lunes, 25 de junio de 2012

MARÍA CRISTINA DE AUSTRIA, Reina de España ( I )




Pocos habrían de imaginar que la archiduquesa María Cristina de Austria (1), nacida el 21 de julio de 1858 en Gross-Seelowitz, en pleno corazón de Moravia, llegaría a ser regente de un país tan lleno de contrastes como España durante casi veinte años. Hija de los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca de Austria, había visto la luz en un palacio frente a la cordillera de los Cárpatos, donde la vida era muy apacible. De este matrimonio nacieron también tres vástagos varones: Federico, Carlos Esteban y Eugenio.


SU EDUCACIÓN

La futura reina de España creció en un ambiente culto y según quienes la conocieron, la joven demostró desde sus primeros años su gran amor al estudio, al punto que sus padres la sometieron a las mismas severas disciplinas que aprendían sus hermanos, dedicados a la carrera militar. No cumplidos los doce años conocía, además de los idiomas vernáculos del imperio, el italiano, el francés y el inglés. Su formación intelectual se completará con el estudio de la filosofía y las ciencias económicas.

Su estricta formación, impregnada del rigor del protocolo austriaco, influenciará todos los momentos de su vida y su formación en la fe católica determinará en ella unas convicciones firmes y profundas. Le gustaba el campo, la caza y la equitación. Dibujaba y pintaba con gusto. Pero la verdadera pasión de María Cristina, llamada familiarmente Crista, será siempre la música. Su perseverancia, pasaba horas enteras ante el piano, hará de ella una buena pianista y una melómana fuera de lo común. Su padre sentía una gran pasión por la ópera que supo transmitir a sus hijos, aunque su personalidad tranquila y modesta aparece desdibujada frente al más imponente carácter de su esposa, cuya influencia sobre los hijos fue mucho más notable.


Los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca

 
ASPECTO FÍSICO Y PERSONALIDAD

La archiduquesa era una niña madura, pero alegre y activa, con un gran sentido del humor. Aunque era vivaracha e inteligente, también es posible que padeciese mala salud. Según un rumor todos los hijos de los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca padecieron de convulsiones en la infancia. El abuelo paterno de Crista había sido epiléptico. El hecho de ser la única niña entre varones, le confiere un cierto espíritu solitario. Era reservada y tímida en la expresión de sus sentimientos.

Según vaya cumpliendo años, su mayor complejo radicará en su escaso atractivo físico, en especial si se la compara con su madre, considerada en su juventud como una de las damas más bellas, elegantes y cultas de la familia imperial y que fue una de las candidatas a esposa del emperador Francisco José. La archiduquesa María Cristina había heredado los rasgos paternos: tenía el labio inferior algo caído, típico de los Habsburgo, y sufría de miopía. Pero era esbelta y poseía unas manos delicadas. En conjunto resultaba agradable y especialmente llamativa por su empaque principesco.




VIDA FAMILIAR

Los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca conformaron un matrimonio armonioso y procuraron una infancia feliz a sus hijos. En las fechas más tradicionales se trasladaban con su prole a Viena, integrándose durante breves jornadas a la vida cortesana del emperador, y en una de estas ocasiones los pequeños archiduques tuvieron oportunidad de conocer, y compartir con él sus juegos, a un muchacho que poco más o menos era de su edad, se llamaba Alfonso de Borbón, y estaba educándose en el Theresianum, centro al que se fueron incorporando sucesivamente los tres hermanos de Crista. Nadie podía pensar entonces que el príncipe español y la archiduquesa austríaca llegarían un día a unirse en matrimonio.

 
FALLECE SU PADRE

A los dieciséis años Crista pierde a su padre, que fallece tras una corta enfermedad. La muchacha quedó al cuidado de su madre mientras sus hermanos pasaron a una tutoría dirigida por su tío el archiduque Alberto de Austria, cabeza de familia y padre adoptivo, que se convirtió en el gran apoyo y soporte económico de la todavía joven viuda. La familia continuó residiendo en Gross-Seelowitz, aunque gozando de la generosidad y de las muchas prebendas que fluían de las manos del riquísimo tío, al que toda la familia se mantuvo siempre tan unida. Durante los dos años siguientes, la joven Crista completa su formación y acompaña a su madre en continuos viajes por las cortes centroeuropeas, sin que surja, a pesar de tener ya edad para establecer compromisos matrimoniales, ningún pretendiente en firme.



EN LA CORTE VIENESA 

En 1876, acompañada por su madre, María Cristina pasa un largo período en Viena, gustando de la comodidad de los suntuosos palacios y de la dulce quietud de la capital. Su visita se produce en concomitancia con su baile de presentación en la corte, ocasión para la que ha elegido un largo vestido blanco con un discreto escote en el que su progenitora coloca en el último momento un ramillete de violetas. María Cristina se ha convertido en una mujer elegante y de gran distinción que celebra sus dieciocho años. Esa noche, el esplendor de los salones del palacio de Schönbrunn, en el más puro estilo barroco, compiten con el brillo incomparable de las joyas de las damas y de las condecoraciones de los caballeros. La luz de miles de velas resplandecen, sobre todo, en las estrellas de diamante que adornan la estupenda cabellera de la emperatriz.

Desde su trono, Isabel de Austria, que entrará en la leyenda con el nombre de Sissi, protege con la mirada los primeros pasos de la joven Crista, que baila un vals en brazos de su primo el emperador Francisco José I. La emperatriz se siente muy unida a esta joven prima que de niña solía acompañarla a Hungría, a su castillo de Gödölö, donde Sissi amaba pasar largos períodos para alejarse del agobiante protocolo de la corte. Fue ella quien le enseñó equitación a María Cristina, deporte en el que la emperatriz era maestra.

Algunos meses después del baile, el emperador investirá a su joven prima con la dignidad de abadesa del capítulo de Nobles Damas Canonesas de Praga, institución creada por la emperatriz María Teresa en 1755. Tenía por finalidad acoger a las jóvenes pertenecientes a la nobleza que no tuvieran medios económicos. La dirección siempre estaba a cargo de una archiduquesa. María Cristina, encargada por su primo de controlar ese ambiente a menudo indisciplinado, logrará imponer, gracias a su gran sentido de la organización y del orden, unas reglas sobre aquellas jóvenes, que en poco tiempo harán de ella una consumada directora.



 CANDIDATA A REINA

En la primavera de 1879, mientras se ocupa de la tarea que el emperador le ha confiado, María Cristina oye rumores sobre su probable candidatura a reina de España como segunda esposa de Alfonso XII, viudo de la adorable reina María de las Mercedes de Orleáns. La figura de la archiduquesa austríaca se perfila con insistencia como la mejor reina consorte posible. El monarca español, que no tiene ilusión por volver a casarse, no pone, sin embargo, impedimentos a la formalización de ese nuevo compromiso. Cuando el emperador Francisco José, puesto al corriente de las intenciones del rey de España por medio de su embajador, le confía la noticia a su esposa, Sissi se limita a murmurar: “ Pobre Crista ”. La emperatriz conoce mejor que nadie las trampas del poder y los sacrificios que había que rendirle.

El gobierno de Cánovas encomienda al embajador español en Viena que investigue de forma confidencial las cualidades de esta princesa, pidiendo el rey que se le envíen a él personalmente los informes sobre su posible prometida. Durante los primeros meses de 1879, el embajador la observa en los bailes vieneses y recaba pareceres de numerosas personas sobre su carácter y la educación que ha recibido. Las informaciones diplomáticas transmiten una excelente opinión sobre la archiduquesa. El embajador la describe como una mujer alegre, distinguida e inteligente, con gran aplomo para su juventud y físicamente agradable aunque sin ser bella. Sobre todo, destaca su nobleza de estirpe. Llegan a manos de Alfonso las primeras fotografías de la candidata y el rey la encuentra aceptable.


