sábado, 25 de febrero de 2012

LA REINA MARGOT ( III )

Margarita de Valois

La enfermedad se desarrolla de un modo inquietante. “ Encontrándome yo en este estado – escribe Margot-, la reina, mi madre, que conocía la causa, hizo cuanto estuvo en su mano para que me socorrieran, tomándose la molestia, sin temer el peligro, de venir a verme a toda hora, lo cual aliviaba mucho mi sufrimiento. Pero el disimulo de mi hermano lo aumentaba otro tanto, pues éste, tras haberme hecho objeto de tan grande traición y haberme pagado con tan grande ingratitud, permanecía día y noche a la cabecera de mi cama, mostrando la misma actitud servicial que si hubiéramos estado en los tiempos de nuestra más estrecha amistad ”.

En el mes de diciembre de 1569, la corte toma el camino de Angers. Margot todavía no se ha restablecido, pero participa en el viaje acostada en su litera. El rey parece inquieto al ver que su hermana continúa doliente. La “púrpura” es tenaz y todas las noches, al hacerse la hora de dormir, Carlos IX, sin temer el contagio, ordena que la litera donde reposa su hermana sea trasladada junto a la cabecera de su cama.

En Angers, Margot recupera, con la alegría que cabe imaginar, al seductor duque de Guisa, que es conducido a su aposento por el propio Anjou. “ Entonces, mi hermano, para representar mejor su intriga, venía todos los días a mi habitación llevando con él al señor de Guisa, hacia el que fingía sentir una gran estima. Y para hacérselo creer le decía, en numerosas ocasiones besándolo: “ ¡Si Dios quisiera que tú fueses mi hermano! ” , cosa que el señor de Guisa demostraba a las claras no entender. Pero yo, que era consciente de la malicia- concluye Margot-, me impacientaba por no osar reprocharle su disimulo”.



Enrique, duque de Anjou



Finalmente, la enferma mejora, el espectro de la epidemia se aleja y, ya curada, Margot recupera, con la salud – para su convalecencia y su placer- a su querido amante. Anjou, que está en el origen de la intriga, le pide a la señora de Curton que mantenga los ojos bien abiertos cada vez que los enamorados se encuentren:

-Avisadme de inmediato, sin que el rey y mi madre la reina se enteren.

Ahora le toca el turno de intervenir a Carlos IX. Margot, a fin de darle a su amante una cita, ha cometido la imprudencia de añadir una posdata muy tierna a la carta que dirige a Enrique de Guisa. Desafortunadamente, la carta y su ardiente posdata caen en manos del favorito del duque de Anjou, Du Gast, quien entrega la misiva a su señor. Éste sigue adelante con su plan y le lleva la nota a la reina Catalina, describiéndole la desvergonzada ambición de la casa de Lorena. ¿ Acaso sus objetivos no habían pasado siempre por encima de los de los Valois? La reina asiente y previene de inmediato a su hijo Carlos IX. La corte se encontraba entonces pasando una temporada en el castillo que, en la linde con Normandía, domina el gran burgo de Gaillon. Allí, en esta vasta residencia de los arzobispos de Ruán, es donde se desarrolla la dramática escena final.


Carlos IX


El 25 de junio de 1570, a la salida del sol, el rey se levanta y, en camisa de dormir y descalzo, se dirige a la gran galería donde ha convocado primero a su madre y luego al duque de Anjou y al cardenal de Lorena. El rey, furioso, exige que el duque de Guisa no vuelva a poner los ojos en una hija de Francia. En cuanto al cardenal, debe renunciar a todos los proyectos de su familia relativos a una alianza con la casa real. Margot, acompañada del conde y la condesa de Retz, ha sido sacada de la cama y llega a su vez a la galería. El rey despide a la condesa y le pide al conde que vigile la puerta y no deje entrar a nadie. El tono se eleva. La violencia crece hasta tal punto que Anjou y el cardenal prefieren desaparecer.

