PLANES DE HUIDA
Tras el fracaso de la conspiración, Enrique de Navarra y el duque de Alençon quedan confinados y sometidos a una vigilancia implacable en la corte. Cada día – el rey de Navarra lo contará-, el capitán de la guardia penetra en su aposento, cuyas ventanas están enrejadas, y mira debajo de la cama para comprobar si hay alguien. Los dos príncipes permanecen casi todo el tiempo recluidos en sus aposentos: “ Su única ocupación – relata el futuro duque de Sully- era hacer volar codornices en sus habitaciones ”. Enrique de Navarra no tendrá más que una idea en la cabeza: recuperar su libertad. Margot considera también que la existencia de su marido en la corte francesa se encuentra cada vez más amenazada y que sería prudente que abandonara París. La situación no puede prolongarse.
Para proteger su huida, encuentra un subterfugio que relata en sus memorias: “ Como yo salía y entraba libremente en carruaje sin que los guardias mirasen dentro y sin que les hicieran quitar la máscara a mis mujeres ”, la reina les propone a su esposo y a su hermano que se afeiten, se pongan las ropas de sus camareras y abandonen el Louvre en su coche, ocultos bajo este atavío. Incluso llevarán un antifaz, ya que las damas virtuosas, y las que no lo eran tanto, salían enmascaradas. No obstante, para realizar con éxito la operación, ésta debía llevarse a cabo en dos veces: “ Jamás – prosigue la reina- llegaron a ponerse de acuerdo en cuál de los dos saldría primero …De manera que este plan no pudo ser ejecutado ”. Será su hermano quien haga abortar el proyecto. En efecto, Alençon, devorado por la ambición, había alimentado la secreta esperanza de ponerse a la cabeza y al mando de los protestantes. Para lograrlo, era imprescindible que se adelantara a su cuñado Enrique de Navarra.
Para proteger su huida, encuentra un subterfugio que relata en sus memorias: “ Como yo salía y entraba libremente en carruaje sin que los guardias mirasen dentro y sin que les hicieran quitar la máscara a mis mujeres ”, la reina les propone a su esposo y a su hermano que se afeiten, se pongan las ropas de sus camareras y abandonen el Louvre en su coche, ocultos bajo este atavío. Incluso llevarán un antifaz, ya que las damas virtuosas, y las que no lo eran tanto, salían enmascaradas. No obstante, para realizar con éxito la operación, ésta debía llevarse a cabo en dos veces: “ Jamás – prosigue la reina- llegaron a ponerse de acuerdo en cuál de los dos saldría primero …De manera que este plan no pudo ser ejecutado ”. Será su hermano quien haga abortar el proyecto. En efecto, Alençon, devorado por la ambición, había alimentado la secreta esperanza de ponerse a la cabeza y al mando de los protestantes. Para lograrlo, era imprescindible que se adelantara a su cuñado Enrique de Navarra.
ENRIQUE III DE FRANCIA
El 30 de mayo de 1574, a las tres y media de la madrugada, enfermo de tuberculosis, Carlos IX exhala su último suspiro y se sume en la noche eterna. Su hermano Enrique, rey de Polonia, es ahora el nuevo soberano de Francia. Mientras se espera su llegada, el 22 de julio, en París, el marido de Margot intenta huir del Louvre subiendo a una barca que conduce por el Sena un bastardo de la familia Borbón. Pero el plan llega a oídos de la reina madre. La tentativa fracasa de nuevo y el cerco se cierra todavía más en torno al rey de Navarra.
Catalina de Médicis salió de París para encontrarse con su adorado hijo Enrique III en las afueras de Lyon. Sentados junto a ella en su coche personal estaban Alençon y Navarra. Como si fueran dos niños malos, ella los tenía cerca constantemente. Casi dos meses y medio después de su partida de Cracovia, el nuevo soberano llega a Francia. El 5 de septiembre, la reina madre abrazó a su amado hijo en Bourgoin. Enrique III abraza a su hermano y a su cuñado y les asegura que el pasado está olvidado.
También Margot se acercó a su hermano para darle la bienvenida. En sus memorias, ella recuerda que él la miró fijamente. Enrique había sido mantenido al tanto de la complicidad de Margot en las confabulaciones de su hermano y su esposo. No obstante, el nuevo rey la estrechó entre sus brazos y alabó su belleza. Margot, que había tenido demasiados abrazos íntimos de Enrique, escribió: “ Cuando el rey me estrechó contra sí, yo me estremecí y temblé de pies a cabeza, ganada por una emoción que me fue difícil ocultar ”.
Catalina de Médicis salió de París para encontrarse con su adorado hijo Enrique III en las afueras de Lyon. Sentados junto a ella en su coche personal estaban Alençon y Navarra. Como si fueran dos niños malos, ella los tenía cerca constantemente. Casi dos meses y medio después de su partida de Cracovia, el nuevo soberano llega a Francia. El 5 de septiembre, la reina madre abrazó a su amado hijo en Bourgoin. Enrique III abraza a su hermano y a su cuñado y les asegura que el pasado está olvidado.
