticidad. Sin embargo, el mariscal de Bassompierre y el duque de Lauzun certificaron más tarde su exactitud. Margot, trastornada y con los ojos llenos de lágrimas, se levanta. A paso lento, avanza entre la multitud de cortesanos que se apartan sin saludarla.





LA REINA MARGOT SE MARCHA DE PARÍS


Una vez en su habitación, da las órdenes necesarias para su partida, que debe tener lugar, en efecto, al día siguiente. La reina se siente inquieta por su amante, y no se equivoca. Esa misma noche, por orden del rey, los guardias han rodeado la casa de Champvallon, penetrado en la morada y registrado su habitación. Pero el apuesto infiel se había dado prudentemente a la fuga y regresado al principado independiente de Sedan.

Al día siguiente, Margot deja París. Se encuentra cenando en Bourg-la-Reine cuando le anuncian que se acerca el cortejo real. Enrique III se dirige a Bourbon-Lancy, donde se encuentra su esposa tomando las aguas. Al pasar ante su hermana, que se ha levantado de la mesa y permanece en la calzada, el rey corre ostensiblemente la cortina de cuero de su carroza, a fin de que quede muy claro que no quiere saludar a su hermana. Y sin embargo, este será el último encuentro que se produciría entre estos dos seres que tanto se habían amado y odiado.

La misma noche, entre Palaiseau y Saint-Clair, sesenta arcabuceros bajo el mando del capitán Larchant detienen el carruaje de la reina de Navarra. Obligan a las damas a descender del vehículo, mientras ellos lo registran todo en busca de Champvallon. A falta de él, arrestan al señor de Lodon, así como al escudero de Margot, a su secretario y a su médico. Algunos de los prisioneros son incluso abofeteados. Todos son conducidos a Montargis, donde el rey se empeña en interrogarlos personalmente seis o siete veces, a cada uno en particular sobre la vida, las costumbres y los desenfrenos de su señora. Entre otras cuestiones, se les pregunta si es cierto que la reina ha traído al mundo un hijo que, manifiestamente, no podía ser del rey de Navarra. No habiendo podido descubrir nada por boca de los prisioneros, el rey dejó que la reina de Navarra prosiguiera su viaje.




LA REACCIÓN DE ENRIQUE DE NAVARRA


Antes de reemprender la marcha, Margot, profundamente trastornada, le escribe a su madre. ¡No!¡No ha tenido ningún hijo de Champvallon! Para demostrar su inocencia, incluso pide que tengan a bien, tras su muerte, abrir su cuerpo y demostrar a todos, mediante una autopsia, esta última calumnia. Cuando el rey de Navarra se entera de lo sucedido y del escándalo que se ha producido en el Louvre, asume una postura iracunda y beligerante, exigiendo pruebas del mal comportamiento de su esposa y además declarando que él no podía recibir de vuelta a su esposa a menos que el rey de Francia hiciese una declaración para hacer pública su inocencia. El rey de Navarra se encontraba preso de una furiosa cólera por las afrentas que su esposa había recibido en la corte francesa y deseaba obtener una reparación.

Enrique III acaba por enviarle una carta a su cuñado en la que reconoce que la reina de Navarra tal vez ha sido víctima de calumnias. ¡Ninguna princesa se halla libre de esas cosas! … ¿ Acaso la piadosa reina Juana de Albret no había padecido antaño por la misma causa?

- Ayer el rey me llamaba cornudo, ¡hoy, hijo de puta!- exclama Enrique de Navarra- ¡Le estoy muy agradecido!




En espera de que el asunto sea resuelto y su esposo pueda recibirla, Margot se ha refugiado en Agen, donde permanecerá más de siete meses. Mientras tanto, el rey de Navarra inicia una relación con la bella condesa de Gramont, la famosa Corisande, cuya influencia en el soberano resultará beneficiosa. Junto a ella, se volverá caballeresco. Finge creer a su cuñado cuando éste se retracta públicamente y lamenta la horrible escena que se desarrolló en el Louvre, así como las palabras tan crueles que pronunció ante la corte. Lo cual no impide al rey de Navarra apoderarse, a modo de represalia, de Mont-de-Marsan, y hacerle saber a su cuñado que sólo acogerá a Margot si ve alejarse las guarniciones católicas de las ciudades que rodean y amenazan Nérac.

