Mata-Hari era una mujer que se reinventaba en cada instante.
Como un camaleón, se adaptaba a cada situación con el único objetivo de
complacerse a sí misma. Cambiaba de oficio, de fisonomía, de nacionalidad y de
país como quién se cambia de ropa. Ejerció de madre y esposa, actuó como
bailarina, se hizo pasar por princesa de Java para ganarse la vida, acabó
siendo acusada de espía y condenada a morir a los cuarenta y un años ante un pelotón de fusilamiento. Vividora, arriesgada, aventurera, atrevida,
seductora … son muchos los adjetivos que definen a Margaretha Geertruida Zelle,
una mujer que bajo el nombre de Mata-Hari hipnotizó al mundo con sus eróticos
movimientos y su baile sensual.
Había nacido en Leeuwarden (Holanda), el 7 de agosto de
1876, en el modesto hogar de un sombrerero holandés y una humilde joven
originaria de la isla de Java, entonces posesión holandesa. Huérfana de madre
desde 1891, su padre la internó en un colegio para señoritas y luego en la
escuela Normal de Leyden, con el fin de que siguiera los estudios de
magisterio. Pero Margaretha no estaba hecha para acabar convertida en una
maestra de provincias, tal como deseaba su padre. Soñadora, coqueta, ególatra y
llena de fantasía, abandonó la escuela bajo el pretexto de estar siendo acosada
por el director y desempeñó distintos oficios hasta que, en 1895, su vida
cambió por un anuncio publicado en la prensa local. El responsable era un tal
Rudolf MacLeod, un oficial del ejército holandés veinte años mayor que ella,
que hacía una insólita petición: necesitaba una esposa para que le acompañara
en su siguiente destino en las Indias Orientales.
Quizá el recuerdo de la madre muerta y sus orígenes
asiáticos fueron los que hicieron nacer en Margaretha la pasión por los
escenarios exóticos. Las Indias Orientales se le antojaron un destino más que
apetecible y, sin pensárselo dos veces, respondió a la carta. A la carta y a
algo más porque, cuando ese mismo año contrajo matrimonio con MacLeod, ya
estaba en camino su primera hija, una niña a la que llamó Jeanne-Louise. Con
ella se trasladaron a Java, el paraíso tantas veces soñado por Margaretha. Sin
embargo, su estancia en las Indias Orientales distó mucho de ser agradable.
Apenas instalados nació su segundo hijo, Norman, pero el niño murió poco
después, envenenado por un sirviente que quiso vengar así el maltrato recibido
por parte de MacLeod. Éste se había revelado como un hombre violento y propenso
a frecuentar tabernas y burdeles. Margaretha no se quedaba atrás, y entretenía
su soledad frecuentando la compañía de hombres y mujeres que la adiestraron en
la cultura y las prácticas sexuales de la cultura oriental.
Con el propósito de salvar un matrimonio que se había
revelado un completo fracaso, regresaron a Amsterdam pero, una vez allí, ante
el rumbo de los acontecimientos y la conducta cada vez más violenta de su
marido, Margaretha inició los trámites de divorcio alegando malos tratos. MacLeod
se defendió acusándola a ella de conducta liviana y asegurando que le había
sido infiel en repetidas ocasiones durante su estancia en Java. Debió convencer
a los jueces ya que, aunque Margaretha consiguió divorciarse, perdió la
custodia de su hija a la que no volvió a ver jamás, pese a intentarlo en
repetidas ocasiones. Sola y sin recursos, pero conocedora de la fascinación que
la Europa de fin de siglo sentía por todo lo exótico, pensó en sacar partido de
sus rasgos orientales y aprovechar los conocimientos aprendidos en Java. Decidida
a triunfar, marchó a París. Había nacido Mata-Hari.
Recién llegada a la capital francesa conoció al barón de
Marguerie que, atraído por su sensualidad, se convirtió en su primer protector.
Él la introdujo en los círculos artísticos, donde inició una fulgurante carrera
como bailarina exótica, pero también como demi-mondaine (así se denominaba
entonces a las cortesanas). Sin embargo, al comprender que de seguir así, su
futuro no distaría mucho del de las viejas prostitutas que veía arrastrarse por
las calles de Pigalle o las escalinatas de Montmartre, decidió reinventarse.