También Margot se acercó a su hermano para darle la bienvenida. En sus memorias, ella recuerda que él la miró fijamente. Enrique había sido mantenido al tanto de la complicidad de Margot en las confabulaciones de su hermano y su esposo. No obstante, el nuevo rey la estrechó entre sus brazos y alabó su belleza. Margot, que había tenido demasiados abrazos íntimos de Enrique, escribió: “ Cuando el rey me estrechó contra sí, yo me estremecí y temblé de pies a cabeza, ganada por una emoción que me fue difícil ocultar ”.
Sin embargo, una tragedia enlutará toda la existencia del nuevo soberano. En el mes de octubre fallece su amada Marie de Cléves, con quien esperaba casarse haciendo anular su matrimonio, a consecuencia de una infección pulmonar. Recientemente había dado a luz una niña, fruto de su unión con el príncipe de Condé. La aflicción y el decaimiento del rey fueron tales, que su madre temió por su vida. Para oficializar su tristeza, Enrique se viste de negro y encarga decenas de trajes de luto. Hasta sus zapatos estaban decorados con diminutas calaveras. La corte guardó luto riguroso, pero su madre insistió en que él no se entregara más tiempo a su pena y resolvió buscar cuanto antes una novia digna de él.
Antes de dejar Lyon, la corte acude a Avignon. Y el martes 16 de noviembre, descendiendo por el Ródano, el vasto pontón en el que viajan el rey y la reina de Navarra naufraga en Pont-Saint-Esprit. Enrique y Margarita salen indemnes, pero entre treinta y cinco y cuarenta personas que habían embarcado con ellos, se ahogan. En febrero de 1575, tuvo lugar la coronación de Enrique III en Reims y su boda con la dulce y encantadora Luisa de Lorena-Vaudemont, a la que había conocido en Nancy cuando se dirigía a Polonia y que se muestra loca de agradecimiento.
Antes de dejar Lyon, la corte acude a Avignon. Y el martes 16 de noviembre, descendiendo por el Ródano, el vasto pontón en el que viajan el rey y la reina de Navarra naufraga en Pont-Saint-Esprit. Enrique y Margarita salen indemnes, pero entre treinta y cinco y cuarenta personas que habían embarcado con ellos, se ahogan. En febrero de 1575, tuvo lugar la coronación de Enrique III en Reims y su boda con la dulce y encantadora Luisa de Lorena-Vaudemont, a la que había conocido en Nancy cuando se dirigía a Polonia y que se muestra loca de agradecimiento.


LOUIS DE CLERMONT BUSSY D'AMBOISE
La incorregible Margot se había convertido ahora en la amante de un alegre esgrimidor llamado Saint-Luc. Sin embargo, en cuanto ve en Reims, durante la coronación de su hermano, al vigoroso y seductor Louis de Clermont Bussy d’Amboise, se enamora perdidamente de él. Éste, a su vez, enseguida se siente fascinado por esta joven ya legendaria. Por amor a ella, aunque gozaba del favor de Enrique III, cambió de bando y se pasó al del hermano preferido de Margot, el inquieto duque de Alençon, que se había convertido en el primero en el orden de sucesión al trono, al menos hasta que el rey tuviera un heredero.
La reina de Navarra no era la única que encontraba irresistible a Bussy, el cual encarnaba el tipo del perfecto caballero a la moda: soldado intrépido, cultivaba las letras, se expresaba con elocuencia, versificaba con gracia, era elegante, refinado e ingenioso. Al elegido de Margot le faltaban, sin embargo, dos virtudes en las cuales la propia reina de Navarra no destacaba al parecer: la discreción y la prudencia. Si Bussy no perdía ocasión de dar a entender que era un amante satisfecho, Margot no se preocupaba por desmentirlo. No se consideraba una mujer como las demás y para ella amar no representaba ceder: era una gran princesa que había encontrado por fin un hombre digno de ella y afirmaba con orgullo su posesión, cubriéndolo de regalos que eran otros tantos signos del poder que ella ejercía sobre él, pruebas inconfundibles de su favor.
La reina de Navarra no era la única que encontraba irresistible a Bussy, el cual encarnaba el tipo del perfecto caballero a la moda: soldado intrépido, cultivaba las letras, se expresaba con elocuencia, versificaba con gracia, era elegante, refinado e ingenioso. Al elegido de Margot le faltaban, sin embargo, dos virtudes en las cuales la propia reina de Navarra no destacaba al parecer: la discreción y la prudencia. Si Bussy no perdía ocasión de dar a entender que era un amante satisfecho, Margot no se preocupaba por desmentirlo. No se consideraba una mujer como las demás y para ella amar no representaba ceder: era una gran princesa que había encontrado por fin un hombre digno de ella y afirmaba con orgullo su posesión, cubriéndolo de regalos que eran otros tantos signos del poder que ella ejercía sobre él, pruebas inconfundibles de su favor.