En resumen, las injurias proferidas por Enrique III contra su hermana servirán de moneda de cambio a Navarra, quien dirige a Margot muchas y sinceras palabras: “ Cuando nos reunamos – le escribe- que sea de buen grado”. Y le asegura, llamándola “amiga mía”, que no cree en absoluto las calumnias de que ha sido objeto: “ Sin ellas - afirma-, en estos momentos tendríamos el placer de estar juntos ".


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
Imágenes extraídas de la película " La Reina Margot" (1994) dirigida por Patrice Chéreau.

sábado, 24 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XVI )



MARGOT REGRESA A PARÍS


El 31 de marzo de 1582 Enrique de Navarra deja a su esposa emprender sin él el camino hacia París. Debe de sentirse satisfecho de haberse librado de una mujer cuyos suspiros amorosos no se dirigen a él. Porque, en efecto, Margot continúa teniendo únicamente a su rubio Champvallon en mente. En cuanto la reina de Navarra llega a Fontainebleau, Enrique III exige que su hermana ponga en marcha todo lo necesario para hacer que su esposo vaya a París. Según el monarca francés, la mera presencia de su cuñado en París pondría freno a las ambiciones de los partidarios de los Guisa, y he aquí a Margot encargada de actuar en contra de los intereses de aquel que fue su primer amor. Así pues, ante la petición de su hermano, Margot suplica a su marido que se reúna con ella.

Ante la obstinación de su yerno, que se empeña en no dejar el Languedoc, la reina madre se enfurece y, en represalia, declara que el honor de la reina de Navarra debería prohibirle mantener a su lado a la Fosseuse, que como todo el mundo sabe es amante de su marido. Sin pensárselo dos veces, Catalina envía a la joven con su madre. Enrique de Navarra se entera de la medida y, furioso, manda a París a su escudero con la orden de presentar ante el rey una enérgica protesta. Éste obedece con tal entusiasmo que Enrique III y las dos reinas se quedan estupefactos. Tanto Margot como su madre envían al rey de Navarra quejas y reproches en sus cartas. Enrique III insiste más que nunca en que el rey de Navarra acuda a París, y su cuñado, con su habitual constancia, le responde que, de momento, ese desplazamiento no tendrá lugar.


A Margot le gustaba bailar la volta, cuya última figura consistía, para el caballero, en ayudar a su pareja a ejecutar un salto para caer de nuevo en sus brazos. Margot imponía la moda entre las mujeres, inventaba nuevas danzas, escribía versos y cantaba.



LOS AMORES DE MARGOT Y CHAMPVALLON


En la corte francesa Margot siguió apoyando a Anjou siempre que le era posible hacerlo y a molestar al rey constantemente. Uno de sus pasatiempos preferidos era mofarse públicamente de los dos favoritos, Jean Louis de la Valette, elevado por el rey a la condición de duque de Épernon, y Anne, barón de Arques – a quien el rey, en su obsesivo amor por él, había hecho su cuñado casándolo con la hermana de su esposa y además de concederle el ducado de Joyeuse-. Estos hombres, que pertenecían a familias menores de la aristocracia de provincias, habían sido elevados a las más altas posiciones del país, pero Margot sabía cómo recordarles su origen social inferior.

Por otra parte, la reina de Navarra pudo continuar su romance con Jacques de Harlay, señor de Champvallon. Éste iba a visitarla a su mansión de Sainte-Catherine y, a fin de pasar inadvertido, hacía que lo transportaran en un baúl de madera hasta la habitación de su amante. Ella lo esperaba desnuda entre dos sábanas de tafetán negro en un lecho iluminado por antorchas.



Por supuesto, el contenido del baúl de madera, las antorchas y las sábanas de tafetán negro se convierten en la comidilla de toda la corte. El embajador de Toscana incluso emplea, en sus informes enviados a Florencia, las palabras “gran burdel”. Margot le hace a su amante la extraña propuesta de casarlo. La futura señora de Champvallon serviría de tapadera y la corte dejaría de tener los ojos puestos en ese “ bello corazón” de célibe. Los dos amantes podrían reanudar más fácilmente su dulce comercio íntimo. Al menos eso creen. La joven reina le propone primero a una viuda bella y honesta; luego, ante su rechazo, sugiere a una candidata más bella que la otra y más dulce.

