Margarita de Valois
Su vida inspiró la novela de Alejandro Dumas " La reina Margot" y se han rodado películas sobre ella. Su belleza fascinó a sus contemporáneos. Su inteligencia cautivó a Nostradamus y Montesquieu. Su libertinaje escandalizó a una corte habituada a los peores excesos. Fue testigo de conspiraciones, asesinatos y ejecuciones que no perdonaron a reyes ni aristócratas. Fue muy aficionada a las letras y dejó una colección de poesías y unas memorias sumamente interesantes. Víctima ejemplar de la ley sálica que la excluyó de la sucesión al trono francés, la última de los Valois ha dejado una huella indeleble en la Historia de Francia.
En la primavera de 1553 nacía la séptima hija de Enrique II y de Catalina de Médicis. Le pusieron el nombre de su tía abuela Margarita de Navarra, hermana de Francisco I. Sus hermanos la bautizaron con el de Margot y más tarde con el de la “ gorda Margot”, herencia de la voluminosa Catalina. Tenía solamente seis años cuando murió su padre a causa de un terrible accidente en un torneo y creció a la sombra de su madre. Tras la muerte de su padre vio reinar sucesivamente en Francia a tres de sus hermanos: Francisco II, Carlos IX y Enrique III.
Enrique II de Francia
Catalina de Médicis
LA RELACIÓN DE MARGOT Y CATALINA DE MÉDICIS
De cabellos oscuros y bello rostro, alta para su edad, fue una niña dulce y estudiosa. Disfrutó siempre de una salud excelente y tuvo además una mente curiosa e inquisitiva. Le gustaba aprender y recibió una buena educación, que incluyó el aprendizaje de la lengua latina. Adoraba cabalgar y, desde niña, se destacó en las complicadas danzas que eran parte importante del ritual de la corte. No obstante, Margot siguió siendo la menos favorecida por su madre.
Catalina casi no le dirigía la palabra. Al parecer, le molestaba su evidente buena salud, su rostro agraciado y su vivacidad, y sólo le hablaba para darle órdenes o reprenderla. La joven princesa sentía al mismo tiempo admiración y temor hacia su madre. “ No sólo no me atrevía a hablar”, escribirá Margot en sus Memorias, ”sino que bastaba una mirada suya para hacerme temblar temiendo haber hecho algo que le desagradara”, mientras que la menor señal de aprobación por parte de ella era suficiente para hacerla feliz.
Francisco II, casado con María Estuardo, sucedió a su padre en el trono a la edad de quince años. Tras año y medio de reinado, falleció sin descendencia. Su viuda regresó a Escocia y en el trono francés se sentó su hermano Carlos IX, de diez años.
Catalina de Médicis rodeada de sus cuatro últimos hijos: Carlos IX, la princesa Margarita "Margot", el príncipe Enrique, duque de Anjou -y futuro rey Enrique III-, y el benjamín que nunca reinó, Francisco-Hércules, duque de Alençon.
EL DUQUE DE ALENÇON
Desde temprana edad, Margot protegió y cuidó a su hermano menor, el duque de Alençon, actitud que sólo sirvió para molestar aun más a su madre. El pequeño de los Valois era un niño agraciado y simpático, pero a la edad de ocho años un severo brote de viruela lo dejó horriblemente desfigurado. Y como si eso fuera poco, sus piernas y brazos se torcieron, su piel tomó un tinte oscuro y aceitunado, y durante la etapa del crecimiento llegó a ser apenas algo más alto que los enanos de la corte. Daba la impresión de ser mentalmente retrasado: tenía casi siempre la boca abierta, pero en sus ojos lucía una mirada aviesa.
Después de su enfermedad, aquel niño sano y alegre se amargó bajo el peso de sus desgracias y de un nombre que sólo servía para hacerle parecer más ridículo, Hércules, aunque después pasó a llamarse Francisco. Así, llegó a la edad adulta convertido en un intrigante astuto y habría de causarle infinidad de problemas a su madre.
Isabel de Valois
Claudia de Valois
MATRIMONIOS PARA LAS PRINCESAS DE FRANCIA
Para Catalina de Médicis el deber de sus hijas era ante todo servir a los intereses de la casa de Valois en el tablero de ajedrez de la política internacional. La hermana mayor, Isabel, había sido dada en matrimonio a Felipe II de España y Claudia al duque Carlos III de Lorena y, en el momento oportuno, a Margot le aguardaba un destino análogo.
