jueves, 31 de mayo de 2012

Juana de Castilla y su primera estancia en Flandes ( I )



Después de su matrimonio, Juana acompañó a Felipe, a Margarita de Austria y a la corte de regreso a Amberes. El archiduque se despidió de su esposa para acompañar a su hermana hasta la flota española que había de llevarla a la península Ibérica para que ésta, a su vez, casase con el príncipe Juan, el heredero de los Reyes Católicos. Doña Juana, que no volvió a reunirse con su esposo hasta el año siguiente, vio además a la mayoría de los miembros de su séquito emprender el camino de retorno, y tuvo que sentirse bastante sola.


LA TRÁGICA ARMADA

Aquel invierno de 1496 fue trágico para la tripulación de la armada española que permanecía en la costa glacial de Zelanda aguardando la llegada de la princesa Margarita. Una espera que se hizo interminable y que dio lugar a que de los quince mil miembros de la flota, nueve mil fallecieran de hambre y de frío. La armada no partiría con la princesa hasta el mes de febrero. Se ha calculado que, con las vituallas que llevaba la armada y sin contar posibles pérdidas, el pan y la carne apenas alcanzarían para tres meses, con lo que se entiende que a finales del otoño la escasez era una realidad. No estaba previsto que la estancia se prolongara tanto tiempo y los recursos necesarios para paliar la hambruna no llegaron. Los hombres, desesperados, enfermaban y fallecían. 


 
El hambre que padecieron no sólo fue objeto de comentarios en diferentes países, sino que se siguió recordando años después. Así lo haría el secretario de Enrique VII cuando llegó a Inglaterra la infanta Catalina para casarse con el príncipe Arturo; en una carta a su sobrino, entonces en la corte española, le decía: “ os hago saber que aunque vienen muchos con la señora princesa, no morirán ninguno de hambre, que si murieran serán de mucho comer “. Morir no murieron, pero si llegaron a sufrir estrecheces la princesa Catalina y sus sirvientes.

Cuando las noticias de la alta mortalidad de la tripulación llegaron a España, se culpó a doña Juana de la tragedia, por no haber previsto y evitado tan cruel fin a los acompañantes de su viaje. El caso contribuyó a hacer su figura antipática en Castilla. A la llegada de un embajador de Castilla, la archiduquesa le manifestó que estaba preocupada por su reputación en la corte de Isabel. De hecho doña Juana hizo lo posible para acelerar la partida de su cuñada Margarita, pero su posición en esos momentos distaba de ser fuerte.


 Bruselas


JUANA RECORRE LOS PAISES BAJOS


La archiduquesa Juana procuraba familiarizarse con los habitantes de los Paises Bajos. Honró a sus súbditos y recibió su homenaje en una serie de entradas inaugurales a las principales ciudades y pueblos de su esposo. La primera visita de la archiduquesa a cada comunidad significaba su presentación pública y su reconocimiento como duquesa, condesa o señora. Estos acontecimientos inaugurales implicaban la recepción de Juana en las afueras de cada ciudad y pueblo, a la que seguía su desfile por las calles adornadas con tapicerías y delante de representaciones teatrales hechas en su honor. Luego, dependiendo del tamaño y la importancia de la comunidad, sus líderes seculares y eclesiásticos presentaban a Juana de veinticuatro a doscientos lotes de vino, entre otros regalos. A través de esta serie de eventos, los ciudadanos reconocían la autoridad de Juana como esposa de Felipe.

Las imágenes gráficas de semejantes ceremonias inaugurales aparecen en un manuscrito que conmemoraba la entrada de Juana a Bruselas, el 9 de diciembre de 1496. El volumen exquisitamente iluminado, de sesenta y tres folios, describía una procesión a lo largo de la ciudad que incluía a la archiduquesa. Una sucesión de grupos corporativos, incluyendo a frailes, eruditos, consejeros, matemáticos y músicos desfilaban delante de Juana y los habitantes de Bruselas. Otros participantes, incluyendo a payasos y “ hombres salvajes”, realzaban la atmósfera de festividad. En el momento culminante de la procesión, apareció Juana en persona. Después de ser levantada a gran altura por los miembros del gremio de los alabarderos, el color oro y rojo de las telas de la archiduquesa brillaban haciendo juego con las antorchas.

