domingo, 10 de junio de 2012

PETRONILA DE ARAGÓN


En el nacimiento de Petronila de Aragón se dio la singular circunstancia de que fue especialmente engendrada para reinar en Aragón, fuera varón o fuera mujer, pues su padre, el rey Ramiro II, monje profeso, solamente aceptó abandonar el monasterio y renunciar temporalmente a sus votos monásticos para asumir la corona y engendrar un heredero. Así pues, Petronila fue la única, entre las soberanas aragonesas, que ciñó la corona por derecho propio y no por matrimonio. Su matrimonio con Ramón Berenguer IV significó la unión del reino de Aragón con el condado de Barcelona. Ya viuda, en 1164, la reina Petronila renunció a los derechos a la corona en favor de su hijo primogénito.

A la muerte de Alfonso I el Batallador quedó el reino en la mayor confusión, ya que no existía heredero que pudiera sucederle. En su testamento había dejado su reino a las órdenes Militares. Pero esto no gustó a los nobles aragoneses, así que le pidieron al infante don Ramiro, obispo de Roda-Barbastro y hermano del rey fallecido, que fuera su nuevo rey. A fuerza de insistirle largamente lograron convencerle y llevarle a Jaca donde, tras de ser dispensado por el Papa de sus votos monásticos, fue coronado como Ramiro II, aunque por ser monje tonsurado el pueblo le apodó Ramiro el Monje, que es como le conoce la historia. Pero este rey, obligado a aceptar una corona sin tener ánimo guerrero ni gobernante, decidió acortar su reinado y retirarse en cuanto hubiera un heredero que garantizase la continuidad del linaje de los reyes de Aragón. 


 Enlace de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona


Ramiro II contrajo matrimonio con Inés de Poitiers, que a la sazón se encontraba viuda y era madre de tres hijos, lo que garantizaba su fecundidad. Su padre, Guillermo el Trovador, era duque de Aquitania y conde de Poitiers. La esposa del rey era sobrina de Inés de Aquitania, que había sido la consorte de Pedro I de Aragón. A los nueve meses, el 29 de junio de 1136, la reina dio a luz en Huesca a una niña, a la que pusieron por nombre Petronila. El rey no volvió, al parecer, a buscar nueva descendencia. A los pocos meses la pequeña infanta fue separada de su madre, que debió de volver a Thouars, a la vera de sus hijos, y no tardando mucho ingresó en la abadía de Fontevrault. De Inés de Poitiers hay noticia en Fontevrault hasta el año 1149. Quizá fuera enterrada en ese lugar.

No sabemos quién ocupó el lugar de la madre, en qué faldas escondía la pequeña sus penas infantiles. No nos quedan noticias de ella sobre aspectos personales. De sus actos se desprende, sin embargo, que no tenía los afanes de protagonismo que caracterizaron a su prima Leonor de Aquitania y que representó con toda discreción el papel de reina que le deparó el destino. Lo que la historia nos cuenta de ella es que, casi al mismo tiempo de haber sido separada de su madre, su padre decidió dejar los negocios del reino, por lo que se apresuró a buscar un futuro yerno. En agosto de 1137, la pequeña infanta fue desposada en la ciudad de Barbastro con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.


En las capitulaciones matrimoniales se había estipulado que el rey Ramiro renunciaba al gobierno conservando de la realeza sólo los honores externos, por lo que su hija Petronila sería desde entonces la reina propietaria de Aragón, a la que los aragoneses habían jurado guardar fidelidad y obedecer. Mientras el esposo, que no tomaría el título de rey, respetaría todos los fueros, usos y costumbres de Aragón. El primogénito varón del matrimonio heredaría el reino de Aragón, según los fueros del mismo, así como el condado de Barcelona, y en el caso de morir la reina Petronila antes de tener descendencia, su esposo seguiría gobernando Aragón pero sujeto a la suprema autoridad del rey Ramiro II, si bien éste se retiró de toda vida pública y se refugió en el convento de San Pedro (Huesca), lugar en que vivió durante casi veinte años sin abandonar para nada el claustro.

