La duquesa Lucrezia Borgia, copia de Bartolomeo Veneto.
ADRIANA DE MILA
Adriana de Mila, hija de don Pedro, primo hermano del cardenal Borgia, y sobrina nieta del papa Calixto III, se había casado hacia 1472 con Ludovico Orsini, señor de Bassanello. Esa boda la emparentó con una de las familias más antiguas de Roma, abriéndole las puertas de los numerosos palacios Orsini, entre los que se contaba el de Monte Giordano, cerca del puente de Sant’Angelo. Después de quedar viuda, al cargo de un hijo jovencillo llamado Orso, continuaba gozando ante sus contemporáneos de una excelente reputación. El cardenal Borgia encontró en Adriana, una mujer cerebral y ambiciosa, a una allegada fiel, la confidente de sus debilidades, sus proyectos y sus intrigas.
En el palacio Orsini se acostumbraba a hablar en latín más que en italiano. Lucrecia no se preocupaba por las intrigas ni por la política; ignoraba que se convertiría en una de las cartas más importantes en el juego de su padre, aunque, de hecho, gracias a Adriana, recibió una formación esmerada: aprendió lenguas antiguas, español, francés, música, canto, dibujo y, desde luego, bordado. En cuanto a la instrucción religiosa, la recibió en San Sixto, en la vía Apia, uno de los pocos conventos cuyo buen nombre se mantenía intacto.
Lucrecia estaba dotada de una mente curiosa, sabía contestar a un cumplido en latín, recitar églogas de Petrarca, cantar acompañándose con su laúd y ejecutar los pasos de baile más difíciles. Su tía le dedicaba una solicitud más atenta que afectuosa. Pero, como hija de un cardenal muy poderoso, toda Roma le daba muestras de consideración y la trataba como a una princesa legítima. Su belleza aumentaba día a día y si bien compartía con su padre un carácter alegre, no se le parecía en nada: tan rubia como él moreno, tan grácil como él corpulento, sus ojos semejaban dos lagos verdiazulados sobre los que ninguna tormenta se había desatado todavía, mientras que los de él eran dos soles negros.
En el palacio Orsini se acostumbraba a hablar en latín más que en italiano. Lucrecia no se preocupaba por las intrigas ni por la política; ignoraba que se convertiría en una de las cartas más importantes en el juego de su padre, aunque, de hecho, gracias a Adriana, recibió una formación esmerada: aprendió lenguas antiguas, español, francés, música, canto, dibujo y, desde luego, bordado. En cuanto a la instrucción religiosa, la recibió en San Sixto, en la vía Apia, uno de los pocos conventos cuyo buen nombre se mantenía intacto.
Lucrecia estaba dotada de una mente curiosa, sabía contestar a un cumplido en latín, recitar églogas de Petrarca, cantar acompañándose con su laúd y ejecutar los pasos de baile más difíciles. Su tía le dedicaba una solicitud más atenta que afectuosa. Pero, como hija de un cardenal muy poderoso, toda Roma le daba muestras de consideración y la trataba como a una princesa legítima. Su belleza aumentaba día a día y si bien compartía con su padre un carácter alegre, no se le parecía en nada: tan rubia como él moreno, tan grácil como él corpulento, sus ojos semejaban dos lagos verdiazulados sobre los que ninguna tormenta se había desatado todavía, mientras que los de él eran dos soles negros.
SANZIO, RAFAEL. Ritratto di dama con liocorno. Posible retrato de Giulia Farnese.
GIULIA FARNESE
En 1488, Adriana concertó el matrimonio de su hijo con Giulia Farnese, cuya madre era una de sus primas, emparentada con los Orsini. Orso, que desde luego no había sido consultado, aguardó impacientemente con Lucrecia a la joven que le destinaban como esposa. Aunque sólo contaba catorce años, Giulia había alcanzado prácticamente su estatura de adulta. Aunque de rostro todavía infantil, el brillo de su mirada, su boca y su cabellera rezumaban una intensa sensualidad. A su llegada al palacio Orsini tuvo que someterse a la traductio, entrada oficial de la novia en la morada del futuro esposo, ceremonia fastuosa durante la cual se autorizaba a la novia a besar a su prometido. Los romanos la bautizaron con el sobrenombre de “ la bella “.
Lucrecia descubrió en ella a una hermana del alma, como Magdalena de Médicis, pero con la ventaja de que Giulia vivía bajo el mismo techo que ella. Así pues, la partida de César a la universidad de Perusa, que podría haberla entristecido, la dejó casi indiferente, como la muerte de su medio hermano Pedro Luis, duque de Gandía. La ausencia de César incluso representó un alivio para ella. Él tenía ahora catorce años y, aunque ascendía en la jerarquía eclesiástica, se sentía cada vez menos apto para seguir ese camino. A pesar de los honores y los beneficios, la amargura lo embargaba y, para colmo de males, su hermano Juan fue designado para suceder al primer duque de Gandía.

