miércoles, 28 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XVIII )



EL REENCUENTRO DE MARGOT Y ENRIQUE DE NAVARRA


El reencuentro entre los esposos no tuvo lugar hasta el 13 de abril de 1584. Margot es la primera en llegar a Port-Sainte-Marie y espera a su marido en una habitación situada en el primer piso de una casa de la pequeña ciudad. Enrique se presenta con retraso y, sin apresurarse, sube a abrazar a su mujer. Tras una entrevista de una hora, el rey y la reina toman el camino de Nérac. Margot va tendida en su litera y el rey la escolta a caballo. Un testigo lo relata: “ El rey y la reina, su mujer, llegaron a Nérac y estuvieron los dos solos paseándose hasta la noche por la galería del castillo, donde vi a esta princesa derramar lágrimas sin cesar. De tal manera que, cuando estuvieron en la mesa, donde quise verles – era muy tarde, a la luz de las velas -, no vi jamás rostro más bañado en lágrimas ni ojos más enrojecidos por el llanto. Y esta princesa me dio mucha pena. Viéndola sentada junto al rey su marido, que hacía que lo entretuvieran con no sé qué discursos vanos unos gentilhombres que estaban a su alrededor, sin que ni él ni cualquier otro le hablara a esta princesa, pensé lo que el señor del Pin me había dicho, que él la había recibido por obligación. Y de pronto, se levantaron de la mesa, y yo me retiré sin que el rey me hubiera visto, previendo que esta reconciliación no duraría demasiado …”

Luego, la pequeña corte, que permanece al acecho, ve al rey y a la reina pasear otra vez, esta vez lentamente, a orillas del río. Los reproches hacen llorar de nuevo a Margot, que regresa al castillo con el semblante descompuesto y los ojos bañados en llanto. Una vez obtenido el perdón, Margot le escribe a su hermano expresándole la satisfacción que ha sentido al reunirse con su marido. Según Pierre de L’Estoile, las relaciones conyugales se reanudan, con escasa frecuencia, aunque suficiente, ya que la reina parte para someterse a una cura en las fecundantes aguas de Encausse. Sin embargo, Enrique de Navarra parece no querer insistir para obtener un resultado, pues la bella Corisande ha puesto en guardia a su “ Petiot” – así es como llamaba al rey -, en caso de que éste tuviera que cumplir con sus deberes de esposo, para que no legitimase a un hijo fruto de algún nuevo capricho de Margot.


Enrique de Borbón, rey de Navarra y de Francia




LA MUERTE DEL DUQUE DE ANJOU



Por más que Margot le escribe a su madre hablándole del “honor y el cariño” que ha recibido del rey su “marido y amigo”, Catalina de Médicis no es tonta. En realidad – y la reina madre lo sabe perfectamente-, las horas luminosas han terminado para su hija. Se encuentra lejos de Champvallon, sus relaciones con el rey de Francia son turbias y su marido apenas la soporta. Este último se niega cada vez con más frecuencia a ir a “ visitarla” por la noche. Menos de dos meses después de su llegada a Nérac, se recibe una mala noticia: la muerte del hermano menor de la reina, el duque de Anjou. Margot siente un profundo pesar. Los que la rodean se visten de luto y ella hace revestir su habitación de negro.

La cuestión más grave que se plantea ahora es la de la sucesión a la Corona de Francia. Casado desde hace nueve años con la dulce Luisa de Lorena-Vaudemont, el soberano francés no ha tenido hijos. ¿Quién sucederá a Enrique III si éste fallece sin descendencia?. De acuerdo a la Ley Sálica, que excluía a las mujeres del trono, el heredero venía a ser un hugonote, el rey de Navarra. Enrique III dejó perfectamente claro que él consideraba a su cuñado su sucesor legal y esperaba que, a su debido tiempo, podría persuadirlo de volver a convertirse al catolicismo. Pero Navarra se resistía, era demasiado inteligente para no saber que, si abjurase de su religión, perdería sus apoyos protestantes sin tener la seguridad de atraer hacia sí a los católicos, que nunca se fiarían de tal conversión.

Los católicos, concentrados en la cada vez más poderosa Santa Liga, no estaban dispuestos a aceptar que un hugonote se sentase en el trono de Francia. Aspiraban a ceñirse la corona; Enrique de Guisa, descendiente de Carlomagno, y el cardenal de Borbón, tío del rey de Navarra. En julio de 1585 el monarca francés promulgó el edicto de Nemours por el que el protestantismo era declarado ilegal en Francia. Por lo tanto, Enrique de Navarra, como hereje, no podría heredar el trono. Enrique III prohibió el acceso a la corona de su heredero legal. La respuesta fue inmediata y la guerra estalló de nuevo. A este enfrentamiento se le conoce como Guerra de los Tres Enriques, ya que en ella participaron: Enrique III, Enrique de Guisa y Enrique de Navarra.



