Pocos habrían de imaginar que la archiduquesa María Cristina de Austria (1), nacida el 21 de julio de 1858 en
Gross-Seelowitz, en pleno corazón de Moravia, llegaría a ser regente de un país
tan lleno de contrastes como España durante casi veinte años. Hija de los
archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca de Austria, había visto la luz en un
palacio frente a la cordillera de los Cárpatos, donde la vida era muy apacible.
De este matrimonio nacieron también tres vástagos varones: Federico, Carlos Esteban
y Eugenio.
SU EDUCACIÓN
La futura reina de España creció en un ambiente culto y
según quienes la conocieron, la joven demostró desde sus primeros años su gran
amor al estudio, al punto que sus padres la sometieron a las mismas severas
disciplinas que aprendían sus hermanos, dedicados a la carrera militar. No
cumplidos los doce años conocía, además de los idiomas vernáculos del imperio,
el italiano, el francés y el inglés. Su formación intelectual
se completará con el estudio de la filosofía y las ciencias económicas.
Su estricta formación, impregnada del rigor del protocolo austriaco, influenciará todos los momentos de su vida y su formación en la fe católica determinará en ella unas convicciones firmes y profundas. Le gustaba el campo, la caza y la equitación. Dibujaba y pintaba con gusto. Pero la verdadera pasión de María Cristina, llamada familiarmente Crista, será siempre la música. Su perseverancia, pasaba horas enteras ante el piano, hará de ella una buena pianista y una melómana fuera de lo común. Su padre sentía una gran pasión por la ópera que supo transmitir a sus hijos, aunque su personalidad tranquila y modesta aparece desdibujada frente al más imponente carácter de su esposa, cuya influencia sobre los hijos fue mucho más notable.
La archiduquesa era una niña madura, pero alegre y activa, con un gran sentido del humor. Aunque era vivaracha e inteligente, también es posible que padeciese mala salud. Según un rumor todos los hijos de los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca padecieron de convulsiones en la infancia. El abuelo paterno de Crista había sido epiléptico. El hecho de ser la única niña entre varones, le confiere un cierto espíritu solitario. Era reservada y tímida en la expresión de sus sentimientos.
Según vaya cumpliendo años, su mayor complejo radicará en su escaso atractivo físico, en especial si se la compara con su madre, considerada en su juventud como una de las damas más bellas, elegantes y cultas de la familia imperial y que fue una de las candidatas a esposa del emperador Francisco José. La archiduquesa María Cristina había heredado los rasgos paternos: tenía el labio inferior algo caído, típico de los Habsburgo, y sufría de miopía. Pero era esbelta y poseía unas manos delicadas. En conjunto resultaba agradable y especialmente llamativa por su empaque principesco.
Los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca conformaron un matrimonio armonioso y procuraron una infancia feliz a sus hijos. En las fechas más tradicionales se trasladaban con su prole a Viena, integrándose durante breves jornadas a la vida cortesana del emperador, y en una de estas ocasiones los pequeños archiduques tuvieron oportunidad de conocer, y compartir con él sus juegos, a un muchacho que poco más o menos era de su edad, se llamaba Alfonso de Borbón, y estaba educándose en el Theresianum, centro al que se fueron incorporando sucesivamente los tres hermanos de Crista. Nadie podía pensar entonces que el príncipe español y la archiduquesa austríaca llegarían un día a unirse en matrimonio.
A los dieciséis años Crista pierde a su padre, que fallece tras una corta enfermedad. La muchacha quedó al cuidado de su madre mientras sus hermanos pasaron a una tutoría dirigida por su tío el archiduque Alberto de Austria, cabeza de familia y padre adoptivo, que se convirtió en el gran apoyo y soporte económico de la todavía joven viuda. La familia continuó residiendo en Gross-Seelowitz, aunque gozando de la generosidad y de las muchas prebendas que fluían de las manos del riquísimo tío, al que toda la familia se mantuvo siempre tan unida. Durante los dos años siguientes, la joven Crista completa su formación y acompaña a su madre en continuos viajes por las cortes centroeuropeas, sin que surja, a pesar de tener ya edad para establecer compromisos matrimoniales, ningún pretendiente en firme.
Su estricta formación, impregnada del rigor del protocolo austriaco, influenciará todos los momentos de su vida y su formación en la fe católica determinará en ella unas convicciones firmes y profundas. Le gustaba el campo, la caza y la equitación. Dibujaba y pintaba con gusto. Pero la verdadera pasión de María Cristina, llamada familiarmente Crista, será siempre la música. Su perseverancia, pasaba horas enteras ante el piano, hará de ella una buena pianista y una melómana fuera de lo común. Su padre sentía una gran pasión por la ópera que supo transmitir a sus hijos, aunque su personalidad tranquila y modesta aparece desdibujada frente al más imponente carácter de su esposa, cuya influencia sobre los hijos fue mucho más notable.
