jueves, 21 de junio de 2012

La trágica historia de Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla


LOS AMANTES DE TERUEL


La ciudad de Teruel está vinculada a una tradición medieval de sabor y belleza románticos: la de los Amantes. Constituye una de las más bellas y trágicas historias de amor del mundo, y ha sido motivo de inspiración en todos los campos de las artes. Dentro de la literatura destaca la Comedia de los Amantes de Tirso de Molina, el drama Los Amantes de Teruel de Juan Eugenio Hartzenbusch, que sirvió de base al libreto que utilizó Tomás Bretón para componer su ópera sobre los Amantes. En pintura destaca el cuadro del pintor valenciano Muñoz Degraín (maestro de Picasso), titulado Los Amantes de Teruel . En escultura sobresale el Mausoleo de los Amantes esculpido por Juan de Ávalos.

Se cuenta que en los primeros años del siglo XIII vivían en Teruel dos familias, la de los Segura y la de los Marcilla, bien conocidas en la ciudad, la primera por su riqueza y la otra por lo antiguo de sus blasones. A la familia de los Segura pertenecía Isabel y a la de los Marcilla, Juan, que desde niños habían compartido juegos y amistad, y que al llegar a la juventud se encontraron enamorados con firmeza el uno del otro. Sin embargo, el antiguo linaje del joven no estaba acompañado por una hacienda desahogada. Los padres de Isabel veían con muy malos ojos la relación entre los jóvenes y llegaron a prohibir su comunicación.

Juan pensó que acaso podía conseguir prosperidad y riqueza si participaba en la guerra contra los musulmanes, y decidió incorporarse a los ejércitos cristianos, no sin antes hacer prometer a Isabel que esperaría cinco años a que él regresase para hacerla su esposa, provisto de los bienes necesarios. Si el plazo vencía sin que retornase, quedaba ella libre de cualquier compromiso. La despedida fue muy triste, y los años iban transcurriendo sin que Isabel tuviese noticia alguna de Juan. Mientras tanto, los Segura prepararon para su hija una boda que acrecentaría de modo extraordinario su patrimonio y que sería muy beneficiosa para toda la familia.

 
Cuando se iba aproximando el cumplimiento del plazo sin noticias de Juan, la presión de los padres de Isabel se hizo tan acuciante que no pudo retrasar el enlace ni un solo día más allá del término de su compromiso de espera. El destino militar de Juan, mientras tanto, había sido muy favorable. Tras participar en victorias importantes, había conseguido, en un repartimiento del terreno conquistado a los musulmanes, tierras extensas y muy feraces que le permitirían vivir con holgura el resto de su vida. Los cronistas de esta historia dicen que regresaba a la ciudad casi en el límite del plazo pactado con su amada y que, en algún punto del camino, tuvo noticias de aquella boda que estaba a punto de celebrarse, por lo que aceleró todo lo que pudo el regreso, reventando caballos y privándose de todo descanso y refrigerio, en un intento desesperado de llegar a tiempo para impedir que Isabel se casase con otro hombre.

Sin embargo, no lo logró. Cuando llegó a Teruel ya era de noche y supo de la boca de la gente que aquella misma mañana Isabel había celebrado sus bodas con don Pedro Fernández de Azagra, hermano del señor de Albarracín. También conoció el lugar en que estaban pasando su primera noche los recién casados, y allí se dirigió lleno de angustia. Al llegar a este punto, los narradores no concuerdan en la descripción de los sucesos. Parece que Juan logró alcanzar el balcón de la alcoba nupcial y que Isabel sintió su llegada. Cuando estaba a punto de lanzar un grito de alarma ante el intruso, reconoció en aquel individuo sudoroso, desgreñado, que en el desarreglo de su atavío y en todo su aspecto daba señales del agotador esfuerzo que había realizado hasta llegar allí, a su amado Juan. Y parece que, agotado también, aunque por los excesos del banquete y de sus nupcias, el marido de Isabel dormía profundamente, ajeno al dramático encuentro.

 
Se cuenta que Juan reclamó el amor de Isabel y que ella, con mucho sentimiento, le hizo ver que todo había terminado entre los dos. Parece que el joven le rogó un beso a su amada y ella se lo negó por fidelidad al hombre con el que se acababa de casar. Fue entonces cuando, consciente Juan del fracaso de sus esperanzas, y habiendo llegado al límite los esfuerzos de su regreso, sintió que su corazón se rompía y cayó muerto a los pies de Isabel.

