Una linda
muñeca Juana de Castilla realizada por las habilidosas manos de María
Victoria Jaume Arlandy, pero tiene muchísimas más que podeis ver en su
blog http://reinamarivi.blogspot.com.es/
EL VIAJE A LOS PAISES BAJOS
Juana de Castilla sufrió algunos contratiempos mientras
viajaba para encontrarse con su prometido, quien no conocía ni su lengua ni su
cultura. Seguros de que nadie se atrevería a interceptar semejante armada, el
único peligro que acechaba a la flota era el inherente a la navegación. Al
estar en pleno verano las posibilidades de tormenta eran reducidas, pero al
cruzar el canal de La Mancha el viento dejó de ser favorable y las naves
tuvieron que resguardarse en las playas de Portland el 31 de agosto. La larga
mano de Isabel La Católica aún parecía manejar el contratiempo, pues había
previsto la posibilidad de que tuvieran que arribar a las costas inglesas y había
escrito al rey Enrique VII pidiéndole un trato favorable para su hija y sus
súbditos.
No debió de ser un temporal – no se constata un naufragio-,
pero llevar a puerto tantas naves no fue fácil y ocurrió un accidente: una de
las carracas se llevó por delante un pequeño navío que se hundió
inmediatamente, aunque por fortuna no hubo víctimas. Más allá de este
incidente, la estancia en Inglaterra no fue más que una escala técnica de
apenas dos días, tiempo suficiente para que descansara la tripulación y los
principales de la zona se acercaran a dar la bienvenida a la archiduquesa Juana.
LA LLEGADA DE LA ARCHIDUQUESA
El día 2 de septiembre la flota se hizo de nuevo a la mar y,
después de otra parada por falta de viento a la altura de Southampton, en seis
días alcanzó la costa de Zelanda, en la entonces isla de Walcheren. Era entrar
con mal pie y, desde luego, con mala fortuna, pues al intentar sortear los
bancos de arena próximos a Arnemuiden, en la parte oriental de la isla, la
carraca genovesa comandada por Juan Enríquez, hermano del almirante de
Castilla, encalló. Según la versión de Zurita, se perdió parte de los setecientos
hombres que iban a bordo y la mayor parte de las pertenencias de la
archiduquesa. Fue un accidente aunque no una sorpresa, ya que estos navíos de
cierto calado se movían muy mal en la zona próxima a la costa, y el hecho de
que la archiduquesa dejara la carraca capitana por un navío menor demuestra que
contaban con ello. Sin embargo, la tragedia – al menos en cuanto a bajas- no
fue tal. No parece que hubiera víctimas y se pudo salvar parte de la recámara
de la archiduquesa gracias a las pequeñas embarcaciones que se acercaron a la
carraca y recuperaron buena parte de su carga.
El hecho de que su futuro marido – en Alemania desde
primeros de mayo junto a su padre el emperador Maximiliano- no estuviera para
darle la bienvenida fue otro presagio de ulteriores problemas. Felipe
el Hermoso tan preocupado por Juana en las cartas enviadas tanto a ella
como a los Reyes Católicos a comienzos de julio, y quien decía haber dispuesto
que en su ausencia fuese una representación de los Países Bajos donde estuviera
Francisco de Rojas, embajador y hacedor de los matrimonios, parecía haber
perdido todo el interés apenas dos meses más tarde. No hubo tal acogida y sólo
se presentó ante la archiduquesa la dama española Marina Manuel, esposa de
Balduino de Borgoña. Este matrimonio formaron juntos el núcleo de un potencial
partido españolista en los Países Bajos, aunque era un partido sin gran
influencia sobre el archiduque Felipe.