La joven reina y esposa apenas contaba dos años cuando fue abandonada por su padre. Su esposo le llevaba más de veinte años de diferencia, por lo que rechazó encargarse del cuidado de la niña, en tanto ésta no llegara a la edad núbil, que es cuando podría consumar el matrimonio. En el tiempo que debía transcurrir hasta entonces, Petronila quedaría bajo la custodia de su cuñada Berenguela Berenguer, esposa del rey castellano Alfonso VII. La reina niña fue enviada a Castilla y allí pasó los primeros años de su vida, creciendo y desarrollándose junto a los hijos de los reyes. Sin embargo, esta custodia amenazaba con robarle la novia y la herencia adyacente al conde de Barcelona. Secretas intrigas fueron maquinadas en la corte castellana para prometer la joven reina de Aragón al infante Sancho, heredero de Castilla.

 Petronila y Ramón Berenguer IV


Ante esta traición cometida por su hermana y su cuñado, el conde de Barcelona quiso vengarse, para lo que entró en negociaciones con el rey de Navarra a fin de obtener la mano de su hija doña Blanca, que a su vez era la prometida desdeñada por el infante Sancho, con la idea de declarar conjuntamente la guerra a Castilla. Los aragoneses, informados de esta maraña de intrigas respecto al destino de su joven reina, se reunieron en Cortes y se acordó que, so pretexto de que el clima de Castilla no le sentaba bien a su soberana, debía ésta regresar inmediatamente a Zaragoza. A esta petición se unió el propio rey Ramiro II, amenazando con abandonar su retiro en defensa de su hija y de su reino. Se envió una nutrida delegación que, tras ruegos y amenazas, consiguió el regreso de la joven Petronila.

En el verano de 1150, cuando la reina cumplió catorce años, se celebró su matrimonio con el conde de Barcelona en la ciudad de Lérida. Un grupo de juglares precedió al cortejo nupcial, formado por los más encumbrados nobles aragoneses que acompañaron a su reina a la catedral de Lérida, en donde se celebró la misa nupcial, y seguidamente se entregó la esposa al conde Ramón Berenguer, consumándose así felizmente el matrimonio.

El esposo demostraría en todo momento ser un digno caballero respetando escrupulosamente las libertades de Aragón y no pretendiendo nunca que los aragoneses le tomaran por su rey, pues se conformó con tomar el título de príncipe de Aragón. Afortunadamente, este matrimonio de conveniencia resultaría ser un matrimonio de amor, pues la joven reina se enamoró de su maduro marido, atraída por su experiencia y dotes personales, mientras que éste quedaría gratamente impresionado por la juventud y belleza de su joven esposa, surgiendo entre ambos un gran afecto que duraría hasta el fallecimiento del conde.


 Posesiones territoriales de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV. La Casa Condal de Barcelona poseía los condados de Osona, Cerdaña, Besalú y Gerona.


Sobre el número de hijos que tuvo la reina parece que hay discrepancias. No del de los varones, que fueron tres: Alfonso, Pedro y Sancho. Aunque parece que tuvo alguno más y que murió de chiquitito. Al año de consumarse el matrimonio la reina quedó embarazada. Hay un testamento de Petronila, fechado en 1152, en el cual se dice que lo dictaba, mientras estaba dando a luz cerca de Barcelona, entre dolor y dolor. Este pequeño infante murió siendo niño. Pero sobre las hijas si hay dudas. Se menciona a Dulce y a Isabel. Hay quien no cree en la existencia de la segunda, pero otros dicen que había casado con el conde de Urgel, a quien Ramón Berenguer había entregado en feudo la ciudad de Lérida. Y de Dulce se dice que casó con Sancho I de Portugal, el Poblador, y que fue madre del rey Sancho el Gordo.

