ENRIQUE DE NAVARRA
Carlos IX se desposa en 1571 con Isabel de Austria, mientras que Catalina de Médicis, desde hace ya algún tiempo, busca un candidato para casar a su hija. Parece encontrarlo en el príncipe protestante de diecinueve años, Enrique de Navarra, en un intento de reconciliar a católicos y hugonotes - el nombre otorgado a los protestantes franceses de doctrina calvinista durante las guerras de religión- , y conseguir la paz interna en Francia. Este príncipe era hijo de Antonio de Borbón, duque de Vendôme y Borbón, y de la reina de Navarra, Juana de Albret. Durante su infancia y su primera adolescencia, había pasado muchos años en la corte francesa, y Catalina de Médicis en persona le había enseñado a amar la poesía italiana y le había ayudado a adquirir otros atributos personales que se consideraban propios de un joven príncipe del Renacimiento. Al volver a vivir con su madre, quien abominaba de tales refinamientos, se había visto obligado a llevar una vida más simple y cambió Dante y Tasso por los textos mucho menos melodiosos de Calvino y Bèze. Adquirió la fe calvinista y combatió en el bando hugonote durante la tercera guerra de religión francesa.
Cuando la reina madre informó de su proyecto a Margot, ésta se limitó a contestarle que no tenía más voluntad que la suya, pero le suplicaba que considerase el hecho de que, siendo una buena católica, le disgustaría mucho casarse con alguien que no fuera de su religión. Sin embargo, surgen algunas dificultades que infunden esperanzas a Margot. Para permitir que su hijo se case con una católica, la reina Juana de Navarra exige que le sea devuelta la ciudad de Lectoure. A fin de puntualizar las cosas, Catalina de Médicis le pide a Juana de Albret que se ausente de su pequeño reino, situado en una estratégica posición de frontera entre Francia y España, y se traslade, sin la compañía de su hijo, a París. Así podrá comprobar por sí misma la belleza y la inteligencia de la joven que le es propuesta como nuera.
Cuando la reina madre informó de su proyecto a Margot, ésta se limitó a contestarle que no tenía más voluntad que la suya, pero le suplicaba que considerase el hecho de que, siendo una buena católica, le disgustaría mucho casarse con alguien que no fuera de su religión. Sin embargo, surgen algunas dificultades que infunden esperanzas a Margot. Para permitir que su hijo se case con una católica, la reina Juana de Navarra exige que le sea devuelta la ciudad de Lectoure. A fin de puntualizar las cosas, Catalina de Médicis le pide a Juana de Albret que se ausente de su pequeño reino, situado en una estratégica posición de frontera entre Francia y España, y se traslade, sin la compañía de su hijo, a París. Así podrá comprobar por sí misma la belleza y la inteligencia de la joven que le es propuesta como nuera.
JUANA DE ALBRET EN LA CORTE FRANCESA
En enero de 1572, la reina de Navarra viajó a Blois, donde se encontraba en ese momento la corte francesa. Emprendió el viaje, de tres semanas, en un carruaje tan enorme que parecía una casa. Cuando estaba llegando a su destino, se le pidió que esperara en Tours. La presencia en Blois del cardenal Alexandrini, delegado y sobrino del Papa Pío V – quien había viajado especialmente para protestar contra el casamiento de Margot con Enrique de Navarra, al que su tío se oponía fuertemente-, significaba que la reina Juana debería esperar a cierta distancia de la corte.
Para no perder tiempo y para sondear a Juana sobre los posibles obstáculos que todavía podían impedir la boda, Catalina la invitó al vecino castillo de Chenonceau, donde las damas se reunieron finalmente en febrero. Se examinaron cuidadosamente los problemas religiosos que rodeaban el casamiento en general y la ceremonia nupcial en particular. Juana se asesoraba constantemente con los ministros protestantes que la habían acompañado. Finalmente, el cardenal se fue: su misión había sido un completo fracaso. Rechazó todos los rituales obsequios de la despedida y partió rápidamente de regreso a Roma, refunfuñando en su carruaje. Por casualidad, se cruzó con el coche de Juana de Albret, que se dirigía al castillo. Diplomáticamente, el cardenal no vio que la pasajera del vehículo era la reina de Navarra, una hereje, y evitó así la obligación de saludarla.
