
TENSIONES EN LA CORTE DE FRANCIA
Fueron cinco o seis meses de calma relativa. En realidad, Margot vivió envuelta en un espantoso embrollo, un foco de intrigas, conmociones y provocaciones, un torbellino colectivo cuyo epicentro casi siempre será ella. Se producen repetidas escenas violentas entre el rey y su hermano; los favoritos del rey y los de Anjou, entre los que figura su querido Bussy, cruzan las espadas por cualquier motivo y se cortan el cuello con entusiasmo. Francisco de Anjou se declara ofendido e indignado por los ataques de que son objeto todos los días sus favoritos. Muy pronto, una sola idea ocupa su mente: abandonar la corte de su hermano para tener la suya fuera de allí. Tanto más cuanto que los favoritos de este último se muestran cada vez más violentos. Durante un baile, llegan incluso a provocar a Anjou dirigiéndole palabras de las más hirientes. Los principales ataques hacen referencia a su fealdad y su baja estatura, y estos insultos son proferidos en voz tan alta que no tiene más remedio que oírlos.
Francisco se queja amargamente ante su madre, quien se declara muy apesadumbrada a causa de esta insoportable situación y aprueba su deseo de alejarse del Louvre con el pretexto de una partida de caza. El rey se enfurece cuando su madre le comunica los planes de caza de Francisco. Presiente que no se trata sino de un pretexto para marcharse. A buen seguro, su hermano y su hermana están fomentando un complot destinado a sentar al duque en el trono de Flandes, lo cual significa iniciar una guerra contra el rey de España, cosa que Enrique III, muy prudentemente, desea evitar a toda costa.
Francisco se queja amargamente ante su madre, quien se declara muy apesadumbrada a causa de esta insoportable situación y aprueba su deseo de alejarse del Louvre con el pretexto de una partida de caza. El rey se enfurece cuando su madre le comunica los planes de caza de Francisco. Presiente que no se trata sino de un pretexto para marcharse. A buen seguro, su hermano y su hermana están fomentando un complot destinado a sentar al duque en el trono de Flandes, lo cual significa iniciar una guerra contra el rey de España, cosa que Enrique III, muy prudentemente, desea evitar a toda costa.
Charlotte de Sauve
El problema culminó en una escena ridícula: el rey hizo una sorpresiva visita a su hermano durante las primeras horas de la mañana y ordenó registrar su cuarto. Mientras sus guardias abrían baúles y armarios y desparramaban el contenido, el rey revolvió maníacamente la ropa de cama. Con intensa satisfacción advirtió que Anjou intentaba esconder un trozo de papel. El documento fue confiscado y calificado, sin más trámites, de evidencia condenatoria, pero muy pronto se descubrió que lo único que contenía era una declaración de amor de Charlotte de Sauve, la hechizadora joven se veía en la obligación de otorgar sus favores a Francisco por orden de Catalina de Médicis. El rey, su hermano y su madre – todos en camisón- habían protagonizado una escena ridícula e indigna. La vergüenza de haberse equivocado aumenta el despecho y la cólera del rey, que se venga de su chasco decretando el arresto de Bussy. Les pide al jefe de su guardia y a sus arqueros que permanezcan junto a su hermano y no le pierdan de vista.
Anjou toma la firme decisión de huir. Margot lo aprueba y le promete ayudarle. Su hermano logra escapar, con la ayuda de una cuerda resistente, por la ventana de la habitación de la reina de Navarra, que está situada en el último piso del palacio y da a los fosos del Louvre. Cabe imaginar la furia del rey al enterarse de la fuga del duque de Anjou. Ebrio de rabia, convoca a su hermana en presencia de la reina madre. Como es de suponer, la abruman con violentos reproches. Margot niega toda participación en esta evasión y se le permite regresar tranquilamente a sus aposentos.