La reina madre tratará de casar a su hija menor con el heredero de la Corona española, el príncipe don Carlos, pero no lo consiguió. Entabló asimismo serias negociaciones para desposarla con el rey Sebastián I de Portugal, pero tampoco llegaron a materializarse. Tras el fallecimiento de Isabel de Valois, y dejando a un lado su dolor por la pérdida de esta hija, se apresuró a ofrecer a su yerno Felipe la mano de Margot, que, dada la negativa del monarca, acabó convertida en reina de Navarra, y más tarde de Francia, al contraer matrimonio con Enrique de Borbón.
En lugar de marchar a otro país como mensajera de paz, como sus hermanas, Margarita de Valois sería utilizada como señuelo en una emboscada criminal. Después de la Noche de San Bartolomé, nunca perdonaría a su madre que la hubiera sacrificado en el altar de la razón de Estado.
Alejandro Eduardo, futuro Enrique III.
EDUCACIÓN RELIGIOSA
Catalina se comportó con notable tolerancia en la cuestión del acceso de sus hijos a la literatura protestante y hasta se decía que su hijo Alejandro Eduardo, duque de Anjou y futuro Enrique III, había dejado de ir a misa, cantaba salmos protestantes ante su hermana Margot y le arrancaba de las manos el devocionario. Se rumoreaba que el joven Anjou ya daba muestras de ser un hugonote. Según las maledicencias, se llamaba a sí mismo “ un petit Huguenot ”. Se mofaba de las estatuas de santos –tenía nueve años de edad- y en cierta ocasión le arrancó la nariz de un mordisco a una estatua de san Pablo. Incluso pretendía convertir a la pequeña Margot a la nueva fe hugonote y arrojar al fuego su libro de horas.
Un día, mientras Catalina recibía en audiencia al nuncio papal, el rey Carlos IX y su primo Enrique de Navarra, seguidos por un grupo de amigos vestidos como cardenales, obispos y abades, irrumpieron en la sala montados en un asno. La reina madre estalló en ruidosas carcajadas y disculpó el comportamiento de los niños diciendo que todo había sido una simple travesura infantil. El horrorizado nuncio informó minuciosamente a Roma.
Margot comentó que, después de la coronación de su hermano Carlos, la corte estaba “ plagada de herejes”. Además, afirma en sus memorias que, finalmente, su madre reaccionó y trató de proteger a sus hijos instándolos a mantener su fe católica, que les prohibió leer literatura protestante y los hizo instruir una vez más “ en la verdadera, antigua y santa religión, de la que ella jamás se había apartado”.
Carlos IX
EL GRAN VIAJE
A principios de 1564 llega a Amboise, donde residía la princesa, una gran noticia: Margot, que a la sazón tiene once años, es convocada en París para participar con su hermano Anjou en el famoso viaje que prepara Catalina de Médicis. La reina, en efecto, desea mostrarle a Carlos IX su reino. Será el más asombroso desplazamiento real de todos los tiempos. Un recorrido por Francia que duraría dos años, tres meses y una semana. El quinto hijo varón, el duque de Alençon, permanecerá en Amboise.
La caravana real estaba compuesta por varios miles de cortesanos y sus sirvientes. Entre los funcionarios más importantes, figuraban todos los integrantes del Consejo del Rey, a fin de que los asuntos de gobierno pudieran ser atendidos durante el viaje. También se trasladaron todos los embajadores extranjeros. La familia real viajaba con sus asistentes habituales, caballeros y damas, tutores, sacerdotes, cinco médicos, cinco oficiales de cocina, cinco camareros de vinos, cocineros, músicos, mozos de cordel, batidores de caza y nueve enanos, considerados indispensables, quienes, desde luego, tenían sus propios coches en miniatura.
El número de caballos y mulas necesarios para transportar a las personas y su equipaje era descomunal. Los animales llevaban de todo, desde el mobiliario y los utensilios de cocina hasta los trajes y disfraces para todos los festivales, fiestas, bailes de máscaras y joyeuses entrées a ciudades que se habían planificado. También cargaban con arcos de triunfo portátiles ( que podían ser instalados fácilmente en caso necesario) y con hermosas embarcaciones de recreo para cuando el magnífico espectáculo de la familia real viajera debiera montarse sobre el agua. Siempre que era posible hacerlo, la familia real prefería viajar en barco. Su seguridad estaba garantizada por cuatro compañías de gens d’armes, una compañía de caballería ligera y una unidad de la guardia francesa. En el transcurso de esta vuelta a Francia, Margot y su hermano Anjou verán de nuevo a su tía Margarita, convertida en duquesa de Saboya, y a su hermana Isabel, reina de España.
Fuentes:
FRIEDA, LEONIE.
Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA.
Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ.
La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Valois