domingo, 26 de agosto de 2012

MELANIA LA MAYOR, Una Santa Viajera


Santa Melania La Mayor, nacida en fecha y lugar desconocidos, pertenecía a una de las familias hispanas más ricas e importantes del Imperio Romano en el siglo IV y como era habitual en las mujeres de su clase, se casó a la edad de trece años con un hombre de alto rango. Tras enviudar a los veinte años y, ante la consternación de su familia, abandonó a su único hijo en manos de un tutor para entregarse a la vida religiosa. Esta mujer enérgica y decidida se embarcó con otras dos damas de la aristocracia hacia Alejandría donde pensaba llevar una vida de ascetismo.
 
Melania sufrió todo tipo de presiones familiares, nadie entendía que una mujer joven, de buena familia, pudiera renunciar a una cómoda vida de matrona romana y dilapidara su dinero viajando a Oriente. Hasta el fin de sus días fue una viajera incansable que se dedicó a recorrer el mundo fundando monasterios. Desde Asia a África pasando por Europa participó activamente en todos los conflictos religiosos que encontraba a su paso. Murió en un monasterio, en Jerusalén, en el año 410 después de una vida llena de aventuras, renuncias y sacrificios. Fue una de las religiosas más notables de su tiempo y una destacable mujer en la época que le tocó vivir.



LA VIDA DE UNA SANTA

Se sabe con certeza que el origen de sus ancestros (al menos, el de la rama materna de su familia) se ubicaba en la Península Ibérica, donde quedan restos de innumerables posesiones que testimonian la riqueza que envolvió a Melania desde su nacimiento. Sin embargo, puede que la futura santa hubiera visto la luz en la misma capital del Imperio, ya que su padre era el destacado magistrado Antonio Marcelino, que fue creado cónsul en el año 341. Si por aquel entonces no había nacido todavía Melania, es fácil suponer que viniera al mundo cuando, a raíz de este nombramiento, su familia se encontraba ya instalada en Roma.
 
Sea como fuere, lo cierto es que la joven Melania creció rodeada de toda suerte de lujos y comodidades, y que recibió durante su infancia una firme educación católica que, por aquellos años, era frecuente impartir en los vástagos de las familias más poderosas. Aprendió, también, a leer y a escribir, y no se le negó el acceso a los textos más representativos de la cultura clásica latina. Como era, asimismo, costumbre entre las jóvenes romanas de su tiempo, apenas había entrado en la pubertad cuando contrajo nupcias con un ciudadano romano cuyo nombre no ha pasado a la historia, pero del que se sabe que pertenecía también a otra de las familias más destacadas de la jerarquía social, ya que era hijo de Valerio Máximo, quien fuera prefecto de Roma entre los años 361 y 363.
 
Antes de que transcurrieran diez años de vida conyugal quedó viuda la joven Melania, quien perdió también, en el mismo año en que murió su esposo, dos de los hijos nacidos de este enlace. El tercero de ellos recibió el nombre de Publícola y fue el único superviviente entre los vástagos de Melania. Consternada por estas desgracias, la joven romana, que sólo contaba veintidós años de edad cuando quedó viuda, despreció los regalos mundanos que le ofrecía su privilegiado entorno familiar y, tras desprenderse también dolorosamente del cuidado de su hijo Publícola -cuya educación confió a un tutor-, tomó el rumbo de Oriente para consagrarse allí a la piedad y a la meditación ascética.



Arribó, así, en una primera etapa de su peregrinación religiosa, a la ciudad de Alejandría, donde trabó amistad con Rufino de Aquileya, que había vertido al latín los textos cristianos escritos en lengua griega. Firmemente decidida a extender la doctrina cristiana por Egipto y Tierra Santa, hizo vender sus bienes para transformar todas sus riquezas en monedas de oro, con las que fue afrontando los gastos de sus numerosos desplazamientos, para desesperación de unos familiares que, desde Roma, seguían sin entender este riguroso ascetismo y mucho menos el abandono de un hijo al que la propia Melania aseguraba que dejaba "al cuidado de la divina Providencia".
 
Pero Melania no paró mientes en las críticas de sus familiares que le llegaban desde Roma y, ya con su patrimonio convertido en piezas de oro, emprendió un sacrificado recorrido en busca de los ascetas del desierto de Nitria, en cuya compañía permaneció por espacio de seis meses, entregada a la meditación y al aprendizaje que recibía de estos santos anacoretas. Ya con fama de mujer piadosa, pronto se vio obligada a tomar partido por una de las dos corrientes en que, a la sazón, se dividía el cristianismo: la de los católicos o la de los arrianos.
 
Melania, que procedía de la parte occidental del Imperio, era fiel seguidora del dogma católico, vigorosamente defendido en esta zona por Atanasio; de ahí que encontrara grandes dificultades en Alejandría, ciudad de la que había sido obispo Arrio y en la que había calado hondamente -como en la parte oriental del Imperio- su doctrina. Así las cosas, en el año 373, a raíz de la muerte del obispo Atanasio, Lucio, el patriarca arriano de Alejandría, decretó la expulsión de Egipto de todos los católicos, lo que obligó a Melania a integrarse en el grupo de los monjes y obispos que, desterrados, tomaban el rumbo de Diocesarea, en territorio palestino.


Fui a raíz de esta huida cuando la figura de Melania comenzó a engrandecerse entre el cristianismo occidental, ya que la corajuda religiosa se convirtió en Palestina -donde la situación para los católicos no era mucho más favorable- en una de las principales protectoras de sus hermanos de creencias. Entre los numerosos actos piadosos que realizó, es fama que invirtió parte de su fortuna en alimentar durante tres días a más de cinco mil monjes que permanecían escondidos. Además, pronto se significó como uno los cabecillas católicos más eficaces a la hora de dar refugio a los fugitivos y prestar atenciones a los arrestados, e incluso ella misma llegó a ser detenida por las autoridades arrianas, aunque el gobernador de Palestina se vio forzado a decretar su libertad tan pronto como averiguó la importancia de su linaje.
 
Tras varios años de vivir en Oriente, en vergonzante y peligrosa clandestinidad, finalmente en el año 377 la situación se normalizó y los católicos egipcios pudieron regresar a su tierra natal. Fue entonces cuando Melania, aliviada de sus penosas labores de auxilio y protección, pudo establecerse en Jerusalén para fundar allí un monasterio en el monte de los Olivos. Para el gobierno de la sección masculina de este cenobio, Melania contó con la colaboración del citado Rufino de Aquileya, cuya inseparable amistad habría de poner a la religiosa hispanorromana en nuevas dificultades. En efecto, después de haber permanecido en Palestina durante más de cinco lustros, Melania regresó a la Península Itálica con una larga experiencia en la vida religiosa, gran fama de santidad y numerosas reliquias recobradas en los Santos Lugares (entre ellas, un trozo de la madera en que fue crucificado Cristo).
 
A sus sesenta años de edad, no tuvo inconvenientes a la hora de emprender otro viaje y afrontar nuevas misiones religiosas que habrían de dejar constancia de su infatigable tesón. Entre estos propósitos que la conducían de nuevo a Italia, cabe enumerar su deseo de apoyar a su inseparable Rufino, cuya traducción libre de Orígenes había causado un notable enojo entre algunos padres de la Iglesia, y muy especialmente en San Jerónimo, quien llegó a acusar al de Aquileya de herejía. Comoquiera que Melania tomó partido en favor de Rufino, San Jerónimo mostró también su furor contra la aguerrida religiosa.


Con todo, y a pesar del interés con que Melania defendió las posturas de Rufino, lo que verdaderamente movió a la anciana a regresar a Italia fue el deseo de predicar las virtudes del ascetismo entre sus familiares y conocidos, y amparar de paso la andadura espiritual emprendida por su nieta Melania la Joven, quien, después de haber sido casada con Piniano y de haber visto morir a los dos hijos que había tenido con éste, había decidido seguir el ejemplo de su abuela y consagrarse a una vida religiosa dominada por el ascetismo y la castidad.
 
Al puerto de Nápoles, donde desembarcó Melania procedente de Tierra Santa, llegó desde Roma una comitiva de amigos y familiares de la religiosa, quien de inmediato rechazó el lujo y la comodidad que exhibían y le ofrecían los que habían venido a recibirla. De camino a Roma, Melania hizo un alto en Nola y luego prosiguió su marcha hasta la ciudad imperial a lomos de un pobre rocín y envuelta en modestas túnicas negras, como las que lucían las monjas que la acompañaban. Su desprecio del boato y esplendor del séquito que había acudido a Nápoles a recibirla, se hizo aún más firme a su entrada en la propia Roma, donde Melania la Mayor rechazó palacios suntuosos para establecerse en un desolado monasterio en el que se entregó al ayuno y la oración.
 