Anjou toma la firme decisión de huir. Margot lo aprueba y le promete ayudarle. Su hermano logra escapar, con la ayuda de una cuerda resistente, por la ventana de la habitación de la reina de Navarra, que está situada en el último piso del palacio y da a los fosos del Louvre. Cabe imaginar la furia del rey al enterarse de la fuga del duque de Anjou. Ebrio de rabia, convoca a su hermana en presencia de la reina madre. Como es de suponer, la abruman con violentos reproches. Margot niega toda participación en esta evasión y se le permite regresar tranquilamente a sus aposentos.

EL REENCUENTRO DE MARGOT Y ENRIQUE DE NAVARRA
En agosto de 1578, después de prometer a Enrique III que continuaría sirviendo a los intereses de la corona francesa y que se valdría de todos los medios para inducir a su esposo a obedecerles, Margot recibió por fin la autorización para reunirse con el rey de Navarra en sus tierras. En efecto, el monarca francés, tras haber aplazado durante seis meses la partida de su hermana, ahora no desea sino verla partir. Pero la próxima llegada de la reina de Navarra inquieta a los hugonotes. ¿ No traerá su venida “ muchas corrupciones “ ?.
Catalina de Médicis decidió recorrer las problemáticas regiones del sur y suroeste de Francia, baluartes hugonotes, para administrar la paz y templar los ánimos exaltados. Margot sale de París con un imponente séquito formado por trescientas personas y acompañada por su madre y su séquito - que incluía a algunas de sus damas de la “ escuadra” -, del cardenal de Borbón, el duque de Montpensier y su enamorado canciller Guy du Faur de Pibrac. La carta de una dama del séquito de la reina madre, escrita durante el viaje, nos muestra a Margot ocupada, tras dos años y medio de separación, en los preparativos para la reconquista de su esposo Enrique: “ Desde hace tres días está encerrada en su estancia, sola con tres camareras, una armada de navaja de afeitar, otra de cremas y la tercera de fuego. Está siempre metida en agua, blanca como un lirio, toda perfumada; se estriega y se restriega, envuelta en una nube de incienso como una hechicera fascinadora en el humo de sus alambiques; y, si hacemos caso de lo que dice a sus íntimos, sostiene que hace todo esto solamente para complacerse a sí misma”.
Charlotte de Sauve cabalga a lomos de su mula y se las promete muy felices. Sin duda espera, tras un intermedio con Anjou, reanudar sus amores con el rey de Navarra, por poco que el interés de la reina madre lo exija … y a pesar de que entre tanto se hubiera convertido también en amante del duque de Guisa.
Catalina de Médicis decidió recorrer las problemáticas regiones del sur y suroeste de Francia, baluartes hugonotes, para administrar la paz y templar los ánimos exaltados. Margot sale de París con un imponente séquito formado por trescientas personas y acompañada por su madre y su séquito - que incluía a algunas de sus damas de la “ escuadra” -, del cardenal de Borbón, el duque de Montpensier y su enamorado canciller Guy du Faur de Pibrac. La carta de una dama del séquito de la reina madre, escrita durante el viaje, nos muestra a Margot ocupada, tras dos años y medio de separación, en los preparativos para la reconquista de su esposo Enrique: “ Desde hace tres días está encerrada en su estancia, sola con tres camareras, una armada de navaja de afeitar, otra de cremas y la tercera de fuego. Está siempre metida en agua, blanca como un lirio, toda perfumada; se estriega y se restriega, envuelta en una nube de incienso como una hechicera fascinadora en el humo de sus alambiques; y, si hacemos caso de lo que dice a sus íntimos, sostiene que hace todo esto solamente para complacerse a sí misma”.
Charlotte de Sauve cabalga a lomos de su mula y se las promete muy felices. Sin duda espera, tras un intermedio con Anjou, reanudar sus amores con el rey de Navarra, por poco que el interés de la reina madre lo exija … y a pesar de que entre tanto se hubiera convertido también en amante del duque de Guisa.