Diana d'Andoins o Corisande, mujer de gran belleza y culta, fue amante de Enrique de Navarra durante siete años. Tuvo una gran influencia sobre el rey y le ayudó con dinero y hombres para sostener la campaña que llevaba contra la Liga. Algunos indican que tuvo un hijo, Antoine, de esta relación.


Margot recibe en secreto a unos emisarios: su deseo es unirse a la Santa Liga y, en consecuencia, al duque de Guisa, y combatir a la vez a los dos Enriques. Está exasperada al máximo por la presencia de la amante de su esposo, cuya fuerte personalidad influye demasiado, según ella, en las decisiones tomadas por su esposo. Diana d’Andoins – apodada “ la bella Corisande“- es una joven viuda, ambiciosa y de alcurnia. Con su belleza refinada y distante y su singular seguridad en sí misma, había eclipsado a Margot, y ya había empezado a pensar en hacer repudiar a la esposa de su amante y convertirse en reina de Navarra. Margot comienza a odiar a su esposo y en marzo de 1575, en un gesto inaudito para su época, abandonó a Enrique para refugiarse en Agen, que forma parte de su patrimonio.

La condesa de Agen – tal es ahora su título- hace una entrada muy modesta en su pequeña ciudad. Tan sólo la acompañan dos o tres damas en su carroza y no muchos más caballeros la escoltan. Se instala en su antiguo alojamiento de la calle del Ave María, en la casa de Pierre de Combefort, una mansión coronada por un afilado aguilón y flanqueada por torrecillas. Su corte abandona a su vez Nérac y va a reunirse con ella. Asimismo, se instalan en Agen numerosos gentilhombres católicos de la región. La reina permanecerá en su pequeña capital algo más de cuatro meses, al principio muy bien vista por los habitantes, que son todos buenos católicos y, por consiguiente, enemigos del hereje Enrique de Navarra. Margot se gana su cariño y asiste todos los días a misa. A la salida de la iglesia, abre su bolsa con generosidad. Su corte gasta sin mesura y los comerciantes conocen una prosperidad inesperada.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=enrique-iii-rey-de-francia

6 comentarios:

lady grey dijo...

Entonces, ¿las relaciones entre Margot y su esposo terminan tensas? Estoy ansiosa por saber cómo termina la pelea por el trono de Francia.
Besos y abrazos...

Magnolia dijo...

Se puede decir que fueron belicosos y quienes fueron cómplices y amigos antaño ahora son encarnizados enemigos pero ... la vida da muchas vueltas ... no digo más querida lady Grey :-)

Muchos abrazos guapa, gracias por leerme

dama de oro dijo...

Claro es una explicacion harto convincente sobre la "inexplicable" aversion del monarca navarro que no perdonaba un almita y sin embargo a Margot la ignoraba. No sin razon tenia miedo que engendrara a un chico con cualquier amante y se lo endosara para la corona. Muy esclarecedor. Gracias. Esta historia de Margot me encanta y veo que a ti tambien.

Magnolia dijo...

A mi lo que más me sorprende de todo es la aceptación del adulterio de Margot por parte de su marido desde un principio, por muy liberales y tolerantes que fuesen ambos. Porque no cabe duda de que si la reina tiene amantes algún hijo ilegítimo le puede endosar al marido como suyo, por muchas precauciones que tomara en sus aventuras, alguna vez pueden fallar. Mucha seguridad no podía tener, en esta situación, el rey de que el heredero fuese de su sangre. Si Margot hubiese sido esposa de Enrique VIII ya sabemos cómo habría acabado ...

Si, esta serie se está alargando más de lo que yo esperaba, pero es que contiene tantos elementos interesantes que no puedo resumirla ...

Gracias dama de oro

dama de oro dijo...

No¡ No la resumas, esta muy bien asi como esta. Esta mujer merece ser reivindicada. Vivio en circunstancias terribles y supo amar y gozar la vida a pesar de todo. Creo que con Navarra hicieron una gran dupla, dos granujas adorables. Besos.

Magnolia dijo...

gracias dama de oro, poco a poco voy avanzando con esta historia, que parece no tener fin ... pero es tan interesante ... Margarita de Valois es uno de esos personajes que, sin ser un modelo a seguir, porque no lo fue, es muy atrayente. Creo que una de las reinas más fascinantes del Renacimiento por ser una mujer fuera de lo común; una verdadera adelantada a su tiempo, un espíritu libre al que no podían cortarle las alas. ¿ Cuándo se ha visto a una reina renacentista coleccionar amantes y desafiar a su familia y a la sociedad de su tiempo? Reconozco que por momentos me asombra, me divierte o le hago reproches, pero no me deja indiferente este eprsonaje.

Muchos abrazos guapa,feliz semana