Para no perder tiempo y para sondear a Juana sobre los posibles obstáculos que todavía podían impedir la boda, Catalina la invitó al vecino castillo de Chenonceau, donde las damas se reunieron finalmente en febrero. Se examinaron cuidadosamente los problemas religiosos que rodeaban el casamiento en general y la ceremonia nupcial en particular. Juana se asesoraba constantemente con los ministros protestantes que la habían acompañado. Finalmente, el cardenal se fue: su misión había sido un completo fracaso. Rechazó todos los rituales obsequios de la despedida y partió rápidamente de regreso a Roma, refunfuñando en su carruaje. Por casualidad, se cruzó con el coche de Juana de Albret, que se dirigía al castillo. Diplomáticamente, el cardenal no vio que la pasajera del vehículo era la reina de Navarra, una hereje, y evitó así la obligación de saludarla.
La reina Juana llega por fin a Blois, donde le da la bienvenida el rey. Ella se sentía enferma y cansada, pero la impulsaba la decisión de llevar a buen término las conversaciones matrimoniales. Y obtiene para su futura nuera una dote increíble: Agen, Cahors y trescientos mil escudos. La primera impresión que tuvo de Margot fue alentadora, según le escribió a su hijo Enrique:
"Debo decirte que madame Marguerite me brindó todos los honores y toda la hospitalidad posibles, y me dijo con franqueza cuánto gusta de ti. Si ella abraza nuestras creencias religiosas, yo diría que vosotros seríais las personas más felices del mundo ( …). Pero sí, por el contrario, se mantiene obstinadamente en su fe, y todos dicen que es muy devota, entonces este matrimonio será la ruina de nuestros amigos y de nuestro país (…). Por lo tanto, hijo mío, si alguna vez le has pedido algo a Dios, ruégale hoy a Él una vez más “.
La hermana de Enrique, de diez años de edad, había acompañado a su madre a la corte, y agregó una posdata: “ Monsieur, he visto a madame Marguerite; la encuentro muy hermosa y me gustaría que pudieras verla ( …) me ha regalado un precioso perrito, y yo lo adoro”.
"Debo decirte que madame Marguerite me brindó todos los honores y toda la hospitalidad posibles, y me dijo con franqueza cuánto gusta de ti. Si ella abraza nuestras creencias religiosas, yo diría que vosotros seríais las personas más felices del mundo ( …). Pero sí, por el contrario, se mantiene obstinadamente en su fe, y todos dicen que es muy devota, entonces este matrimonio será la ruina de nuestros amigos y de nuestro país (…). Por lo tanto, hijo mío, si alguna vez le has pedido algo a Dios, ruégale hoy a Él una vez más “.
La hermana de Enrique, de diez años de edad, había acompañado a su madre a la corte, y agregó una posdata: “ Monsieur, he visto a madame Marguerite; la encuentro muy hermosa y me gustaría que pudieras verla ( …) me ha regalado un precioso perrito, y yo lo adoro”.
Catalina espera que el encanto incomparable de su hija atraiga a su futuro yerno hacia el catolicismo, tanto más cuanto que de este modo recuperaría la religión de su infancia. Pero, cuando Juana de Albret habla con Margot, ésta declara “ rudamente”, ya desde el inicio de las conversaciones: “ ¡Nadie ignora qué religión profeso!”. Enrique de Navarra, por su parte, se pronuncia con la misma claridad y concisión: “ Sea cual sea la trampa que el rey Carlos y su madre me puedan tender, no me convertirán en un adepto de su fe “. Viendo que no logra sus fines, Catalina no se muestra demasiado amable con la que debía convertirse en la suegra de su hija.