Los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca
ASPECTO FÍSICO Y PERSONALIDAD
La archiduquesa era una niña madura, pero alegre y activa, con un gran sentido del humor. Aunque era vivaracha e inteligente, también es posible que padeciese mala salud. Según un rumor todos los hijos de los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca padecieron de convulsiones en la infancia. El abuelo paterno de Crista había sido epiléptico. El hecho de ser la única niña entre varones, le confiere un cierto espíritu solitario. Era reservada y tímida en la expresión de sus sentimientos.
Según vaya cumpliendo años, su mayor complejo radicará en su escaso atractivo físico, en especial si se la compara con su madre, considerada en su juventud como una de las damas más bellas, elegantes y cultas de la familia imperial y que fue una de las candidatas a esposa del emperador Francisco José. La archiduquesa María Cristina había heredado los rasgos paternos: tenía el labio inferior algo caído, típico de los Habsburgo, y sufría de miopía. Pero era esbelta y poseía unas manos delicadas. En conjunto resultaba agradable y especialmente llamativa por su empaque principesco.
VIDA FAMILIAR
Los archiduques Carlos Fernando e Isabel Francisca conformaron un matrimonio armonioso y procuraron una infancia feliz a sus hijos. En las fechas más tradicionales se trasladaban con su prole a Viena, integrándose durante breves jornadas a la vida cortesana del emperador, y en una de estas ocasiones los pequeños archiduques tuvieron oportunidad de conocer, y compartir con él sus juegos, a un muchacho que poco más o menos era de su edad, se llamaba Alfonso de Borbón, y estaba educándose en el Theresianum, centro al que se fueron incorporando sucesivamente los tres hermanos de Crista. Nadie podía pensar entonces que el príncipe español y la archiduquesa austríaca llegarían un día a unirse en matrimonio.
FALLECE SU PADRE
A los dieciséis años Crista pierde a su padre, que fallece tras una corta enfermedad. La muchacha quedó al cuidado de su madre mientras sus hermanos pasaron a una tutoría dirigida por su tío el archiduque Alberto de Austria, cabeza de familia y padre adoptivo, que se convirtió en el gran apoyo y soporte económico de la todavía joven viuda. La familia continuó residiendo en Gross-Seelowitz, aunque gozando de la generosidad y de las muchas prebendas que fluían de las manos del riquísimo tío, al que toda la familia se mantuvo siempre tan unida. Durante los dos años siguientes, la joven Crista completa su formación y acompaña a su madre en continuos viajes por las cortes centroeuropeas, sin que surja, a pesar de tener ya edad para establecer compromisos matrimoniales, ningún pretendiente en firme.
EN LA CORTE VIENESA
En 1876, acompañada por su madre, María Cristina pasa un largo período en Viena, gustando de la comodidad de los suntuosos palacios y de la dulce quietud de la capital. Su visita se produce en concomitancia con su baile de presentación en la corte, ocasión para la que ha elegido un largo vestido blanco con un discreto escote en el que su progenitora coloca en el último momento un ramillete de violetas. María Cristina se ha convertido en una mujer elegante y de gran distinción que celebra sus dieciocho años. Esa noche, el esplendor de los salones del palacio de Schönbrunn, en el más puro estilo barroco, compiten con el brillo incomparable de las joyas de las damas y de las condecoraciones de los caballeros. La luz de miles de velas resplandecen, sobre todo, en las estrellas de diamante que adornan la estupenda cabellera de la emperatriz.
Desde su trono, Isabel de Austria, que entrará en la leyenda
con el nombre de Sissi, protege con la mirada los primeros pasos de la joven
Crista, que baila un vals en brazos de su primo el emperador Francisco José I. La
emperatriz se siente muy unida a esta joven prima que de niña solía acompañarla
a Hungría, a su castillo de Gödölö, donde Sissi amaba pasar largos períodos
para alejarse del agobiante protocolo de la corte. Fue ella quien le enseñó
equitación a María Cristina, deporte en el que la emperatriz era maestra.
Algunos meses después del baile, el emperador investirá a su
joven prima con la dignidad de abadesa del capítulo de Nobles Damas Canonesas
de Praga, institución creada por la emperatriz María Teresa en 1755. Tenía por
finalidad acoger a las jóvenes pertenecientes a la nobleza que no tuvieran
medios económicos. La dirección siempre estaba a cargo de una archiduquesa. María
Cristina, encargada por su primo de controlar ese ambiente a menudo
indisciplinado, logrará imponer, gracias a su gran sentido de la organización y
del orden, unas reglas sobre aquellas jóvenes, que en poco tiempo harán de ella
una consumada directora.
