En el nacimiento de Petronila de
Aragón se dio la singular circunstancia de que fue especialmente engendrada
para reinar en Aragón, fuera varón o fuera mujer, pues su padre, el rey Ramiro
II, monje profeso, solamente aceptó abandonar el monasterio y renunciar
temporalmente a sus votos monásticos para asumir la corona y engendrar un
heredero. Así pues, Petronila fue la única, entre las soberanas aragonesas, que
ciñó la corona por derecho propio y no por matrimonio. Su matrimonio con Ramón
Berenguer IV significó la unión del reino de Aragón con el condado de
Barcelona. Ya viuda, en 1164, la reina Petronila renunció a los derechos a la corona en favor de su hijo primogénito.
A la muerte de Alfonso I el
Batallador quedó el reino en la mayor confusión, ya que no existía heredero que
pudiera sucederle. En su testamento había dejado su reino a las órdenes
Militares. Pero esto no gustó a los nobles aragoneses, así que le pidieron al
infante don Ramiro, obispo de Roda-Barbastro y hermano del rey fallecido, que
fuera su nuevo rey. A fuerza de insistirle largamente lograron convencerle y
llevarle a Jaca donde, tras de ser dispensado por el Papa de sus votos
monásticos, fue coronado como Ramiro II, aunque por ser monje tonsurado el
pueblo le apodó Ramiro el Monje, que es como le conoce la historia. Pero este
rey, obligado a aceptar una corona sin tener ánimo guerrero ni gobernante,
decidió acortar su reinado y retirarse en cuanto hubiera un heredero que
garantizase la continuidad del linaje de los reyes de Aragón.
Enlace de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona
Ramiro II contrajo matrimonio con Inés de Poitiers, que a la sazón se encontraba
viuda y era madre de tres hijos, lo que garantizaba su fecundidad. Su padre, Guillermo el Trovador, era duque de Aquitania y conde de Poitiers. La esposa del rey era sobrina de Inés de Aquitania, que había sido la consorte de Pedro I de Aragón. A los nueve
meses, el 29 de junio de 1136, la reina dio a luz en Huesca a una niña, a la
que pusieron por nombre Petronila. El rey no volvió, al parecer, a buscar nueva
descendencia. A los pocos meses la pequeña infanta fue separada de su madre,
que debió de volver a Thouars, a la vera de sus hijos, y no tardando mucho
ingresó en la abadía de Fontevrault. De Inés de Poitiers hay noticia en
Fontevrault hasta el año 1149. Quizá fuera enterrada en ese lugar.
No sabemos quién ocupó el lugar
de la madre, en qué faldas escondía la pequeña sus penas infantiles. No nos
quedan noticias de ella sobre aspectos personales. De sus actos se desprende, sin
embargo, que no tenía los afanes de protagonismo que caracterizaron a su prima
Leonor de Aquitania y que representó con toda discreción el papel de reina que
le deparó el destino. Lo que la historia nos cuenta de ella es que, casi al
mismo tiempo de haber sido separada de su madre, su padre decidió dejar los
negocios del reino, por lo que se apresuró a buscar un futuro yerno. En agosto
de 1137, la pequeña infanta fue desposada en la ciudad de Barbastro con Ramón
Berenguer IV, conde de Barcelona.
En las capitulaciones
matrimoniales se había estipulado que el rey Ramiro renunciaba al gobierno
conservando de la realeza sólo los honores externos, por lo que su hija
Petronila sería desde entonces la reina propietaria de Aragón, a la que los
aragoneses habían jurado guardar fidelidad y obedecer. Mientras el esposo, que
no tomaría el título de rey, respetaría todos los fueros, usos y costumbres de
Aragón. El primogénito varón del matrimonio heredaría el reino de Aragón, según
los fueros del mismo, así como el condado de Barcelona, y en el caso de morir la
reina Petronila antes de tener descendencia, su esposo seguiría gobernando
Aragón pero sujeto a la suprema autoridad del rey Ramiro II, si bien éste se
retiró de toda vida pública y se refugió en el convento de San Pedro (Huesca),
lugar en que vivió durante casi veinte años sin abandonar para nada el
claustro.