Mientras las negociaciones continuaban, el “catarro“ de Juana le causaba ataques de tos cada vez más frecuentes y agotadores, y ella estaba cada vez más preocupada por la licenciosa corte y por la influencia que podría tener sobre su hijo. También le asustaba la idea de que, ante los ostentosos cortesanos, Enrique pudiera dar más bien la impresión de ser un caballero de provincias que una figura principesca. Así que le escribió dándole consejos; tanto en la manera de comportarse, la moda en el peinado o la moralidad. Y a Margot empezó a verla bajo una luz menos favorable:
" En cuanto a la belleza de madame Marguerite, reconozco que tiene una hermosa figura; pero en el rostro hay demasiada ayuda artificial, algo que me disgusta, se arruinará, pero la pintura es tan común en esta corte como en España ( …) . Yo no hubiera querido que vivieras aquí por nada del mundo. Deseo que te cases y salgas de esta corrupción con tu esposa. Ya sabía que la corrupción era grande, pero supera todas mis expectativas. Aquí no son los hombres los que solicitan a las mujeres, sino las mujeres las que solicitan a los hombres”.
Mientras las negociaciones continuaban, el “catarro“ de Juana le causaba ataques de tos cada vez más frecuentes y agotadores, y ella estaba cada vez más preocupada por la licenciosa corte y por la influencia que podría tener sobre su hijo. También le asustaba la idea de que, ante los ostentosos cortesanos, Enrique pudiera dar más bien la impresión de ser un caballero de provincias que una figura principesca. Así que le escribió dándole consejos; tanto en la manera de comportarse, la moda en el peinado o la moralidad. Y a Margot empezó a verla bajo una luz menos favorable:
" En cuanto a la belleza de madame Marguerite, reconozco que tiene una hermosa figura; pero en el rostro hay demasiada ayuda artificial, algo que me disgusta, se arruinará, pero la pintura es tan común en esta corte como en España ( …) . Yo no hubiera querido que vivieras aquí por nada del mundo. Deseo que te cases y salgas de esta corrupción con tu esposa. Ya sabía que la corrupción era grande, pero supera todas mis expectativas. Aquí no son los hombres los que solicitan a las mujeres, sino las mujeres las que solicitan a los hombres”.
Era de prever, Juana encuentra la corte francesa muy alejada de la severa moralidad hugonote. A continuación, se quejaba de que le había sido negado el acceso a Margot y de que la única persona con quien podía hablar libremente era con Catalina, “quien me hostiga”. El duque de Anjou no era mejor que su madre:
" Monsieur trata de no encontrarse conmigo en privado, con una mezcla de burla y desprecio. (…) Pero nada se ha logrado aún, y ellos hacen todo lo posible por provocar una decisión apresurada, en lugar de proceder lógicamente. Me he quejado a la reina, pero ella lo único que hace es burlarse de mí. (…) Me trata de una manera tan vergonzosa que la paciencia que trato de mantener supera a la de la misma Griselda. (…) (Margot) es hermosa, discreta y graciosa, pero ha sido criada en la atmósfera más viciosa y corrupta imaginable. No veo cómo alguien podría escapar de este veneno “.
Juana no se detuvo a considerar lo que Margot – por debajo de su encantadora amabilidad- sentiría realmente por la boda con su hijo. Después de haber conocido al refinado y elegante Enrique de Guisa, y de haber coqueteado con otros cortesanos, la idea de casarse con Enrique de Navarra le resultaba odiosa. En su opinión, el joven carecía de todo refinamiento, apenas si se lavaba, usaba ropas anticuadas y era famoso porque su aliento olía a ajo. Era difícil que semejante combinación de cualidades le hiciera perder la cabeza a alguna muchacha. Sin embargo, la principal preocupación de Margot era que el plan había sido ideado por su madre y contaba con el apoyo total de sus hermanos mayores, por quienes se sentía utilizada. Pero aun así, era incapaz de oponerse y todo intento de huida hubiera sido inútil. En una palabra: Margot era tan reticente como su prometido.
" Monsieur trata de no encontrarse conmigo en privado, con una mezcla de burla y desprecio. (…) Pero nada se ha logrado aún, y ellos hacen todo lo posible por provocar una decisión apresurada, en lugar de proceder lógicamente. Me he quejado a la reina, pero ella lo único que hace es burlarse de mí. (…) Me trata de una manera tan vergonzosa que la paciencia que trato de mantener supera a la de la misma Griselda. (…) (Margot) es hermosa, discreta y graciosa, pero ha sido criada en la atmósfera más viciosa y corrupta imaginable. No veo cómo alguien podría escapar de este veneno “.