En Viena, el embajador español expone a la archiduquesa Isabel Francisca y a María Cristina las serias intenciones del rey de España. Madre e hija se muestran complacidas y se establece un primer acuerdo no oficial. Como condición previa, la joven archiduquesa exige conocer a Alfonso XII en persona, para estar segura de que al menos le agrada y no sentirse un mero objeto de las razones de Estado. El rey alaba la idea y encarga al embajador español  la organización del encuentro, que conllevará ciertas dificultades.

El gobierno, por su parte, se opone a que el monarca se ausente de España para realizar el viaje a Austria. La archiduquesa Isabel Francisca, por la suya, se niega a que su hija se traslade a Madrid, ya que, si el noviazgo no prospera, el honor de Crista quedaría en entredicho. Finalmente se decide un encuentro de incógnito y en lugar neutral, lejos de las fronteras de ambos países. Para ello se designa la localidad francesa de Arcachon. Allí se trasladará María Cristina bajo el título de condesa de Seelowitz y Alfonso bajo el de marqués de Covadonga.

 Villa Bellegarde, Arcachon, Francia


Dicho encuentro tiene lugar en villa Bellegarde en el verano de 1879. María Cristina está acompañada por su madre y el rey por su secretario Morphy, el marqués de Alcañices, el conde de Serrallo, el marqués de Torrelavega y el duque de Tetuán, fieles amigos y consejeros. Cuando Alfonso XII atraviesa el portal de la villa una cálida tarde de agosto, sus ojos escrutan de inmediato a la joven que le hace una profunda reverencia. Su figura esbelta no corresponde con sus cánones de la belleza femenina, que son los de su época, pero no se puede negar que la archiduquesa tiene el porte de una reina. Es verdad que sus angulosos rasgos parecen esculpidos en mármol, pero sus modales son exquisitos y su personalidad desprende una gran energía.

Los ojos de María Cristina, en cambio, se iluminan cuando se posan sobre Alfonso, un hombre de talla pequeña y más bien delgado de constitución, pero cuya expresividad y carácter alegre y campechano lo hacen inmediatamente simpático. Cuando la mirada de Alfonso se dirige hacia la foto de su difunta esposa María de las Mercedes, que se encuentra sobre el piano, María Cristina, viendo su emoción, le dice: " Señor, mi mayor deseo es hacerme semejante a ella, pero no me atrevo a asegurar que pueda nunca reemplazarla". El rey nunca llegará a amar a María Cristina con la misma pasión que sintió por Mercedes, pero en ese momento la archiduquesa se ganó la admiración y el afecto de Alfonso XII.

Cuando la entrevista termina, la joven archiduquesa se abraza ilusionada a su madre diciéndole: " ¡Mamá, qué guapo es! ". El rey, por su parte, escucha en silencio cómo el marqués de Alcañices, sin el menor entusiasmo, va ponderando la extraordinaria belleza de María Cristina, hasta que su regio compañero le toma del brazo y le ataja diciéndole: " No te esfuerces en querer quedar bien, Pepe, a mi tampoco me ha parecido muy guapa ...; pero te habrás dado cuenta de que la que está "bomba" es mi suegra ... ". Durante ocho días, los novios, seguidos de cerca por la archiduquesa Isabel Francisca, pasean por los jardines y las playas de Arcachon, pareciendo a simple vista muy contentos. El acuerdo queda sellado.


Fuentes:
HABSBURGO, CATALINA DE. Las Austrias. Matrimonio y razón de Estado en la monarquía española. La Esfera de los Libros, S.L. 2006
ALVAREZ,MARÍA TERESA. Ellas mismas, Mujeres que han hecho historia contra viento y marea. La Esfera de los libros S.L. 2003
RUBIO, MARÍA JOSÉ. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
GONZALEZ-DORIA, FERNANDO. Las Reinas de España. Editorial Bitacora, S.A. 1989
MATEOS SAINZ DE MEDRANO, RICARDO. La reina María Cristina: Madre de Alfonso XIII y regente de España. La Esfera de los Libros S.L 2007
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Cristina_de_Habsburgo-Lorena
( 1 ) El 28 de noviembre de 1901 María Cristina mandó rectificar su partida matrimonial. Así el apellido Habsburgo-Lorena fue sustituido por el de Austria. En el registro figura así la rectificación: «Se subsana el error de la partida de matrimonio de Doña María Cristina con Don Alfonso XII; el apellido Austria debió figurar allí antes que el de Habsburgo y Lorraine».

jueves, 21 de junio de 2012

La trágica historia de Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla


LOS AMANTES DE TERUEL


La ciudad de Teruel está vinculada a una tradición medieval de sabor y belleza románticos: la de los Amantes. Constituye una de las más bellas y trágicas historias de amor del mundo, y ha sido motivo de inspiración en todos los campos de las artes. Dentro de la literatura destaca la Comedia de los Amantes de Tirso de Molina, el drama Los Amantes de Teruel de Juan Eugenio Hartzenbusch, que sirvió de base al libreto que utilizó Tomás Bretón para componer su ópera sobre los Amantes. En pintura destaca el cuadro del pintor valenciano Muñoz Degraín (maestro de Picasso), titulado Los Amantes de Teruel . En escultura sobresale el Mausoleo de los Amantes esculpido por Juan de Ávalos.

Se cuenta que en los primeros años del siglo XIII vivían en Teruel dos familias, la de los Segura y la de los Marcilla, bien conocidas en la ciudad, la primera por su riqueza y la otra por lo antiguo de sus blasones. A la familia de los Segura pertenecía Isabel y a la de los Marcilla, Juan, que desde niños habían compartido juegos y amistad, y que al llegar a la juventud se encontraron enamorados con firmeza el uno del otro. Sin embargo, el antiguo linaje del joven no estaba acompañado por una hacienda desahogada. Los padres de Isabel veían con muy malos ojos la relación entre los jóvenes y llegaron a prohibir su comunicación.

Juan pensó que acaso podía conseguir prosperidad y riqueza si participaba en la guerra contra los musulmanes, y decidió incorporarse a los ejércitos cristianos, no sin antes hacer prometer a Isabel que esperaría cinco años a que él regresase para hacerla su esposa, provisto de los bienes necesarios. Si el plazo vencía sin que retornase, quedaba ella libre de cualquier compromiso. La despedida fue muy triste, y los años iban transcurriendo sin que Isabel tuviese noticia alguna de Juan. Mientras tanto, los Segura prepararon para su hija una boda que acrecentaría de modo extraordinario su patrimonio y que sería muy beneficiosa para toda la familia.

 
Cuando se iba aproximando el cumplimiento del plazo sin noticias de Juan, la presión de los padres de Isabel se hizo tan acuciante que no pudo retrasar el enlace ni un solo día más allá del término de su compromiso de espera. El destino militar de Juan, mientras tanto, había sido muy favorable. Tras participar en victorias importantes, había conseguido, en un repartimiento del terreno conquistado a los musulmanes, tierras extensas y muy feraces que le permitirían vivir con holgura el resto de su vida. Los cronistas de esta historia dicen que regresaba a la ciudad casi en el límite del plazo pactado con su amada y que, en algún punto del camino, tuvo noticias de aquella boda que estaba a punto de celebrarse, por lo que aceleró todo lo que pudo el regreso, reventando caballos y privándose de todo descanso y refrigerio, en un intento desesperado de llegar a tiempo para impedir que Isabel se casase con otro hombre.

Sin embargo, no lo logró. Cuando llegó a Teruel ya era de noche y supo de la boca de la gente que aquella misma mañana Isabel había celebrado sus bodas con don Pedro Fernández de Azagra, hermano del señor de Albarracín. También conoció el lugar en que estaban pasando su primera noche los recién casados, y allí se dirigió lleno de angustia. Al llegar a este punto, los narradores no concuerdan en la descripción de los sucesos. Parece que Juan logró alcanzar el balcón de la alcoba nupcial y que Isabel sintió su llegada. Cuando estaba a punto de lanzar un grito de alarma ante el intruso, reconoció en aquel individuo sudoroso, desgreñado, que en el desarreglo de su atavío y en todo su aspecto daba señales del agotador esfuerzo que había realizado hasta llegar allí, a su amado Juan. Y parece que, agotado también, aunque por los excesos del banquete y de sus nupcias, el marido de Isabel dormía profundamente, ajeno al dramático encuentro.