En el verano de 1162, cuando se dirigía a Turín para entrevistarse con el emperador Federico Barbarroja, el conde de Barcelona enfermó y murió. Llevaron su cuerpo al monasterio de Ripoll y allí fue enterrado. De los cinco hijos de la joven viuda, el mayor contaba apenas diez años, y la reina Petronila tuvo que arrastrar sola sus deberes de madre y de reina de Aragón, además de condesa de Barcelona. En octubre del mismo año mandó la reina reunir Cortes Generales en Huesca, donde leyeron las últimas voluntades del difunto: el heredero sería el hijo mayor, Alfonso; a su hijo Pedro le dejó el condado de Cerdaña y el señorío de Carcasona; al menor, Sancho, sólo lo nombra como sucesor en caso de que muriesen sus hermanos. A la reina le cedió Besalú y Ribas. Y de las hijas no hay ni mención.


 Alfonso II el Casto, rey de Aragón y conde de Barcelona


Designó como tutor del infante Alfonso a Enrique II de Inglaterra, quien, por su matrimonio con Leonor de Aquitania, era primo político de la reina Petronila. Ya se sabe cuán estrechas fueron las relaciones de la Casa de Aragón con la de aquel poderoso ducado; y Ramón Berenguer, al casarse con Petronila, entró en relación con los aquitanos. Se dice que una de sus hijas fue prometida a un hijo de los reyes de Inglaterra, Ricardo Corazón de León. Pero el matrimonio no se llevó a cabo.

Durante los dos años en que hubo de gobernar, Petronila de Aragón suplió con su buen juicio la falta de experiencia política. Hizo gala de buen sentido, tanto, que siendo como era una joven sin experiencia de mando, ya que tal función la había desempeñado su difunto esposo, supo hacer frente con éxito a las exigencias de la levantisca nobleza aragonesa. Nos cuentan las crónicas una curiosa conspiración a la que la reina tuvo que dominar. En aquellos días apareció por tierras aragonesas un anciano caballero “encubierto” que pretendía ser el propio rey Alfonso el Batallador, fallecido veintiocho años antes, tras la desastrosa batalla de Fraga.

Afirmaba que, avergonzado de su derrota frente a los almorávides por considerarla un castigo divino, impuesto por no haber podido cumplir con los votos que había hecho de peregrinar a Tierra Santa, había fingido estar muerto. Tras esa derrota partió hacia Palestina, y había pasado los veintiocho años de su desaparición combatiendo contra el Islam en defensa de los Santos Lugares. Ahora, ya purificado como caballero y como cristiano, regresaba para reclamar su reino, evitando así a los aragoneses la vergüenza de ser regidos por una mujer. Pese a lo burdo de la patraña hubo quien se alzó en armas y, siguiéndole, asolaron las tierras aragonesas, hasta que el grupo fue vencido por las tropas que contra ellos mandó la reina Petronila. Al impostor lo llevaron a Zaragoza,  en donde terminó sus días ajusticiado en 1163.


File:Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, abdica en su hijo Alfonso-18 de julio de 1164.jpg
 Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, abdica en su hijo Alfonso. 18 de julio de 1164.

 
Quizá este fue el motivo que hizo pensar a Petronila de Aragón en la conveniencia de ir preparando el camino de su hijo primogénito para que pudiera ser coronado como rey, y para que pudiera empezar a reinar sin problemas, decidió concertar paces con el rey Sancho VI de Navarra, con quien hacía tiempo estaban en guerra. Una vez lograda la paz, acordó el matrimonio de su hijo Alfonso con la infanta Sancha, hija del rey Alfonso VII de Castilla. Tras ello decidió que había llegado el momento de abandonar el poder y pasárselo a su hijo, para lo que reunió Cortes en Huesca, a las que asistieron los prelados y ricoshombres aragoneses y barceloneses. Ante dicha asamblea, en junio de 1164, presentó su abdicación de la corona y solicitó que los presentes reconocieran como rey a su hijo primogénito, que pasó a llamarse Alfonso II y la historia lo conocería como el Casto.