Todavía más peligrosa que la indiscreción, la imprudencia de Bussy pronto se revelaría fatal para ambos amantes. Asaltos, peleas y duelos eran, junto con las aventuras galantes, el deporte favorito del elegido de Margot. Formidable espadachín, capaz de hacer frente él solo a una muchedumbre de enemigos, temerario más allá de todo límite, gustaba de la provocación y no vacilaba en escoger como blanco a los célebres mignons de Enrique III y por lo tanto, indirectamente, en desafiar al soberano mismo.
LAS INTRIGAS DEL REY
Enrique III se ocupó asiduamente de crear fricciones en la familia. Quería eliminar la amenaza de la camarilla de Margot, Enrique de Navarra y el duque de Alençon, para eso se dedicó a destruir la confianza que había entre ellos. Cuando se trataba de intrigar maliciosamente, Enrique III se mostraba como artista consumado. Con la ayuda de sus favoritos, a quienes nada les gustaba más que festejar a su rey y llenarle la cabeza de malévolas calumnias, trató de dividir a su familia para dominarla desde los primeros días de su reinado.

Poco después de su llegada a Lyon, Enrique III había acusado a Margot de encontrarse con un amante simulando visitar una abadía cercana a la residencia del supuesto admirador. Después de la visita, Enrique de Navarra advirtió a Margot sobre la acusación de su hermano el rey y le dijo también que él le había instado a repudiarla. Margot juró que había sido acusada falsamente y Enrique de Navarra, que había defendido a su esposa, le dijo que debía acudir ante su madre y su hermano, que la esperaban. Le aconsejó que se defendiera vigorosamente. Después, se supo que todo el escándalo había sido desatado por una calumnia de uno de los cortesanos del rey, que fue obligado a retirar su acusación.
Catalina de Médicis se negó a escuchar las explicaciones de Margot y regañó a su hija en voz tan alta que todos los cortesanos pudieron enterarse de su deshonra. Aun después de haberse descubierto la verdad, la reina madre simplemente declaró que “ el rey no podía estar equivocado “ y recibió a Margot muy fríamente. Sin excusarse, se limitó a decirle a su hija que el rey quería reconciliarse con su hermana. Enrique de Navarra apoyó noblemente a su esposa durante el borrascoso episodio y el duque de Alençon se unió a ambos, los abrazó y declaró que los tres deberían mantenerse unidos a pesar de Enrique III.
Poco después corrió otro rumor: que Margot había caído bajo la maléfica y sáfica influencia de una de sus damas de compañía, la señora de Thorigny, hija del mariscal de Matignon. Enrique III insistió en exigir que la mujer fuese expulsada de la corte para que no siguiera corrompiendo a su hermana. Fue así como Margot perdió a una de sus amigas más íntimas, puesto que Enrique de Navarra no tuvo elección posible y debió obedecer al rey. Margot manifestó su indignación negándose a comer durante días y expulsando de su lecho a su marido.
Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
Imágenes extraídas de la película " La Reina Margot" ( 1994) dirigida por Patrice Chéreau.
http://www.flickriver.com/photos/thelostgallery/tags/reine/
Catalina de Médicis se negó a escuchar las explicaciones de Margot y regañó a su hija en voz tan alta que todos los cortesanos pudieron enterarse de su deshonra. Aun después de haberse descubierto la verdad, la reina madre simplemente declaró que “ el rey no podía estar equivocado “ y recibió a Margot muy fríamente. Sin excusarse, se limitó a decirle a su hija que el rey quería reconciliarse con su hermana. Enrique de Navarra apoyó noblemente a su esposa durante el borrascoso episodio y el duque de Alençon se unió a ambos, los abrazó y declaró que los tres deberían mantenerse unidos a pesar de Enrique III.
Poco después corrió otro rumor: que Margot había caído bajo la maléfica y sáfica influencia de una de sus damas de compañía, la señora de Thorigny, hija del mariscal de Matignon. Enrique III insistió en exigir que la mujer fuese expulsada de la corte para que no siguiera corrompiendo a su hermana. Fue así como Margot perdió a una de sus amigas más íntimas, puesto que Enrique de Navarra no tuvo elección posible y debió obedecer al rey. Margot manifestó su indignación negándose a comer durante días y expulsando de su lecho a su marido.
Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
Imágenes extraídas de la película " La Reina Margot" ( 1994) dirigida por Patrice Chéreau.
http://www.flickriver.com/photos/thelostgallery/tags/reine/




2 comentarios:
Me sorprende como la relación tan estrecha de Enrique III y Margarita se echó a perder y ahora este intrigaba en su contra. Estos dos hermanos, acostumbradas a un amor más que fraterno defienden sus intereses a capa y espada.
He recibido excelentes comentarios de la película de la Reina Margot, creo me la veré en cuanto pueda.
Te deseo una muy feliz semana y como siempre es un placer visitar tu blog.
Besos y abrazos...
Esta película está muy bien realizada y la interpretación de los actores protagonistas es excelente. Espera a ver escenas crudas de asesinatos y apasionadas escenas de amor. Aunque no es fiel del todo a la Historia porque creo que está basada en la novela de Alejandro Dumas sobre esta reina.
Feliz semana para ti también, gracias por pasarte.
Muchos abrazos
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