Aseguraba a todo aquel que quería escucharla que su madre
había sido una bayadera del templo de Kanda Swandi, que había muerto a
consecuencia del parto, mientras ella quedaba al cuidado de los sacerdotes del
templo. Habían sido ellos quienes la habían bautizado como Mata-Hari, es decir “ojo
del amanecer”. Y allí, de las danzarinas sagradas entregadas a cultos
ancestrales, había aprendido las sensuales danzas que la hacían triunfar
estrepitosamente cuando, ataviada como una bailarina exótica, iba despojándose
lentamente de las gasas y las sedas que la cubrían hasta quedar semidesnuda.
París fue la plataforma de despegue para su triunfal
carrera. Le siguieron Copenhague, Ámsterdam, Berlín, Londres, Madrid … Recorrió
los principales escenarios europeos al tiempo que vivía apasionados romances
con personajes de renombre, entre los que se contaron el Konprinz alemán;
Adolphe Pierre Messimy, ministro de guerra francés; Alred Kiepert, un
latifundista alemán; o el barón Henri de Rothschild. Al mismo tiempo que crecía
su fama y su cuenta corriente aumentaba su fantasía. Explicaba las más absurdas
historias sobre sus orígenes, fantaseaba sobre sus amantes y lanzaba las más ácidas
diatribas sobre la cohorte de imitadoras que, al albur de la moda orientalista,
seguían sus pasos. Envuelta en una espiral de frivolidad, imaginación y fantasía,
no supo ver el peligro y, como si de un juego se tratara, acabó por verse
involucrada en una absurda trama de espionaje.
El estallido de la Primera Guerra Mundial la sorprendió en
Berlín. Por esas fechas era la amante del jefe de policía de la ciudad y un
poco más tarde de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam y jefe del espionaje de
su país. Es probable que, conociendo sus contactos, Kraemer la utilizara para sonsacar información a
los altos mandos franceses. Convertida por los servicios secretos alemanes en la espía H-21 y convencida de que sus buenos contactos la salvarían de cualquier posible peligro, se le ocurrió ofrecer sus servicios al jefe del Servicio de Espionaje y Contraespionaje francés, el capitán Ladoux, a fin de conseguir un visado para poder visitar en el hospital donde se encontraba, por haber sido herido, un oficial ruso llamado Vadim Masslov del que se había enamorado. El capitán Ladoux se dedica a seguir todos sus pasos y a vigilarla de cerca.
Pese a estar muy enamorada por aquel entonces del joven oficial ruso,
varios años más joven que ella, sus intrincados asuntos de alcoba entre Madrid,
Amsterdam y París, acelerarán su caída y su detención acusada de espionaje. La tesis más extendida sobre Mata-Hari es que, aunque reveló algunos
datos sobre algunos movimientos militares alemanes, como el desembarco
nocturno de algunos oficiales del Kaiser en Marruecos,
y que comunicó al enemigo movimientos de tropas francesas que conocía
por la prensa de París, no parece que fuera una espía
importante, aunque llegó a ser acusada por Francia de haber sido
entrenada en Holanda, en una escuela para tal fin.
Mata-Hari era más bien una cortesana
en aquellos momentos, que aceptó encargos de este tipo para mantener su
nivel de vida y poder visitar, en territorio de guerra, a su joven
amado herido en combate. Quienes han estudiado este personaje dicen que
en realidad, se tomó esta labor como un juego, no siendo plenamente
consciente del riesgo.
Mata-Hari
fue detenida un día de febrero de 1917 en su domicilio de la avenida de los
Campos Elíseos de París. Es sabido que cuando fue apresada, requirió que le concedieran tiempo
para asearse y que llegó a mostrarse desnuda ante los ojos de sus
captores, con la excusa de ofrecerles bombones en un casco prusiano que
un general alemán le había regalado años atrás. Recluida en la prisión de Saint Lazare, fue sometida a
juicio sumarísimo bajo la acusación de ejercer como agente doble al servicio de
Alemania y Francia y de haber causado con ello, aún de forma indirecta, la
muerte de miles de soldados.