Tras dicha renuncia, Petronila se retiró de la vida pública a fin de no obstaculizar con su presencia el reinado de su hijo. Se dice que alternó sus estancias entre Besalú y Barcelona. Tras renunciar a su corona y a segundas nupcias, vivió santamente el resto de sus años. Murió en Barcelona el 15 de octubre de 1173 y fue enterrada en la Catedral de esta misma ciudad. Esta cesión de la corona a favor de su hijo se compara por los historiadores con la cesión que la reina Berenguela de Castilla realizaría años más tarde a favor de su hijo Fernando III el Santo. Ambas reinas tuvieron la gran talla moral y sentido histórico de ceder el reino a sus jóvenes hijos en momentos en que tan necesaria era la presencia de un joven rey. 


Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Petronila_de_Arag%C3%B3n
VICENTA MARQUEZ DE LA PLATA Y LUIS VALERO DE BERNABÉ. Reinas Medievales Españolas.Alderabán Ediciones, S.L.  2000
GARCÍA CASTÁN, CONCHA. Las Reinas de Aragón. Publicación nº 80-48 de la Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón

8 comentarios:

Negrevernis dijo...

Una llamativa historia desde su origen... La comento algunos años a mis alumnos de 2º de ESO y les suele llamar la atención.

Un saludo.

Pepa dijo...

Me ha encantado la historia de Petronila, una mujer con la cabeza bien amueblada, que supo hacer historia en positivo. Estas figuras son las que hoy en día deberían estudiar los políticos para ser modelos del buen hacer.

Gracias Magnolia por el Liebster Blog ya he hecho mi tarea y espero que los míos sigan la cadena. Me gustaría leyeras lo que hoy he publicado. Va dedicado a ti.

Gracias por todo y buena semana. Pepa

Magnolia dijo...

¡¡ Muchas gracias Pepa !!!, ya me he pasado por tu blog para agradecerte las palabras que me has dedicado, muy bonitas. A mi también me gusta esta reina, la encuentro una mujer sensata y discreta, que supo renunciar a la corona que le pertenecía en el momento que creyó oportuno y necesario. Su importancia en la historia radica en que la unión de Petronila y Ramón Berenguer sentó las bases de una de las coronas más poderosas de la peninsula ibérica.

Muchos abrazos

Magnolia dijo...

Muchas gracias Negrevernis por pasarte. Si, la historia de Petronila no deja de ser en el fondo algo solitaria. Su madre la trae al mundo y desaparece, su padre parece amar más la vida religiosa que a su hija, por lo que se deduce de sus actos. La casan con un hombre veinte años mayor que no se hace cargo de ella hasta que no fuese núbil, aunque si creo que en esos años se ocupó de gobernar el reino aragonés. Es llevada a Castilla para ser educada por la reina Berenguela, su cuñada, pero se vió en el centro de las intrigas castellanas para casarla con su heredero. Me pregunto si esta niña no conoció una verdadera familia hasta que pudo tener la suya propia, parece que al menos con el conde, su esposo, hubo armonía y buen entendimiento.

genetticca dijo...

Esta si la conocía, leí un libro sobre ella.
Yo tengo algo de esa casta,nací en la francha, entre la terra alta y calaceite.

Un abrazo amiga.

(SOY UNA TORPE,NO HE SABIDO HACER LO DEL PREMIO)

lady grey dijo...

La historia muchas veces da buenos ejemplos de lo capaces que son las mujeres en cuanto al manejo de los reinos, aunque no deja de parecerme curiosa la historia de esta reina nacida para gobernar en un tiempo donde se prefería a los herederos varones.
Me alegra pasarme por aquí, es un placer volver a leer tu blog.
Besos y abrazos...

Magnolia dijo...

Hola Genetticca. Pues rozas esta tierra :-) bien cerquita has nacido. Petronila es una figura que siempre me ha intrigado por ser relevante y a la vez una gran desconocida.

Muchos abrazos guapa

Magnolia dijo...

Gracias por darte un paseito por aqui, querida lady Grey. Efectivamente, es curioso que pudiera reinar una mujer en el siglo XII, ya que en el reino de Aragón se impedía reinar a las mujeres según su ley sucesoria, aunque creo que esta ley se aprobó más tarde, si no recuerdo mal.

Muchos abrazos guapa que tengas una feliz semana

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