La joven reina y esposa apenas
contaba dos años cuando fue abandonada por su padre. Su esposo le llevaba más
de veinte años de diferencia, por lo que rechazó encargarse del cuidado de la
niña, en tanto ésta no llegara a la edad núbil, que es cuando podría consumar
el matrimonio. En el tiempo que debía transcurrir hasta entonces, Petronila
quedaría bajo la custodia de su cuñada Berenguela Berenguer, esposa del rey
castellano Alfonso VII. La reina niña fue enviada a Castilla y allí pasó los primeros años de su vida,
creciendo y desarrollándose junto a los hijos de los reyes. Sin
embargo, esta custodia amenazaba con robarle la novia y la herencia adyacente
al conde de Barcelona. Secretas intrigas fueron maquinadas en la corte
castellana para prometer la joven reina de Aragón al infante Sancho, heredero
de Castilla.
Petronila y Ramón Berenguer IV
Ante esta traición cometida por su hermana y su cuñado, el conde de Barcelona quiso vengarse, para lo que entró en negociaciones con el rey de Navarra a fin de obtener la mano de su hija doña Blanca, que a su vez era la prometida desdeñada por el infante Sancho, con la idea de declarar conjuntamente la guerra a Castilla. Los aragoneses, informados de esta maraña de intrigas respecto al destino de su joven reina, se reunieron en Cortes y se acordó que, so pretexto de que el clima de Castilla no le sentaba bien a su soberana, debía ésta regresar inmediatamente a Zaragoza. A esta petición se unió el propio rey Ramiro II, amenazando con abandonar su retiro en defensa de su hija y de su reino. Se envió una nutrida delegación que, tras ruegos y amenazas, consiguió el regreso de la joven Petronila.
En el verano de 1150, cuando la
reina cumplió catorce años, se celebró su matrimonio con el conde de Barcelona
en la ciudad de Lérida. Un grupo de juglares precedió al cortejo nupcial,
formado por los más encumbrados nobles aragoneses que acompañaron a su reina a
la catedral de Lérida, en donde se celebró la misa nupcial, y seguidamente se
entregó la esposa al conde Ramón Berenguer, consumándose así felizmente el
matrimonio.
El esposo demostraría en todo
momento ser un digno caballero respetando escrupulosamente las libertades de
Aragón y no pretendiendo nunca que los aragoneses le tomaran por su rey, pues
se conformó con tomar el título de príncipe de Aragón. Afortunadamente, este
matrimonio de conveniencia resultaría ser un matrimonio de amor, pues la joven
reina se enamoró de su maduro marido, atraída por su experiencia y dotes
personales, mientras que éste quedaría gratamente impresionado por la juventud
y belleza de su joven esposa, surgiendo entre ambos un gran afecto que duraría
hasta el fallecimiento del conde.
Posesiones territoriales de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV. La Casa Condal de Barcelona poseía los condados de Osona, Cerdaña, Besalú y Gerona.
Sobre el número de hijos que tuvo
la reina parece que hay discrepancias. No del de los varones, que fueron tres:
Alfonso, Pedro y Sancho. Aunque parece que tuvo alguno más y que murió de
chiquitito. Al año de consumarse el matrimonio la reina quedó embarazada. Hay
un testamento de Petronila, fechado en 1152, en el cual se dice que lo dictaba,
mientras estaba dando a luz cerca de Barcelona, entre dolor y dolor. Este pequeño
infante murió siendo niño. Pero sobre las hijas si hay dudas. Se menciona a
Dulce y a Isabel. Hay quien no cree en la existencia de la segunda, pero otros
dicen que había casado con el conde de Urgel, a quien Ramón Berenguer había
entregado en feudo la ciudad de Lérida. Y de Dulce se dice que casó con Sancho
I de Portugal, el Poblador, y que fue madre del rey Sancho el Gordo.