Pero Champvallon prefiere elegir él mismo a su compañera oficial y se casa con Charlotte de La Mark, hija del duque de Bouillon, que reina en Sedan, principado entonces independiente. Evidentemente, este matrimonio tan ventajoso no puede servir para sus fines y Margot se indigna. Le escribe todos los días páginas y páginas en las que describe su ardiente amor, sus amargas quejas …, lo cual no le impide concluir febrilmente sus cartas con una fórmula apasionada: “Beso un millón de veces esa amorosa y bella boca”. Luego, Margot se sume en la languidez y desea la muerte.



Pero he aquí que Champvallon cae en desgracia ante el duque de Anjou y se refugia en casa de Margot. Ella lo acoge con la alegría que cabe esperar y sus amores se reanudan con la ayuda del baúl de madera, tal vez práctico, pero sin duda alguna incómodo. Enrique III regresa de un viaje y las habladurías vuelven a salir a flote. En estos momentos, el rey es presa de una ostentosa crisis de misticismo. La virtud reina y el amor hace antesala. Entonces se informa al rey de los rumores relativos a la mala conducta de su hermana. Imbuido de moralidad y austeridad, el monarca lleva a cabo una auténtica investigación: soborna a las camareras y toma numerosas notas acerca de los nombres, las fechas y las circunstancias de los amores de Margot. ¡Un auténtico documento inculpatorio!. Así es como se entera de la aventura amorosa de su hermana con el joven galán Champvallon. La conducta personal de la reina de Navarra enfurece a Enrique III.

En el mes de mayo de 1583, el rey le envía al duque de Joyeuse, que entonces se encuentra con el Papa, una carta en la que expresa su indignación ante la conducta de su hermana. Por el camino, el hombre es atacado por cuatro espadachines enmascarados que, tras matar al correo, se apoderan de la misiva del rey. Primero se murmura, luego se afirma en voz alta que Margot ha tenido conocimiento de la carta real y es sin duda la instigadora del asesinato. Se trata de una calumnia, pero el rey está tanto más convencido de la veracidad de los hechos cuanto que los Guisa difunden la noticia. Y el drama – un espantoso escándalo – estalla.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994

jueves, 22 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XV )



EN LA CORTE DE NÉRAC


Después de su breve y desagradable estancia en Pau, donde la religión católica estaba rigurosamente prohibida, la pareja real se trasladó a la más tolerante Nérac. Margot marcha de Pau con infinito placer, jurando y afirmando que jamás volvería a poner los pies en esa tierra, ya que quería gozar de libertad en el ejercicio de su religión. Doce días antes de la llegada de los reyes a Nérac, muere Bussy d’Amboise en una emboscada. Al enterarse del fin de aquel a quien tanto había amado, se oyó a la reina suspirar: “ No había en este siglo, de su sexo y de su calidad, nadie similar en valor, gracia e inspiración”. Incluso escribirá una serie de cuartetos muy conseguidos sobre La inspiración de Lysis ( Bussy) dándole el último adiós a su Flore ( Margot), con el título: Diálogo sobre la muerte de Bussy d’Amboise.

Libre del yugo familiar y con el pleno consentimiento de su marido, Margot pudo por fin llevar una existencia en sintonía con sus aspiraciones más profundas. Como se ha sabido por el estudio de sus cuentas, los cónyuges no repararon en gastos para modernizar y embellecer el viejo castillo de los duques de Albret, decorándolo con tapices, muebles, cuadros y objetos preciosos y transformando también de la misma manera el parque. Desde los primeros días del regreso de la joven reina, la biblioteca se enriqueció con curiosos libros.



Castillo de Nérac



En este escenario, dispuesto con extremada sabiduría, Margot se lanzó a diseñar una realeza dedicada al fasto, a la elegancia y a la armonía. “ Nuestra corte “, observará con satisfacción, “ era tan bella y tan grata que no envidiábamos a la de Francia. Además del rey formábamos parte de ella su hermana, la princesa de Navarra (…) y yo misma con un buen número de damas y damiselas. El séquito del rey mi esposo estaba compuesto por una muchedumbre de señores y gentilhombres no menos galantes que los que he visto en la corte francesa. El único reproche que se les podía hacer es que eran hugonotes, pero de esta diferencia de religiones no se hacía mención. El rey mi marido y la princesa su hermana iban a la predicación mientras que yo y mi séquito íbamos a misa a una capilla que se elevaba en el parque; a la salida nos encontrábamos para pasear juntos o en un bellísimo jardín con largos senderos bordeados de laureles y cipreses, o en el parque de mi creación, por los caminos a orillas del río. El resto de la jornada se dedicaba a todo tipo de refinado placer y las primeras horas de la tarde y la velada se reservaban al baile”.