 
Se cuenta que Juan reclamó el amor de Isabel y que ella, con mucho sentimiento, le hizo ver que todo había terminado entre los dos. Parece que el joven le rogó un beso a su amada y ella se lo negó por fidelidad al hombre con el que se acababa de casar. Fue entonces cuando, consciente Juan del fracaso de sus esperanzas, y habiendo llegado al límite los esfuerzos de su regreso, sintió que su corazón se rompía y cayó muerto a los pies de Isabel.

Isabel despertó a su esposo para darle la noticia de aquel fallecimiento súbito y de su inocencia completa en el lance. El esposo resolvió que había que desembarazarse cuanto antes del inesperado cadáver que permanecía en la alcoba nupcial y, aprovechando la tranquilidad de la noche, trasladaron el cuerpo del fallecido a la puerta de la casa de los Marcilla.

 
La aparición del cadáver de Juan trajo a la ciudad muchas hablillas, pero no presentaba muestras de que su muerte se hubiese debido a un hecho violento. La familia Marcilla, consternada, preparó su funeral, y en la iglesia se reunieron todas las gentes de la ciudad, y entre ellas, acompañada de su reciente esposo, Isabel, que mostraba mucha pena en su hermoso rostro. El remordimiento la torturaba, pues no podía dejar de pensar que había sido la causa de la muerte de su amado. Cuentan que, en un momento de la ceremonia, Isabel, abandonando el lugar en que se encontraba, se acercó al catafalco en que yacía el cadáver de Juan. Tras contemplar su rostro durante largo tiempo con mirada intensa, se inclinó para depositar en sus fríos labios el beso de amor que le había negado en vida y acto seguido, se desplomó sobre el cuerpo de su amado.

Cuando los presentes se atrevieron a acercarse, alarmados por la larga inmovilidad de Isabel, pudieron comprobar que la muerte había unido para siempre a los desdichados amantes. El hecho impresionó de tal manera a la ciudad entera, que ésta decidió dar sepultura a los cuerpos de Juan e Isabel en la misma iglesia donde aconteciera tan dramático suceso.

Monumento funerario a los amantes de Juan de Ávalos 


Los restos de los dos amantes reposan en un mausoleo en la iglesia de San Pedro de Teruel. Desde 1996 se celebra en la capital turolense, como recordatorio de la tradición, la festividad de Las Bodas de Isabel de Segura. Se dice que el famoso escritor inglés William Shakespeare se inspiró en la historia de Isabel y Juan para crear su universal tragedia "Romeo y Julieta".


Fuentes:
MERINO, JOSE MARÍA. Leyendas españolas de todos los tiempos. Ediciones Temas de Hoy, S.A. 2000
http://turismo.teruel.net/amantes/amantes.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Los_amantes_de_Teruel
http://www.amantesdeteruel.es/index0.html

miércoles, 20 de junio de 2012

La leyenda de Isolda de Irlanda


La trágica historia de Tristán e Isolda es una de las más bellas leyendas medievales de amor que han llegado a nuestros días. La compuso en el siglo XII un poeta francés desconocido, cuyo texto se ha perdido, y sirvió de base a dos recensiones, la del poeta anglonormando Thomas y la del poeta francés Béroul, y dos versiones alemanas, la de Eilhart von Oberge y la más conocida de Gottfried von Strassburg, que floreció entre los siglos XII y XIII. A esta última versión se acogió el gran músico alemán Richard Wagner para componer su obra maestra “ Tristán e Isolda”.

Tristán era hijo de Rivalín, rey de Leonís, y de Blancaflor, hermana del rey Mark de Cornualles. Su padre perdió la vida luchando en el campo de batalla contra el duque Morgan y su madre murió al dar a luz. Tras la muerte de sus padres, se encargó de su educación el caballero Governal, que se convirtió en su maestro y amigo. Cierto día, terminada ya su educación, unos piratas secuestran al joven y lo llevan a Cornualles, donde sus nobles maneras hacen que lo reconozca el rey Mark de Cornualles, su tío. Tristán, admitido en la corte de Tintagel, acaba siendo ordenado caballero. Recibió las armas y volvió a Leonís para derrotar al duque Morgan, al que mató en un duelo.


Cornualles era sometido a un tributo deshonroso por el rey de Irlanda, que exigía el pago de trescientos jóvenes y trescientas doncellas. El encargado de recaudar el tributo era Morholt, un hombre de tamaño descomunal con una fuerza sobrehumana que ningún caballero se atrevía a desafiar. El rey de Irlanda aceptó, sin embargo, que esta obligación no fuera cumplida si un campeón vencía en combate singular a su cuñado Morholt. Tristán acepta el desafío y mata a Morholt, pero éste antes de morir lo hirió con su espada. La muerte de Morholt conmocionó al reino de Irlanda y a su sobrina, la joven princesa Isolda, de bellísima cabellera rubia, que prometió odiar a su asesino.

Agotado por el esfuerzo y la pérdida de sangre,Tristán se arrastra hasta una barca, en la que se desvanece, y la embarcación, flotando a la deriva, llega a la costa irlandesa, donde lo recogen y curan la reina y su hija Isolda. La reina es hermana de Morholt, pero ignora que Tristán lo ha matado. Un día, cuando el héroe se ha recobrado de sus heridas, Isolda descubre que la espada de Tristán tiene una muesca que corresponde exactamente al fragmento de hierro que se ha encontrado en el cráneo del difunto Morholt. Comprende la verdad y concibe un odio feroz hacia el extranjero. Solo la intervención de su madre estorba su venganza y permite que Tristán regrese a Cornualles.


De vuelta a la corte del rey Mark, las descripciones que Tristán lleva a cabo de la hermosura de Isolda son tan fogosas y entusiastas, que el rey decide pedir la mano de la princesa y convierte a su sobrino en embajador de la petición. El rey de Irlanda consiente en la boda y Tristán se embarca con la princesa. La madre de ésta, enterada de que la joven se opone al matrimonio, esconde en su equipaje un filtro de amor, destinado en principio al rey Mark. Pero Isolda, constante en su propósito de venganza, creyendo que es un veneno, decide administrarlo a Tristán y apurarlo ella misma para evitar sus nupcias con el odiado enemigo.

Así nace entre los dos una pasión irresistible, que, con todo, no destruye su respectivo sentido del deber en lo que importa al rey Mark. Por lo tanto, Tristán lleva a Isolda a Cornualles y la joven se casa con el rey. Pero la situación se hace pronto insoportable. Los barones del rey empezaron a sospechar de los frecuentes encuentros entre Tristán y la reina en ausencia del monarca. Presionado por sus caballeros, el rey decidió espiarlos sin descubrir inicialmente su historia de amor. Pero al final, en un descuido, Tristán manchó con la sangre de una herida las sábanas del lecho de Isolda y el rey descubrió el romance condenándolos a la hoguera.


Los amantes huyeron al bosque de Morois perseguidos por los barones del rey Mark. Allí se escondieron durante cierto tiempo hasta ser sorprendidos por el monarca una mañana mientras dormían, pero los perdona generosamente. Su bondad impresiona mucho a los enamorados. La reina Isolda vuelve junto a su esposo y Tristán se dirige a la Bretaña. Allí conoce a Isolda de Bretaña, hija del duque Hoel, y se casa con ella porque era bella y su nombre le recordaba a su amada, pero en realidad no era un hombre feliz y ocultaba su tristeza a los que le rodeaban.

En un combate Tristán recibe una herida de una espada envenenada que ningún médico sabe curar. Entonces pide que un barco vaya en busca de Isolda de Irlanda, que con sus artes curativas era la única que podría impedir su muerte. Y ruega al piloto que, al regresar, ice una vela blanca si ella está a bordo y una negra si no está. Isolda de Bretaña se entera de los planes de su esposo y maquina una venganza poseída por los celos.