En el verano de 1162, cuando se
dirigía a Turín para entrevistarse con el emperador Federico Barbarroja, el
conde de Barcelona enfermó y murió. Llevaron su cuerpo al monasterio de Ripoll
y allí fue enterrado. De los cinco hijos de la joven viuda, el mayor contaba
apenas diez años, y la reina Petronila tuvo que arrastrar sola sus deberes de
madre y de reina de Aragón, además de condesa de Barcelona. En
octubre del mismo año mandó la reina reunir Cortes Generales en Huesca, donde
leyeron las últimas voluntades del difunto: el heredero sería el hijo mayor,
Alfonso; a su hijo Pedro le dejó el condado de Cerdaña y el señorío de
Carcasona; al menor, Sancho, sólo lo nombra como sucesor en caso de que
muriesen sus hermanos. A la reina le cedió Besalú y Ribas. Y de las hijas no
hay ni mención.
Alfonso II el Casto, rey de Aragón y conde de Barcelona
Designó como tutor del infante Alfonso a Enrique II de Inglaterra, quien, por su matrimonio con Leonor de Aquitania, era primo político de la reina Petronila. Ya se sabe cuán estrechas fueron las relaciones de la Casa de Aragón con la de aquel poderoso ducado; y Ramón Berenguer, al casarse con Petronila, entró en relación con los aquitanos. Se dice que una de sus hijas fue prometida a un hijo de los reyes de Inglaterra, Ricardo Corazón de León. Pero el matrimonio no se llevó a cabo.
Durante los dos años en que hubo
de gobernar, Petronila de Aragón suplió con su buen juicio la falta de
experiencia política. Hizo gala de buen sentido, tanto, que siendo como era una
joven sin experiencia de mando, ya que tal función la había desempeñado su
difunto esposo, supo hacer frente con éxito a las exigencias de la levantisca
nobleza aragonesa. Nos cuentan las crónicas una curiosa conspiración a la que
la reina tuvo que dominar. En aquellos días apareció por tierras aragonesas un
anciano caballero “encubierto” que pretendía ser el propio rey Alfonso el
Batallador, fallecido veintiocho años antes, tras la desastrosa batalla de
Fraga.
Afirmaba que, avergonzado de su
derrota frente a los almorávides por considerarla un castigo divino, impuesto
por no haber podido cumplir con los votos que había hecho de peregrinar a
Tierra Santa, había fingido estar muerto. Tras esa derrota partió hacia
Palestina, y había pasado los veintiocho años de su desaparición combatiendo
contra el Islam en defensa de los Santos Lugares. Ahora, ya purificado como
caballero y como cristiano, regresaba para reclamar su reino, evitando así a
los aragoneses la vergüenza de ser regidos por una mujer. Pese a lo burdo de la
patraña hubo quien se alzó en armas y, siguiéndole, asolaron las tierras
aragonesas, hasta que el grupo fue vencido por las tropas que contra ellos mandó
la reina Petronila. Al impostor lo llevaron a Zaragoza, en donde terminó sus días ajusticiado en 1163.
Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, abdica en su hijo Alfonso. 18 de julio de 1164.
Quizá este fue el motivo que
hizo pensar a Petronila de Aragón en la conveniencia de ir preparando el camino
de su hijo primogénito para que pudiera ser coronado como rey, y para que
pudiera empezar a reinar sin problemas, decidió concertar paces con el rey
Sancho VI de Navarra, con quien hacía tiempo estaban en guerra. Una vez lograda
la paz, acordó el matrimonio de su hijo Alfonso con la infanta Sancha, hija del
rey Alfonso VII de Castilla. Tras ello
decidió que había llegado el momento de abandonar el poder y pasárselo a su
hijo, para lo que reunió Cortes en Huesca, a las que asistieron los prelados y
ricoshombres aragoneses y barceloneses. Ante dicha asamblea, en junio de 1164,
presentó su abdicación de la corona y solicitó que los presentes reconocieran
como rey a su hijo primogénito, que pasó a llamarse Alfonso II y la historia lo
conocería como el Casto.