Juana no se detuvo a considerar lo que Margot – por debajo de su encantadora amabilidad- sentiría realmente por la boda con su hijo. Después de haber conocido al refinado y elegante Enrique de Guisa, y de haber coqueteado con otros cortesanos, la idea de casarse con Enrique de Navarra le resultaba odiosa. En su opinión, el joven carecía de todo refinamiento, apenas si se lavaba, usaba ropas anticuadas y era famoso porque su aliento olía a ajo. Era difícil que semejante combinación de cualidades le hiciera perder la cabeza a alguna muchacha. Sin embargo, la principal preocupación de Margot era que el plan había sido ideado por su madre y contaba con el apoyo total de sus hermanos mayores, por quienes se sentía utilizada. Pero aun así, era incapaz de oponerse y todo intento de huida hubiera sido inútil. En una palabra: Margot era tan reticente como su prometido.
Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2003
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994





9 comentarios:
Nunca habia leido esta parte tan detallada como lo explicas Magnolia, me ha gustado mucho. Veremos veremos que sucede...ja,ja.Me he quedado intrigada sobre cual es la revista argentina en la que sales. Yo encontre tu blog googleando justamente Catalina De Medici.Dama de Oro.
Te sigo amiga.
Un abrazo
¡Hola Magnolia!
Es la primera vez que te escribo, pero hace un tiempo que voy siguiendo tu blog. Es increíble la cantidad de mujeres que han participado en la historia, y lo poco que hoy en día se mencionan y cuando las mencionan, son unos pocos datos que las pintan sosas.
Un placer haber descubierto este blog,te seguiré leyendo. (La reina Margot es un personaje fascinante)
PD, ¿Eres de Zaragoza? Yo también lo soy
Ya empiezo a comprender por qué Margot se sentía enojada con su madre, después de todo, ella no estaría muy feliz casándose con un joven que no tenía nada que ver con su fe y que no era propiamente un modelo de finura.
Me encantan las entradas de Margarita de Valois, tienes una forma muy detallada de presentar la historia.
Besos y abrazos...
Yo también, dama de oro, estoy intrigada por conocer esa revista. Muchas gracias por seguirme leyendo, espero continuar atrayendo tu atención.
Muchos abrazos amiga
Gracias Genettica, sé que estás ahí siempre.
Muchos abrazos
¡ Hola Vianna! Bienvenida seas a mi blog, es un placer contar con una paisana entre mis lectores. No, no soy de Zaragoza pero vivo en un pueblo cercano a Teruel capital.
Cuántas grandes mujeres están esperando entre bambalinas la oportunidad de poder mostrarse al público. Mientras se sigan hablando hasta la saciedad de un reducido grupo de " elegidas para la gloria", otras permanecerán ocultas y nos perderemos sus apasionantes vidas. ¿ No se merecen tener su culto, sus páginas webs, sus propias películas, sus libros ... aquellas mujeres que se destacaron en las ciencias, las artes, las letras, en causas humanitarias, política etc ... ? Mujeres a las que la humanidad les debe mucho y pasan desapercibidas. El universo femenino es muy amplio y en él se encuentran muchas mujeres maravillosas, nada de sosas. Te confieso que tengo mis favoritas pero disfruto creando entradas de otras y poder mostrarlas a todos vosotros, como la reina Margot.
Muchos abrazos y gracias por dejarme tu comentario :-)
Gracias lady grey por tus siempre amables palabras. Los laureles dbes dárselos al excelente trabajo de Leonie Frieda y André Castelot, que son mis fuentes, ellos son los pilares de estas entradas. El verdadero motivo del rencor de Margot hacia Catalina de Médici se debe a los acontecimientos de la noche de San Bartolomé, la boda de Margot se tiñó de sangre, de mucha sangre, de personas que habían acudido a esa boda. París fue la ratonera para ellos.
Muchos abrazos
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