lunes, 21 de mayo de 2012

GABRIELLE D' ESTRÉES, Duquesa de Beaufort ( IV y última )


Todo estaba preparado para el gran acontecimiento, desde el vestido de novia, de terciopelo carmesí –el color reservado a las reinas- hasta las colgaduras de seda del mismo color para su nuevo dormitorio en el Louvre. Sin embargo, según pasaban los días la favorita empezó a dar señales de nerviosismo. ¿Había sabido quizá por sus espías que Enrique, reavivadas las negociaciones con el enviado florentino, se había puesto a discutir en detalle los artículos relativos a la dote de María de Médicis? ¿Y que, por lo tanto, el rey le había hecho promesas que en el último momento no pensaba mantener? ¿Le molestaba el doble juego de su regio amante o, más simplemente, se trataba de la fatiga debida a su embarazo, unida a la tensión emocional al ver aproximarse una ceremonia por la cual había luchado tan apasionadamente y de la que dependían su futuro y el de sus hijos?.

Es verdad que cuando, al llegar las festividades de la Pascua, el confesor sugirió al rey que guardase las apariencias de un recogimiento espiritual y se separase por algunos días de su favorita, mientras durase aquellas fiestas religiosas, Gabrielle sufrió una terrible crisis de pánico y suplicó en vano a Enrique que le permitiera permanecer con él en Fontainebleau. El soberano la acompañó hasta Corbeil, desde donde una gran chalupa, remontando lentamente el Sena, la llevaría en el transcurso de pocas horas a París. Su despedida fue dramática, como si ambos supiesen que no volverían a verse jamás. Y fue así, en efecto, como sucedió, pues Gabrielle murió cuatro días después en París, presa de atroces sufrimientos, sola, abandonada de todos y después de invocar inútilmente en su socorro al hombre que tanto la amaba. Tenía apenas veintiséis años.

 
Pero ¿ qué ocurrió en realidad en aquellos cuatro fatídicos días? No faltan relatos detallados de las últimas horas de vida de Gabrielle, ya que el carácter inesperado y trágico de su muerte causó una enorme impresión a sus contemporáneos. Unos, ateniéndose al dictamen médico, creyeron en la muerte natural motivada por una eclampsia de la gestación avanzada. Otros vieron en la desaparición de la favorita la intervención de una potencia sobrenatural, divina o demoníaca. Y otros no dudaron de que la duquesa de Beaufort hubiese sido envenenada.

El martes 6 de abril de 1599, hacia las cuatro de la tarde, Gabrielle, ya en el noveno mes de su embarazo, desembarcó en el Arsenal, donde fue recibida por un grupo de damas de alto rango que la acompañaron a casa de su hermana, la mariscala de Balagny. Desde allí se dirigió luego, en compañía de Fouquet La Varenne, a la espléndida residencia de Sebastien Zamet, un financiero de origen toscano, íntimo amigo suyo y de Enrique IV, que había sido muchas veces anfitrión de los amantes. Le sirvieron una cena exquisita y que comió con apetito, pero al final tomó una cidra que le dejó en la boca un sabor amargo.

Posteriormente muchos se declararían convencidos de que Zamet  había dado a la favorita una cidra envenenada por orden del Gran Duque Fernando de Toscana, sobre quien pesaba ya la sospecha de haber eliminado con el mismo método a su hermano el Gran Duque Francisco María y a su joven esposa Bianca Capello, y que por razones políticas y económicas tenía sus miras puestas en el matrimonio de su sobrina con el rey de Francia.



 
A la mañana siguiente, Gabrielle fue a confesarse a la iglesia del Petit-Saint-Antoine y en las primeras horas de la tarde regresó a ella para asistir a la función vespertina, pero el calor y el aroma demasiado intenso del incienso le provocaron un fuerte dolor de cabeza. De regreso en el hôtel Zamet, se metió en la cama y, atacada de convulsiones, se desmayó. Al volver en sí, dijo a Fouquet La Varenne que no quería quedarse ni un momento más en casa de Zamet y le pidió que la llevase a casa de su tía, Madame de Sourdis. Ésta, que se hallaba en Blois, fue inmediatamente avisada.