 
Cuando se avista la nave, Tristán no tiene fuerzas para ir hasta la ventana y ruega a su esposa que le diga el color de la vela. La vela es blanca, pero Isolda de Bretaña responde que su color es negro y Tristán fallece desesperado. Isolda de Irlanda saltó a tierra y tan rápido como pudo llegó al lado de Tristán, pero no encontró sino el cadáver de su amado, se acostó a su lado y murió junto a él. 

Así los que estuvieron separados en la vida se encuentran al fin unidos en la muerte. Son sepultados en tumbas contiguas, en las que se plantan dos ramas de madreselva. Al crecer, los arbustos se inclinan uno hacia el otro y se unen enlazando tan estrechamente sus ramas que nadie las puede separar, símbolo de un amor que ni siquiera la muerte apaga. 


Fuentes:
Enciclopedia Maravillas del Saber. Tomo 3. Credsa, Ediciones y Publicaciones 1978
GONZÁLEZ RUIZ, DAVID. Breve historia de las leyendas medievales.2010 Ediciones Nowtilus, S.L
Imágenes correspondientes a la película " Tristán e Isolda" ( 2006)

SORAYA, La princesa de los ojos tristes




La existencia de la princesa Soraya va del cuento real de Las mil y una noches a la más dura novela negra... Del amor al dolor... Y de la envidia y la admiración a la compasión que despertó en todo el mundo cuando se convirtió en la esposa repudiada del Sha de Irán, en la gran víctima de una razón de Estado. Soraya Esfandiary había nacido en la legendaria Ispahan el 22 de junio de 1932. Su mestizaje le dejó la impronta de su seductora belleza: hija de madre alemana, Eva Karl, y padre oriundo de la tribu de los bajtiaris (poderosos señores que entonces controlaban gran parte del petróleo de Irán), el príncipe Jalil. Soraya tenía un hermano menor llamado Bijan y pasó sus años de infancia y adolescencia entre Irán, Alemania, Suiza y Gran Bretaña.

A los dieciséis años, Soraya es una joven realmente hermosa. Ella aún no lo sabe, pero el Sha de Irán, Mohammed Reza Pahlevi, después de ver una foto suya, manda, con el visto bueno de la reina madre, a su hermana mayor a Londres para que haga de detective. Quiere fotos recientes de Soraya, quiere saber quién es y cómo vive.




La embajada de Irán organiza una cena en honor de la princesa Schamps -caviar, champán, manjares orientales- que pide, ex profeso, se invite a la joven Soraya. “… Me cuenta historias de Ispahan, de los palacios, del pabellón de las cuarenta columnas… Durante días no me deja a sol ni a sombra y me invita a París… Me habla del Sha. El Sha era ese avión azul que, cuando yo era pequeña, sobrevolaba el cielo de Ispahan”, escribe en el libro de sus memorias, El palacio de las soledades, la princesa Soraya. Desde su divorcio, el Sha se siente solo en su palacio. Viaja y busca desesperadamente una esposa. Fawzia de Egipto, su primera esposa, sólo le ha dado una niña, la princesa Shahnaz. El destino de Soraya está a punto de cumplirse.

Cuando el avión aterrizó en Teherán, la niña asustada se quedó acurrucada en su asiento contando los quince escalones que la conducirían a una nueva vida... Esa noche, el Sha vestido con su uniforme de general de los ejércitos y Soraya cenaron mirándose a los ojos admirados de ver en persona a quien sólo conocían a través de unas fotos. Él tenía treinta y dos años.


 
El 12 de febrero de 1951 amaneció nevando. Soraya tiritaba de frío bajo su vestido de novia. Ella pesaba cuarenta kilos. El traje ochenta. Sobre su cabeza, un collar de esmeraldas y diamantes... y el azúcar derramado para que su unión fuera dulce. Unos 2.000 invitados asistieron en el palacio de Golestán a la boda. Sin embargo, la pareja pasaron por tiempos difíciles. Dos años después de casarse, se exiliaron a Roma debido a la situación crítica en el país bajo el Gobierno de Mohamed Mossadeq. El Sha y su segunda esposa regresaron un año después.

Bella y elegante, dulce y reservada, Soraya era muy popular en los círculos iraníes. Pero pese al gran amor que se profesaban los esposos, pronto la felicidad se vio enturbiada por el hecho de que no llegaba el hijo tan deseado por el Sha y cuantos lo rodeaban. Entonces los comentarios malintencionados que corrían por los rincones de palacio y preguntas de la reina madre, convirtieron la vida de Soraya en un tormento. 

Cuando en 1949 el Sha sufrió un atentado, sus asesores le instaron a nombrar un heredero por el bien de la continuidad de la monarquía. El Sha consideró el nombramiento del príncipe Ali Reza como su heredero, pero cuando él murió en un accidente aéreo, este tema se hizo más preocupante. La cuestión de la sucesión se convirtió en un tema de conversación cotidiana y la preocupación entre los esposos. Soraya había estado con todos los especialistas conocidos en el mundo para encontrar una cura para su esterilidad, pero no sirvió para nada. Un médico le sugirió una operación muy arriesgada con una mínima posibilidad de éxito, que la pareja rechazó.

 
Un día de julio de 1957,  los esposos fueron  a dar un largo paseo por los jardines del Palacio. El Sha habló acerca de la supervivencia de la dinastía y trajo a colación el problema de la falta de heredero y el hecho de que pronto tendría que tomar una decisión sin importar lo dolorosa que fuese. Se habló de alternativas como que el Sha tomara una segunda esposa y tal vez cambiar la Constitución para permitir que uno de sus medio hermanos se convirtiese en soberano después de él. Pero ellos no pudieron ponerse de acuerdo sobre cualquiera de estas alternativas. Finalmente decidieron, con lágrimas en los ojos y con todo el dolor de su corazón, separarse.

Antes de la salida para Europa, Soraya quemó todos sus papeles personales, empacó sus recuerdos y regalos que había recibido, y salió de Teherán en el 14 de febrero 1958. No volverá a ver a su amado país de nuevo. Soraya se estableció en la villa de Saint-Moritz del Sha por un tiempo. Durante su estancia, su esposo la llamaba todos los días,  luego decidió parar. Desde Suiza, la emperatriz se fue a casa de sus padres en Alemania. Allí recibió la visita de enviados de su esposo para intentar convencerla de que aceptase la alternativa de una segunda esposa para el Sha y de que volviese, pero ella se negó. Soraya afirmó que "no podía aceptar la idea de compartir el amor de su marido con otra mujer". El 14 de marzo, después de siete años de matrimonio, el Sha anunció oficialmente su divorcio en la radio. Patética alocución entre temblores de voz y sollozos.

 
Después del divorcio quiso llamarse de nuevo Soraya Esfandiary Bakhtiary pero, por Decreto del Sha, se le concedió el rango de princesa Imperial. Título que le daba derecho a un pasaporte diplomático y a que en las embajadas se la tratase como a un miembro más de la familia. Desde el día en que abandonó Teherán, Soraya, que fue conocida como “la princesa de los ojos tristes”, no volvió a ver al Sha, "ni tampoco él intentó buscarme", confesó ella en 1991, año en el que publicó su autobiografía El palacio de las soledades. Un año después, su ex marido se casaba con Farah Diva, quien sí le dio descendencia: cuatro hijos, entre ellos su heredero Reza Ciro Pahlevi. No obstante, Soraya siempre se refirió al Sha como "mi marido", "ya que ha sido él único con quien me he casado", afirmaba.

La princesa Soraya alquiló una bonita villa situada entre viñedos a treinta minutos de Roma. Sus viejos amigos vendría a hacerle compañía, pero en general vivía en tranquilidad y lentamente comenzó a disfrutar de su nueva vida, pero su alma inquieta no se pudo establecer. Pronto, huyendo de la calurosa Roma en los meses de verano, viajó al norte de Europa y se quedó en Colonia por un tiempo con su madre, con quien se sentía segura. El período de tristeza y de vida sin rumbo parecía no tener fin para ella. Ahora sola y sin ningún tipo de ayuda o protección de la corte imperial, tenía que hacer todo ella misma y aprender a vivir la vida de un ciudadano de a pie otra vez. Estaba sola, asustada, y sentía su futuro incierto. Su única seguridad y confort se encontraba en su familia cercana.