Siguiendo el modelo del mecenazgo de los Valois, gracias a su cultura y a su inteligencia, la reina de Navarra devolvió a su pequeña corte el prestigio que había conocido en tiempos de su gran tía abuela Margarita de Angulema, haciendo de ella un importante centro cultural y atrayendo a ella a eruditos, poetas, artistas y músicos. La reina de Navarra, una apasionada del humanismo y el platonismo, devoraba a Plutarco y gustaba de hablar largamente de problemas filosóficos con Michel de Montaigne, nombrado por Enrique gentilhombre de su Cámara. Margot ejerció una beneficiosa influencia en su marido, quien, por la noche, abandonaba su vestimenta usada y agujereada de asiduo de los bosques para ponerse sedosos jubones de color blanco y negro, calzas de vivos colores y medias de tela de Holanda. Las cuentas de Nérac dan fe de la generosidad del rey hacia su esposa. Le ofrecía numerosas joyas y le regalaba telas para sus vestidos y guantes perfumados.


Henri de La Tour d’ Auvergne

La belleza, el encanto y la excepcional inteligencia de la reina de Navarra volvía locos y enamoraba a muchos, al tiempo que el rey multiplicaba las aventuras con las damas de honor de su mujer. Se le adjudica a Margot un idilio con Henri de La Tour d’ Auvergne, también llamado el apuesto Turenne, compañero de los más ilustres de su marido. En mayo de 1580 estalla la "guerra de los enamorados", denominada así porque, sin razón alguna, se dijo que la había provocado la reina de Navarra motivada por el rencor que sentía hacia su hermano mayor. Al parecer, Margot habría apoyado a Turenne, contrario a la Liga católica, e incitado a sus damas de honor a imitarla, que mantenían relaciones con los capitanes hugonotes. Pero, en realidad, en este malentendido, la reina se mantuvo siempre al lado de su marido.

El conflicto fue provocado por la mala aplicación del último edicto de pacificación y por un desacuerdo entre el rey de Navarra y el lugarteniente general de Enrique III en Guyena. El problema se resolvió gracias a Margot que sugirió llamar a su hermano el duque de Anjou para llevar a cabo las negociaciones, las cuales fueron rápidas y acabaron con la firma de la paz de Fleix.



Fue en esa visita de su querido hermano que la reina de Navarra conoció al bellísimo Jacques de Harlay, señor de Champvallon, caballerizo mayor del duque de Anjou, de quien se enamoró perdidamente. A diferencia de Bussy, Champvallon era delicado, discreto y dócil, y estaba dispuesto a plegarse a la voluntad de su dama. La reina no vive sino para él y le dedica versos. Como los enamorados de todos los tiempos, graba en las paredes o en la corteza de los árboles las once letras del nombre de su amante. Ella le llamaba su "bello sol".

Cuando el galán tuvo que dejar la Guyena con el duque de Anjou, la reina se sentirá " desterrada a un espantoso desierto" y se vestirá de negro. Las cartas que Margot le envía ilustran su concepción del amor rebosante de neoplatonismo que sobrepone la unión del espíritu al amor carnal, lo que no significa que Margarita desdeñara el amor físico, y conduce a la fusión de las almas.




La reina de Navarra siguió confiando en tener un hijo de su marido y lo intentaba todo para conseguirlo. Mientras el rey andaba perdidamente enamorado de una jovencísima dama de honor de la reina Margot, Françoise de Montmorency-Fosseux, llamada la Fosseuse. Como la muchacha era golosa, el rey le hizo la corte atiborrándola de confitura de Génova y de peras aromatizadas al “azafrán de Tours”. La adolescente terminó cediendo a los requerimientos amorosos del monarca, que la llamaba “ su hija”, quedándose encinta. Cuando la joven quedó embarazada, comenzó a presionar a Enrique para que se deshiciera de su supuestamente estéril y abiertamente infiel esposa y se casara con ella. Tiempo después, la reina asistiría al nacimiento del bebé de la Fosseuse, que dio a luz una niña muerta.