Se enfrascó, asimismo, en la conversión de sus parientes y amigos, y con la ayuda de Rufino ganó para la causa cristiana a Aproniano, esposo de su sobrina Avita. Además, prestó a su nieta Melania la Joven todo el apoyo que necesitaba para abrazar la vida religiosa, transmitió parte de sus inquietudes espirituales a su nuera Albina e intentó en vano que su hijo Publícola renunciara a los bienes mundanos. Éste -que era católico como su madre, aunque no participaba de sus ideales ascéticos-, sí siguió el consejo de Melania a la hora de retirarse a Sicilia ante el peligro de las invasiones bárbaras, donde murió en el año 404. Aún vivía, entonces, la esforzada viajera, quien a su vez había dejado la Ciudad Eterna para emprender nuevas peregrinaciones por África.
 
La noticia del fallecimiento de su hijo la forzó a regresar a Roma, donde, antes de partir por última vez para Tierra Santa, animó definitivamente a su nieta a que se despojase de sus extensas propiedades (tenía tierras en Sicilia, Bretaña, Hispania y el norte de África) para emprender una peregrinación por los mismos lugares que había recorrido ella. Fue así como Melania la Joven se ganó la santidad, en un amplio recorrido por África, Egipto y Palestina que le permitió fundar numerosas congregaciones antes de fallecer en Belén, en el año 439. Por aquel entonces, su abuela llevaba cerca de veinte años muerta, ya que había perdido la vida en su monasterio de Jerusalén en el año 410.

Fuentes:
http://mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=melania-la-mayor-santa
MORATÓ,CRISTINA. Viajeras intrépidas y aventureras. 2001, Random House Mondadori, S.A
Las imágenes de la Santa corresponden a Melania La Joven, nieta de Melania La Mayor.

sábado, 25 de agosto de 2012

VIAJERAS INTRÉPIDAS Y AVENTURERAS por CRISTINA MORATÓ


Mujeres intrépidas y aventureras han existido desde los tiempos más remotos, aunque la inmensa mayoría han sido silenciadas y olvidadas por una historia escrita por los hombres. Cuando miramos hacia atrás resulta difícil encontrar testimonios de mujeres viajeras anteriores a los siglos XVIII y XIX, época de las grandes expediciones. Pero ¿cuándo empezaron a viajar las mujeres? ¿Cómo y por qué viajaban? Hoy podemos responder a estas preguntas gracias a las biografías y diarios de viajes que se van rescatando del olvido y publicando en los últimos años. Por ellos sabemos que muchas mujeres, incluso tranquilas amas de casa llevadas por el “demonio” de la curiosidad, hartas de su papel social, se lanzaron a la aventura de viajar allá donde los mapas estaban en blanco y, en ocasiones, mucho antes que los grandes viajeros.
 
Durante siglos un puñado de mujeres ni tan locas ni tan excéntricas como nos han hecho creer algunos biógrafos, han contribuido con sus viajes al conocimiento geográfico y han participado en importantes acontecimientos históricos. Ni un monumento, ni una triste placa recuerda sus hazañas y sus nombres tampoco aparecen en los libros. Nuestras antepasadas fueron capaces de llevar a cabo hazañas anónimas que aún sorprenden por su dificultad y riesgo en nuestros días, y lo hicieron en un mundo donde la mujer era considerada en todos los aspectos inferior al hombre.
 
Cristina Morató nos cuenta la apasionante vida de muchas de estas mujeres, desde Egeria, la primera viajera, a las misioneras del Tíbet, las mujeres piratas, la primera Almiranta, las damas del desierto, las pioneras de la aviación... Aventureras que han pasado ya a la historia como Mary Kinstley, Isabelle Eberhart o Alexandra David-Néel. Mujeres que llegaron a las más inhóspitas y remotas regiones de la Tierra simplemente por curiosidad, para evangelizar o explorar. Cualquier excusa era buena para huir de una sociedad en que la mujer nacía para dedicarse al hogar, ser buena esposa y madre prolífica.

LAS DAMAS DE ORIENTE de CRISTINA MORATÓ


Las apasionantes biografías de ocho fascinantes mujeres que viajaron hasta Egipto, Turquía o Arabia. La lectura de Las mil y una noches despertó en un buen número de damas británicas, aristocráticas y aventureras, la fascinación por un Oriente de harenes, bazares, caravanas y nómadas beduinos. A comienzos del siglo XIX viajar más allá de El Cairo o Estambul era una peligrosa aventura: el pillaje, los despóticos pachás turcos, las epidemias, las duras travesías por el desierto, echaban atrás a los viajeros más curtidos. Este libro recoge las apasionantes vidas de unas mujeres atraídas por el mundo árabe que dejaron su huella en Oriente Próximo: lady Mary Montagu, la primera occidental en acceder al interior de los harenes otomanos, la excéntrica lady Hester Stanhope, la hermosa lady Jane Digby, que vivió una apasionada historia de amor con un jefe beduino o, ya entrado el siglo XX, otras audaces exploradoras, arqueólogas y espías al servicio del Imperio Británico como Gertrude Bell, que en calidad de secretaria para Oriente ayudó a trazar las fronteras del actual Irak, la incansable Freya Stark y la famosa escritora de novelas policíacas Agatha Christie. Todas ellas abandonaron el confort de sus mansiones por una vida nómada y en ciudades como Bagdad, El Cairo, Damasco o Estambul aún se las recuerda.
 
Cristina Morató nació en Barcelona en 1961. Estudió periodismo y fotografía y desde muy joven ha recorrido el mundo como reportera realizando un sinfín de artículos y reportajes. Tras pasar largas temporadas en países de América Latina y Asia, descubrió África con veintidós años. En 1983 viajó a Guinea Ecuatorial, donde permaneció tres meses en la ciudad de Evinayong, en el interior de Río Muni. En 1985 vivió nueve meses en la actual República Democrática del Congo (antiguo Zaire) trabajando para la Cooperación Sanitaria Española en Buta. En 1990 visitó Senegal y la región de la Casamance, al sur de Gambia. En 1993 recorrió Uganda, Kenia y Tanzania, escenarios donde transcurren las aventuras de algunas de las protagonistas de este libro. Durante estos años alternó sus viajes con la dirección de programas de televisión. Ha colaborado con el libro El peor viaje de nuestras vidas y es autora del libro Viajeras intrépidas y aventureras, gran éxito de crítica y público, que ha alcanzado hasta la fecha varias ediciones. Es vicepresidenta y miembro fundador de la Sociedad Geográfica Española, y ha realizado un buen número de exposiciones fotográficas sobre las señas de identidad de los pueblos indígenas.

MUJERES DE LA REVOLUCIÓN de JULES MICHELET



En "Mujeres de la Revolución", (1854) Jules recrea los personajes femeninos que intervinieron en el periodo revolucionario 1789-1794. El arrojo de madame Legrós, que convirtió en obsesión vital la liberación de Latude, el prisionero más antiguo de la Bastilla; la valentía de las mujeres que con su actitud el 6 de octubre obligaron a Luis XVI a abandonar Versalles para dirigirse a Paris; las mujeres de tribuna y espada como Théroigne de Méricourt, y Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la mujer y la ciudadana; escritoras y activistas como madame Roland, autora de unas interesantes Memorias; madame de Stäel, cuyo salón gozó de gran influencia. Y junto a estas, las realistas, vendeanas, contrarrevolucionarias, entre cuyas filas había religiosas que abandonaban el cenobio para combatir la revolución.
 
Constituye este estudio un verdadero homenaje a la faceta femenina de la revolución, no sólo por la intervención directa de las mujeres en los acontecimientos, sino también por su influencia como compañeras de los más significados personajes de la misma, en una época en la que domina el Terror, y acecha diariamente la acusación y su consecuencia: la guillotina.

AGNODICE, La primera médica de la Historia


Nos cuenta la historia que Agnodice fue una médica griega que nació y murió en Atenas en el último tercio del siglo IV. Como la medicina estaba prohibida a las mujeres, se disfrazó de hombre para seguir los cursos de medicina del célebre médico Herófilo. Superó brillantemente las pruebas y se hizo ginecóloga, pero sin revelar su verdadera identidad. Sus éxitos profesionales despertaron la envidia de los otros médicos que la acusaron de abusar de sus pacientes y fue llevada ante el Areópago, fue entonces cuando Agnodice tuvo que revelar su sexo, por lo que fue acusada de violar la ley. Pero las damas atenienses la defendieron y consiguieron que Agnodice fuese absuelta y se le permitiese continuar el ejercicio de la medicina.

