sábado, 4 de febrero de 2012

LUCRECIA BORGIA: Sus primeros años ( V y última)

Castillo de Sant'Angelo



LA MUERTE DE INOCENCIO VIII


En aquel 1492 la salud del soberano pontífice se deterioró. Enfermo de la vejiga y de gota, víctima de varios pequeños ataques, sufría también de una úlcera en la pierna. Comenzaban a barajarse varios posibles sucesores. Se hacían grandes apuestas. Y luego, al empeorar bruscamente el estado de Inocencio VIII, los cardenales, alejados del Vaticano por los fuertes calores, regresaron a toda prisa con sus tropas y cañones. El ejército pontificio y ochocientos soldados bajo el mando de Jean de la Groslaye, gobernador de Roma, vigilan las puertas y los puentes de la ciudad. Los miembros del Sacro Colegio temían que el sultán Bayezid aprovechara la confusión del cónclave para raptar o asesinar a su hermano, así que el cardenal Borgia puso al príncipe Cem a buen recaudo en una serie de aposentos ubicados sobre la capilla Sixtina.

La agonía del Santo Padre fue lenta. Incapaz de moverse y hablar, yacía en la cama, rodeado de sus cardenales, dos de los cuales no abandonaban su cabecera: Giuliano della Rovere y Rodrigo Borgia, que lo velaron con una solicitud infatigable y ardiente. Uno y otro querían convertirse en el sucesor del moribundo pontífice. Esas eminencias se enfrentaban con furor, sin escatimar insultos. Los médicos del Papa se esmeraban. Todo fue en vano. A finales de julio falleció Su Santidad.



Capilla Sixtina



HABEMUS PAPAM


Al principio del cónclave, Adriana, mujer previsora, había enviado a sus informantes. Debían avisarla no bien se quitaran los primeros ladrillos de las ventanas de la capilla Sixtina, de manera que su familia y ella pudieran estar allí cuando resonaran las palabras rituales: “ Habemus Papam ". Sabía que, si el vicecanciller resultaba elegido, todo el clan Borgia dispondría de parte de los ingresos de los Estados Pontificios y ocuparía sus puestos clave.

Aislados del mundo, los cardenales veían disminuir día a día su ración de alimentos, según la costumbre. Esto los impulsaba a hacer rápidamente su elección. Al cabo de siete días, las comidas se reducían a pan y agua teñida con un poco de vino. Al alba del 11 de agosto comenzaron a retirar los ladrillos con los que habían tapiado las ventanas, demasiado lentamente para el gusto de la multitud. Finalmente apareció la cruz, la frase tradicional fue pronunciada y una voz potente anunció la elección de Rodrigo Borgia con el nombre de Alejandro VI.




Concluía así una dura batalla, al comienzo de la cual las posibilidades del cardenal Borgia parecían muy exiguas frente a las del cardenal Giuliano della Rovere. Afortunadamente para el nuevo pontífice, se reprochaba a su rival su subordinación a Francia. En cuanto al otro aspirante, el cardenal Ascanio Sforza, corría el riesgo de convertirse en un instrumento en manos de su hermano Ludovico el Moro - cuyos apetitos y ambiciones inquietaban a Italia-, pues su consagración aseguraría la hegemonía de Milán. Los cardenales no deseaban ni la supremacía francesa ni la hegemonía milanesa, lo que permitió al padre de Lucrecia negociar los votos que recaerían finalmente en él. Además, cada uno recibió su recompensa.

Tras su consagración, el nuevo pontífice se encontró prácticamente arruinado, aun cuando los bienes de la Iglesia lo ayudaran enseguida a recompensar los apoyos que lo habían elevado al trono de san Pedro. Es imposible saber con exactitud qué sucedió durante el cónclave, pues las deliberaciones se mantuvieron en secreto. Es posible que todo el Sacro Colegio haya votado por el vicecanciller. El nuevo Papa escribió a sus fieles súbditos de Terni que sus pares le habían otorgado sin excepción sus votos.





NUEVOS PLANES PARA LUCRECIA


Su encumbramiento provocó en Alejandro VI una euforia que no se esforzó por disimular. En todas partes de Italia, y especialmente en Roma, imperaba una gran emoción, como si Dios hubiese elegido a ese príncipe para convertirlo en el instrumento de sus designios particulares. Vinieron los festejos y la fiesta duró días. La multitud asistía, como si de un espectáculo se tratara, al desfile de esos imponentes séquitos de embajadores que llegaban a felicitar al vicario de Cristo. Desde ese momento, Lucrecia se vio proyectada al foco de atención del mundo, si bien en la intimidad el pontífice continuó tratándola con la misma ternura. Porque su padre no pensaba en absoluto renegar de sus hijos. Y su hija sabía que siempre encontraría abiertas las puertas del Vaticano y que podía, en lo inmediato, asistir a las fiestas de la coronación, a diferencia de sus hermanos, que habían recibido la orden de mantenerse fuera de Roma durante esa jornada.

Lucrecia, que al principio no era más que una espectadora privilegiada, pronto desempeñaría un papel importante. Para consolidar su casa, Alejandro VI quería concertar matrimonios ventajosos para sus hijos: Juan, por su parte, prometido de la prima de Fernando el Católico, María Enríquez de Luna, parecía destinado al futuro más brillante. Ahora se trataba de dar a Lucrecia un esposo digno de ella y de su padre, y para eso había que romper el compromiso con Gaspar de Prócida y plegarse luego a las exigencias de la política, que obligaban al pontífice a aliarse con Ludovico el Moro contra el poder napolitano. Alejandro VI, convertido en cabeza de uno de los cuatro Estados importantes de Italia – con el reino de Nápoles, el ducado de Milán y la república de Venecia – estimaba su deber negociar la unión de Lucrecia atendiendo a los intereses de la Iglesia, cercada tanto al norte como al sur, y conducirse como hombre político tanto como pastor supremo. Se consideraba el heredero del emperador Augusto y soñaba con llegar a ser señor y amo del juego del mundo.


Fuentes:
CHASTENET, GENEVIÈVE. Lucrecia Borgia, ángel o demonio. Ediciones B, S.A. 2004
Imágenes pertenecientes a la película " Los Borgia " ( 2006 )

2 comentarios:

Guía Cultural y de Turismo de los pueblos del Palancia dijo...

Interesante y con muchos datos nuevos esta serie de entradas sobre Lucrecia Borgia.

Enhorabuena por ilustrarnos con esta recopilación biográfica sobre los años mozos de la hija de Alejandro VI.

Magnolia dijo...

gracias José. Mañana iniciaré una serie de entradas sobre su matrimonio con Giovanni Sforza que es muy interesante, viene la relación del papa con Giulia farnese, la boda de Jofré con Sancha de Aragón, la polémica del nacimiento del hijo de Lucrecia, el llamado infante romano, la anulación del matrimonio de Lucecia y giovanni, y las acusaciones de incesto.

un abrazo

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