Una vez que Juana llegó a la Grande Place, se encontró con una serie de escenas teatrales organizadas para entretenerla e instruirla. Estas representaciones, protagonizadas por heroínas bíblicas, mitológicas e históricas, iban acompañadas de inscripciones en latín que las relacionaban con Juana. La ciudad de Bruselas proporcionaba a la nueva archiduquesa ejemplos de heroínas que habían ejercido su autoridad de varias maneras, desde mostrar una resignada paciencia hasta realizar acciones homicidas. Las figuras representadas incluían a Judith, Sara, Pentesilea, Semiramis, Tecuites, Michelle, Rebeca, Esther, Astayges, Deiphilis de Tebas, Yael, Venus, Juno, Palas Atenea y la reina Isabel de Castilla. 


 Gante


Felipe el Hermoso, después de esta entrada espectacular, y una vez enviada su hermana a España, se encontró con Juana en Bruselas y viajó con ella a Gante. Su entrada conjunta en esa ciudad tuvo lugar el 10 de marzo de 1497. Como en Amberes, la archiduquesa entró en Gante vestida de dorado y seguida por sus acompañantes, todas montadas en suntuosas sillas de montar a la manera española. Ya por esta época, el séquito de la archiduquesa también empezó a mostrar signos de la influencia franco-borgoñona. Grandes y anchos sombreros, típicos del estilo francés, adornaban las cabezas de las damas, mientras que el nuevo chevalier de honneur de la archiduquesa, Jean de Berghes, y otros miembros de la orden del Toisón de Oro, precedían a las mujeres.

A primera vista, Juana parecía adaptarse bien a la moda y costumbres del norte. Una vez que fue bienvenida a la ciudad, la archiduquesa demostró la soberana virtud de la clemencia, al perdonar a un prisionero a quien se había encontrado culpable de “ gobierno deshonesto con mujeres que no eran la suya “ – una ofensa que ella encontraría después más difícil de perdonar en su propio marido-. Incluso ante la presencia de Felipe, Juana parecía cultivar algunos vínculos con los flamencos y borgoñones sin renunciar a su identidad española.

Aparte de las jubilosas entradas en Gante, Brujas y otras ciudades, los archiduques participaron en otros rituales diseñados para demostrar el mandato divino y popular de su reinado. Felipe convocaba reuniones regulares de la orden del Toisón de Oro y Juana demostraba su piedad visitando conventos franciscanos en Bruselas y Brujas, así como su participación en la procesión de Pascua en Brujas. No obstante, la falta de recursos por la negativa de Felipe a entregarle los 20.000 escudos acordados y la separación de sus servidores españoles tuvo que hacer mella en el ánimo de la archiduquesa. Juana cada vez estaba más aislada.

Fuentes:
ZALAMA, MIGUEL A. Juana I: Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica 2010
ARAM, BETHANY. La reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. Marcial Pons, ediciones de Historia, S.A. 2001
MARQUEZ DE LA PLATA, VICENTA. El Trágico Destino de los Hijos de los Reyes Católicos. Santillana Ediciones Generales S.L 2008

2 comentarios:

bichoraro dijo...

Menuda vida la de Juana, verdad?
Me encanta que escribas sobre ella.
un abrazo.

Magnolia dijo...

Tienes razón Bichoraro, Juana es un personaje apasionante y cuánto sufrió la pobre. Para mi nuestras hermanas Trastámara son de lo mejorcito, qué triste vida la de ellas siendo tan inteligentes y guapas.

Abrazos, muchas gracias por comentar