 
LA VOCACIÓN POR LA MEDICINA

Había en Atenas una ley que prohibía a las mujeres todo ejercicio de la Medicina, incluso el uso del Arte Obstétrico, lo que ocasionaba el gravísimo inconveniente de que muchas mujeres, demasiado pudorosas de ser auxiliadas por los hombres en el puerperio, perdían su vida y la del feto. En este estado de cosas, una joven de la alta sociedad ateniense llamada Agnodice resolvió violar la ley. Parece que tuvo desde pequeña la inquietud por el estudio, y ya de joven se despertó en ella un especial interés por ayudar a las mujeres a enfrentar sus enfermedades, lo que la llevó a tomar la decisión de convertirse en médico. Pese a la prohibición que en aquel entonces enfrentaban las mujeres de incursionar en los territorios destinados a los hombres, la tenacidad y el esfuerzo de la joven encontraron un respaldo en su padre, quien no sólo la estimuló a seguir su vocación sino que la apoyó para que se trasladase a Alejandría a estudiar con el entonces famoso médico Herófilo.



 
LA MUJER SE CONVIERTE EN HOMBRE

Sin embargo, para alcanzar este primer logro Agnodice tuvo que renunciar a su identidad femenina y se disfrazó de hombre, cortó sus cabellos y cambió sus ropajes por la túnica masculina, logrando así introducirse en la escuela de Herófilo en la que obtuvo los mejores resultados, obteniendo lo que en aquel momento era el equivalente del actual título de médico con especialidad en obstetricia y ginecología. Una vez logrado su objetivo, oculta siempre bajo su falsa identidad masculina, ejerció hábilmente su profesión en Atenas logrando hacerse con un buen número de pacientes que confiaron en ella, Agnodice tuvo que confesarles en secreto su sexo.

VÍCTIMA DE UNA CONJURA

Las pacientes afluían a su consulta y sus colegas varones empezaron a sentir celos de su éxito profesional, por lo que se unieron para comenzar una especie de campaña de desprestigio en su contra. El caso es que hicieron correr el rumor de que este médico –Agnodice–, aprovechándose de su estatus profesional, seducía y corrompía a las mujeres que acudían a su consulta. Mal atinaron con semejante acusación, pues al querer convertirla en un violador no le quedó más recurso a nuestra ginecóloga que defenderse públicamente del único modo que podía ser efectivo para acallar semejantes desatinos: revelar su condición de mujer.



 
LA REBELIÓN DE LAS MUJERES

Llevada a juicio, al comparecer ante la autoridad no opuso resistencia a que se la desnudara como lo pidieran sus acusadores, a fin de evidenciar su sexo, lo que puso en ridículo las pruebas aducidas por sus acusadores. Pero por haber ejercido en una profesión prohibida a las mujeres, enfrenta ahora la condena a muerte. Así las cosas, parecería que después de todo sus enemigos se alzarían con la victoria final, pero hete aquí que ella ya no está sola en esta lucha, pues ahora la acompañan sus pacientes. Las mujeres unidas hacen frente a la condena amenazando a los magistrados con morir todas ellas al lado de su médica, y la presión hace su efecto: es absuelta. La balanza se inclina nuevamente de su lado y los médicos acusadores terminan burlados.
 
Pero la historia no concluye aquí y la rebelión de las mujeres rinde un fruto aún más jugoso, pues no solo evita la muerte de nuestra heroína sino que hace posible que, por fin, Agnodice lleve a cabo el sueño de toda su vida en cuanto que consigue que se le permita recuperar su identidad y continuar ejerciendo la profesión. Y más aún, ella y sus seguidoras logran que un año después el propio consejo ateniense derogue su antigua ley y autorice a las mujeres a estudiar y practicar la medicina. Este último acontecimiento en su vida es quizás el menos factible históricamente, puesto que nada parece indicar que el derecho a tal práctica fuera efectivamente protegido por una ley. Lo que sí continuó permitiéndose fue el ejercicio del oficio de comadronas, aunque casi siempre de manera clandestina, hasta la decadencia del Imperio Romano.
 
Aun cuando el relato sobre la médica Agnodice oscile entre la ficción y la realidad, su figura constituye un prototipo de la vocación científica de las mujeres. Agnodice se presenta ante nosotros y, abriendo brechas entre la bruma del lejano pasado, la vemos como lo que realmente pudo haber sido: una mujer determinada a romper con las convenciones establecidas y dispuesta a quebrantar las leyes por un ideal.


Fuente:
http://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol24num3/articulos/atenas/

jueves, 23 de agosto de 2012

OLYMPE DE GOUGES, La ilustrada feminista


El nombre con el que ha sido conocida en la Historia, Olympe de Gouges, debería figurar con letras de oro en el Olimpo de las diosas del feminismo. Fue una mujer comprometida con su tiempo y con su género cuya voz se hizo escuchar dentro del aparente marco progresista y reformador de la Revolución Francesa. Su Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana sería la obra que sellaría para siempre su nombre en la posteridad. Se convirtió en una víctima más de la Revolución al ser sentenciada a morir bajo el filo de la guillotina. En vida, tuvo que enfrentarse con la misoginia habitual de la época y fue descreditada por la incomprensión de sus ideas por parte de muchos de sus contemporáneos. Su obra cayó en el olvido, mientras el desconocimiento y mala interpretación de sus escritos contribuyó a convertirla en objeto de desprecio y burla a lo largo del siglo XIX, donde gran parte de la intelectualidad francesa rechazaba frontalmente la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria. Se dijo de Olympe de Gouges que apenas sabía leer y escribir, se sospechó de la autoría de sus obras y se dudó de su capacidad intelectual hasta llegar a cuestionar sus facultades mentales. En los últimos tiempos su figura ha sido reivindicada.

NACIMIENTO

Marie nació el 7 de mayo de 1748 en Montauban, sur de Francia, en el seno de una familia modesta. Se da por seguro que su madre se llamaba Anne Olympe Moisset, una criada, pero existen dudas en cuanto a la paternidad. Consta en los archivos que era hija del esposo de su madre, Pierre Gouze, un carnicero, aunque éste se negara a firmar el acta de nacimiento. Cuando la niña empieza a tener uso de razón, su madre le insinúa que debía la vida al aristócrata y poeta Jean-Jacques Lefranc, Marqués de Pompignan, que nunca la reconoció como hija. También circuló un rumor sugiriendo que era hija ilegítima del rey Luis XV.


 
 
MATRIMONIO


Su infancia fue pobre y por tanto falta de enseñanza y cultura. A los diecisiete años contrae matrimonio con Louis-Yves Aubry, dueño de un figón de la región que la aventajaba en edad. Parece que su vida de casada no fue muy feliz cuando, muy decepcionada, calificó al matrimonio de “tumba de la confianza y del amor”. La unión duró tres años. Cuando Pierre, el único hijo nacido de la pareja apenas había cumplido un año, Marie enviudó. El fallecimiento de su esposo provocó su primer acto de rebeldía pública al negarse a tomar el apelativo de “viuda de Aubray”.


EN PARIS


Libre de cualquier otra atadura y, con el firme propósito de darle a su hijo la educación que ella no había recibido, viajó a París. Llevó una existencia burguesa que le permitió no sólo instruir a su hijo, sino colmar sus inquietudes y formarse culturalmente. Decidida a empezar una nueva vida, Marie cambió su nombre por el de Olympe, en homenaje a su madre y, con idea de ennoblecer sus orígenes, añadió un “de” a su apellido, que transformó en Gouges. Emprendió entonces una carrera literaria y, valiéndose del renombre de su supuesto padre biológico, el poeta Jean-Jacques Lefranc, consiguió que se le abriesen las puertas de los salones literarios parisinos, donde conoció a la élite intelectual del siglo de oro francés.

En París se enamora de un oficial de marina llamado Jacques Bietrix De Roziere, propietario de la Compañía Real de transportes militares, quien le pide respetuosamente su mano. Fiel a sus principios, y pese a la insistencia de su familia, Olympe se la niega, lo cual no quita que para que vivan maritalmente hasta la Revolución y que tengan una hija, Julie, que murió a corta edad.


 
ESCRITORA Y POLÍTICA


Escribió varias obras de teatro y montó una compañía teatral itinerante que recorría la región de París, sin que sus ingresos le permitieran mantenerse. Pero rápidamente sus obras empezaron a ser representadas en teatros de toda Francia. Su obra más conocida, L’esclavage des noirs, fue publicada en 1792, pero fue inscrita en el repertorio de la Comédie-Française en 1785 bajo el título de Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage. Esta obra atrevida pretendía llamar la atención sobre la condición de los esclavos negros, pero Olympe tuvo que enfrentarse con la desaprobación de los actores de la Comédie Française. Ésta dependía económicamente de la Corte de Versalles donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. Por otro lado, el comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50% del comercio exterior del país. Olympe fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet, pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos.
 
