miércoles, 6 de marzo de 2013

JUANA DE TRASTÁMARA, La Excelente Señora (IX)



 
REINADO DE JUAN II

A los pocos meses de la profesión de Juana, el 28 de agosto de 1481 falleció el rey Alfonso V y comenzó a reinar en plenitud su hijo Juan II. Durante 1480-1490 se libró un puntilloso pulso diplomático entre las cortes castellana y portuguesa no sólo sobre el título, sino sobre el encerramiento en clausura, sobre el cambio de monasterio, sobre su posible matrimonio y sobre su salida de Portugal. Fue Isabel de Castilla quien exigió que Juan II cumpliese a rajatabla las condiciones de las paces. Además gestionó con intensidad en Roma para que el Papa, con mandatos, censuras y penas, la obligase a permanecer en clausura.
 
Juan II sabía que Juana no podía llamarse reina de Castilla y León, y sin embargo, así se llamaba ella y la llamaban otros en Portugal. Está probado que Juana no residió siempre en Coimbra. En 1487 la documentación la sitúa en Santarem y quizá en torno a 1490, y con seguridad desde principio de siglo residía en Lisboa. Las constantes reclamaciones de Isabel hacen suponer que se movió también por otros monasterios de clarisas de Portugal. Debía vivir como monja profesa en clausura y sin embargo:
 
(…) ha salido y estado fuera muchas y diversas veces y en diversos tiempos y lugares, con su hábito y como persona seglar, no guardando la regla a que era obligada; según lo cual el Rey no había cumplido lo contenido en las paces.


 
 
EL PRETENDIENTE NAVARRO

Los votos irrevocables pronunciados por Juana no impidieron que su mano fuese en 1482 solicitada por el rey de Navarra, Francisco I,  que por su belleza ha pasado a la historia como Francisco Febo o Phebus, hijo de Gastón de Foix y de Magdalena de Francia.

El monarca francés Luis XI quería que su sobrino contrajese matrimonio con la infortunada princesa, a la que apoyaba en sus derechos al trono de la Corona de Castilla. La muerte del joven rey de Navarra impidió que las cosas siguieran adelante.




 
ALFONSO E ISABEL

Por ese tiempo se trataba el matrimonio de Alfonso, heredero de Juan II de Portugal, con Isabel de Aragón, hija primogénita de los Reyes Católicos. Conforme avanzaba esta negociación fue más exigente la reina Isabel. Fechado en Évora el 27 de marzo de 1490, el monarca portugués firmaba este compromiso: realizándose el matrimonio de su hijo con la infanta Isabel, juraba por Dios, la Virgen y los evangelios que Juana no casaría jamás con persona ninguna y que por ninguna manera saldría de Portugal. Adviértase que no prometía ni juraba nada sobre la vida de la misma en la clausura del monasterio, lo que induciría a pensar que ya la había abandonado. Era el “futuro bienestar” que el Príncipe Perfecto había prometido a su prima el mismo día de la profesión de la misma.
 
Al momento del enlace, la infanta Isabel contaba con veinte años recién cumplidos, mientras que el príncipe Alfonso tenía apenas quince. A pesar de esta diferencia de edades, desde el primer instante que se conocieron se enamoraron; así, lo que en un comienzo fue un matrimonio político terminó siendo una unión por amor. Pero tanta felicidad duró poco. En julio de 1491, el joven Alfonso cayó del caballo lanzado al galope y se mató en el sitio. Dejó a la infanta viuda y sin hijos de su breve convivencia. Isabel, triste y enlutada, regresó a la corte de sus padres. Para demostrar su dolor por la muerte de su amado esposo, Isabel corta su bellísimo cabello rubio y viste una jerga, túnica arpillera, cubriéndose con un espeso velo. Se dedica a vivir silenciosamente sumida en las oraciones, adoptando el hábito de las hermanas clarisas y solicitando entonces a sus padres su permiso para convertirse en monja, pero los Reyes Católicos tenían otros planes para ella. Una infanta estaba al servicio de la Corona.
 


 
MANUEL E ISABEL

Muerto su único hijo legítimo, Juan II quiso, sin éxito, declarar heredero a su hijo ilegítimo Jorge de Lencastre. Incluso había sugerido que estaba dispuesto a separarse de su mujer, Leonor de Viseu, para casarse con Juana. Muerto el rey de Portugal, en octubre de 1495, le sucedió en el trono su primo y cuñado Manuel I el Afortunado. Pensaron los Reyes Católicos en casar a su hija María, de trece años, con el nuevo monarca portugués, pero don Manuel prefirió desposarse  con la princesa viuda Isabel, de veintiséis años. Ésta, que durante algún tiempo se había negado a contraer nuevas nupcias y había declarado su deseo de ser monja, accedió a casarse con el rey, siempre que éste expulsase de su reino a los herejes. Manuel I consintió en darle esa satisfacción y los expulsó.
 
En una carta a su padre, la nueva reina Isabel le comunicaba que iba organizando su casa a su aire. El rey la trataba con complacencia: (…) que no como las husava el rey de Portugal, my señor (Juan II), porque no era bien casado. Esta acusación parece que alude al duro trato en el comportamiento regio, antes y después de la tragedia de su primogénito. Al escribir que Juan II no era bien casado, no quiere referirse a una situación no canónica o concubinaria, sino a un comportamiento de malos tratos. En cambio, ahora su marido don Manuel le mandaba entender en ciertos negocios, visitaba a la reina madre y tenía bastante con conocer a la nueva corte. Entre tantas noticias, ninguna sobre doña Juana, seguramente porque todavía no vivía, ni fuera del monasterio, ni en Lisboa.



 
MANUEL Y MARIA

La muerte del príncipe Juan, hermano de Isabel, obligó a los reyes de Portugal a dejar su reino para ser jurados herederos de las Coronas de Castilla y Aragón. La joven reina se encontraba embarazada y murió de sobreparto, aunque sobrevivió el príncipe Miguel, que a los dos años dejó de existir, como una flor del campo, en brazos de su abuela Isabel la Católica. No obstante tanta tragedia, todavía preparó la reina el matrimonio de su hija María con el rey Manuel de Portugal, viudo de Isabel, que tuvo lugar en el año 1500.
 
La descendencia de don Manuel con María de Aragón fue prolífica. Y fue en este reinado cuando se documenta una importante mudanza de trato en la vida de Juana de Trastámara. En efecto, en los registros de la cancillería de don Manuel abundan las donaciones de telas ricas y de cuantiosas entregas graciosas de especias y de perfumes, llegados de las Indias del Extremo Oriente. Parece que no eran dones apropiados para una religiosa enclaustrada, sino para una mujer libre y con casa propia.


Fuente:
Azcona, Tarsicio de. Juana de Castilla, mal llamada La Beltraneja. La esfera de los Libros S.L., 2007
 http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_la_Beltraneja http://es.wikipedia.org/wiki/Isabel_de_Arag%C3%B3n_(1470-1498)
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