El jueves por la mañana, aunque estaba muy débil, Gabrielle se levantó para ir a comulgar a Saint-Germain-l’Auxerrois, pero a la vuelta tuvo que volver a acostarse. Hacia las cuatro empezó a sufrir terribles convulsiones y los médicos decidieron provocar el parto. La comadrona estuvo torpe y el niño, ya muerto, le fue arrancado del vientre a pedazos. Unas horas después, otra crisis convulsiva, todavía más violenta que la anterior, contrajo los músculos de la enferma y deformó sus rasgos faciales. Gabrielle envió al rey un billete en el que le suplicaba que se reuniera con ella, pero ya su estado parecía desesperado. Mientras su cuerpo seguía siendo sacudido por las convulsiones, la joven perdió progresivamente el uso de la palabra, la vista y el oído y entró en una larga agonía que se prolongó durante todo el viernes y terminó a las cinco de la mañana del sábado santo.


Enrique, que al alba del viernes 9, tras recibir el billete, había montado a caballo y se había puesto en camino hacia París, no llegó a la cabecera de su lecho. Le alcanzó en la carretera un mensaje de Fouquet La Varenne que anunciaba la muerte de Gabrielle y los suyos lo convencieron de que no avanzara más "para ahorrarle un espectáculo demasiado penoso", según se adujo, aunque algunos pensaron que fue por miedo a que se casara con ella "in extremis" en contra de la razón de Estado. Ni siquiera Madame de Sourdis consiguió llegar a tiempo y al ver el rostro espantosamente desfigurado de la fallecida, se sintió aquejada de un súbito malestar.

Así pues, el único que se ocupó de la enferma y tomó las decisiones concernientes a ella fue Fouquet La Varenne, el cual no estaba por encima de toda sospecha. ¿Cómo es posible que la comadrona, que había dado óptima prueba de su habilidad en los tres partos anteriores de Gabrielle, resultara ser incapaz de hacer frente a la situación? ¿Por qué Fouquet hizo saber a Enrique IV que Gabrielle había muerto al menos veinticuatro horas antes de su verdadero fallecimiento? Sobre todo, ¿por qué permitió que una enorme multitud de curiosos invadiera el palacete de Sourdis y asistiese a la terrible agonía de la pobrecilla? Por una atroz burla del destino, se hizo que Gabrielle muriera en público, como una reina. Y no ya para señalarla como un modelo de resignación cristiana, sino para poder mostrar al mayor número posible de personas sus estigmas de endemoniada. ¿No corría acaso el rumor de que la joven se dedicaba a la brujería y que solamente la ayuda del Maligno le había permitido ofuscar durante tanto tiempo el corazón y el espíritu del rey?.

Por otra parte, admitiendo que hubiese sido Fouquet La Varenne el artífice de aquella muerte, ¿no había librado de aquel modo a Francia de la pesadilla de un matrimonio contrario a la moral, a la costumbre y a la ley, y heraldo de infinitos desastres, y no era aquella decisión perfectamente coherente con las declaraciones ambiguas, las alusiones veladas, las apelaciones a la providencia que se encuentran diseminadas tanto en las relaciones y en las cartas de los diplomáticos extranjeros como en las memorias de los contemporáneos? Y los temores que tanto habían turbado a Gabrielle en los postreros meses de su vida, ¿no eran debidos sobre todo a esa atmósfera cargada de recelos, de intrigas, de amenazas?.

 


El rey ordenó la autopsia y no se habló mucho de los resultados, pero se afirmó que no había sido envenenada. Hoy en día se debate sobre la causa del fallecimiento de la favorita: muerte por eclampsia o veneno. El tiempo dirá la verdad. La "remembranza" representando a Gabrielle, a imagen y semejanza de una reina, fue colocado bajo un dosel de paño de oro. Su tía, Madame de Sourdis, vistió el cuerpo de la muñeca con el suntuoso vestido de novia de su sobrina. La efigie funeraria, enmarcada por dos heraldos con tabardo sembrado de flores de lis, es presentada para que familiares y extraños presenten sus respetos a la fallecida. La familia de Gabrielle realizó un verdadero expolio de los muebles y bienes de la difunta, incluidas todas sus joyas.