El 2 de octubre, en Casteras – una casa solariega aislada, a medio camino entre la católica Saint-Macaire y la protestante La Réole – Enrique de Navarra, acompañado de seiscientos gentilhombres, se presenta con alegría ante su suegra y su mujer, a la que besa dos veces. En La Réole, los esposos pasan la noche. Pero hasta el día siguiente no compartirán el mismo lecho, pues Enrique despedía tal olor que, la primera noche, Margot prefirió dormir sola. El rey de Navarra no presta atención alguna a Charlotte de Sauve, quien se siente tanto más vejada cuanto que él muestra interés por otra dama de honor de la reina madre, procedente de Chipre: la atractiva Victoria de Ayala, llamada la Dayelle. Margot, tolerante y casada bajo el régimen de las infidelidades mutuas, no siente celos al enterarse de los caprichos de su marido, siempre y cuando, declara, Enrique le profese “ honor y amistad ”. E insiste en que ambos mostraban un gran contento por estar de nuevo juntos.
Antes de dejar a Margot con Navarra en Nérac, Catalina de Médicis le dijo a su yerno que, si se presentaban problemas políticos, recurriera a su esposa para que intercediera por él ante el rey. Después de meses de agotador trabajo, se firmó la convención de Nérac y la reina madre siguió su camino. “ Son la mejor pareja que se pueda imaginar “, le escribe con optimismo la reina madre a su amiga la duquesa de Uzès. Enrique lleva a su esposa a Pau. Esta visita no les hace ninguna gracia a los habitantes de la ciudad, que persiguen encarnizadamente a los católicos y, según dicen, vieron llegar con muy malos ojos a la reina cuyo divorcio habían reclamado.
Antes de dejar a Margot con Navarra en Nérac, Catalina de Médicis le dijo a su yerno que, si se presentaban problemas políticos, recurriera a su esposa para que intercediera por él ante el rey. Después de meses de agotador trabajo, se firmó la convención de Nérac y la reina madre siguió su camino. “ Son la mejor pareja que se pueda imaginar “, le escribe con optimismo la reina madre a su amiga la duquesa de Uzès. Enrique lleva a su esposa a Pau. Esta visita no les hace ninguna gracia a los habitantes de la ciudad, que persiguen encarnizadamente a los católicos y, según dicen, vieron llegar con muy malos ojos a la reina cuyo divorcio habían reclamado.
Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994

5 comentarios:
Oh por Dios me imagino tener un marido tan sucio , aunque sea rey, claro que algunas no le hacian asco a nada.
Pues si, con lo perfumadita y acicalada que llegó Margot a los brazos de su marido, él por lo visto tenía abandonado el " desodorante ", normal que la joven se alejase de su esposo aquella noche, supongo que le diría: O te bañas o no hay nada de nada. Pero no pasaba nada porque Enrique tenía damiselas complacientes menos " exigentes " para hacerle compañía.
Abrazos dama de oro
Me asombra la buena relación entre Enrique y Margot, más que esposos eran amigos y creo que después de todo ella necesitaba un cómplice y que mejor que un amable esposo, que aunque oloroso y descuidado la quería bastante.
Hablando de otros temas, tienes una excelente colección de Catalina de Aragón, poco a poco iré leyéndola en su totalidad.
Te deseo una feliz semana.
Besos y abrazos...
La relación de Enrique y Margot fue quizá un tanto atípica para la época, un matrimonio en donde ambos cónyuges eran infieles y tolerantes, cómplices y amigos ... aunque no todo fue una balsa de aceite entre ellos. Hoy me ha sido imposible preparar la siguiente entrega, cuando tengo que consultar y contrastar varios libros a la vez me cuesta un poco más terminar la serie pero espero acabarla para este fin de semana, no creo que falte mucho unas tres entradas más, a lo sumo. Gracias Lady Grey, la serie sobre Catalina de Aragón está incompleta su parte como princesa de Gales, en este año espero adelantarla bastante porque viene sus siete penosos años, malviviendo en Inglaterra por culpa del tacaño de su padre y su avaro suegro. En cuanto a las otras partes que ya están completas, pues las iré también modificando para añadir datos nuevos y alguna que otra parte que se me ha olvidado añadir.
Besos y abrazos guapa
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