Margot se encuentra ahora sola frente al rey y su madre. Intenta defenderse. Sus amores con el señor de Guisa son invenciones calumniosas “ de la cosecha de Du Gast”. Pero Carlos y la reina madre tienen en sus manos la famosa posdata, que no deja duda alguna sobre los sentimientos que la joven profesa hacia su tierno amado ni sobre la manera en que los amantes deben encontrarse. La furia es tal que Catalina y su hijo se abalanzan sobre la joven y la muelen a palos. La golpearon, la empujaron y hasta le arrancaron mechones de cabello. Margot trató desesperadamente de defenderse y su camisón quedó hecho jirones. Por fin, se apaciguó la furia de los atacantes, que dejaron a la joven sola, golpeada y maltrecha.


Catalina de Médicis


Catalina, al darse cuenta de que Margot no debía ser vista en semejante estado físico y emocional, le dio un camisón limpio y se dedicó durante más de una hora a peinarla y a disimular las marcas de los golpes. Sin embargo, la cólera del rey no se apacigua. Carlos llama a su presencia a su hermano bastardo, el conde de Auvernia, y le ordena que mate al duque de Guisa en el transcurso de la próxima montería. Parecerá un accidente. Pero Margot – nunca se supo de qué manera- es informada de la orden real. La joven se apresura a prevenir a su apuesto amante. ¡ Enrique de Guisa debe evitar a toda costa asistir a la cacería ! El duque, prudente, desaparece y no se presenta en la corte hasta unos días más tarde. Carlos IX, al verlo inclinarse ante él, coloca la mano sobre la guarda de su espada y le increpa bruscamente:

- ¿ Qué venís a hacer aquí?.

- Vengo para servir a Vuestra Majestad.

- ¡ No necesito vuestros servicios !- replica Carlos volviéndole la espalda.

El duque se inclina y se retira. Ahora tiene prisa por alejarse de esa corte peligrosa en la que el uso de la daga ha reemplazado el de la pluma.


Enrique de Lorena, duque de Guisa



El cardenal de Lorena también se ve obligado a exiliarse. Ana de Este, la madre del duque de Guisa, aconseja a su hijo que se case lo antes posible a fin de aplacar la furia real. Enrique de Guisa acepta la sugerencia y se casa sin tardanza con Catalina de Cléves, princesa de Porcien, que acababa de enviudar. Sin embargo, ello no impedirá que el duque de Anjou, al ver al duque de Guisa, le dirija esta amenaza:

- Cuidaos bien de volver a ver a mi hermana y de pensar en ella, porque os mataré.

La relación de Margot con Enrique de Guisa había destruido el profundo vínculo entre la joven y Anjou, quien sentía celos del admirador de su hermana y trataba de causarle problemas a ella. Carlos IX también se había sentido traicionado por el incidente con Guisa y Margot ya no podía confiar en él. A veces era cariñoso, pero en ocasiones ella temía que la golpeara, sobre todo después de la paliza que le había dado. Los dos hermanos se comportaban como amantes despechados, los dos eran capaces de lastimar a Margot, y los dos estaban celosos de la atención que ella le prestaba al hermano menor.


Fuentes:
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. Siglo XXI de España Editores, S. A. 2006
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994

4 comentarios:

lady grey dijo...

¡Pero que pasaba con los hermanos Valois! Me parece que la forma en la que reaccionaron era excesiva, tal vez buscaban casarla con un mejor partido, pero a ese paso y con esos celosos, las cosas no irán muy bien para ella. ¿En quién podrá confiar la joven princesa?
Besos y abrazos...

Doamna care plânge dijo...

Hola conocí tu blog por que se encontraba en una revista muy reconocida de la argentina , esta fantástica!! pasas a mis favoritas!!!

Magnolia dijo...

Sinceramente, más se hubiese merecido la paliza el hermanito Anjou, él si que había desflorado a una hija de Francia y no el duque de Guisa. El enemigo estaba cerca. Siento lástima de Margot, viviendo entre una madre dominante y unos hermanos lujuriosos.

Gracias por pasarte Lady Grey, hoy me ha sido imposible escribir la siguiente entrada, a ver mañana.

Muchos abrazos

Magnolia dijo...

¡ Hola Doamna care plânge !
No me digas que mi blog aparece en una revista argentina, ¡ qué sorpresa me has dado !. Bienvenida a mi humilde morada y muchas gracias por dejarme tu comentario. Es un enorme placer saber que te ha gustado mi sitio. :-)

Muchos abrazos

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