domingo, 18 de marzo de 2012

CATALINA DE ARAGÓN, Princesa de Gales ( V )




LA ENTRADA DE CATALINA DE ARAGÓN EN LONDRES


Catalina de Aragón entró en Londres el 12 de noviembre de 1501. Llegó en una lujosa litera. Se fijó en la bulliciosa ciudad, en el continuo ir y venir de comerciantes, artesanos, mendigos y nobles. Se sorprendió de que la mayoría de las casas de la ciudad fueran de dos alturas; casi todas tenían un jardín con árboles frutales en la parte delantera. La princesa miraba absorta a un lado y otro de su silla de mano, no quería que se le escapase detalle alguno. La ciudad se preparaba para una de las mayores bodas reales de aquellos tiempos. Se engalanaron las calles con flores, banderas y pendones; en su honor se habían barrido no sólo las del centro de la villa, sino también las de los arrabales. En muchas de las avenidas se puso la mejor de las arenas para que los caballos del cortejo español no dañaran sus herraduras. En las plazas, trapecistas, trovadores y juglares cantaban las buenas nuevas que traía la princesa. Parecía que desde su llegada Catalina de Aragón era querida y apreciada por todos.

Así, nuestra amada princesa fue llevada desde la orilla del río - antes de cruzar el puente de Londres, único entonces para pasar de una orilla a otra, la princesa se alojó en una casa de Southwark, al lado del actual puente del mismo nombre, en lo que ahora es el numero 49 del Cardinal Wharf, junto al Cardinal Cap Alley- hasta Bishop's Palace, bajo el clamor de las trompetas y el estruendo de los cañones, a lo largo de calles con reposteros colgando de las casas y cubiertas por arcos triunfales. Su recorrido estaba adornado – e interrumpido- con todo el boato alegórico y todos los rebuscados adornos que podía imaginar el ingenio de los londinenses.



El recorrido que realizó Catalina de Aragón por las calles de Londres fue largo. Se diseñó para que pasara por delante de seis escenarios teatrales distintos. Incluso hubo romances en honor a la bella princesa española y a su futuro esposo:

Arturo tu esposo, que será el segundo
sucesor del primero en dignidad.
Así mismo tú, Señora Catalina,
sucederás como segunda a la reina Ursula.

En el puente de Londres fue Santa Catalina, una joven rubia que sostenía la tradicional rueda de la Santa, la que saludó a su tocaya: “ Tú tomaste este nombre … por verdadera confianza y amor, nombre que registraste en la alta corte arriba”. Ursula, hija de un rey británico cristiano, acompañaba a Santa Catalina. En la segunda escena, la princesa era identificada con Hesperus, la estrella vespertina ( Hesperia, o “ tierra occidental”, era el nombre que los romanos daban a España), mientras que Arturo se convertía en la estrella Arturo de su nacimiento. La tercera implicaba espléndidos pronósticos para un matrimonio sobre el cual se veían presidiendo al arcángel Rafael y al rey Alfonso de Castilla ( del que habían descendido tanto Catalina como Arturo).

Los espectáculos posteriores se concentraban en la corte de Enrique VII, en la que a Catalina le daba la bienvenida Arturo, “ vuestro esposo muy liberal ”. La humildad no estaba a la orden del día. La imaginería usada implicaba tanto a Enrique como a Arturo en comparaciones con una corte aún más poderosa, la de la futura “ Nueva Jerusalén” celestial, con Enrique comparado con Dios el Padre y Arturo como su “ Sol (o Hijo) de Justicia “, uno de los títulos bíblicos del Cristo venidero. Más terrenales eran las armas e insignias de los Tudor, el dragón rojo de Gales, el galgo que significaba Richmond y referencias a la propia descendencia de Catalina de Juan de Gante. Finalmente, el “ Honor” se dirigía a la princesa:

Y por tanto, noble princesa, continúa sin abandonar,
con tu excelente esposo,
reinando aquí en infinita prosperidad.



Tal fue la acogida a la princesa que hasta el mismo obispo de la villa de Londres la recibió a las puertas de la catedral de San Pablo, acto protocolario reservado únicamente al rey de Inglaterra. Tras los saludos de rigor, Catalina, en silencio y en austera compañía, rezó y no dudó en rogar por los años venideros, para que éstos fuesen como los ya vividos en tierras de Granada, años repletos de felicidad. Pidió fuerza para estar en un país extraño, ante una cultura diferente y lejos de su querida familia; demandó felicidad en su matrimonio y fertilidad en su vientre. Esos rezos y esa devoción fueron la primera muestra al pueblo de Inglaterra de su profunda religiosidad.

La primera de las noches que la princesa pasó en Londres, concretamente en Bishop's Palace, fue recibida por la reina Isabel de York. Como era costumbre en Inglaterra, la reina abrazó y besó a quien sería en días próximos la esposa de su hijo mayor. Catalina e Isabel conversaron en latín y se mostraron amables la una con la otra. En ese momento se inició una buena amistad entre ellas. Catalina, con dieciséis años de edad y en un país extraño, encontró en la reina de Inglaterra a una segunda madre. Isabel de York era una mujer bondadosa, de belleza delicada y finos rasgos. Antes de salir de la estancia ofreció un curioso regalo a la princesa: un cinturón de piel, en el que dentro de unas lágrimas de cristal había unas gotas de leche que decían pertenecer a la Virgen María.


Fuentes:
ULARGUI, LUIS. Catalina de Aragón.2004 Random House Mondadori S.A.
FRASER, ANTONIA. Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
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