sábado, 10 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( IX )


Un mes después del asesinato de sus más íntimos amigos y consejeros, Enrique de Navarra y el príncipe de Condé fueron oficialmente recibidos una vez más como fieles de la iglesia católica romana en la catedral de Notre-Dame, ante la mayoría de los cortesanos y varios embajadores extranjeros. Enrique no perdió nunca de vista sus objetivos y trabajó con tenacidad para reconquistar su libertad, defender la autonomía de su reino, reorganizar las filas del movimiento hugonote y prepararlo para una nueva ofensiva.

La primera ocasión de oponerse a su madre se le brindó a Margot unos días después de la tragedia de la noche de San Bartolomé, cuando Catalina de Médicis, queriendo desembarazarse de su yerno, le propuso que hiciese anular su matrimonio. “ Después de hacerme jurar que diría la verdad, la reina mi madre me preguntó si el rey mi marido era hombre, pues en caso de que no lo fuera había manera de deshacer mi matrimonio. Le supliqué que creyera que no comprendía bien de qué estaba hablando (…) pero que, ya que ella me había casado, yo quería seguir casada. Lo hice porque sospeché que querían separarme de él para hacerle algún daño”.

Teñido de la más completa hipocresía – se sabe que el matrimonio se había consumado y la joven esposa no podía ser tan ingenua como para ignorarlo, ya que no era ciertamente una cándida doncella cuando Enrique se convirtió en su esposo – y sazonado por la maliciosa alusión al acre olor a ajo que exhalaba su marido, el diálogo transmitido por Margot marcó el inicio de su rebelión.


Enrique de Navarra


Su generosidad, su sentido del honor, la misma concepción aristocrática del matrimonio, que al entendimiento sentimental anteponía la colaboración en el ámbito político y social, la empujaban a mostrarse leal a aquel joven esposo que había caído en una trampa por casarse con ella, a quien tenían prisionero en el Louvre y que se veía obligado a vivir codo con codo con los principales responsables de la matanza de los suyos y a disimular su resentimiento tras una máscara de docilidad y de ironía. Podemos preguntarnos si este resentimiento suyo no se extendería también a Margot y hasta qué punto estaba dispuesto Enrique a fiarse de su esposa. Es cierto que, a pesar de la indiferencia sentimental y la incompatibilidad sexual, entre los dos cónyuges se creó un vínculo de simpatía y solidaridad que habría de resistir, con sus altibajos, las pruebas más arduas.

Los que aguardaban a Margot eran, según reconoció su propia madre, tiempos “miserables”. En una Francia ensangrentada por las guerras de religión, la reina de Navarra era utilizada como peón estratégico tanto por los católicos como por los protestantes. Según los casos instrumento de mediación, valioso rehén, prisionera peligrosa o incómodo estorbo del que era preciso deshacerse, Margot, reina de fe católica en un país hugonote, sabía que tenía ante sí una gran misión de paz que realizar. No le faltarían cualidades para hacerlo, ya que estaba dotada de inteligencia, cultura y elocuencia. Pero la que había recaído sobre ella era, objetivamente, una tarea imposible y, para mitigar la amargura de sus repetidas derrotas, la reina de Navarra se refugió en las dulzuras de la vida privada, cultivando el gusto por las cosas bellas, la curiosidad intelectual y el placer de los sentidos.


Enrique III de Francia



EL DUQUE DE ANJOU ELEGIDO REY DE POLONIA


Gracias a las intrigas dirigidas con mano maestra por Catalina de Médicis, el duque de Anjou fue elegido rey de Polonia y gran duque de Lituania. Una comitiva oficial polaca, compuesta por doce hombres, iniciaron el viaje para presentarse ante su nuevo rey. Acompañaban a los embajadores 250 nobles polacos, entre clérigos, senadores y otros importantes señores feudales que representaban a la Dieta polaca.

Los diplomáticos, de aspecto muy monacal, llevan largas barbas rubias y visten ropajes que llegan hasta el suelo, mientras que los franceses exhiben las piernas desde el tobillo hasta los muslos … Los polacos van, además, con amplias botas con espuelas de hierro, tocados con altos gorros de marta cebellina y armados con una cimitarra, por no hablar de los carcaj colgados al hombro y desbordantes de flechas. Los que no van amontonados en carros tirados por cuatro o seis caballos, montan corceles con bridas provistas de bocado de plata y cubiertos por gualdrapas adornadas con pasamanerías de oro. Los escuderos que los acompañan llevan pesadas mazas de hierro al hombro. Los embajadores eran muy cultos y además políglotas, hablaban latín, italiano, alemán y algo de francés.

De toda la familia real, la única que no necesitó intérprete fue Margot. Pudo conversar con ellos con vivacidad y graciosas maneras, alternando entre el italiano, el latín y el francés. Y al extender su blanca mano para que la besaran los delegados, todos quedaron profundamente impresionados por su encanto. Uno de ellos, el palatino de Siradia, quedó prendado de la joven reina y, desde entonces, se refirió a ella como a “ esa divina mujer ”. Pero muchos de los cortesanos franceses, con reputación de cultos, quedaban confundidos y cohibidos cuando los polacos les dirigían preguntas en latín, lengua para ellos incomprensible.