En 1582, cuando volvieron a estallar las hostilidades entre católicos y hugonotes, Enrique III y Catalina de Médicis convencieron a Margot para que regresara a París, con la esperanza de atraer también al rey de Navarra a la capital. Margot está encantada de regresar al Louvre, ya que su dama de honor Françoise de Montmorency-Fosseux se verá obligada a partir con la pequeña corte. La reina de Navarra espera que su inflamable esposo, teniendo a sus amores alejados, encuentre una sustituta que no sea una enemiga para ella. Catalina lo aprueba, pero alberga la secreta esperanza de que su yerno vaya a buscar a su mujer a París y, al mismo tiempo, a la pequeña Fosseuse, más dispuesta que nunca a obedecer las órdenes de la reina madre.



Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://orodetolosa.blogspot.com.es/2007/05/la-reina-margot_07.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Valois

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA BELLA OTERO de CARMEN POSADAS

En la Bella Otero, Carmen Posadas novela la biografía de un mito de la Belle Epoque a principios del siglo XIX. Una mujer gallega, que se hizo pasar por andaluza, artista e hija ilegítima de Eugenia de Montijo, para borrar su oscuro pasado y estar a la altura de la maxima del momento: haz lo que quieras y disfruta.

El lado de mujer opulenta y femme fatale que alcanzó en su estancia en París vino avalado por el increible gancho que tuvo para conquistar a sus ricos y poderosos amantes, quienes le ofrecieron sus fortunas sin ningún reparo. Por su cama pasaron Eduardo VII, el zar Nicolás II, el Kaiser Guillermo, Leopoldo de Bélgica, Alberto I de Mónaco y Alfonso XIII. Pronto se ganó el apodo de la Sirena de los Suicidios, ya que siete hombres dejaron una carta el día en que se quitaron voluntariamente la vida confesando que lo hacían por no haber conseguido los favores de la Bella Otero.

El magnate americano William K. Vanderbilt le regaló un yate, un príncipe ruso le entregó una auténtica fortuna para que no le abandonase y el emperador de Japón le compró una isla. Carolina Otero llegó a ser una de las mujeres más ricas de su época, pero a la vez fue una ludópata sin remedio que dilapidó toda su fortuna en el juego. Según ella misma confesó, sus dos únicos placeres fueron ganar y perder. Se calcula que perdió en los casinos 68.000 millones de pesetas, al cambio actual. Gastó su fortuna a un ritmo de unos 4.600 millones anuales y las pérdidas de una noche podían ascender a 300 millones de hoy.

Detrás de esta vida de lujo que consiguió construirse, subyace la verdadera historia de su infancia, cuando con 10 años fue violada en su pueblo natal, por lo que quedó estéril y estuvo a punto de morir. Fue repudiada por su familia y por sus vecinos y a los doce años huyó para siempre con un grupo de titiriteros. Más tarde, su propio descubridor en marsella, el cazatalentos Ernest Jurgens, acabó suicidándose al no conseguir el amor de la Bella Otero. Para borrar su pasado, la Otero no volvió a acordarse jamás de su pueblo natal. Sólo mantuvo correspondencia con el cura Garrandán, al que enviaba dinero y vestidos de sus actuaciones para que se los diese a los pobres. Según luego averiguó la autora del libro, el párroco utilizó los vestidos para vestir a los santos de la iglesia. La Bella Otero se retiró de los escenarios a los 46 años para que la gente no viese cómo perdía su belleza, para preservar el mito.

LA CINTA ROJA de CARMEN POSADAS

La escritora uruguaya Carmen Posadas tomó como inspiración para su libro " La Cinta Roja ", la intensa vida de Teresa Cabarrús, dama española que, según la leyenda, logró acabar con el Terror en la Revolución Francesa. La escritora la rescata del olvido y recrea en primera persona la trayectoria apasionada y llena de claroscuros de esta belleza legendaria que tuvo una juventud apasionante y aventurera, también conocida como " Madame Tallien ".

