lunes, 28 de mayo de 2012

La entrada de Juana de Castilla en Amberes


A las siete de la tarde del lunes 19 de septiembre de 1496, la archiduquesa Juana, acompañada de todo su séquito y vestida con sus mejores galas, hizo su entrada en la ciudad portuaria de Amberes. Todos los principales de la ciudad salieron a recibir a su señora, aunque no estuvieron presentes ni su esposo, ni su cuñada Margarita de Austria, ni Margarita de York - la duquesa viuda de Borgoña, quien, según decía Felipe el Hermoso, había sido para él una verdadera madre “durant nostre minorité”-, ausencias estas últimas difíciles de entender. Fue el burgomaestre de Amberes el encargado de leer el discurso de bienvenida en presencia de la magistratura de la ciudad, los señores, los clérigos, los comerciantes de diferentes países, etc…, que en perfecta comitiva salieron al encuentro de doña Juana. Un cronista asociado a la corte de Borgoña celebró la entrada de la archiduquesa:

Esta muy ilustre y virtuosa dama … de bello porte y graciosa manera, la más ricamente adornada que jamás se haya visto en tierras del señor archiduque, cabalgaba sobre una mula a la moda de España con la cabeza descubierta. Estaba acompañada de 16 nobles damas jóvenes y una matrona que la seguía, vestidas en tela de oro y montadas de forma semejante, y teniendo pajes de ricos adornos y 27 o 30 trompetistas que hicieron todo lo posible para despertar buen ánimo en esta entrada.


Amberes, Bélgica

 
Juana por fin había hecho la gran entrada que desde España se había preparado. La rica ciudad de Amberes no reparó en gastos, representando a lo largo de las calles por las que discurrió la comitiva, historias alegóricas relacionadas con la virtud de su señor, algo habitual en las ciudades de los Países Bajos y que formaba parte de las joyeuses entrées. No obstante, los ciudadanos debieron de sorprenderse ante la riqueza del séquito de doña Juana, cuyo destino era el monasterio de San Miguel, lugar habitual de alojamiento de los duques de Brabante.

Pasaron diez días hasta que llegaron a Amberes su cuñada y Margarita de York. La princesa salió de Namur hacia Bruselas, donde se hizo acompañar por caballeros del Toisón de Oro e importantes damas. Formado el cortejo, de Bruselas se dirigieron a Malinas, donde se unió a la comitiva la duquesa viuda de Borgoña. A la entrada de Amberes seis trompetas españolas dieron la bienvenida a Margarita de Austria, y el almirante de Castilla, al frente del séquito de españoles, acudió de inmediato a rendir homenaje a la futura princesa de Asturias.



 Margarita de York y Margarita de Austria

 
Ya en el monasterio de San Miguel, las ilustres damas supieron que la archiduquesa Juana estaba enferma y postrada, aquejada de fiebres tercianas, y no debía de ser una simple indisposición consecuencia del viaje a juzgar por las importantes sumas de dinero que se pagaron al médico y al boticario que la atendieron. 

Su cuñada, rompiendo la etiqueta – según la cual no se debía importunar a la enferma, más que por no molestar por no encontrarse la persona doliente presentable de acuerdo con los cánones cortesanos -, decidió subir a sus habitaciones, encontrando a la archiduquesa en una cama baja sin cobertor a la moda de España.  La cámara de doña Juana despertó admiración por su riqueza, la fastuosa corte de Borgoña se rendía ante los tejidos y los innumerables vasos de oro y plata que había en la habitación.
 

Felipe el Hermoso


Debido a que Felipe el Hermoso aún no había regresado de su viaje por Alemania, la estancia en Amberes se prolongó durante un largo mes, durante el cual la enfermedad de la archiduquesa resultó no ser nada en comparación con lo que padecieron sus acompañantes. A la pérdida de un navío en la arribada a Inglaterra y al quebranto de parte de la recámara cuando encalló una de las carracas, hubo que sumar las continuas pérdidas de vidas, entre las cuales cabe señalar la del obispo de Jaén, principal clérigo del séquito y encargado de celebrar el matrimonio, que falleció antes de la boda.

Después de permanecer en Alemania unos meses, el archiduque Felipe decidió en octubre regresar por fin a sus dominios. En Amberes le esperaba impaciente su esposa, pero además debía organizar la travesía de Margarita de Austria a tierras españolas. Acompañado de un pequeño grupo de caballeros para agilizar el viaje, a uña de caballo se presentó en los Países Bajos a mediados de octubre.


Fuentes:
ZALAMA, MIGUEL A. Juana I: Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica 2010
ARAM, BETHANY. La reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. Marcial Pons, ediciones de Historia, S.A. 2001

4 comentarios:

genetticca dijo...

Te sigo amiga, siempre interesante, siempre aprendo y amplío mi cultura.

un abrazo

RaeCJ dijo...

Impresionante la entrada de nuestra Juana en Amberes. Rodeada de su gente, debió ser todo un espectáculo!!
Me encantan tus entradas!!
Besos!!

Magnolia dijo...

Muchas gracias Genetticca, espero seguir aportando mi granito de arena en el aumento de tus conocimientos históricos :-)

Muchos abrazos

Magnolia dijo...

¡ Saludos querida Rae! Que de toda una sublime escritora como tú salgan alabanzas hacia mi espacio es un gran honor :-) Muchísims gracias por seguirme. Continuaré con Juanita una pocas entradas más, no sé si hacer el parón en el nacimiento de Leonor o en su primer viaje a España, depende como lo vea.

¡Muchos besos guapa!