En el interrogatorio se volverían contra ella sus últimas andanzas con la
milicia: "Desde junio de 1916 habéis entrado en relación con los militares
de todas las nacionalidades que estaban de paso en París. Así el 12 de julio
habéis almorzado con el subteniente Hallaure. Del 15 al 18 de julio habéis
vivido con el comandante belga De Beaufort. El 30 de julio salisteis con el
comandante de Montenegro, Yovilchevich. El 3 de agosto con el subteniente
Gasfield y el capitán Masslov. El 4 de agosto os citabais con el capitán
italiano Mariani. El 16 almorzabais con los oficiales irlandeses, Plankette y
O'Brien, y el 24, con el general Baumgartem". El listado continuaba y aquí
fue cuando Mata-Hari aseguró que amaba a los militares de todos los países y
que sólo se acostaba con ellos por placer, no para sacarles información. Es muy
probable que esa fuera la única verdad que dijo en su vida. "¿Una ramera?, ¡Sí!, pero una traidora, ¡Jamás!", exclamaría durante el juicio.
El tribunal francés la acusó de alta traición y la condenó a muerte sin
pruebas concluyentes. En parte, para subir los ánimos de un país en guerra, al
que se le ofrecía una sensacional ejecución con intenciones edificantes. Mata-Hari
murió el 15 de octubre de 1917 en Vincennes. Vestida y
maquillada como para una gran ceremonia, no permitió que le taparan los ojos y
miró sin rencor a los oficiales del pelotón de fusilamiento. La leyenda sostiene que les tuvieron que vendar los ojos para que no cayeran rendidos a sus pies. Sin embargo, son probados los hechos de que lanzó un beso de despedida a sus ejecutores y que, de los doce soldados que constituían el pelotón de fusilamiento, sólo acertaron cuatro disparos, uno de ellos en el corazón que le causó la muerte instantánea. El oficial a cargo, como así se disponía en estos casos, ultimó el acto innecesariamente con un disparo de gracia en la sien. La noticia recorrió el mundo. Hay incluso narración periodística que detalla este dramático momento describiendo la expresión de su rostro, forma de caída y disposición final del cuerpo en el suelo.
"La verdad es que como espía
fue poca cosa", diría con indudable cinismo el capitán Ladoux, el mismo
que había pedido para ella la pena capital. Nadie reclamó su
cadáver. Hasta el último momento Mata-Hari esperó que saliera en su defensa alguno de tantos
hombres influyentes como había tratado, pero ninguno respondió por ella. Su
cuerpo, donado a la ciencia, fue conducido a la facultad de medicina y su
cabeza, tras ser embalsamada, permaneció en el museo del Crimen de París hasta
que, en 1958, desapareció misteriosamente sustraída por algún enamorado de su
memoria. Habían pasado más de cuarenta años de su muerte, pero Mata-Hari aún
continuaba levantando pasiones.
Fuentes:
QUERALT DEL HIERRO, MARÍA PILAR. Mujeres de vida apasionada. La Esfera de los Libros S.L. 2010
VALLBONA, TERESA. Grandes Mujeres. El lado femenino de la historia. Editorial Océano, S.L., 2010
http://www.elmundo.es/magazine/num104/textos/matahb.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Mata_Hari







6 comentarios:
De nuevo en tu espacio, despues de un descanso.
Apasionante la señora, a Rosa, la anterios, ya la conocía, es una de mis mujeres en la lista de favoritas.
un abrazo
De Mata hARI habia leido bastante La definis muy bien una aventurera con una vida riquisima en matices, lastima que terminara tan mal la pobre. Un mas que atractivo personaje. Besote.
Saludos querida Genetticca me alegra verte por aquí. Cierto, apasionante la vida de esta mujer que sin ser la mejor espía del mundo forma parte del olimpo de los personajes inmortales.
Abrazos guapa, feliz domingo
Saludos querida dama de oro, gracias por dejarme tu comentario. Mata-Hari fue una mujer que se reinventó a si misma y amaba el lujo, el dinero y ser adorada por los hombres. En realidad dudo que sus delitos fuesen tan graves como para merecer morir fusilada, no fue una espía tan grande como Christine Granville, tal vez Mata-Hari fue el chivo expiatorio de algún gobierno.
Besotes amiga, feliz domingo
Este es uno de los casos donde la leyenda excede con mucho a la realidad, pero espia o no, sin duda Mata-Hari dejó una huella imborrable en la historia.
Tienes razón Angelica María. Cada mujer que ha dejado su huella en el camino de la Historia es única e irrepetible.
Muchos abrazos, gracias por dejarme tu comentario
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