Para sus detractores, la hija del conde español Francisco Cabarrús (ministro de finanzas de José Bonaparte) era una arribista que hizo de la frivolidad su religión y de la seducción una forma de supervivencia. Para sus admiradores, una mujer que consiguió salvar a muchos inocentes de la muerte y que mereció que la llamaran Nuestra Señora del Buen Socorro. En lo que todos están de acuerdo es en que la turbulenta historia de amor que vivió con el revolucionario Tallien fue el momento culminante de una vida remarcable: aristócrata, rea de la guillotina, amante de asesinos y de futuros emperadores, fue revolucionaria, princesa y madre de diez hijos.

Carmen Posadas nació en Montevideo (Uruguay) en 1953 y vivió allí hasta los 12 años. En 1965 se trasladó a Madrid con su familia. Después ha vivido en Moscú, Buenos Aires y Londres, ciudades todas en las que su padre fue embajador. Es autora de más de 15 libros infantiles así como cinco novelas, dos biografías y varios guiones de cine y televisión. En 1998 ganó el premio Planeta, su obra ha sido traducida a 23 idiomas y en 2003 la revista Newsweek la señaló como una de las autoras más relevantes de su generación.


Fuente:
http://www.carmenposadas.net/biografia.php

martes, 20 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XIV )


TENSIONES EN LA CORTE DE FRANCIA


Fueron cinco o seis meses de calma relativa. En realidad, Margot vivió envuelta en un espantoso embrollo, un foco de intrigas, conmociones y provocaciones, un torbellino colectivo cuyo epicentro casi siempre será ella. Se producen repetidas escenas violentas entre el rey y su hermano; los favoritos del rey y los de Anjou, entre los que figura su querido Bussy, cruzan las espadas por cualquier motivo y se cortan el cuello con entusiasmo. Francisco de Anjou se declara ofendido e indignado por los ataques de que son objeto todos los días sus favoritos. Muy pronto, una sola idea ocupa su mente: abandonar la corte de su hermano para tener la suya fuera de allí. Tanto más cuanto que los favoritos de este último se muestran cada vez más violentos. Durante un baile, llegan incluso a provocar a Anjou dirigiéndole palabras de las más hirientes. Los principales ataques hacen referencia a su fealdad y su baja estatura, y estos insultos son proferidos en voz tan alta que no tiene más remedio que oírlos.

Francisco se queja amargamente ante su madre, quien se declara muy apesadumbrada a causa de esta insoportable situación y aprueba su deseo de alejarse del Louvre con el pretexto de una partida de caza. El rey se enfurece cuando su madre le comunica los planes de caza de Francisco. Presiente que no se trata sino de un pretexto para marcharse. A buen seguro, su hermano y su hermana están fomentando un complot destinado a sentar al duque en el trono de Flandes, lo cual significa iniciar una guerra contra el rey de España, cosa que Enrique III, muy prudentemente, desea evitar a toda costa.


Charlotte de Sauve


El problema culminó en una escena ridícula: el rey hizo una sorpresiva visita a su hermano durante las primeras horas de la mañana y ordenó registrar su cuarto. Mientras sus guardias abrían baúles y armarios y desparramaban el contenido, el rey revolvió maníacamente la ropa de cama. Con intensa satisfacción advirtió que Anjou intentaba esconder un trozo de papel. El documento fue confiscado y calificado, sin más trámites, de evidencia condenatoria, pero muy pronto se descubrió que lo único que contenía era una declaración de amor de Charlotte de Sauve, la hechizadora joven se veía en la obligación de otorgar sus favores a Francisco por orden de Catalina de Médicis. El rey, su hermano y su madre – todos en camisón- habían protagonizado una escena ridícula e indigna. La vergüenza de haberse equivocado aumenta el despecho y la cólera del rey, que se venga de su chasco decretando el arresto de Bussy. Les pide al jefe de su guardia y a sus arqueros que permanezcan junto a su hermano y no le pierdan de vista.

Anjou toma la firme decisión de huir. Margot lo aprueba y le promete ayudarle. Su hermano logra escapar, con la ayuda de una cuerda resistente, por la ventana de la habitación de la reina de Navarra, que está situada en el último piso del palacio y da a los fosos del Louvre. Cabe imaginar la furia del rey al enterarse de la fuga del duque de Anjou. Ebrio de rabia, convoca a su hermana en presencia de la reina madre. Como es de suponer, la abruman con violentos reproches. Margot niega toda participación en esta evasión y se le permite regresar tranquilamente a sus aposentos.