CANDIDATA A REINA
En la primavera de 1879, mientras se ocupa de la tarea que
el emperador le ha confiado, María Cristina oye rumores sobre su probable
candidatura a reina de España como segunda esposa de Alfonso XII, viudo de la adorable reina María de las Mercedes de Orleáns. La figura de la archiduquesa austríaca se perfila con insistencia como la mejor reina consorte posible. El monarca español, que no tiene ilusión por volver a casarse, no pone, sin embargo, impedimentos a la formalización de ese nuevo compromiso. Cuando el emperador Francisco José, puesto al corriente
de las intenciones del rey de España por medio de su embajador, le confía la
noticia a su esposa, Sissi se limita a murmurar: “ Pobre Crista ”. La emperatriz
conoce mejor que nadie las trampas del poder y los sacrificios que había que
rendirle.
El gobierno de Cánovas encomienda al embajador español en Viena que investigue de forma confidencial las cualidades de esta princesa, pidiendo el rey que se le envíen a él personalmente los informes sobre su posible prometida. Durante los primeros meses de 1879, el embajador la observa en los bailes vieneses y recaba pareceres de numerosas personas sobre su carácter y la educación que ha recibido. Las informaciones diplomáticas transmiten una excelente opinión sobre la archiduquesa. El embajador la describe como una mujer alegre, distinguida e inteligente, con gran aplomo para su juventud y físicamente agradable aunque sin ser bella. Sobre todo, destaca su nobleza de estirpe. Llegan a manos de Alfonso las primeras fotografías de la candidata y el rey la encuentra aceptable.
En Viena, el embajador español expone a la archiduquesa Isabel Francisca y a María Cristina las serias intenciones del rey de España. Madre e hija se muestran complacidas y se establece un primer acuerdo no oficial. Como condición previa, la joven archiduquesa exige conocer a Alfonso XII en persona, para estar segura de que al menos le agrada y no sentirse un mero objeto de las razones de Estado. El rey alaba la idea y encarga al embajador español la organización del encuentro, que conllevará ciertas dificultades.
El gobierno, por su parte, se opone a que el monarca se ausente de España para realizar el viaje a Austria. La archiduquesa Isabel Francisca, por la suya, se niega a que su hija se traslade a Madrid, ya que, si el noviazgo no prospera, el honor de Crista quedaría en entredicho. Finalmente se decide un encuentro de incógnito y en lugar neutral, lejos de las fronteras de ambos países. Para ello se designa la localidad francesa de Arcachon. Allí se trasladará María Cristina bajo el título de condesa de Seelowitz y Alfonso bajo el de marqués de Covadonga.
El gobierno, por su parte, se opone a que el monarca se ausente de España para realizar el viaje a Austria. La archiduquesa Isabel Francisca, por la suya, se niega a que su hija se traslade a Madrid, ya que, si el noviazgo no prospera, el honor de Crista quedaría en entredicho. Finalmente se decide un encuentro de incógnito y en lugar neutral, lejos de las fronteras de ambos países. Para ello se designa la localidad francesa de Arcachon. Allí se trasladará María Cristina bajo el título de condesa de Seelowitz y Alfonso bajo el de marqués de Covadonga.
Villa Bellegarde, Arcachon, Francia
Dicho encuentro tiene lugar en villa Bellegarde en el verano de 1879. María Cristina está acompañada por su madre y el rey por su secretario Morphy, el marqués de Alcañices, el conde de Serrallo, el marqués de Torrelavega y el duque de Tetuán, fieles amigos y consejeros. Cuando Alfonso XII atraviesa el portal de la villa una cálida tarde de agosto, sus ojos escrutan de inmediato a la joven que le hace una profunda reverencia. Su figura esbelta no corresponde con sus cánones de la belleza femenina, que son los de su época, pero no se puede negar que la archiduquesa tiene el porte de una reina. Es verdad que sus angulosos rasgos parecen esculpidos en mármol, pero sus modales son exquisitos y su personalidad desprende una gran energía.
Los ojos de María Cristina, en cambio, se iluminan cuando se posan sobre Alfonso, un hombre de talla pequeña y más bien delgado de constitución, pero cuya expresividad y carácter alegre y campechano lo hacen inmediatamente simpático. Cuando la mirada de Alfonso se dirige hacia la foto de su difunta esposa María de las Mercedes, que se encuentra sobre el piano, María Cristina, viendo su emoción, le dice: " Señor, mi mayor deseo es hacerme semejante a ella, pero no me atrevo a asegurar que pueda nunca reemplazarla". El rey nunca llegará a amar a María Cristina con la misma pasión que sintió por Mercedes, pero en ese momento la archiduquesa se ganó la admiración y el afecto de Alfonso XII.