 
Pero Soraya comenzó a viajar extensamente. Se trasladó de Roma a Colonia, a Munich, a París, a Roma, a Mónaco y, finalmente, terminó en Roma otra vez. La princesa de los ojos tristes, como era conocida, fue seducida por la industria del cine. Podía hacer realidad su sueño de niña de convertirse algún día en una estrella del celuloide. Una noche conoció al productor Dino de Laurentis en una fiesta, y éste le ofreció un papel en una película. Soraya aceptó. El título del filme era  "Tres rostros de mujer" y fue un desastre. El rumor dice que el Sha, furioso, ordenó que se destruyeran todas las copias de la película porque ahora el mundo vería a su ex mujer en escenas románticas. Soraya mantuvo una copia, que se vendió en la subasta de sus bienes en París en mayo de 2002, junto con todos sus efectos personales.

Cuando Soraya conoció al director de cine Franco Indovina, cayó bajo su hechizo y encontró consuelo en sus expresiones de amor. Una apasionada historia de amor comenzó a florecer entre los dos, pero el futuro era incierto. Franco estaba casado y tenía dos hijos. El director le prometió que se divorciaría de su esposa y tendrían una vida juntos. Soraya fue a Munich y regresó seis meses después para unirse a Franco, que acababa de separarse de su esposa. La pareja tuvo cinco años dichosos de vida en común, llena de amor y felicidad, hasta que el director de cine perdió la vida en un accidente de avión en 1972 y dejó a Soraya sumida en la desesperación.

 
La tragedia de perder a su segundo gran amor, la llevó, en un primer momento, a un período de soledad total. Le costó varios meses salir del estado de luto. “Con el tiempo comprendí que todas las heridas se tienen que ir curando. La vida se esfuma, la vida continúa. Y pasado un tiempo, me sorprendo a mí misma haciendo proyectos… No quiero quedarme en ningún sitio fijo. Necesito espacios abiertos, pero creo que sé dónde echar el ancla. París. Marbella. España es uno de los países que más quiero”. 

Fue a menudo una de las diez mujeres más elegantes del mundo y su rostro de “princesa triste”, al estilo de Ava Gardner, escondido detrás de gafas de sol oscuras, apareció en portada de numerosas revistas del corazón. Soraya continuó su vida en París y pasaba los veranos en su Villa María en Marbella, España. Ella se movió en los círculos de la alta sociedad y pasaba su tiempo con unos pocos amigos selectos. Cuando en 1987 Soraya viajó a Egipto, visitó la tumba de su ex esposo el Sha, quien murió en el exilio en 1980, un año después del triunfo de la revolución integrista islámica del Ayatolah Jomeini.


El día 26 de octubre de 2001, la princesa Soraya murió sola en su casa de París, a los sesenta y nueve años, de muerte natural, rodeada de recuerdos. Muy cerca de ella, un libro muy especial: El palacio de las soledades, sus memorias. Más de 200 personas dieron su último adiós a la princesa Soraya. Miembros de la alta sociedad, así como importantes personalidades de la diáspora monárquica iraní, se dieron cita en la catedral americana de Santa Trinidad, situada en la avenida de Jorge V de la capital francesa, asistiendo al oficio religioso en su memoria. Entre los asistentes se encontraban también algunos miembros de la familia del desaparecido Sha de Irán. Fue enterrada en el Westfriedhof, un cementerio de Munich, Alemania, junto con sus padres y hermano. 


Fuentes:
http://www.bakhtiarifamily.com/soraya.php
http://www.hola.com/casasreales/2001/10/25/soraya/
http://www.hola.com/realeza/2003040724225/casasreales/noticias/casasreales/soraya/1/1/
http://www.hola.com/realeza/2003040723541/casasreales/noticias/casasreales/soraya/3/1/
http://www.hola.com/realeza/2003040724231/casasreales/noticias/casasreales/soraya/2/1/
http://www.emol.com/noticias/internacional/2001/10/25/69531/murio-princesa-soraya-segunda-esposa-del-ex-sha-de-iran.html
http://www.hola.com/musica/2001110638389/musica/funeralsoraya/funeralsoraya/
http://vidasfamosas.com/2009/06/03/soraya-esfandiary-la-princesa-de-los-ojos-tristes/
http://www.emol.com/noticias/internacional/2001/10/25/69531/murio-princesa-soraya-segunda-esposa-del-ex-sha-de-iran.html
http://www.lr21.com.uy/mundo/60399-murio-soraya-la-reina-triste


martes, 19 de junio de 2012

ASTRID DE SUECIA, La inolvidable reina de los belgas


Fue una de las mujeres más hermosas de su época. Una dulce princesa sueca que por sus cualidades supo conquistar el corazón de un futuro rey y el amor de un pueblo. Astrid y Leopoldo vivieron en una eterna luna de miel hasta que la tragedia puso punto final a su hermosa historia de amor. Un accidente de tráfico acabó con la vida de la amada soberana de los belgas. El pueblo la lloró mucho y salió a la calle para dar su último adiós en unos funerales impresionantes y multitudinarios a una reina de leyenda.

Bautizada como Astrid Sofía Louisa Thyra, la princesa de Suecia había nacido en Estocolmo el 17 de noviembre de 1905. Era la tercera de los cuatro hijos del príncipe Carlos, duque de Västergötland, y de la princesa Ingeborg de Dinamarca. Su abuelo paterno era el rey Oscar II de Suecia y su abuelo materno, Federico VIII de Dinamarca. La hermana mayor de Astrid, la princesa Margarita se casó con el príncipe Axel de Dinamarca y su hermana Marta con el futuro rey Olav V de Noruega. Mientras que su único hermano Carlos, duque de Östergötland, se casó morganáticamente.

 
Puesto que sus padres no ocupaban un lugar destacado en la línea de sucesión al trono sueco, Astrid y sus hermanos crecieron como una familia burguesa más. Esa educación liberal y sencilla, convirtió a la futura reina de los belgas en una mujer cercana y accesible, que se ganó sin dificultad la confianza de su pueblo. Alta, esbelta, de tez y ojos claros, y cabello rubio oscuro, Astrid fue una de las mujeres más bellas de su tiempo. Tenía, además, un encanto especial, un cierto magnetismo que sin duda se debía a su exquisita sensibilidad y su refinada cultura.

No es de extrañar, pues, que en el transcurso de un viaje oficial a la corte de Estocolmo del heredero del trono belga, el joven príncipe cayera rendido a sus encantos. En una velada de baile, Astrid tuvo como compañero de baile al guapo Leopoldo de Bélgica. Los dos jóvenes no se separaron el uno del otro durante toda la noche. En el verano de 1926, los reyes Alberto I y Elisabeth anunciaron el compromiso de su hijo, insistiendo en que se trataba de una boda por amor. Meses después, el 10 de noviembre de 1926, una vez convertida al catolicismo – la princesa había sido educada en la religión luterana-, Astrid de Suecia contrajo matrimonio con Leopoldo de Bélgica en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, entre la pompa y el ceremonial obligados en estos casos. 

 
Tras el viaje de novios, los duques de Brabante, el título que corresponde a los herederos al trono belga, se instalaron en el castillo de Stuyvenberg, no muy lejos del palacio de Laeken. Allí nacieron sus hijos, Josefina Carlota (1927), Balduino (1930) y Alberto (1934), actual rey de los belgas. Los duques de Brabante despertaban el entusiasmo allá donde fueran. Astrid desde el principio fue muy querida por el pueblo belga por su belleza, encanto y sencillez. Y su esposo era su más ferviente admirador. El amor compartido por la joven pareja era evidente para todos. Jóvenes, guapos y felices, parecían vivir en un perpetuo idilio. En las fotos que se conservan del largo viaje que realizaron por Indonesia, India y el Congo, poco después del nacimiento de su hija, las continuas miradas de complicidad hablan por sí solas de la armonía que reinaba en la pareja. En más de una ocasión el pueblo pudo verlos tomados de la mano, incluso en compromisos oficiales.