Con la Revolución, su obra pudo por fin ser representada en la Comédie Française. A pesar de las presiones y amenazas del lobby colonial, todavía muy influyente, Olympe de Gouges mantuvo una intensa actividad a favor de la abolición de la esclavitud. En 1788 publicó el ensayo Réflexions sur les hommes nègres que le abrió las puertas del "Club des amis des noirs" del que fue miembro. En 1790 escribió otra obra sobre el mismo tema, Le marché des Noirs. Los principales dirigentes del movimiento abolicionista, el abate Grégoire y el diputado girondino Brissot, dejaron constancia en sus escritos de la admiración que sentían por Olympe de Gouges.
 
En 1788, el Journal général de France publicó dos de sus folletos políticos, tratando uno de ellos de su proyecto de impuesto patriótico que desarrollará más tarde en su famosa Lettre au Peuple. El segundo dibujaba un amplio programa de reformas sociales. Estos escritos fueron seguidos de folletos que dirigía periódicamente a los representantes de las tres primeras legislaturas de la Revolución, a los Clubes patrióticos y a diversas personalidades como Mirabeau, La Fayette y Necker a los que admiraba. Se calcula que fueron cerca de 30 panfletos. Fundó varias Sociedades Fraternas para ambos sexos.
 

Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico.
 
Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera "su sexo", que decía desgraciado, y redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos. Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio. Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos, al concebir en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.
 
Mujer apasionada y temperamental, apoyó en un principio la monarquía constitucional, pero se adhirió rápidamente a la causa republicana y se opuso a la condena a muerte de Luis XVI. Tomó partido por los Girondinos, la facción más moderada de la Revolución, y advirtió sobre los riesgos de dictadura criticando duramente la política de Robespierre y Marat. Denunció también la creación del Comité de Salvación Pública.


 
DETENCIÓN

Su defensa de los Girondinos, después de que éstos fueran eliminados de la escena política, le valió ser detenida bajo la acusación de ser la autora de un cartel a favor de éstos. El 6 de agosto de 1793, comparece ante un tribunal revolucionario. Su temeridad se manifiesta entonces de forma estremecedora. En vísperas de una ejecución que hubiera podido evitar, se las toma con Robespierre con una violencia inusitada en la Revolución. La recluyen en la abadía de Saint-Germain-des-Prés, donde le niegan la cura de una llaga infectada en la rodilla, así como la publicación de un panfleto en el que denunciaba las condiciones infrahumanas que regían en la prisión.

Poco después, enferma por culpa de la herida infectada, fue transferida a una enfermería carcelaria. Para que su detención le fuera más soportable, empeñó sus joyas en el Monte de Piedad consiguiendo así que se la trasladara a una pensión burguesa, donde se recluía a los detenidos de la alta sociedad y donde tuvo, aparentemente, una aventura con uno de los presos. Olympe de Gouges reclamó sin descanso que se la juzgara para poder defenderse de las acusaciones que pesaban sobre ella, y evitar así el expeditivo tribunal revolucionario. Con este fin, compuso dos carteles que logró sacar de su lugar de reclusión y que tuvieron una amplia difusión, "Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario" y "Una patriota perseguida". Fueron sus últimos textos.



EJECUCIÓN

El 2 de noviembre de 1793, cuarenta y ocho horas después de que fueran ejecutados sus amigos girondinos, Olympe es llevada ante el tribunal. No acepta abogados porque "sabe muy bien defenderse sola ". Proclama que "si las mujeres pueden subir al cadalso, también deberían subir a una tribuna". Condenada a muerte por haber defendido un estado federado, de acuerdo con los principios girondinos, se declara embarazada. Los médicos consultados se mostraron incapaces de pronunciarse, pero Fouquier decidió que no había embarazo. La sentencia era ejecutable y la condenada aprovechó sus últimos momentos en escribir una carta a su hijo, la cual fue interceptada.

Fue guillotinada al día siguiente. Según la declaración de un inspector de la policía y el periódico Le Journal del editor Perlet, entre otros testimonios, Olympe de Gouges subió al cadalso con valor y dignidad, contrariamente a lo que relataron en el siglo XIX el hijo del verdugo Henri Sanson y algunos historiadores como Jules Michelet. Ella exclamó, antes de que la hoja cayese sobre su cabeza:"Enfants de la Patrie vous vengerez ma mort". Tenía entonces cuarenta y cinco años. Su único hijo, Pierre Aubry, a fin de librarse de la guillotina, renegó públicamente de ella y de sus teorías pocos días después de su ejecución.


Fuentes:
QUERALT DEL HIERRO, MARÍA PILAR. Mujeres de vida apasionada. La Esfera de los Libros S.L., 2010
http://old.kaosenlared.net/noticia/libro-importante-olimpe-gouges-cronista-maldita-rev http://www.letralia.com/transletralia/degouges/index.htm olucion-francesa-la
RAMONET, IGNACIO y CHAO, RAMÓN. París rebelde: Guía política y turística de una ciudad http://fr.wikipedia.org/wiki/Olympe_de_Gouges

martes, 21 de agosto de 2012

LA MADRE SHIPTON, una profetisa de leyenda


En la misma época que Nostradamus, en la Inglaterra del reinado de Enrique VIII, vivió otra vidente que captaba imágenes muy poderosas de lo que iba a suceder y que ha pasado a ser conocida como la Madre Shipton. Alrededor de este personaje existen muchos mitos y leyendas. Cuentan que en una tormentosa noche de verano de 1488, una muchacha de quince años llamada Agatha dio a luz a una niña deforme en una cueva localizada a orillas del río Nidd, cerca de Knaresborough, Yorkshire. En su proximidad hay un pozo a cuya agua desde hace siglos se le han atribuido propiedades místicas. El nacimiento de Úrsula Sontheil, que así se llamó la pequeña, fue ilegítimo, ya que su joven madre se había quedado embarazada de un noble del área de Yorkshire.

La pequeña vivió en la cueva junto a su madre hasta los dos años, cuando Agatha la entregó en adopción para ingresar en un convento. La joven Úrsula dio muestras claras de una gran inteligencia, aprendiendo a leer y escribir precozmente y con mayor facilidad que sus semejantes, y de unas capacidades psíquicas extraordinarias. Se decía que tenía el poder de desencadenar tormentas, curar o enfermar, dominar a las bestias y a los hombres a voluntad y hacer profecías. Muchos temieron de sus poderes místicos que ella utilizaba para ayudar a las personas. Se contaba que el cardenal Wolsey, su enemigo declarado, intentó quemarla en la hoguera. Ella arrojó con toda la calma del mundo su pañuelo al fuego retando al cardenal con estas palabras: “Si esto arde, arderé yo”. El pañuelo no ardió, así que se libró de la hoguera.


Úrsula tuvo que aguantar las burlas de la gente por culpa de su físico nada agraciado. Su aspecto coincidía con el que el vulgo caracterizó a las brujas: cuerpo desproporcionado, encorvado, con penetrantes ojos saltones y enorme nariz aguileña. Fue tomada por bruja hasta que sus profecías alcanzaron notoriedad y le ganaron el respeto y aprecio de los habitantes de la comarca. Su fama de vidente se extendió por toda Inglaterra y por Europa, recibiendo la visita de muchos curiosos.

A los veinticuatro años se casó con un carpintero llamado Toby Shipton y acabó siendo para sus conocidos la Madre Shipton porque, si bien no llegó a tener hijos, trataba maternalmente a todo el mundo. Se dice que predijo su propia muerte, que tuvo lugar en 1561 a los setenta y tres años de edad.




LAS PROFECÍAS DE LA MADRE SHIPTON

La Madre Shipton describió minuciosamente, en verso, hechos que no se habían producido y que acontecerían en siglos posteriores. Así como avances tecnológicos modernos e incluso habló de la liberación femenina. Al igual que otros profetas y visionarios, advierte de diversos cataclismos y desastres naturales antes del final. Algunas de sus profecías se acercan asombrosamente a lo que dejó escrito su contemporáneo Nostradamus. La leyenda de la Madre Shipton se transmitió por via oral y no hay referencias escritas suyas hasta 1641, año en el que se publicaron por primera vez lo que serían sus profecías. Desde esa fecha ha habido más de 50 ediciones diferentes de libros sobre ella y sus profecías. Los investigadores no han localizado los textos originales.