Brujas, Bélgica
La ausencia de Felipe era en parte el resultado de la
profunda antipatía que sentían algunos de sus consejeros más cercanos hacia una
unión entre las casas de Borgoña y Castilla. Aunque los padres de Juana se habían
imaginado su matrimonio con Felipe como una alianza contra Francia, ella pronto
descubrió que muchos de los consejeros de su esposo estaban a favor de una
aproximación a la corte francesa. Oponiéndose a los matrimonios de sus príncipes con los hijos de los Reyes Católicos, los consejeros de Felipe lo
convencieron para que viajara a Alemania, en el primero de los muchos intentos
que hicieron para separarlo de Juana de Castilla. Todavía en 1496 es posible
que los consejeros francófilos de Felipe hayan tenido la esperanza de persuadir
al emperador de las virtudes de una alianza con Francia en vez de España. De
este modo, cuando la archiduquesa desembarcó en Arnemuiden, se enfrentó a
la telaraña de intereses en pugna que era la corte de Borgoña.
El archiduque Felipe, a través del conde de Nassau, había
previsto un recibimiento de su futura esposa en Brujas, y allí se trasladó “ l’ambassedeur d’ Espagne ”.
A principios de septiembre se sabía que la llegada de doña Juana era inminente
y se multiplicaron las órdenes a diferentes personajes para que se desplazaran
hasta Brujas. También se pidió a la ciudad que se preparase para el recibimiento
de la archiduquesa, insistiendo en la importancia del personaje “ fillie dy roy
d’ Espagne et épouse de monseiur ”. Animada por doña Marina Manuel y Balduino, la
archiduquesa conservó una clara perspectiva de su misión: asegurar la doble
alianza que sus padres habían planeado. Con vistas a este fin, tras esperar
unos días en Arnemuiden, la archiduquesa decidió no cruzar el estuario del
Escalda para ir a Brujas, sino que emprendió viaje hacia el oeste, hasta Bergen
op Zoom.
Palacio de Markiezenhof, Bergen op Zoom
La archiduquesa Juana fue a Bergen op Zoom para dedicarse a reforzar la
amistad con una familia de inclinaciones españolistas, los señores de Berghes,
alojándose en su residencia. Durante ese tiempo Jean de Berghes, primer chambelán
de Felipe y miembro de la distinguida orden del Toisón de Oro, y su esposa
Adrienne de Brimeu, tuvieron una hija a la que bautizaron en la iglesia de
Wouw, cerca de Bergen op Zoom, y a la que doña Juana, cuyo nombre
pusieron a la recién nacida, amadrinó. Que la archiduquesa sostuviera sobre la pila
bautismal a la hija del chambelán muestra el grado de implicación de esta familia
en la causa española, mas no por ello permaneció mucho tiempo allí.
Determinada a encontrarse con Felipe lo más pronto posible, la archiduquesa dejó la
mayor parte de su equipaje en la finca de los Berghes hasta después de su boda,
y se trasladó a Amberes, donde iba a esperar el regreso del archiduque a los Países
Bajos.
Fuentes:
ZALAMA, MIGUEL A. Juana I: Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica 2010
ARAM, BETHANY. La reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. Marcial Pons, ediciones de Historia, S.A. 2001
ARAM, BETHANY. La reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. Marcial Pons, ediciones de Historia, S.A. 2001



4 comentarios:
Esta es la historia de amor más apasionada y desafortunada de todo el siglo XV, el amor de este par sería la comidilla de dos cortes y más tarde, se pondría en duda la capacidad mental de Juana.
Me alegra volver a leerte dado que mi ausencia fue la larga, pero al menos tuve oportunidad de leer el final de la Reina Margot.
Feliz semana.
Besos y abrazos...
Estoy encantada que hayas retomado a Juana. Cada vez le odio mas a ese Felipe que de hermoso, si hemos de juzgarlo por los retratos de la epoca, bueno, mucho no tenia. Besos.
Saludos querida lady Grey, es un placer verte de nuevo por aquí :-). Si, es el matrimonio real más desafortunado del Renacimiento y el que más interés despertaría en las cortes europeas. Primero por sus disputas y después por la supuesta incapacidad mental de Juana.
Muchos abrazos
Saludos querida dama de oro. Gracias por tu interés sobre Juana, voy a hacer unas pocas entradas más y después continuaré con otros personajes. Sobre la belleza tan cacareada de Felipe, estoy leyendo a un historiador del arte que afirma que no era tanta, tenía sus defectos como una cojera.
Abrazos guapa
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