Enrique le dio a su amada el funeral de una reina. Él vestía de color negro por el luto, algo que ningún monarca francés anterior había hecho antes. El ataúd de Gabrielle fue transportado en medio de una procesión de príncipes, princesas y nobles a la iglesia de Saint-Germain-l'Auxerrois en París, para una misa de réquiem. Fue enterrada en Notre-Dame-La-Royale en la Abadía de Maubuisson en Saint-Ouen-l'Aumone ( Valle del Oise , Île-de-France ) .

El fin de su amada trastornó a Enrique. “Mi dolor no tiene igual, como tampoco lo tenía la persona que es causa de él; la aflicción y el pesar me acompañarán hasta la tumba”, escribía a su lealísima hermana Catalina de Borbón en respuesta a su carta de condolencia y concluía: “ La raíz de mi amor ha muerto y no dará más brotes”. No tenemos razón para dudar de su sinceridad, sin embargo, su dolor sería de corta duración. Aunque Margarita de Valois se apresuró a dar su consentimiento a la anulación, el Papa a concederla y los ministros a cerrar los acuerdos matrimoniales con María de Médicis, Enrique les ganó a todos, suscitando de nuevo el desconcierto general: apenas dos meses después de la muerte de su bello ángel, de su corazón, de su todo … perdió la cabeza por Henriette d’Entragues, una morena veinteañera totalmente carente de escrúpulos.
 

Fuentes:
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006 GONZALEZ-CREMONA, JUAN MANUEL. Amantes de los Reyes de Francia. Editorial Planeta S.A. 1996
http://retratosdelahistoria.lacoctelera.net/post/2011/10/26/paris-1599-muerte-una-favorita-real
http://en.wikipedia.org/wiki/Gabrielle_d'Estr%C3%A9es
http://wvw.nacion.com/viva/1999/marzo/11/cul3.html
Algunas imágenes pertenecen a la coproducción europea "Henri IV" ( 2010)

6 comentarios:

dama de oro dijo...

Muy buen tema Magnolia, un prsonaje no muy transitado. Gracias.

MASONIA dijo...

Lo dicho,pobre Gabrielle,yo estoy convencida de que fue envenenada,demasiado oportuna su muerte,en verdad Enrique IV se ve muy mal aqui,fue un excelente rey y un buen hombre en muchos aspectos pero no creo que haya amado de verdad a ninguna mujer,ni siquiera a Gabrielle.

Anastasia Romanov dijo...

Yo no se que pensar.
Parece muerte natural, pero Fouquet La Varenne hace cosas muy raras.
(Aunque lo de enseñar su agonía no me parece una de ellas, más bien parece que se aprovechó de la situación. En fin, ojalá se sepa algún día

Magnolia dijo...

Sinceramente, pienso que fue envenenada. Había intereses de por medio para quitarla del camino y dejar el camino libre a la princesa Toscana, además se estaba aproximando la boda anunciada entre Enrique y Gabrielle, que muchos no deseaban que se produjera. Creo que tomó algún cítrico envenenado en casa de Zamet, que era de origen toscano, qué casualidad ... por otro lado el veneno no sería de efecto fulminante, sino retardado, para no levantar sospechas, ya que tardó unos días en morir. Pobre Gabrielle, qué feliz habría sido si su amado Roger no hubiera alardeado de su belleza ante el rey y provocado su curiosidad por conocerla. Otra de las mujeres a las que el capricho de un rey les destrozó la vida.

Muchas gracias dama de oro, Masonia y Anastasia por pasaros a dejarme vuestros comentarios.

Abrazos a todas

Angelica María dijo...

También apoyo la tesis del envenenamiento. Su muerte fue demasiado oportuna como para ser natural. Si ya siendo la favorita su influencia sobre el rey era tan grande, luego de coronada se hubiese hecho snetir aún más y el hecho de haberle dado ya descendencia al rey la hubiese colocado en una situación inexpugnable y muy poco conveniente para quienes se oponian a ella. Excelente entrada.

Magnolia dijo...

Muchas gracias Angélica María por haberme dejado tu comentario. En esta historia la tesis de la muerte por veneno se lleva la mayoría de los votos.

Un abrazo