Hay teorías de que la Madre Shipton podría haber sido un invento del escritor londinense Richard Head, cuya vacilante carrera literaria mejoró considerablemente cuando comenzó a publicar estas profecías en 1668. Él fue el primero en afirmar que había presagiado acertadamente la victoria de Enrique VIII sobre Francia en 1513, en la batalla de las Espuelas; la derrota de la Armada Invencible en 1588 o el gran incendio de Londres de 1666, puesto que escribió sobre estos hechos años después de que sucediesen.

El caso es que, aunque Richard Head se hubiese inventado las de la Madre Shipton, muchas de sus predicciones futuras, datadas más allá del siglo XVII, se han confirmado en los siglos posteriores. Por ejemplo, predijo la subida al trono de la reina Victoria cuando citó su nombre dos siglos antes o el estallido de la Segunda Guerra Mundial. ¿Trabajó Richard Head a partir de un libro profético real que se ha perdido para la historia o él era un vidente?. Para el escritor R.J Stewart, la mayoría de las profecías de la Madre Shipton las divulgaron personas que vivieron posteriormente: “personas que escribían libritos en verso y los titulaban Las nuevas profecías de la Madre Shipton recién descubiertas…”


Fuentes:
Las Grandes Profecías de la Historia. Canal Historia http://nataliavidente.wordpress.com/2012/06/01/madre-shipton/ http://simpatiadesbordante.blogspot.com.es/2009_12_01_archive.html http://los21revista.com/21/?p=2307 http://lapuertadeltarot.blogspot.com.es/2011/02/las-profecias-de-la-madre-shipton.html http://www.hechizos.us/profecias/magos-y-mujeres-sabias-1.html

domingo, 19 de agosto de 2012

ADA LOVELACE, La primera programadora


Hija de un famoso poeta romántico, Ada Byron, condesa de Lovelace, aparte de ser una eminente matemática, contribuyó con sus aportaciones a sentar los rudimentos del lenguaje informático. Fue una mujer que, enfrentada a las ideas clásicas de la sociedad victoriana de la época, creó el más remoto antecesor del “software”, es decir el primer lenguaje de la programación. Y no sólo eso, sino que su capacidad visionaria fue capaz de prever todas sus posibles aplicaciones. Así escribió en una de sus cartas: “nadie sabe el potencial que encierra este poderoso sistema; algún día podrá llegar a ejecutar música, componer sinfonías y complejos diseños gráficos”. Siendo considerable la cantidad de mujeres que han contribuido al avance de la informática, sólo Ada Byron cuenta con un lenguaje de programación de alto nivel que lleva su nombre: ADA.

Lord Byron

UNA FAMILIA ROTA

El 10 de noviembre de 1815 veía la luz en la ciudad de Londres, Augusta Ada Byron, única hija legítima del poeta romántico George Gordon Byron, Barón de Byron, fruto del breve matrimonio con Anne Isabella Milbanke, Baronesa de Wentworth. Los esposos se separaron un mes después del nacimiento de la niña. A esas alturas, los rumores sobre la relación incestuosa con su hermanastra, con la que tuvo una hija, sus poemas antipatrióticos, su acusación de sodomía y las dudas sobre su cordura, hicieron trizas la reputación del poeta. Rechazado por la sociedad a la que había pertenecido y amargado profundamente, abandonó Inglaterra en 1816 para no regresar jamás, falleciendo en Grecia en 1923 sin haber vuelto a ver a su hija. Sus últimas palabras fueron para Ada. Hasta su muerte, Lord Byron intentó en todo momento saber de la pequeña. Le escribía a menudo y homenajeaba a su hija en sus continuas obras poéticas. Así, no es extraño encontrar el nombre de Ada entre las heroínas de las obras del escritor.




EDUCACIÓN

La pequeña quedó bajo la tutela de su madre. Lady Byron quiso alejarla del ambiente poético y bohemio de su padre. Lo hizo formándola desde sus primeros años en las materias que ella consideraba alejadas de las pasiones literarias del padre. Ada recibió clases particulares de matemáticas y ciencias, sobre todo de la rama de Astronomía, contando entre sus tutores con el prestigioso Augustus De Morgan, el primer profesor de matemáticas de la Universidad de Londres, y Mary Sommerville, una brillante matemática que acababa de publicar un libro sobre mecánica celeste. Ada recibía castigos o recompensas dependiendo de cómo aprendiera sus lecciones. Los castigos a los que era sometida cuando no estudiaba lo suficiente, o no hacía exactamente lo que su madre le pedía, iban desde escribir notas de disculpa a pasar cierto tiempo encerrada en una habitación.




PROBLEMAS DE SALUD

En su juventud, Ada comenzó a presentar problemas de salud que gracias a su gran fuerza de voluntad consiguió superar. De hecho sus piernas quedaron totalmente paralizadas cuando era muy jovencita (alrededor de los catorce años) y pasó un largo lapso de tiempo tumbada en la cama, sufriendo las técnicas medicinales de la época a base de sanguijuelas; pero gracias a su tesón consiguió superar la enfermedad, fortalecer sus piernas y convertirse en una excelente amazona (aparte de la equitación amaba la gimnasia y el baile). Desafortunadamente los problemas de salud le seguirían acompañando durante toda su corta vida, entre ellos el asma.

SU MATRIMONIO

En 1833 fue presentada en sociedad y comenzó a acudir a fiestas, al teatro y a todos los eventos a los que iban las jovencitas de su edad. Dos años después, se casó con William King, octavo Barón de King, nombrado más tarde Conde de Lovelace y once años mayor que ella. Al contraer matrimonio Ada se convirtió en la Condesa de Lovelace, conocida posteriormente como Lady Ada Lovelace. King era un hombre bastante débil y al que Ada superaba en inteligencia, pero que la apoyó y ayudó en todo momento. El sucesivo nacimiento de sus tres hijos -Bryon Noel, Annabella y Ralph Gordon- impidió a Ada seguir con sus estudios.
Charles Babbage


LA MÁQUINA ANALÍTICA

En aquella Inglaterra de la época victoriana, Ada conoció a destacados personajes como David Brewster (físico inventor del caleidoscopio), a Charles Wheatstone (físico famoso por sus trabajos con la electricidad), a Michael Faraday (inventor del motor eléctrico, el generador y la dinamo) y al escritor Charles Dickens. Pero el encuentro que cambiaría su vida tendría lugar en una conferencia dictada por un escritor y científico irlandés llamado Dionysus Ladner. En esa reunión fue presentada a Charles Babbage, un matemático y científico inglés, que estaba diseñando una “máquina analítica“ capaz de ser programada para ejecutar diferentes algoritmos y resolver cualquier clase de problema, y que funcionaba según los mismos principios lógicos que los ordenadores actuales.

Ada quedó deslumbrada por la mente de Babbage -algunos historiadores insisten en que además fueron amantes– y rápidamente se puso al tanto de los pormenores de la Máquina Analítica, estimulada por las posibilidades que ofrecía un aparato semejante. Por su parte, Charles Babbage encontró el apoyo matemático perfecto en Ada. Tan impresionado estaba con su talento, que aceptó que fuese su discípula y, más tarde, su colaboradora. Como parte de su trabajo con Babbage, Ada tuvo que traducir y analizar escritos de otros cientificos. La primera publicación que Ada realizó fue una traducción de un artículo escrito por el matemático italiano Luigi F. Menabrea (originalmente en francés) acerca de la Máquina Analítica de Charles, al que Ada le agregó un análisis del funcionamiento de la misma.


Cuando se encontraba realizando esas tareas concibió lo que luego llamaría “un plan” capaz de hacer que la máquina ideada por Charles pudiese ser reconfigurada para calcular números de Bernoulli a través del uso de tarjetas perforadas. Hoy día ese “plan” es considerado el primer programa de ordenador -escrito unos 100 años antes de que se fabricase el primero de ellos-, por lo que Ada Lovelace es considerada como la primera persona en describir un lenguaje de programación de carácter general. Poco tiempo después aportó a la informática conceptos como “bucle” (un grupo de instrucciones que se ejecutan varias veces) o “subrutina” (un trozo de programa que puede ser invocado cuando se lo necesita). También inventó una forma para describir algoritmos en la Máquina Analítica, creando así el primer lenguaje de programación.

Pese a todo, la labor de Ada siempre quedó relegada a un segundo plano, nombrándola en la mayor parte de las ocasiones como una mera transcriptora de las ideas de Babbage. Ada fue previsora, y temiendo que censuraran su trabajo y cayera en el olvido por el mero hecho de ser mujer, firmó su trabajo únicamente con sus iniciales, A.A.L.