Astrid era, además, una excelente relaciones públicas de la monarquía. Sencilla y próxima, se encargaba en persona de la cocina de su casa y no era extraño verla pasear con sus hijos por el parque, o de compras en los mercados y tiendas de Bruselas, lo que, para desesperación de los escoltas, le permitió establecer una extraordinaria cercanía con su pueblo.

 
En febrero de 1934, el rey Alberto, gran aficionado al alpinismo, falleció a consecuencia de un accidente de montaña. Una vez celebradas las honras fúnebres, los nuevos monarcas hicieron su solemne entrada en el Parlamento, a fin de que Leopoldo III jurara la Constitución. Luego, la reina Astrid, embarazada de su tercer hijo, tomó al pequeño Balduino en brazos y levantándolo, lo ofreció al pueblo en señal de la continuidad de la corona. El gesto emocionó a los asistentes. Y si aún quedaba alguien que se resistía a dejarse cautivar por Astrid, la decisión con que impulsó la política social de la monarquía y, sobre todo, su actitud durante la grave crisis económica que padeció Bélgica tras el crack del 29, acabó por convencerle. Como reina, dedicó su tiempo a criar a su familia y a la promoción de causas sociales. Ella estaba muy preocupada por la situación de las mujeres, los niños y las personas desfavorecidas.

Bélgica fue uno de los países europeos más afectados por el hundimiento de Wall Street. Consciente de ello, apenas subir al trono, Astrid lanzó una proclama conocida como “la llamada de la reina”, por la cual solicitaba la colaboración de aquellos privilegiados que tenían trabajo y bienes, a fin de organizar una colecta de fondos y de objetos de primera necesidad con la que solventar la difícil situación por la que atravesaban el creciente número de parados y sus familias. La iniciativa causó un gran revuelo en su momento y fue, además de eficaz, muy bien acogida por el pueblo belga.

 
Eran pues una familia feliz y unos soberanos populares. De ahí que, tras la tragedia de Suiza, el pueblo quedara completamente conmocionado. En agosto de 1935, los reyes habían pasado sus vacaciones en Suiza, en compañía de sus tres hijos. El día 29, cuando sólo faltaba un día para regresar a Bruselas, el matrimonio real decidió salir de excursión, mientras los príncipes quedaban al cargo de su niñera. Bordeaban el lago Ginebra cuando, en un momento determinado, Astrid tomó el mapa y preguntó algo a su esposo, que era quien conducía. El rey apartó un segundo la vista del volante y entonces sobrevino la tragedia. El coche salta por el parapeto que flanquea la carretera, desciende en picado por una pendiente y se estrella contra un árbol.

Astrid había abierto la puerta para tratar de salir, pero fue expulsada tras el impacto. Su cuerpo chocó con el tronco del árbol, mientras que el coche se estrelló contra un segundo árbol. El rey fue expulsado del coche también, pero se lesionó sólo ligeramente. El coche continuó para detenerse en un lago. El chófer quedó ileso. Pero la reina murió en el acto. Los testigos cuentan que Leopoldo gritó su nombre desgarradoramente con el cuerpo sin vida de su esposa en su pecho. Aquel noviembre hubiera cumplido veintinueve años.

La muerte de la amada reina Astrid fue profundamente lamentada por su esposo, por los belgas y los suecos. Apenas conocerse la noticia de su fallecimiento, el Gobierno belga lanzó de inmediato un comunicado que decía: “ Todavía bajo la impresión de la muerte trágica del rey Alberto, Bélgica llora hoy a una reina cuya juventud, gracia y bondad, supieron conquistar al pueblo. El país se encuentra inmerso en la más grande consternación, compartiendo con su rey, y con toda la familia real, el gran pesar que no es sólo de los reyes, sino de toda la nación. El pueblo belga rodea espiritualmente el lecho mortuorio y se inclina con ternura y emoción ante los príncipes reales que han perdido a su madre ”.

 
Las imágenes de los funerales son impresionantes. En ellas aparece un inmenso gentío acompañando, en silencio y con lágrimas en los ojos, el paso de la comitiva fúnebre hasta su llegada a la cripta real de Nuestra Señora de Lacken. El rey, con un brazo en cabestrillo y unos pequeños vendajes en la cara, se negó a seguir el cortejo en coche y caminó tras el féretro a lo largo de todo el trayecto. Se asegura que se le escuchó murmurar: “ ¡Éramos tan felices! ”. Bélgica emitió un sello postal que mostraba el retrato de la reina Astrid en negro. Una capilla conmemorativa fue construida en Suiza en el lugar del accidente. La capilla se ha convertido en destino para los turistas suecos y belgas. Un museo cercano tiene imágenes y recuerdos del evento. El árbol fue derribado por una tormenta en 1992.

Bélgica nunca le perdonó al rey Leopoldo que en 1941 contrajera un segundo matrimonio con Lilliane Baels, hija de un político conservador valón. Ni siquiera sabiendo que su nueva esposa jamás ostentaría el título de reina, sino que sería conocida como princesa de Réthy y, mientras que los hijos que nacieran de este segundo matrimonio quedarían excluidos de la línea sucesoria. Ellos, decían orgullosos, no habían olvidado a Astrid. Imposible hacerlo, porque Astrid era inolvidable.

Fuentes:
QUERALT DEL HIERRO, MARÍA PILAR. Mujeres de vida apasionada. La Esfera de los Libros S.L., 2010
http://en.wikipedia.org/wiki/Astrid_of_Sweden
http://sobrebelgica.com/2009/06/21/la-reina-astrid-de-belgica/

domingo, 17 de junio de 2012

MARY QUANT, La revolución de la minifalda


Es mundialmente conocida por popularizar la minifalda, pero Mary Quant no sólo cuenta en su haber con este logro sino que influyó de modo decisivo en la moda de los años 60. Un estilo, conocido como London Look, que aún hoy sigue vigente. La diseñadora representó una moda informal para jóvenes y sus modelos se difundieron a gran escala. Además, promovió un nuevo arquetipo de mujer joven y delgada, encarnado a la perfección por la modelo Twiggy.

Había nacido un 11 de febrero de 1934 en Blackheath, Londres. Deambuló por trece colegios antes de entrar en la Escuela de Arte Goldsmith de la capital británica, donde supo que lo suyo era la moda. Trabajó por poco dinero como costurera en tiendas de alta costura y como diseñadora de sombreros. Conoció al trompetista y fotógrafo Alexander Plunket Green y se casaron en 1957, dos años después de que ambos abrieran su primera tienda llamada Bazaar en la King's Road de Londres. En sociedad con Archie McNair.


 
Se acabó que las hijas vistieran igual que sus madres. Esta fue una de las ideas básicas que impulsaron a la modista Mary Quant a crear sus propios modelos. Cansada de no encontrar el tipo de ropa que quería vender, una ropa que se adaptara a los nuevos tiempos, empezó a confeccionar sus propios diseños. Tenía poca experiencia como modista, mucha intuición y muchas ganas de que la mujer de los años 60, cada vez más independiente y liberada, se sintiera cómoda con su nueva vestimenta. Desde su tienda londinense popularizó sus diseños. Si algo tenía claro era que la moda tenía que ser asequible para todos y especialmente que los jóvenes pudieran acceder a ella. Hacía ropa al alcance de todas las economías. El conocido London Look de Quant significó la democratización de la moda, una moda moderna y barata. Para ello, puso fin a los modelos exclusivos e impuso la producción en cadena.

Cortó las faldas unos quince centímetros por encima de la rodilla, inventando así la minifalda, de disputada paternidad con el diseñador francés André Courrèges. Sea quien sea el creador de la famosa prenda, no se puede negar que Mary Quant fue quien la popularizó. Modelos como la inglesa Twiggy, que encarnaba a la perfección el estilo Quant, ayudaron a la popularización de la minifalda, que se convirtió en estandarte de una época. La liberación de las piernas de la mujer era símbolo de su emancipación social. La minifalda era libertad. Y a la vez provocó el escándalo. Parte de la sociedad poco proclive a los cambios la consideró una prenda obscena.