A fines del invierno de 1489, la diplomacia del Vaticano propició un acontecimiento sumamente extraordinario. El 13 de marzo por la tarde, Giulia,Orso, Lucrecia, Adriana y Vannozza asistieron a la llegada de Cem Sultán, hijo de una princesa serbia y del célebre conquistador de Constantinopla, Mehmet II. Condenado al infierno por el bajo clero, valiosa prenda para el alto, ogro en los cuentos de las nodrizas, compañero exótico para las mujeres de la corte, hacía semanas que todos lo aguardaban. Una abigarrada multitud acompañó a la insólita procesión hasta el castillo de Sant’Angelo, donde se impuso el ceremonial y se formó nuevamente el cortejo para acceder por estrechas callejuelas al Vaticano, donde los notables laicos y religiosos aguardaban la reunión del jefe de la cristiandad con el infiel.
Desde lo alto de la loggia del Vaticano, flanqueada por su tía Adriana y por Giulia, la joven Borgia vio acercarse el curioso cortejo encabezado por Domenico Doria, seguido por los señores franceses, los escuderos del Papa, los senadores de Roma, el maestro de ceremonias Burchard y luego el príncipe cautivo, a quien los romanos llamarían Zizim y que ese día iba escoltado a su derecha por Francesco Cibo, el hijo del Papa, y a su izquierda por Guy de Blanchefort. Ante las puertas de San Pedro, el embajador del sultán de Egipto, acompañado por unos diez jinetes, se acercó a saludar al príncipe con demostraciones de sumisión que superaban ampliamente a las que se brindaban habitualmente al soberano pontífice. A continuación, Cem se dirigió a los aposentos que el protocolo le había destinado en el Vaticano antes de ser presentado al día siguiente al Papa.
El 14 de marzo, los cardenales del Sacro Colegio y los miembros de sus familias asistieron a la ceremonia de presentación, muy impresionados por la elevada estatura y el hermoso rostro del príncipe turco. Lucrecia había oído hablar a menudo de Cem, de su dorado cautiverio y de su glotonería. Mantegna, que estaba trabajando en los frescos de la nueva capilla del Belvedere, le contó: “ Come cinco veces al día, bebe mucho y duerme entre las comidas “. Por otra parte, esa gula somnolienta no habría de durar, pues desde ese año se convirtió en el hombre de moda en Roma, buscado por todos, en especial por los hijos del cardenal Borgia.
Lucrecia descubrió en ella a una hermana del alma, como Magdalena de Médicis, pero con la ventaja de que Giulia vivía bajo el mismo techo que ella. Así pues, la partida de César a la universidad de Perusa, que podría haberla entristecido, la dejó casi indiferente, como la muerte de su medio hermano Pedro Luis, duque de Gandía. La ausencia de César incluso representó un alivio para ella. Él tenía ahora catorce años y, aunque ascendía en la jerarquía eclesiástica, se sentía cada vez menos apto para seguir ese camino. A pesar de los honores y los beneficios, la amargura lo embargaba y, para colmo de males, su hermano Juan fue designado para suceder al primer duque de Gandía.

LA LLEGADA DEL PRÍNCIPE CAUTIVO
A fines del invierno de 1489, la diplomacia del Vaticano propició un acontecimiento sumamente extraordinario. El 13 de marzo por la tarde, Giulia,Orso, Lucrecia, Adriana y Vannozza asistieron a la llegada de Cem Sultán, hijo de una princesa serbia y del célebre conquistador de Constantinopla, Mehmet II. Condenado al infierno por el bajo clero, valiosa prenda para el alto, ogro en los cuentos de las nodrizas, compañero exótico para las mujeres de la corte, hacía semanas que todos lo aguardaban. Una abigarrada multitud acompañó a la insólita procesión hasta el castillo de Sant’Angelo, donde se impuso el ceremonial y se formó nuevamente el cortejo para acceder por estrechas callejuelas al Vaticano, donde los notables laicos y religiosos aguardaban la reunión del jefe de la cristiandad con el infiel.
Desde lo alto de la loggia del Vaticano, flanqueada por su tía Adriana y por Giulia, la joven Borgia vio acercarse el curioso cortejo encabezado por Domenico Doria, seguido por los señores franceses, los escuderos del Papa, los senadores de Roma, el maestro de ceremonias Burchard y luego el príncipe cautivo, a quien los romanos llamarían Zizim y que ese día iba escoltado a su derecha por Francesco Cibo, el hijo del Papa, y a su izquierda por Guy de Blanchefort. Ante las puertas de San Pedro, el embajador del sultán de Egipto, acompañado por unos diez jinetes, se acercó a saludar al príncipe con demostraciones de sumisión que superaban ampliamente a las que se brindaban habitualmente al soberano pontífice. A continuación, Cem se dirigió a los aposentos que el protocolo le había destinado en el Vaticano antes de ser presentado al día siguiente al Papa.
El 14 de marzo, los cardenales del Sacro Colegio y los miembros de sus familias asistieron a la ceremonia de presentación, muy impresionados por la elevada estatura y el hermoso rostro del príncipe turco. Lucrecia había oído hablar a menudo de Cem, de su dorado cautiverio y de su glotonería. Mantegna, que estaba trabajando en los frescos de la nueva capilla del Belvedere, le contó: “ Come cinco veces al día, bebe mucho y duerme entre las comidas “. Por otra parte, esa gula somnolienta no habría de durar, pues desde ese año se convirtió en el hombre de moda en Roma, buscado por todos, en especial por los hijos del cardenal Borgia.