LOS ÚLTIMOS AÑOS

En los últimos tiempos de la vida de Ada se sucedieron las crisis nerviosas, las deudas y los escándalos, como la agitada relación con John Crosse, un pendenciero corredor de apuestas. Y su salud empeoraba cada vez más. Pero su madre no permitió en ningún momento otros tratamientos que no fueran la aplicación de sanguijuelas y la continua administración de opio y morfina combinados con grandes cantidades de brandy. Ada, consciente de este desajuste vital, consigue alejarse del alcohol y las drogas dejándose llevar por otra obsesión: las apuestas.

Incitados por sofisticadas recetas probabilísticas que les procurarían la riqueza que estaban perdiendo, Ada y Charles Babbage se introdujeron en el mundo de las apuestas de carreras de caballos, tan de moda en esta época. Ada se jugó su fortuna familiar y Charles lo poco que le quedaba. La vida sentimental de Ada estuvo salpicada de escándalos. Solía flirtear con todos los hombres que conocía o que se movían a su alrededor. De hecho el que fuera su marido encontró más de 100 cartas de amigos de Ada que destruyó en cuanto cayeron en su poder. Y es que Ada era muy dada a escribir cartas.

Anne Isabella Milbanke


Por influencia de su madre, Ada decidió dejar de ser materialista y adoptó ideas religiosas que la llevaron a arrepentirse de su vida anterior. Perdió el contacto con su esposo después de hacerle una confesión, lo que provocó que él se alejara de ella. No se sabe con certeza qué fue lo que le dijo, pero se ha supuesto que se trató de una confesión de adulterio. En 1851, los doctores le confirman un avanzado e irreversible estado cancerígeno. A partir de aquí, su madre considerando el dolor una expresión de la divina voluntad de Dios, la abandonó a una terrible agonía, durante la cual, Ada perdió toda su compostura, arremolinada siempre en lo más profundo del laberinto del dolor y la soledad de su ser hasta su muerte a los treinta y seis años, la misma edad que tenía su padre. Los restos de ambos yacen enterrados en la misma tumba.

Después de la muerte de Ada, su madre destruyó toda posible evidencia de la escandalosa vida de su hija. Babbage intentó publicar una memoria de Ada pero fue anulado por los abogados de Lady Byron. Sus memorias fueron publicadas como parte de un libro sobre la Maquina Analítica por Babbage en 1889, para después ser tragadas por el olvido hasta que las computadoras fueron reinventadas durante la Segunda Guerra Mundial. El Dr. B.V. Bowden, pionero inglés de la Computación, redescubrió la importante labor científica de Ada, revelando datos de vital importancia en el desarrollo histórico de la Programación. En 1977 en Londres, Doris Langley Moore publica una muy auténtica biografía de Ada, con el título: “ Ada Countess of Lovelace: Byron's Legitimate Daughter".


Fuentes:
http://www.laflecha.net/perfiles/tecnologia/ada_lovelace/ http://www.portalplanetasedna.com.ar/ada_lovelace.htm http://www.laflecha.net/perfiles/tecnologia/ada_lovelace/
http://www.neoteo.com/ada-lovelace-la-primera-programadora-1843 http://es.wikipedia.org/wiki/Ada_Lovelace
Solaeche Galera, Mar a Cristina. Lady Ada Byron y el primer programa para computadoras.Divulgaciones Matem aticas 2(1)(1994),75-81. Departamento de Matem aticas. Facultad de Ingenier a.Universidad del Zulia. Maracaibo. Venezuela.

sábado, 18 de agosto de 2012

CLARA SCHUMANN, La gran pianista del siglo XIX


A pesar de la discriminación sufrida por la mujer en el mundo de la música, a lo largo de la historia encontramos el legado que dejaron el talento de admirables mujeres que vivieron por y para la música, aunque su labor no haya sido reconocida como merecen. Clara Schumann fue una niña prodigio y una de las más grandes pianistas del siglo XIX. Estuvo casada con Robert Schumann, uno de los más importantes compositores del Romanticismo alemán. Fue admirada por otras personalidades de la época como: Goethe, Felix Mendelssohn, Frederic Chopin y Niccolò Paganini. Con Johannes Brahms, otro gran compositor de la época, cultivó una amistad que duró hasta la muerte.

Además de ser pianista, escribió su propia música y editó varias obras de su esposo. Su producción musical, pese a todos los impedimentos, alcanzó las 66 piezas. Sus composiciones fueron para: piano solo, canciones para voz y piano, música de cámara y para orquesta. Las razones por las que no se dedicó en mayor grado a la composición, a pesar de su talento evidente, fueron varias, entre ellas: su carrera de concertista, sus ocho hijos, la devoción por su esposo y el papel de la mujer en el siglo XIX.



Clara tuvo una gran fortaleza espiritual que le permitió soportar una vida dura como artista y llena de tragedias en el ámbito personal, como la separación de sus padres, la muerte prematura de varios de sus hijos, el intento de suicidio y la posterior muerte de su esposo. Pero también tenía algunas inseguridades. Dudaba de su talento como compositora, no se consideraba bella e incluso como pianista, después de escuchar a Franz Liszt, pensaba que, si bien tocaba mejor que las pianistas de la época, no tenía nada que hacer frente al virtuoso húngaro, quien la admiraba y reconocía su talento. Llegó a escribir en su diario: “Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo? “.

Clara no era precisamente una mujer "feminista"; sin embargo, fue una mujer fuera de serie en muchos aspectos. En aquel entonces era frecuente encontrar "niñas prodigio" que tocaban muy bien obras de gran dificultad y conquistaban al público amante de la música. La mayoría de estas jóvenes, cuando llegaban a cierta edad, dejaban el concertismo y se dedicaban al hogar, a dar clases o a otras actividades musicales, alejadas de los escenarios. A diferencia de estas mujeres, la carrera de Clara continuó en los más altos niveles profesionales hasta pocos años antes de su muerte.



LOS INICIOS DE UNA VIRTUOSA


Nacida en Leipzig, Alemania, 13 de septiembre de 1819, Clara Josephine era hija de Friedrich Wieck y Marianne Tromlitz. Su padre era un reconocido maestro de piano y tenía un negocio de venta de partituras y de pianos. Su madre era una renombrada cantante y pianista, ayudaba a su marido en la tienda y enseñaba a los estudiantes avanzados de piano. Mucha formación musical recibió de los padres, pero al parecer, poco cariño. Clara no empezó a hablar hasta los cuatro años. Los padres pensaban que era sorda. La madre abandonó al esposo llevándose consigo a Clara, de cuatro años, y a su hermano más pequeño. Wieck consiguió la custodia más tarde, poco antes del divorcio. Marianne volvió a casarse y su hija tuvo poca relación con ella. El padre planeó para su hija una vida de concertista. Se preocupó por darle una formación completa, desde muy niña, con los mejores maestros disponibles: además de piano estudió canto, violín, instrumentación, contrapunto y composición.

Friedrich le inculcó a Clara una férrea disciplina y actuó como su agente promotor para conseguirle presentaciones en Europa. Con nueve años, la pequeña ya tocaba en público. Dio su primer recital en la Gewandhaus de Leipzig a los once años y al año siguiente se fue de gira a París, con bastante éxito. Ese mismo año, se publicó en Alemania una obra de Clara titulada Cuatro polonesas para piano. Dos años más tarde, en 1833, comenzó la composición de un concierto para piano, que terminó en 1835 y fue publicado en 1837. Empujada por su padre, Clara interpretó en los ricos y elegantes salones de Leipzig a los más jóvenes músicos de los 20 y los 30 del siglo XIX. Dio conciertos en Dresden, París, Berlín y Viena. En la capital vienesa recibió del Emperador el título de Real e Imperial Virtuosa de Cámara.


Robert Schumann



CLARA Y ROBERT SCHUMANN


La historia romántica y tormentosa que protagonizaron Robert Schumann y Clara Wieck es digna de ser llevada a la gran pantalla. Cuando la pequeña de los Wieck contaba once años, llegó un músico a estudiar con su padre. Se trataba de Robert Schumann, quien era entonces un personaje desconocido con inclinaciones literarias, se iniciaba en la composición y quería seguir la carrera de concertista. Robert se quedó a vivir en casa de su maestro, cosa frecuente en la época. Entre Robert y Clara se forjó una cálida amistad a pesar de que él era nueve años mayor que ella. Pronto la amistad se transformó en amor.