Cuando la entrevista termina, la joven archiduquesa se abraza ilusionada a su madre diciéndole: " ¡Mamá, qué guapo es! ". El rey, por su parte, escucha en silencio cómo el marqués de Alcañices, sin el menor entusiasmo, va ponderando la extraordinaria belleza de María Cristina, hasta que su regio compañero le toma del brazo y le ataja diciéndole: " No te esfuerces en querer quedar bien, Pepe, a mi tampoco me ha parecido muy guapa ...; pero te habrás dado cuenta de que la que está "bomba" es mi suegra ... ". Durante ocho días, los novios, seguidos de cerca por la archiduquesa Isabel Francisca, pasean por los jardines y las playas de Arcachon, pareciendo a simple vista muy contentos. El acuerdo queda sellado.
Fuentes:
HABSBURGO, CATALINA DE. Las Austrias. Matrimonio y razón de Estado en la monarquía española. La Esfera de los Libros, S.L. 2006
ALVAREZ,MARÍA TERESA. Ellas mismas, Mujeres que han hecho historia contra viento y marea. La Esfera de los libros S.L. 2003
RUBIO, MARÍA JOSÉ. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
GONZALEZ-DORIA, FERNANDO. Las Reinas de España. Editorial Bitacora, S.A. 1989
MATEOS SAINZ DE MEDRANO, RICARDO. La reina María Cristina: Madre de Alfonso XIII y regente de España. La Esfera de los Libros S.L 2007
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Cristina_de_Habsburgo-Lorena
RUBIO, MARÍA JOSÉ. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
GONZALEZ-DORIA, FERNANDO. Las Reinas de España. Editorial Bitacora, S.A. 1989
MATEOS SAINZ DE MEDRANO, RICARDO. La reina María Cristina: Madre de Alfonso XIII y regente de España. La Esfera de los Libros S.L 2007
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Cristina_de_Habsburgo-Lorena
( 1 ) El 28 de noviembre de 1901 María Cristina
mandó rectificar su partida matrimonial. Así el apellido Habsburgo-Lorena fue
sustituido por el de Austria. En el registro figura así la rectificación: «Se
subsana el error de la partida de matrimonio de Doña María Cristina con
Don Alfonso XII; el apellido Austria debió figurar allí antes que el de
Habsburgo y Lorraine».







5 comentarios:
Que guapo el Alfonso y ella también. No creas, no envidio nada la esclavitud de esas mujeres,que siendo reinas no poseen la libertad de decidir sobre sus destinos.
Claro que bien mirado el poder lo sustenta todo y si no hay amor hay dinero y poder,que en definitiva acaba saciando cuaslquier amorio destinado al naufragio.
Culta,muy inteligente y nada revelde.
Una buena mujer.
Un abrazo,por cierto gracias por perfumar mi espacio,la verdad es que lo he dejado bastante indeseable.
Me alegra volver a leerte amiga, gracias por dejarme tus comentarios. Estos días no he podido seguir con las entregas de María Cristina y su difícil papel de reina regente, espero ponerme en ello en un hueco que tenga estos días. Mi querida Genneticca ... poderoso caballero es don Dinero. Cuántos abusos e injusticias se cometen por él.
Muchos abrazos guapa, cuidate.
Hola, Magnolia
Leo con avidez tus entradas sobre las Austrias. Se nota que detrás de ellas hay un trabajo documental serio y, especialmente, una pasión por lo que haces. Tu blog es una fuente de inspiración, desde luego, y te felicito por ello. Te dejo aquí mi humilde blog dedicado a la Casa de Austria en España, espero que sea de tu agrado.
http://tempusfugitdcglez.blogspot.com.es/
Un saludo.
Muchos saludos Daniel, gracias por pasarte por aqui. Te agradezco enormemente tus palabras. Dentro de un nutrido grupo de mujeres que admiro, se encuentran muchas soberanas de la casa de Austria. Me parecen mujeres fuertes que supieron sobrellevar las tragedias de sus vidas y el peso de una corona con mucha dignidad y valentía. Espero poder pasarme a menudo por tu blog, que sin duda hará mis delicias.
Feliz fin de semana
Buenas noches.
Podría informarme en que catálogo se han publicado las siguientes obras?
retrato de archiduque Albert de Austria
retrato de archiduquesa Isabel Clara Eugenia.
P0 1683 P0 1682
No consigo localizar el catálogo donde fueron publicados en su día.
muchas gracias por su tiempo y este espacio de leyenda.
Roberto Carlos García Cantero.
robertog_005@hotmail.com
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