Isabel despertó a su esposo para darle la noticia de aquel fallecimiento súbito y de su inocencia completa en el lance. El esposo resolvió que había que desembarazarse cuanto antes del inesperado cadáver que permanecía en la alcoba nupcial y, aprovechando la tranquilidad de la noche, trasladaron el cuerpo del fallecido a la puerta de la casa de los Marcilla.

 
La aparición del cadáver de Juan trajo a la ciudad muchas hablillas, pero no presentaba muestras de que su muerte se hubiese debido a un hecho violento. La familia Marcilla, consternada, preparó su funeral, y en la iglesia se reunieron todas las gentes de la ciudad, y entre ellas, acompañada de su reciente esposo, Isabel, que mostraba mucha pena en su hermoso rostro. El remordimiento la torturaba, pues no podía dejar de pensar que había sido la causa de la muerte de su amado. Cuentan que, en un momento de la ceremonia, Isabel, abandonando el lugar en que se encontraba, se acercó al catafalco en que yacía el cadáver de Juan. Tras contemplar su rostro durante largo tiempo con mirada intensa, se inclinó para depositar en sus fríos labios el beso de amor que le había negado en vida y acto seguido, se desplomó sobre el cuerpo de su amado.

Cuando los presentes se atrevieron a acercarse, alarmados por la larga inmovilidad de Isabel, pudieron comprobar que la muerte había unido para siempre a los desdichados amantes. El hecho impresionó de tal manera a la ciudad entera, que ésta decidió dar sepultura a los cuerpos de Juan e Isabel en la misma iglesia donde aconteciera tan dramático suceso.

Monumento funerario a los amantes de Juan de Ávalos 


Los restos de los dos amantes reposan en un mausoleo en la iglesia de San Pedro de Teruel. Desde 1996 se celebra en la capital turolense, como recordatorio de la tradición, la festividad de Las Bodas de Isabel de Segura. Se dice que el famoso escritor inglés William Shakespeare se inspiró en la historia de Isabel y Juan para crear su universal tragedia "Romeo y Julieta".


Fuentes:
MERINO, JOSE MARÍA. Leyendas españolas de todos los tiempos. Ediciones Temas de Hoy, S.A. 2000
http://turismo.teruel.net/amantes/amantes.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Los_amantes_de_Teruel
http://www.amantesdeteruel.es/index0.html

4 comentarios:

Guía Cultural y de Turismo de los pueblos del Palancia dijo...

Como siempre, genial en las recopilaciones y biografías que te propongas.

Como curiosidad, te comentaré que recientemente he leído en un libro (Perlas para un collar, de Toti Mtnez de Lezea y Ángeles de Irisarri) que existe una versión de la leyenda en la que los protagonistas son musulmanes y no cristianos...

Desgraciadamente, no la he podido encontrar en otra fuente para colgar el enlace. La versión "oficial" ha copado todo el protagonismo...

Anastasia Romanov dijo...

Una de mis leyendas favoritas.
Y yo también voy a poner una curiosidad que nos contó la guía del mausoleo.
Nos contó que un día, un hombre que trabajó allí se encontró los dos cuerpos de los amantes fuera de sus sarcófagos y vestidos con ropa medieval. El hombre por aquel entonces todavía vivía (tenía alrededor de 80 años)
Fantasioso e increíble, lo sé, pero me resultó muy curioso

Magnolia dijo...

Muchas gracias José. Me imagino que en todas culturas tienen una historia similar a la de nuestros amantes de Teruel. Familias rivales cuyos hijos se enamorar y no les permiten estar juntos, terminando en tragedia su historia de amor. O una familia rica y otra más humilde, cuya diferencia sociale es el obstáculo para que dos jóvenes de esas familias se casen.

Muchos abrazos

Magnolia dijo...

Gracias Anastasia por visitarme. También es mi leyenda favorita, como no ;-)

Pues si que es un hecho extraño la aparación de los cuerpos fuera de sus sarcófagos, si no había nadie. Pero me parece a mi que esto tiene visos de ser obra de algún graciosillo.

Abrazos

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