En 1836 inician una relación amorosa en secreto, fundamentalmente por carta, quizá debido a la diferencia de edad entre ambos y también porque Clara se encontraba de viaje constantemente, actuando por toda Europa. Un año más tarde pidieron permiso al padre de la joven para casarse, pues ella era menor de edad y tenía que esperar hasta cumplir veintiún años o contar con el consentimiento de los padres. Pero Friedrich Wieck se opuso drásticamente e intentó separarlos de todas las formas posibles. Nunca dudó del genio de Robert Schumann pero no deseaba ver a su hija con un compositor sin reputación ni reconocimiento, sin un ingreso estable, que no podría darle una vida digna a Clara.



La pareja de enamorados se casaron un día antes de cumplir ella los veintiún años de edad, lo que causó una batalla legal que no hubiese sucedido de haber esperado ambos un día más. Entonces empezó una ardua batalla legal que fracturó la "perfecta" relación entre padre e hija. Wieck no pudo contener su orgullo e impugnó la decisión del tribunal, pero imperó la decisión de los novios. Robert logró comprobar su solvencia moral y económica, además de que su talento era innegable.

Clara también heredó de su padre el hábito de escribir. El día después de la boda, Robert regaló a su esposa un diario por su cumpleaños, que escribieron conjuntamente durante unos siete años. Robert y Clara se amaban profundamente. Compartieron muchas cosas de su vida y de su música, que era para ambos parte fundamental de su existencia. Robert animaba a su esposa a componer. En secreto publicó las canciones que escribió durante el primer año de matrimonio y se las ofreció a Clara en el primer aniversario. Así, de las 12 canciones del Op. 37 de Robert Schumann, tres son de Clara.


Pero la vida no les trajo toda la felicidad que ansiaban. Las crisis, depresiones, periodos de reclusión completa etc. fueron frecuentes en la vida de Robert Schumann. Parece que los síntomas de su desequilibrio mental ya eran evidentes desde su juventud. La teoría más aceptada actualmente es que padecía de trastorno bipolar. Pero la gran intensidad creativa de Schumann se concentraba en sus periodos de lucidez, de forma admirable. Tan pronto como se restablecía de un período de enfermedad, se entregaba frenéticamente a la composición, trabajando de modo incansable.

Clara tuvo una gran influencia musical sobre Robert. Le instó a no limitarse a la creación para piano, recomendándole que se dedicara a la composición para orquesta y se consolidara así como un gran compositor de su tiempo. Clara, desde muy joven, tocaba en público las obras de Robert. Una gran parte de la obra de su esposo fue dedicada a ella. La dedicación a su marido enfermo, la sucesión de hijos, hasta ocho, y la muerte prematura de cuatro de ellos, no impide su triunfo como concertista de piano, una de las más afamadas de su tiempo, ni su carrera como compositora, aunque si la limitan. También hubo fricciones en el matrimonio a causa de las giras que ella tenía que hacer, y que él odiaba, aunque acompañaba a su mujer. Las crisis depresivas de Robert obligan a la familia a trasladarse a Dresde.



La revolución de 1849 en Dresde les llevó a huir a Dusseldorf, donde conocieron a Johannes Brahms, comenzando una estrecha relación de amistad entre ellos. Les visitaba diariamente. La salud mental y física de Robert Schumann se va debilitando, lo cual no le impide trabajar en multitud de obras. Tras un intento de suicidio arrojándose al Rin, es internado en un sanatorio privado en Endenich donde permanece hasta su muerte en 1856.

Tras enviudar, además de dar conciertos, Clara Schumann se dedicó a la enseñanza en Francfort y siguió con la composición. Su carrera continuó en los más altos niveles profesionales hasta pocos años antes de su muerte, dedicando su vida como concertista a difundir la obra de su marido. Realizó alrededor de cuarenta giras de conciertos por el continente europeo y en todos lados era recibida con los más altos honores. Fue una profesional en el sentido económico también: cobraba dignamente, igual que los otros virtuosos de la época, pues fue por mucho tiempo el único soporte de la familia.

Pero sus problemas físicos se iban agravando: el reumatismo para el que fue tratada con opio, curas en balnearios, masajes … En marzo de 1896, Clara sufrió un ataque. Su amigo, Johannes Brahms, canceló sus vacaciones en Italia. En su lecho de muerte, su nieto Ferdinand interpretó para ella una obra de Schumann, la última música que escuchó. Falleció esta extraordinaria mujer el 20 de mayo, ocupándose Brahms de su funeral.






Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Clara_Schumann
http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Schumann
http://www.elloroestepario.com/musica_clasica.html

viernes, 17 de agosto de 2012

FRANCESCA CACCINI, La primera compositora de ópera


Francesca Caccini fue una compositora, cantante, profesora de música y poeta italiana de los albores del Barroco. Nacida a mediados de septiembre de 1587, en la Florencia de los Médicis, era hija del compositor y cantante Giulio Caccini, quien la inició en estudios musicales de canto, laúd y composición. Su madre, Lucía Gagnolanti, eran también cantante. Con tan sólo trece años, Francesca realizó su primera actuación en público como cantante en la boda de Enrique IV de Francia y de María de Médicis, ya que su padre participó en la organización y composición de la música para la ceremonia. Giulio Caccini era uno de los músicos más notables y experimentados de la corte de los Médicis. Fallecida su esposa, en algún momento antes de 1604, Giulio Caccini se casó con otra cantante, Margherita di Agostino Benevoli della Scala.

A principios de su carrera, la joven Francesca actuaba con su padre, su madrastra y sus dos hermanos con el nombre de Concerto Caccini. En 1604 la familia Caccini al completo viajó a Francia, donde el rey Enrique IV quedó tan sorprendido con sus actuaciones que propuso a Francesca que se quedase a su servicio, pero los Médicis no estaban dispuestos a desprenderse de la joven y se opusieron a su marcha, por lo que tuvo que regresar a Florencia, donde su fama siguió creciendo. Se la conocía como la Cecchina.


Cristina de Lorena, Gran Duquesa de Toscana

Francesca forma junto a su hermana Settimia el dúo "Concerto delle donne", que interpretarán música para el Gran Duque Fernando I de Toscana y su consorte Cristina de Lorena. La Gran Duquesa, mujer atraída por los saberes científicos, se convierte en benefactora de la joven compositora. Inmediatamente promueve que Francesca reciba una instrucción adecuada en el arte del Contrapunto, al tiempo que garantiza su sustento propiciando un matrimonio con un miembro de la camerata florentina, el apuesto tenor Giovanni Battista Signorini, que tiene lugar en noviembre de 1607. El matrimonio tendrá una hija llamada Margherita.

Sobre las excepcionales cualidades humanísticas de Francesca tenemos el testimonio de Cristofano Bronzini, compañero en la corte de los Médicis. Escribe de ella que no sólo es un enorme talento en la música, sino que además dispone de una excelente educación en idiomas, aritmética, astrología y alquimia. Es también una instrumentista de primera clase, ya que domina con igual soltura el arpa, el laúd, la tiorba y el clave.


Conjuntamente con el libretista Michelangelo Buonarrotti, Francesca escribió música para muchos intermedios en la Corte de los Médicis. También fue pionera al crear una escuela de canto tal como ahora las conocemos y en 1615 se representó en el palacio Pitti "Il ballo delle Zigane", una especie de ópera, forma musical que por entonces acababa de nacer, musicada por ella. Antes de 1618 era uno de los empleados mejor pagados de la corte y cobraba más que su padre. En 1619 puso música a "La fiera" con letra del propio Michelangelo.

Francesca fue la primera mujer en componer una ópera. La primera, estrenada el 2 de febrero de 1625, se llamaba "La liberazione di Ruggiero dal isola d'Alsina" compuesta para la visita del príncipe Ladislaus Sigismondo, y con la que obtuvo tal éxito, que llegó a interpretarse en Varsovia en 1628, y fue la primera ópera italiana representada fuera del país. En total escribió cinco óperas, cuatro de las cuales se han perdido.



Compuso también obras religiosas, seculares, vocales e instrumentales, pensadas para su voz y capacidad, pero la única colección que se conserva es una publicación de 1618, El musiche del delle del libro del primo de II. Con Francesca se produce una excepción, ya que fue bastante valorada en su época y gozaba de tal fama que la llamaban "la Monteverdi de Florencia".

Su esposo fallece prematuramente en 1626 y pronto Francesca contrajo de nuevo matrimonio con el aristócrata Tomaso Raffaelli. La pareja se estableció en Lucca, y un año después de su matrimonio, tuvieron un hijo, también llamado Tomaso. El fallecimiento de su segundo marido en abril de 1630, deja a Francesca en una posición económica desahogada. En la misma época, se produjo un brote de peste en Lucca , no pudiendo salir de la ciudad hasta 1633. Una vez que la cuarentena fue levantada, Francesca decidió regresar al servicio de los Médicis con sus hijos. La compositora abandonó de nuevo Florencia en 1641 y ya no se conocen más detalles sobre su vida.