 
Sus creaciones se convirtieron en las preferidas de famosas como Brigitte Bardot, Twiggy, Nancy Sinatra y las novias de los Beatles. Sus prendas, sencillas y coloristas, contrastaban con la seriedad de la moda del momento, y el look juvenil y rebelde salía de Inglaterra para llegar al mundo entero. Después de abrir más de cien tiendas en Londres, amplió su emporio a Estados Unidos. La estética pop de Mary Quant, con los impermeables de colores chillones, las medias estampadas, las botas altas con cordones hasta las rodillas, los vestidos cortos, las mallas de colores, los cinturones caídos, los pantalones campana, los jerséis acanalados y los chalecos de ganchillo, enamoró a las jóvenes que buscaban en la nueva moda una forma de comodidad ligada a un cambio social. También lanzó la maxifalda, que llegaba a los tobillos. 

Si bien fue la minifalda la que la hizo mundialmente famosa, su línea de cosméticos fue una máquina mundial de producción de dinero. El esmalte de uñas azul y el delineador de ojos plateado pasaron a ser los productos más buscados de la diseñadora que había declarado la muerte del buen gusto y había dicho que la vida estaba "en lo vulgar". En 1966 abrió su negocio al mundo de la cosmética con una línea de productos que tenía una margarita como logotipo y que, por supuesto, fue todo un éxito. Es una de las pocas diseñadoras británicas que fue condecorada por la reina Isabel II de Inglaterra. En ese mismo año le fue concedida la Orden del Imperio Británico y la recibió, por supuesto, en minifalda. Trabajó en vestuarios de película como Georgy Gir (1966) y Two For The Road (1967). 



Aunque siguió en el mundo de la moda, la diseñadora no volvió a disfrutar de la enorme popularidad que obtuvo en los 60. Sin embargo, los locales de su empresa, Mary Quant Ltd., se expandieron por las principales capitales del mundo: Londres, Nueva York, París y Tokio. Sólo en la capital japonesa, la compañía tiene 235 boutiques. Mary Quant también se dedicó a diseñar lencería, sombreros y paraguas para diferentes marcas. En 1998 diseñó el interior del mino (1000) Designer, su auto favorito. En el 2000, su empresa fue absorbida por una firma japonesa. 

Mary Quant se convirtió en abuela cuando su único hijo, Orlando, tuvo a Lucas Alexander. Con sus 70 años, vive en las afueras de Londres y trabaja como consultora de la empresa que lleva su nombre. Mantiene el peinado del estilista Vidal Sassoon que fue su marca registrada y conserva el mismo aire ingenuo con el que revolucionó la moda en la década de los años 60. Su gran frustración, ha dicho, es no haber visto a la ex primera ministra Margaret Thatcher luciendo una de sus creaciones. Sentirse libre de prejuicios, esta ha sido una de las mayores aportaciones de Mary Quant, mujer comprometida y liberada que supo transmitir sus ideales al mundo. Y lo hizo a través de su minifalda.

Fuentes:
VALLBONA, TERESA. Grandes mujeres. El lado femenino de la historia. Editorial Océano S.L. 2010
http://es.wikipedia.org/wiki/Mary_Quant
http://www.hola.com/biografias/mary-quant/
http://www.lanacion.com.ar/625846-mary-quant
http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Quant

HELEN KELLER, Un ejemplo de superación



La vida de Helen Keller es uno de los ejemplos de constancia, valentía y superación que nos ha dejado la historia. Fue una escritora norteamericana invidente y sordomuda que, a través de sus escritos, lecturas y discursos, mostró a millones de personas que la discapacidad no significa el fin del mundo. Esta admirable mujer nació el 27 de junio de 1880 en Tucumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, Estados Unidos. A los diecinueve meses la pequeña cayó enferma. Hoy en día la naturaleza de su enfermedad sigue siendo un misterio. Los doctores en su tiempo la llamaron "fiebre del cerebro", mientras que los doctores modernos piensan que pudo haber sido escarlatina o meningitis.

Cualquiera que fuera la enfermedad, por muchos días lo único que se esperaba es que la niña muriera. Cuando la fiebre bajó, la familia se puso feliz creyendo que su hija iba a estar bien otra vez. Sin embargo, la madre pronto notó que Helen no podía responder cuando sonaba la campana de cena o cuando pasaba su mano delante de sus ojos. Llegó así a ser evidente que la enfermedad de la pequeña la había dejado ciega y sorda, lo que le impidió desarrollar el habla durante sus primeros años de vida.


 
Su incapacidad para comunicarse en tan temprana etapa de desarrollo fue muy traumática para ella y su familia, debido a esto, estuvo prácticamente incontrolable por un tiempo. Helen era una niña muy difícil, aventaba los platos y lámparas y aterrorizaba la casa entera con rabietas, gritos y su mal genio. Cuando cumplió los seis años, sus padres contrataron a una institutriz irlandesa, Anne Sullivan, quien le enseñó el lenguaje de los sordomudos y que marcaría un giro radical en su vida.

Anne Sullivan fue su profesora personal y su amiga de toda la vida. Anne la ayudó primero a controlar su mal genio y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante con braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en braille. Para enseñarle a hablar, ponía la mano de Helen en su garganta para que pudiera sentir las vibraciones creadas al comunicarse.


 
A partir de mayo de 1888, Helen asistió al Instituto Perkins para ciegos. En 1894, ella y Anne se trasladaron a Nueva York para asistir a la Escuela Wright-Humason para Sordos y aprender de Sarah Fuller en la escuela Horace Mann para sordos. En 1896, volvieron a Massachusetts y Helen entró en la Escuela de Cambridge para señoritas antes de ganar la admisión, en el año 1900, en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que pudo alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. La vida en Radcliffe era dura para Helen y Anne, y la cantidad enorme de trabajo condujo al deterioro de la visión de Anne. 

Durante su tiempo en la universidad, Helen comenzó a escribir sobre su vida. Su primer libro, "La historia de mi vida", fue publicado en 1903 y aunque al principio no fue exitoso en ventas, se convirtió más adelante en una obra clásica. El 28 de junio de 1904 se graduó con honores en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega en obtener un título universitario. Ese mismo año, en la exposición de San Luis, habla por primera vez en público.


 
Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. Helen contaba su vida y su discurso era interpretado frase a frase por Anne Sullivan, lo que siempre generaba sesiones de preguntas y respuestas acerca de sus historias. A través de sus viajes Helen y Anne, buscaron una nueva forma de vivir a través de sus conferencias y la venta de sus obras literarias. En 1918 la demanda de sus obras había disminuido, pero ellas seguían viajando con más interés, mostrando las historias increíbles de Helen, como la primera vez que entendió el significado de la palabra "agua". Helen Keller escribió un total de 12 libros publicados y varios artículos.

Anne Sullivan se casó con John Macy en 1905, y su salud empezó a fallar en torno a 1914. Una joven escocesa llamada Polly Thompson, sin experiencia en el cuidado de personas discapacitadas, fue contratada para cuidar la casa. Ella llegaría a trabajar como secretaria también y se convirtió en una compañera constante de Helen. En 1918, Helen se trasladó a Forest Hills en Nueva York con Anne y su esposo. Usó su nueva casa como la sede para la consecución de fondos de la Fundación Americana para Ciegos. No sólo recolectaba dinero, también hacía campañas para mejorar la calidad de vida y las condiciones de las personas ciegas, quienes eran rechazados y erróneamente educados en asilos. Su insistencia fue uno de los factores importantes para que sus condiciones cambiaran. Helen fue un miembro activo del Partido Socialista e hizo campañas y escribió en apoyo de la clase obrera desde 1909 hasta 1921.




