jueves, 5 de julio de 2012

MARÍA CRISTINA DE AUSTRIA, Reina de España ( II )


LA BODA

El 1 de septiembre, el rey reúne en el palacio de La Granja a su Consejo de Ministros para anunciarles su próximo matrimonio y designar al embajador extraordinario que, en su nombre, irá a Viena a pedir la mano de la archiduquesa al emperador de Austria. Finalmente es el duque de Bailén quien viajará a Schönbrunn, donde es recibido el día 21. A Francisco José le duele perder a la abadesa del noble convento de Praga, pero se alegra de ver a su prima tan feliz. Para testimoniarle su afecto y como regalo de boda le ofrece una dote “real”. Alfonso XII le ha enviado a la novia, a través de su intermediario, un encantador brazalete de oro incrustado de rubíes y diamantes en el que están grabadas las fechas del compromiso. Emocionada por tan maravilloso regalo, María Cristina siente que se le hiela el corazón al enterarse de que Alfonso considera esta unión un “matrimonio de Estado”.

Días más tarde, en presencia de Sus Majestades Imperiales y de Bailén, la archiduquesa firma el acta de renuncia a los derechos de sucesión a la corona austriaca. Durante el transcurso de este acto tiene que hacer un gran esfuerzo para contener las lágrimas, ya que sabe que de ese modo abandonará voluntariamente su país, al que tanto ama, y allí dejará a su familia, el mayor apoyo que ha tenido hasta ahora. Y todo para seguir a un hombre al que apenas conoce y a un pueblo que le parece muy temperamental. Por momentos, cree que nunca logrará gustar a los españoles.

 
María Cristina deja Viena el 17 de noviembre con rumbo a Madrid. En el camino se detiene en Stuttgart, como huésped de los reyes Carlos I y Olga de Wurttenberg, y luego en París, donde conocerá a su futura suegra. El encuentro entre ambas mujeres resulta cordial. María Cristina queda sorprendida por la rotundidad física de Isabel II, por sus modales sin afectación y por su risa fácil, que contrastan con los vestidos recargados y las pesadas joyas que usa. La reina madre, siempre activa, organiza banquetes y recepciones en honor de su nuera. Pide a la duquesa de Sesto que ayude a la futura reina a elegir un nuevo guardarropa. De origen ruso y extremadamente exquisita, la duquesa llama a modistas, joyeros y peluqueros que invaden el palacio Basilewsky.

María Cristina parece un poco perdida en medio de esa alegre confusión. Nunca en su vida ha visto tanto exceso de sedas, brocatos y puntillas. Todos los días le llegan regalos: joyas, cuadros, flores, libros de colección …Ella, que fue educada con austeridad por unos padres nada ricos, se asusta un poco ante tanto lujo repentino. El buen corazón de la reina madre la conmueve pero su inestabilidad la despista. Y presiente que su relación con ella no será fácil. Por su parte, Isabel II envía un mensaje entusiasta a la madre de María Cristina sobre su próximo matrimonio, entre otras cosas le dice: “ Esa princesa ha de ser nuncio de paz y augurio de venturas, influyendo en los destinos de esos pueblos. (…) La boda que va a hacer el rey, mi amado hijo, es completamente a mi gusto y la archiduquesa es encantadora por todos los estilos”.

 
El 23 de noviembre, María Cristina deja París en el tren que la llevará hasta su destino final y, el 24 por la mañana, el rey, la corte y el Gobierno la reciben solemnemente en Madrid y la acompañan hasta el palacio de El Pardo. Allí, el presidente del Senado felicita en una breve alocución a la novia y le da la bienvenida. María Cristina, ante la sorpresa general, le responde en perfecto español, si bien marcado por el inevitable acento alemán, diciéndole que su mayor felicidad será que los españoles la amen como ella ya ama a España.

En el baile que antecede a la boda, el 28 de noviembre de 1879, se reúnen las respectivas familias de los esposos. Para la ocasión, María Cristina luce un vestido blanco con una cintura de terciopelo malva, cuya larga cola está completamente bordada en plata. En el salón de El Pardo que en la época de Fernando VI se utilizaba como comedor, se procede a la lectura de las capitulaciones matrimoniales. Las festividades con motivo de su matrimonio son vividas por la archiduquesa como una especie de sueño. Por más que se sienta apoyada y mimada, el velo detrás del que observa todas las ceremonias no le permite ser muy consciente de la realidad que en breve tendrá que afrontar.



El 29 de noviembre, en una mañana soleada y fría,  la comitiva real pone rumbo a la basílica de Atocha en medio del sonar de los tambores y del saludo de la muchedumbre. La novia viste un bellísimo traje blanco y mantilla de encaje, bordados con las flores de lis de los Borbones y el águila imperial de los Austrias. Ejercen de padrinos los archiduques Rainiero y María de Austria. Más de un invitado se acordará de una boda casi idéntica que había tenido lugar poco más de un año atrás, pero con dos diferencias significativas: la presencia de la reina madre Isabel II en esta fría mañana de noviembre y la melancolía que puede leerse en la cara del novio. Más de una vez la mente del rey parece evadirse para revivir una misa similar con otra novia, tan joven y tan romántica, la recordada reina Mercedes. María Cristina se da cuenta de la tristeza de Alfonso y le pide fervorosamente a Dios que le conceda las virtudes necesarias para ganar su corazón.

Para el banquete se inaugura en el palacio real un nuevo comedor de gala, uniendo diversos aposentos y salones, con el fin de evitar que celebración alguna vuelva a tener lugar en el Salón de Columnas, dado que sirvió de capilla ardiente a la reina Mercedes y trae al rey dolorosos recuerdos. Durante varios días, la corte asiste a recepciones, funciones teatrales, conciertos y corridas de toros, seguidos de fiestas en embajadas y palacetes de la alta aristocracia, en honor de los soberanos. A principios de diciembre, concluidos los festejos, abandonan Madrid la reina Isabel II y la familia de María Cristina, que siente especialmente la marcha de su madre, a la cual siempre ha estado extraordinariamente unida. Comienza así una nueva vida en España, a la cual le será difícil amoldarse: todo resulta diferente y contrario a sus costumbres.

Fuentes:
HABSBURGO, CATALINA DE. Las Austrias. Matrimonio y razón de Estado en la monarquía española. La Esfera de los Libros, S.L. 2006
RUBIO, MARÍA JOSÉ. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
Imágenes pertenecientes a la película " ¿Dónde vas triste de ti?"