Fuentes: http://comunidad.terra.es/blogs/morvane12/archive/2008/11/09/laextraordinariafrancescacaccini.aspx
http://es.wikipedia.org/wiki/Francesca_Caccini http://blog.magnificatbaroque.com/2011/01/11/francesca-caccini-and-la-liberazione-di-ruggiero-part-1-about-francesca/ http://www.tritonomusicnews.com/2011/08/compositoras-iv-francesca-caccini-y-ii.html

jueves, 16 de agosto de 2012

MARIA CRISTINA DE AUSTRIA, Reina de España ( XIV y última)



LA ÚLTIMA DÉCADA

Muerto el emperador Francisco José de Austria en 1917, heredan el imperio el joven archiduque Carlos y su esposa Zita de Parma, que en breve se verán derrocados y en el exilio. El final de la Gran Guerra en 1918 supone el finiquito del mundo de emperadores y soberanos en el cual creció María Cristina. El derrumbe del imperio austriaco la convierte en la última Habsburgo perteneciente a una casa reinante aún en activo. Por ello, durante la última etapa de su vida, la reina madre de España representa el eje fundamental de la familia imperial de Austria y de numerosos parientes que se ven obligados a exiliarse desposeídos de su patrimonio por la nueva república austriaca, en precarias condiciones económicas. En medio del caos, hasta María Cristina llegan desesperadas peticiones de ayuda por parte de sus allegados. El caso más dramático es el de la emperatriz Zita de Austria, que viuda desde 1922 con siete hijos y arruinada económicamente, es acogida por la familia real que la ayuda a instalarse permanentemente en España. María Cristina se ocupará personalmente del bienestar de este clan golpeado duramente por el destino.

Tan pronto como puede, tras la guerra, Crista se reúne con sus hermanos en Suiza, procurando llevarles consuelo y consejo. A partir del verano de 1920 sus viajes fuera de España serán continuos. Quizás influya en ello la necesidad de evadirse de los acuciantes problemas que afectan tanto a la vida pública del país como al entorno privado de palacio. Ante la grave descomposición política de la nación y la creciente anarquía social, Alfonso XIII acepta como mejor solución posible el levantamiento del general Miguel Primo de Rivera y la imposición de una dictadura militar en 1923, que a la sombra de la Corona dirigirá el país dictatorialmente.

 

Aunque sin expresarlo en público, María Cristina está en total desacuerdo con esta situación. Por su experiencia política, forjada en el estricto cumplimiento de la Constitución, entiende el garrafal error que comete el rey, ya que la suspensión de garantías constitucionales le traerá un mayor enconamiento de la oposición de izquierdas. Por otro lado, el trato entre Alfonso y Victoria Eugenia es cada vez más distante. A la reina madre no se le escapa la mala situación matrimonial de los soberanos, muy perjudicada por la última relación extramarital del monarca con la actriz Carmen Ruiz Moragas – de la cual han nacido dos hijos-, ni tampoco el creciente aislamiento de su nuera respecto de la alta aristocracia española, entre la cual cuenta con pocos adeptos.

Con los años, María Cristina sigue conservando esa regia y elegante prestancia que siempre la ha caracterizado. En su papel de abuela resulta generosa y ocurrente. Sus nietos adoran las tardes de merienda en sus salones, las salidas a comprar juguetes en las tiendas de Madrid y las estancias veraniegas junto a ella en el palacio de Miramar, donde también la visitan con frecuencia sus hermanos y sobrinos austriacos.

Una visita al zoológico con sus nietos

En el verano de 1928 la reina madre cumple setenta años y para festejarlo convoca a las distintas ramas de los Habsburgo y los Baviera a una entrañable reunión familiar en Munich, donde estarán presentes sus parientes más próximos y queridos, entre los cuales se cuentan medio centenar de altezas imperiales y reales. La cita se convierte en un sentido homenaje a esta gran mujer que todos admiran y quieren en la familia Habsburgo. Será la última vez que María Cristina viaje por Europa. De regreso a España, numerosas ciudades y pueblos proyectan celebrar el aniversario de la reina madre, pero ella no quiere boato ni dispendio público en su nombre y ruega al rey que sugiera a las autoridades cancelar las ceremonias y distribuir entre los pobres e instituciones benéficas el dinero que pensaran gastar en fiestas. Sólo consiente que se celebren misas, con este motivo, para pedir por el bienestar del país.

A principios de 1929 su salud comienza a mostrar signos de flaqueza. Hace tiempo que el doctor Alabert, médico de confianza y amigo, le ha diagnosticado una cardiopatía, pero ella ha preferido mantenerlo en secreto para no preocupar a la familia. En estos meses se ocupa con ilusión de los preparativos para la boda de su nieta mayor Isabel Alfonsa de Borbón-Dos Sicilias, por la cual siente adoración, con el conde polaco Jan Zamoyski.




LA MUERTE DE MARIA CRISTINA

El martes 5 de febrero María Cristina recibe en palacio a Isabel Alfonsa, para repasar juntas los detalles del lujoso ajuar que le está preparando. En Madrid se espera al día siguiente la visita oficial de los reyes de Dinamarca y la ciudad está enteramente engalanada. La reina madre ha supervisado con Alfonso XIII y el duque de Miranda, mayordomo mayor del rey, los pormenores de la etiqueta que a ella concierne en la recepción a los monarcas daneses. Por la tarde asiste junto a Victoria Eugenia y las infantas Beatriz y Cristina a un concierto en beneficio de la Cruz Roja en el teatro de la Zarzuela, para después cenar en familia y acompañar a sus nietos a una sesión de cine en el cinematógrafo de palacio. Tras la proyección, se retira a sus habitaciones y todos quedan emplazados para las ceremonias de la mañana siguiente.

A las dos y media de la madrugada del 6 de febrero, la reina madre se siente muy enferma, quejándose de un fuerte dolor en el pecho. Su sirvienta, Martina, que duerme en la habitación contigua, manda avisar rápidamente a los médicos y al rey. Todo cuanto los doctores intentan hacer por reanimarla resulta inútil. Alfonso XIII llega al lado de su madre justo a tiempo para recoger su última mirada y su postrer suspiro. La reina María Cristina había fallecido de un ataque al corazón. Aún no había cumplido los setenta y un años. El dolor del rey, al darse cuenta de que ha muerto, es desgarrador. Abrazado a ella, llora inconsolable. Minutos después entra en la alcoba llorando Victoria Eugenia rodeada de sus hijos, a quienes había hecho levantar con prontitud.



Durante dos días el cadáver, amortajado con el hábito de Santa Clara, permanece expuesto en la Capilla Real, por donde pasan a darle el último adiós cerca de treinta mil personas. El rey pide despedirse en solitario del cuerpo de su madre, que el 8 de febrero, envuelto en la bandera española, es trasladado a El Escorial para ser depositado en un nicho del pudridero. De allí, los restos mortales de María Cristina de Austria serán trasladados cuarenta años después a la urna que, por haber sido madre de rey, le corresponde ocupar en el Panteón de Reyes, frente al sarcófago de su amado esposo Alfonso XII, a quien había sobrevivido cuarenta y tres años.

María Cristina, que sentía pavor a la muerte después de las trágicas escenas vividas con los fallecimientos de su esposo y sus dos hijas, ni siquiera ha hecho testamento. Su legado patrimonial, sin embargo, va a ser una agradable sorpresa para los herederos. La regente siempre ha vivido con austeridad, cuidando pulcramente de su economía. Gracias a su capacidad de ahorro y buena administración, ha logrado sacar a la Corona española de la bancarrota en que la dejó sumida Isabel II. Sus herederos gozarán de la fortuna acumulada por ella, bien distribuida en inversiones nacionales e internacionales que permitirán a la familia real sobrevivir económicamente en la dura y larga etapa de exilio que se aproxima.

Con la desaparición de María Cristina de Austria se extingue toda una época. A pesar de su aparente papel secundario en las últimas décadas, su ausencia resulta un golpe mortal para la monarquía a la que ha dedicado su existencia, precipitando el reinado de Alfonso XIII al abismo final. Nadie siente su pérdida tanto como el rey, tan apegado a la que ha sido todo en su vida – madre, educadora, consejera, guía, ejemplo de virtudes- que no podrá superar jamás el trance. Desde entonces, Alfonso se verá hundido en una profunda depresión que acabará contagiando a todo su entorno.



Fuentes:
RUBIO, MARÍA JOSÉ. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
GONZALEZ-DORIA, FERNANDO. Las Reinas de España. Editorial Bitacora, S.A. 1989
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