EL REENCUENTRO DE MARGOT Y ENRIQUE DE NAVARRA


En agosto de 1578, después de prometer a Enrique III que continuaría sirviendo a los intereses de la corona francesa y que se valdría de todos los medios para inducir a su esposo a obedecerles, Margot recibió por fin la autorización para reunirse con el rey de Navarra en sus tierras. En efecto, el monarca francés, tras haber aplazado durante seis meses la partida de su hermana, ahora no desea sino verla partir. Pero la próxima llegada de la reina de Navarra inquieta a los hugonotes. ¿ No traerá su venida “ muchas corrupciones “ ?.

Catalina de Médicis decidió recorrer las problemáticas regiones del sur y suroeste de Francia, baluartes hugonotes, para administrar la paz y templar los ánimos exaltados. Margot sale de París con un imponente séquito formado por trescientas personas y acompañada por su madre y su séquito - que incluía a algunas de sus damas de la “ escuadra” -, del cardenal de Borbón, el duque de Montpensier y su enamorado canciller Guy du Faur de Pibrac. La carta de una dama del séquito de la reina madre, escrita durante el viaje, nos muestra a Margot ocupada, tras dos años y medio de separación, en los preparativos para la reconquista de su esposo Enrique: “ Desde hace tres días está encerrada en su estancia, sola con tres camareras, una armada de navaja de afeitar, otra de cremas y la tercera de fuego. Está siempre metida en agua, blanca como un lirio, toda perfumada; se estriega y se restriega, envuelta en una nube de incienso como una hechicera fascinadora en el humo de sus alambiques; y, si hacemos caso de lo que dice a sus íntimos, sostiene que hace todo esto solamente para complacerse a sí misma”.

Charlotte de Sauve cabalga a lomos de su mula y se las promete muy felices. Sin duda espera, tras un intermedio con Anjou, reanudar sus amores con el rey de Navarra, por poco que el interés de la reina madre lo exija … y a pesar de que entre tanto se hubiera convertido también en amante del duque de Guisa.



El 2 de octubre, en Casteras – una casa solariega aislada, a medio camino entre la católica Saint-Macaire y la protestante La Réole – Enrique de Navarra, acompañado de seiscientos gentilhombres, se presenta con alegría ante su suegra y su mujer, a la que besa dos veces. En La Réole, los esposos pasan la noche. Pero hasta el día siguiente no compartirán el mismo lecho, pues Enrique despedía tal olor que, la primera noche, Margot prefirió dormir sola. El rey de Navarra no presta atención alguna a Charlotte de Sauve, quien se siente tanto más vejada cuanto que él muestra interés por otra dama de honor de la reina madre, procedente de Chipre: la atractiva Victoria de Ayala, llamada la Dayelle. Margot, tolerante y casada bajo el régimen de las infidelidades mutuas, no siente celos al enterarse de los caprichos de su marido, siempre y cuando, declara, Enrique le profese “ honor y amistad ”. E insiste en que ambos mostraban un gran contento por estar de nuevo juntos.

Antes de dejar a Margot con Navarra en Nérac, Catalina de Médicis le dijo a su yerno que, si se presentaban problemas políticos, recurriera a su esposa para que intercediera por él ante el rey. Después de meses de agotador trabajo, se firmó la convención de Nérac y la reina madre siguió su camino. “ Son la mejor pareja que se pueda imaginar “, le escribe con optimismo la reina madre a su amiga la duquesa de Uzès. Enrique lleva a su esposa a Pau. Esta visita no les hace ninguna gracia a los habitantes de la ciudad, que persiguen encarnizadamente a los católicos y, según dicen, vieron llegar con muy malos ojos a la reina cuyo divorcio habían reclamado.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994

lunes, 19 de marzo de 2012

CATALINA DE ARAGÓN, Princesa de Gales ( VIII )

Una linda muñeca Catalina de Aragón realizada por las habilidosas manos de María Victoria Jaume Arlandy, pero tiene muchísimas más que podeis ver en su blog http://reinamarivi.blogspot.com.es/



EL ENTIERRO DEL PRÍNCIPE ARTURO


En Greenwich, en donde el correo de sir Richard Pole había llegado a medianoche y en donde un nervioso Consejo había convocado al confesor del rey para comunicar la noticia, Enrique VII e Isabel de York procuraban consolarse mutuamente. La reina había dado a su marido seis hijos, pero dos de ellos habían muerto durante la infancia. Habían sobrevivido un varón y dos niñas, Margarita y María. El futuro de la dinastía Tudor pendía precariamente de la vida de un único niño, Enrique, que ahora sería el nuevo príncipe de Gales. Ello provocó un temor todavía peor que la pena por la muerte de Arturo, aunque la reina pudo recordar a su marido que ambos eran jóvenes, ella treinta y cinco años y él apenas diez años mayor, y que podían tener más hijos.