LONGHI, LUCA. La dame (Giulia Farnese) à la Licorne. Castel Sant'Angelo, Rome.
LA BODA DE GIULIA Y ORSO
Los esponsales de Giulia Farnese y Orso Orsini se celebraron con un fasto prodigioso en el palacio del vicecanciller. El cardenal Borgia, rodeado de sus hijos ( con excepción de César que proseguía sus estudios), tendió la mano a Orso, y los cinco aguardaron en la puerta del palacio la llegada del cortejo. Correspondía al jefe de la familia Borgia recibir a Adriana y a Giulia, la novia. Ésta, con su vestido inmaculado, salpicado de piedras preciosas, descendió de su yegua y se arrodilló para besar el anillo episcopal. Rodrigo, después de pedirle que se irguiese, le dio la mano de Orso y guió a los invitados a una estancia llamada la Cámara de las Estrellas, cuyo techo representaba un cielo nocturno, en donde tuvo lugar la bendición nupcial. Luego, los tres hijos del cardenal Borgia condujeron a los comensales a los salones de recepción, donde se habían dispuesto las mesas del festín.
Como corresponde, la comida fue interminable, aunque afortunadamente estuvo amenizada por algunas distracciones: Lucrecia recitó un poema, prestidigitadores, mimos y juglares circulaban entre las mesas sobre las que desfilaban fuentes de cerdo dorado, pavo asado y pichones escarchados, y el decimoquinto y último plato se acompañó con un divertimento más rebuscado, denominado “ el caballero y la gata “. El curioso espectáculo consistía en encerrar en una jaula a un hombre desnudo hasta la cintura y a una gata. El hombre debía irritar y excitar al animal, luego matarlo sin servirse ni de las manos ni de los dientes. Cuanto más maltrecho salía el caballero, más grande era naturalmente el placer de los asistentes. La irrupción de los enanos clausuró el festín, como dictaba la costumbre. La mesa, desembarazada de objetos delicados de cristal, sus porcelana y oros, pasaba a ser el más suntuoso de los escenarios para sus bromas. Disfrazados de condotieros, cortesanos y eclesiásticos, se burlaban alegremente de la concurrencia, como espejo deformante que no escandalizaba a nadie, dada la sutileza y la gracia de sus bromas.
Que el cardenal Borgia ofreciese su hospitalidad a su prima para la boda de su hijo no tenía nada de sorprendente. Su espíritu de familia era inequívoco. Se entregaba al ingenuo placer de exhibir a sus hijos, sus sobrinos y sus riquezas, y, sobre todo, poseía un carácter festivo que su hija heredaría y cultivaría más tarde en Ferrara.
Fuentes:
CHASTENET, GENEVIÈVE. Lucrecia Borgia, ángel o demonio. Ediciones B, S.A. 2004
http://it.wikipedia.org/wiki/Lucrezia_Borgia
http://www.premiumorange.com/tapisseries-licornes/VERSION%20LONGUE/35-%20faune.htm
Como corresponde, la comida fue interminable, aunque afortunadamente estuvo amenizada por algunas distracciones: Lucrecia recitó un poema, prestidigitadores, mimos y juglares circulaban entre las mesas sobre las que desfilaban fuentes de cerdo dorado, pavo asado y pichones escarchados, y el decimoquinto y último plato se acompañó con un divertimento más rebuscado, denominado “ el caballero y la gata “. El curioso espectáculo consistía en encerrar en una jaula a un hombre desnudo hasta la cintura y a una gata. El hombre debía irritar y excitar al animal, luego matarlo sin servirse ni de las manos ni de los dientes. Cuanto más maltrecho salía el caballero, más grande era naturalmente el placer de los asistentes. La irrupción de los enanos clausuró el festín, como dictaba la costumbre. La mesa, desembarazada de objetos delicados de cristal, sus porcelana y oros, pasaba a ser el más suntuoso de los escenarios para sus bromas. Disfrazados de condotieros, cortesanos y eclesiásticos, se burlaban alegremente de la concurrencia, como espejo deformante que no escandalizaba a nadie, dada la sutileza y la gracia de sus bromas.
Que el cardenal Borgia ofreciese su hospitalidad a su prima para la boda de su hijo no tenía nada de sorprendente. Su espíritu de familia era inequívoco. Se entregaba al ingenuo placer de exhibir a sus hijos, sus sobrinos y sus riquezas, y, sobre todo, poseía un carácter festivo que su hija heredaría y cultivaría más tarde en Ferrara.
Fuentes:
CHASTENET, GENEVIÈVE. Lucrecia Borgia, ángel o demonio. Ediciones B, S.A. 2004
http://it.wikipedia.org/wiki/Lucrezia_Borgia
http://www.premiumorange.com/tapisseries-licornes/VERSION%20LONGUE/35-%20faune.htm
