 
Después de la muerte de Anne Sullivan en 1936, Helen y Polly se mudaron a Connecticut. Ellas viajaron por todo el mundo y recaudaron dinero para los ciegos. En 1957, Polly tuvo un derrame cerebral, del cual nunca se recuperó completamente, y murió tres años después. Winnie Corbally, una enfermera que fue traída para cuidar a Polly, se quedó después de su muerte y fue compañera de Helen para el resto de su vida. 

En Octubre de 1961 Helen sufrió el primero de la serie de accidentes cerebro vasculares que tuvo y su vida pública fue disminuyendo. Los últimos años de su vida se dedicó a cuidar su casa en Arcan Ridge. En 1964 fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto premio para personas civiles otorgada por el presidente Lyndon Johnson. Un año más tarde fue elegida como La mujer del Salón de la Fama en la Feria Mundial de Nueva York.

Poco antes de su muerte, Helen Keller le dijo a un amigo: "En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha “. El 1 de Junio de 1968 murió mientras dormía en su casa de Arcan Ridge, a la edad de 87 años. Su cuerpo fue cremado en Bridgeport, Connecticut, y su funeral tuvo lugar en la Catedral Nacional de Washington DC. La urna con sus cenizas fue colocada cerca de los restos de sus compañeras Anne Sullivan y Polly Thomson.


Fuentes:
http://www.elkiosko.com.mx/helen_keller.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Helen_Keller
http://en.wikipedia.org/wiki/Helen_Keller
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/keller_helen.htm

sábado, 16 de junio de 2012

MARÍA SABINA, La sabia de los hongos



María Sabina Magdalena García fue la curandera indígena más famosa de México por haber popularizado los hongos alucinógenos. Había nacido en Huautla de Jiménez, Oaxaca, México, en el año 1894. Sus antepasados eran mazatecos que dominaban la medicina tradicional, la botánica y las artes de la curación por el bálsamo del canto y del lenguaje. Sus padres fueron María Concepción y Crisanto Feliciano. Su bisabuelo, su abuelo y su padre fueron notables curanderos como ella, más nunca conoció a ninguno de los tres. Al quedar huérfana de padre, vivió con los abuelos maternos junto con su madre y su hermana menor María Ana. Su infancia fue dura, vivía entre el hambre y el frío.

Desde corta edad ya ayudaba a la cría de gusanos de seda, de pollos, de cabras, siembra del maíz y del frijol, aprendió a coser, lavar y otras labores del hogar. En una ocasión que fue a desenredar la cuerda de una cabra que había quedado atrapada, se encontró con unos hongos de blanco puro, al probarlos su vida cambió por completo, puesto que se sumergió en una experiencia sin igual que años después compartiría con tanta gente, dándole gran popularidad a nivel nacional e internacional. 


 
A los catorce años, su madre la dio en matrimonio a Serapio Martínez, según la costumbre de la época. Al nacer su primer hijo, Serapio se fue a la revolución y después de un tiempo regresó. Luego tuvo tres hijos y quedó viuda después de seis años. Se volvió a casar quedando viuda por segunda vez. Ella sola se hizo cargo de su madre y sus hijos, trabajó en el campo y en la venta ambulante.

Sin haber olvidado ese viaje provocado por aquellos hongos blanquecinos, se valió de ellos para curar a su hermana, tal suceso se extendió a tal grado que llegó hasta el extranjero. Con respecto a esos hongos, o "niños santos" como ella los llamaba, decía: "Los niños santos curan las llagas, las heridas del espíritu. Los niños se toman de noche; para esto se celebra la velada frente a imágenes de santos de la iglesia". Las curaciones que María hacía a través de cultos y la aportación de esos hongos, llegan a oídos de un banquero estadounidense. "Los milagros" de María, como los llamaban la gente del pueblo oaxaqueño, despertaron la curiosidad de R. Gordon Wasson, investigador etnomicólogo, y su esposa Valentina Pavlovna, quienes viajaron a la Sierra Mazateca para conocer a la famosa curandera en 1955. Durante varios días grabaron conversaciones en cintas, las cuales fueron transcritas a un sistema fonético de escritura y traducidas al español e inglés.


 
Wasson asistió por primera vez a una velada cantada por María Sabina en Huautla, y a invitación de ella, ingirió los hongos divinos quedando pasmado. Después de su visita, dio a conocer su nombre, al citarla profusamente en revistas, tratados médicos y en varios artículos científicos sobre los hongos alucinógenos. Escribió libros como “El hongo maravilloso: Teonanácatl Micolatría en Mesoamérica”, donde expone al público el ritual y uso de los hongos en la cultura Mazateca. En colaboración con Roger Heim realizaron estudios científicos sobre la composición de los hongos y Albert Hofmann identificó los principios activos y la estructura química de dos especies de hongos psilocibios.

María Sabina recibió una fenomenal publicidad en la época de apogeo de la cultura estadounidense hippie, que entre otras cosas, se caracterizaba por el uso de sustancias alucinógenas. Y comenzó a recibir la visita de personas ajenas a su comunidad, tanto de mexicanos como extranjeros. No sólo los hippies invadían su territorio, también jóvenes de las clases adineradas de América iban hacia las montañas en busca de un éxtasis provocado por esos hongos. Incluso grandes celebridades de la música como los Rolling Stones, los Beatles, Jim Morrison y Bob Dylan fueron a verla con la intención de probarlos. Y otros llegaban para realizar trabajos de investigación. A tal grado llegó su fama que dirigía ceremonias espirituales, donde mezclaba los conocimientos prehispánicos con la influencia de la corriente católica, que duraban hasta 6 horas y eran dirigidas para más 30 personas en su mayoría universitarios.


 
Entre los tantos trabajos que se realizaron sobre María Sabina se encuentran el documental de1979 titulado "María Sabina La mujer Espíritu", teniéndola por supuesto como protagonista y con relatos de Andrés Henestrosa. Éste es el retrato cinematográfico de una de las más famosas curanderas de México dirigido por Nicolas Echevarria. En 1980 se publicó un trabajo editado por Hilda O'Farrill de Compeán para la revista VOGUE. El autor de este trabajo fue Waldemar Verdugo Fuentes quien realizó una serie de entrevistas sobre varios personajes como María Luisa Bombal, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y María Sabina, personas que tenían algo en común, humildad. A tal recopilación se le llamó "Magos de América" y las fotografías fueron aportación de Nadine Markova.

De igual manera ha sido inspiración para la música, pues una banda de rock mexicana le rinde tributo al nombrarse Santa Sabina. El Tri de Lora le dedicó una canción donde la proclama como "un símbolo de la sabiduría y el amor". Luzmila Carpio, cantante de música folklórica boliviana le dedico la canción "Homenaje a María Sabina". Por su parte, el escritor español Camilo José Cela le dedicó un oratorio y Gabriel Zaid la incluye en la primera edición de su Ómnibus de poesía mexicana. Álvaro Estrada escribió un libro biográfico titulado "Vida de María Sabina, la sabia de los hongos" que fue publicado en 1977 y hasta la fecha lleva catorce ediciones.



Como su nombre se mencionaba en variedad de proyectos, su fama crecía aceleradamente aunque no en el modo en que hubiera querido, pues independientemente de los aportes que hizo para la medicina psiquiátrica; sus ceremonias eran algo sagrado, único. En cambio para la gente que la visitaba sólo significaba curiosidad y hasta en determinado momento moda, aun así, nunca se opuso a que la conocieran y siempre se mostró como una mujer sencilla, humilde y poseedora de una gran energía que inmediatamente era percibida por quienes se encontraban a su alrededor.

Fue una mujer fuerte que supo sacar adelante a su familia con el producto de su trabajo. Ella no necesitaba y ni le interesaba obtener provecho de su conocimiento, aún siendo una curandera de gran prestigio vivió con lo necesario. Enferma de cirrosis y bronconeumonía entre otros males, queda postrada en una cama de donde ya no se vuelve a levantar. Falleció un 23 de noviembre de 1985. 


Fuentes:
http://www.elkiosko.com.mx/ultimos_dias_de_maria_sabina.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Sabina
 http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Gordon_Wasson
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