La muerte de Arturo hizo tambalear los cimientos de la monarquía inglesa. La sucesión al trono de Enrique VII se sustentaba en esos momentos en un joven niño de apenas once años. Algunos nobles y señores no podían aceptar ese hecho, deseaban un varón adulto como sucesor, con suficiente sangre real como para afirmar su pretensión, no un niño. Estaba, por ejemplo, el duque de Buckingham, un joven de veintitrés años, imponente y buen mozo, que había sido el dignatario de mayor lucimiento en la boda de Catalina al presentarse con unas ropas y joyas valoradas en más de mil quinientas libras. Su título, su poder político y su solvencia económica convertían a ese joven en el más grande de los nobles de Inglaterra. Además podía rastrear su ascendencia hasta Eduardo III, pues en línea directa él pertenecía a la familia de Thomas de Woodstock, hijo menor de aquel monarca. Muchos nobles hablaban de él como de un hombre honesto, capaz de ser un gobernante real.

Otro de los pretendientes al trono era Edmundo de la Pole, duque de Suffolk, hijo de la hermana de Eduardo IV. Era ahora el principal varón pretendiente de la casa de York. Si se volvía a desenterrar la antigua mentira sobre la ilegitimidad de todos los hijos de Eduardo IV, él tenía en realidad un derecho legítimo. Edmundo había huido prudentemente del alcance del rey Tudor.


Arturo de Gales


El cuerpo de Arturo fue velado solemnemente en el castillo de Ludlow, mientras su joven viuda languidecía, enferma, al cuidado de sus servidores españoles. Los notables de Inglaterra iban en desorden a través de los cenagosos caminos para verlo y para mantener quedas conversaciones con los miembros de la Casa del príncipe. En ningún momento, el rey ni la reina se acercaron a llorar por el cuerpo ni a rezar por el alma de su hijo. Tres semanas más tarde los restos mortales del príncipe de Gales fue transportado a la luz de las antorchas a la iglesia parroquial de Ludlow. Habían venido el conde de Surrey, en representación del rey, diversos lores, sires y condes, además de tres obispos. Se ordenó desde Londres que el príncipe fuera sepultado en la catedral más próxima, que resultó ser Worcester. Catalina no se había repuesto y quedó triste, acongojada, sola, enferma y débil en el frío castillo.

De Ludlow a Bewdley, el cortejo fúnebre iba serpenteando con Griffith ap Rhys cabalgando justo delante del carruaje fúnebre cubierto de negro, con su propio caballo cubierto de negro y llevando el guión del príncipe, vuelto hacia atrás. Fueron necesarios bueyes para arrastrar la carroza que llevaba el ataúd a través del barro, en un día con mucho frío, viento y lluvia. Desde Bewdley, el cortejo prosiguió hasta Worcester. La catedral estaba iluminada por ochenta teas y de todas las paredes colgaban largos cortinajes de terciopelo negro. En algunas de las columnas se pusieron estandartes con diferentes insignias de España, Gales e Inglaterra.


La tumba de Arturo Tudor en la catedral de Worcester


El lugar elegido para enterrar al príncipe Arturo fue el coro. El féretro fue bajado a la tumba mientras los monjes cantaban el más triste de los réquiem. Los camareros del príncipe, sir William Udall y sir Richard Corfts, rindieron su último servicio a su señor rompiendo sus bastones y arrojándolos a la tumba. A continuación, lo mismo hicieron todos los gentileshombres de la Casa del príncipe de Gales con sus varas. Fue una escena conmovedora para todos los que la contemplaron. En el lado Sur de la espléndida capilla sepulcral se exhiben las flechas y las granadas, emblemas heráldicos de Catalina de Aragón.


Fuentes:
ULARGUI, LUIS. Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
MATTINGLY, GARRET.Catalina de Aragón. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
FRASER, ANTONIA. Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...