Tras dicha renuncia, Petronila se
retiró de la vida pública a fin de no obstaculizar con su presencia el reinado
de su hijo. Se dice que alternó sus estancias entre Besalú y Barcelona. Tras
renunciar a su corona y a segundas nupcias, vivió santamente el resto de sus
años. Murió en Barcelona el 15 de octubre de 1173 y fue enterrada en la Catedral de esta misma ciudad. Esta cesión de la corona a
favor de su hijo se compara por los historiadores con la cesión que la reina
Berenguela de Castilla realizaría años más tarde a favor de su hijo Fernando
III el Santo. Ambas reinas tuvieron la gran talla moral y sentido histórico de
ceder el reino a sus jóvenes hijos en momentos en que tan necesaria era la
presencia de un joven rey.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Petronila_de_Arag%C3%B3n
VICENTA MARQUEZ DE LA PLATA Y LUIS VALERO DE BERNABÉ. Reinas Medievales Españolas.Alderabán Ediciones, S.L. 2000
GARCÍA CASTÁN, CONCHA. Las Reinas de Aragón. Publicación nº 80-48 de la Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón







8 comentarios:
Una llamativa historia desde su origen... La comento algunos años a mis alumnos de 2º de ESO y les suele llamar la atención.
Un saludo.
Me ha encantado la historia de Petronila, una mujer con la cabeza bien amueblada, que supo hacer historia en positivo. Estas figuras son las que hoy en día deberían estudiar los políticos para ser modelos del buen hacer.
Gracias Magnolia por el Liebster Blog ya he hecho mi tarea y espero que los míos sigan la cadena. Me gustaría leyeras lo que hoy he publicado. Va dedicado a ti.
Gracias por todo y buena semana. Pepa
¡¡ Muchas gracias Pepa !!!, ya me he pasado por tu blog para agradecerte las palabras que me has dedicado, muy bonitas. A mi también me gusta esta reina, la encuentro una mujer sensata y discreta, que supo renunciar a la corona que le pertenecía en el momento que creyó oportuno y necesario. Su importancia en la historia radica en que la unión de Petronila y Ramón Berenguer sentó las bases de una de las coronas más poderosas de la peninsula ibérica.
Muchos abrazos
Muchas gracias Negrevernis por pasarte. Si, la historia de Petronila no deja de ser en el fondo algo solitaria. Su madre la trae al mundo y desaparece, su padre parece amar más la vida religiosa que a su hija, por lo que se deduce de sus actos. La casan con un hombre veinte años mayor que no se hace cargo de ella hasta que no fuese núbil, aunque si creo que en esos años se ocupó de gobernar el reino aragonés. Es llevada a Castilla para ser educada por la reina Berenguela, su cuñada, pero se vió en el centro de las intrigas castellanas para casarla con su heredero. Me pregunto si esta niña no conoció una verdadera familia hasta que pudo tener la suya propia, parece que al menos con el conde, su esposo, hubo armonía y buen entendimiento.
Esta si la conocía, leí un libro sobre ella.
Yo tengo algo de esa casta,nací en la francha, entre la terra alta y calaceite.
Un abrazo amiga.
(SOY UNA TORPE,NO HE SABIDO HACER LO DEL PREMIO)
La historia muchas veces da buenos ejemplos de lo capaces que son las mujeres en cuanto al manejo de los reinos, aunque no deja de parecerme curiosa la historia de esta reina nacida para gobernar en un tiempo donde se prefería a los herederos varones.
Me alegra pasarme por aquí, es un placer volver a leer tu blog.
Besos y abrazos...
Hola Genetticca. Pues rozas esta tierra :-) bien cerquita has nacido. Petronila es una figura que siempre me ha intrigado por ser relevante y a la vez una gran desconocida.
Muchos abrazos guapa
Gracias por darte un paseito por aqui, querida lady Grey. Efectivamente, es curioso que pudiera reinar una mujer en el siglo XII, ya que en el reino de Aragón se impedía reinar a las mujeres según su ley sucesoria, aunque creo que esta ley se aprobó más tarde, si no recuerdo mal.
Muchos abrazos guapa que tengas una feliz semana
Publicar un comentario en la entrada