A punto de partir para Polonia, Enrique acudió a su hermana y le rogó que cuidara de sus intereses, que le informara de lo que sucedía en la corte y que conservara vivo su recuerdo en el corazón de la reina madre. La joven Margot le promete que velará por sus intereses tal como lo hiciera antaño. “ Intentaba así – nos dice Margot- hacerme olvidar los malos oficios de su ingratitud y devolver a nuestra amistad la perfección que la caracterizó durante nuestros primeros años …”.

Cinco años después infringiría aquel pacto fraternal apenas estuvo claro que los días de Carlos IX estaban contados. Margot apoyó la conspiración que se proponía sentar en el trono al más joven de sus hermanos. Al morir Carlos IX, no sería el duque de Alençon el que se convirtiera en rey de Francia sino Enrique, el cual abrigaría para siempre un tenaz rencor hacia la hermana que lo había traicionado.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://www.flickriver.com/photos/thelostgallery/tags/reine/

9 comentarios:

dama de oro dijo...

que suerte Magnolia tenerte de vuelta con nosotros.

dama de oro dijo...

Perdon por hacer esta pregunta un tanto ingenua para Uds. pero yo no soy española y no lo se y pregunto. El ex reino de Navarra como esta conformado en la actualidad? Tiene relación con la region Vasca? Gracias

Magnolia dijo...

Saludos dama de oro, he tenido una semana un tanto ajetreada y no he tenido tiempo de preparar entradas. Asi que aprovecho el fin de semana para dejar alguna cosita nueva.

El milenario reino de Navarra fue uno de los más antiguos de Europa, En su etapa de mayor expansión territorial, durante la Edad Media, el reino abarcó territorios atlánticos y se expandió más allá del río Ebro, hacia territorios situados en las comunidades autónomas contemporáneas de Aragón, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y las regiones administrativas francesas de Aquitania y Mediodía-Pirineos, en las antiguas provincias de Gascuña y Occitania. Las capitales vascas de Vitoria y San Sebastián fueron fundadas por el rey navarro Sancho VI el Sabio.

En su etapa final, el reino resultó dividido en:

La Navarra peninsular o Alta Navarra, que fue invadida junto a la Navarra continental en 1512 por Fernando el Católico con el apoyo de Luis Beaumont, hijo del líder Beaumontés exiliado tras perder la guerra civil de Navarra años antes, y fue anexionada a la Corona de Castilla. Se integró en el Reino de España o Monarquía Hispánica, conservando instituciones propias como reino. En 1530 el rey Carlos I de España decidió abandonar la Baja Navarra por su difícil control. La Alta Navarra sigue como reino integrante de España hasta que en 1848 se abole su estatus y pasa a ser una región o provincia.

La Navarra continental o Baja Navarra, que se unió dinásticamente con Francia a finales del siglo XVI, y en 1620 se integró en la Monarquía francesa. Aunque los reyes conservaron la titulación " reyes de France et de Navarre " hasta la abolición de los privilegios de los territorios de la Monarquía en 1789, en época de la Revolución, no obstante los reyes Luis XVIII y Carlos X recuperaron el título de Reyes de Francia y de Navarra durante sus reinados, durante el primer tercio del siglo XIX.

Muchos abrazos, feliz domingo

dama de oro dijo...

gracias , es decir que ahora es todo frances. Yo pense que habia alguna parte que tenia alguna relacion con España, no se por que.

Magnolia dijo...

No, no es todo francés. Está la Navarra española ( capital Pamplona )y la Navarra francesa.

lady grey dijo...

Margot hizo bien en apoyar a su esposo que como bien dijiste había caído en una terrible trampa al casarse con ella. Lástima que no haya surgido amor entre ellos, tal vez hubiesen sido buenos esposos.
Me ha intrigado la historia de Catalina de Medicis, creo que tendré que investigar acerca de ella.
Feliz semana querida Magnolia.
Besos y abrazos...

dama de oro dijo...

Eso es lo que queria saber." A Pamplona hemos de ir con una media y un calzetin." Muchas gracias.El amigo Google me daba una explicacion complicada y yo solo queria eso. Mil gracias.

Magnolia dijo...

Supongo que Margot se sentía con el deber de proteger la vida de aquel esposo con el que la habían casado a la fuerza y habían llevado al sacrificio a tantos hugonotes, aquellas fueron unas bodas de sangre y creo que Margot nunca lo olvidó. Aunque no existiese amor entre ellos, si existió un vínculo muy fuerte entre ellos.

Catalina de Médicis es un gigante de la Historia, una mujer que marcó su tiempo. Un personaje controvertido, oscuro, enigmático, complejo, imperfecto ... puede ser detestada pero en el fondo interesa y no deja indiferente. Me sorprende que hasta la fecha no hayan realizado ninguna serie sobre estos Valois, dado la popularidad de series como Los Tudor y Los Borgia. Desde luego esta dinastía francesa daría mucho que hablar en televisión, un éxito asegurado.

Muchos abrazos Lady Grey

Magnolia dijo...

De nada, dama de oro, es un placer poder ayudarte.

Abrazos

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