ISABEL REGRESA A ARÉVALO
Es seguro que después de la farsa de Ávila, la infanta Isabel pasó largos meses sin ver a su hermano Alfonso y sin relacionarse con él. La situación no era favorable, pues cada uno estaba en manos de distinto bando. En el mes de septiembre de 1467 la ciudad de Segovia, donde Enrique IV creía tener seguras a su mujer, a su hija y a su hermana, caía en manos de los partidarios de Alfonso. La reina Juana pudo refugiarse en el alcázar, que se mantuvo fiel al rey, pero no consiguió llevarse consigo a Isabel, que vivía en el segoviano Palacio Real de San Martín servida por cinco damas.
El marqués de Villena planeó el asalto a esta ciudad para apoderarse de la reina, la infanta y los cofres del tesoro guardado en el alcázar. La ciudad, que no contaba con suficientes medios de defensa, cayó efectivamente en sus manos, pero el alcázar resistió, por lo que no obtuvo ni el tesoro ni a la reina, aunque sí pudo incorporar a su bando a la infanta, que se reunió de nuevo con su querido hermano Alfonso y su madre en Arévalo. Para una parte de Castilla, Alfonso es el nuevo rey, un soberano muy joven, lo que convierte a Isabel en la heredera del trono mientras su hermano no tenga descendencia.
El marqués de Villena planeó el asalto a esta ciudad para apoderarse de la reina, la infanta y los cofres del tesoro guardado en el alcázar. La ciudad, que no contaba con suficientes medios de defensa, cayó efectivamente en sus manos, pero el alcázar resistió, por lo que no obtuvo ni el tesoro ni a la reina, aunque sí pudo incorporar a su bando a la infanta, que se reunió de nuevo con su querido hermano Alfonso y su madre en Arévalo. Para una parte de Castilla, Alfonso es el nuevo rey, un soberano muy joven, lo que convierte a Isabel en la heredera del trono mientras su hermano no tenga descendencia.

Una de las primeras decisiones del marqués de Villena fue despedir a las cinco damas que la servían, porque otras mujeres se harían cargo de la custodia de la infanta. Dos de ellas, Mencía de la Torre y Beatriz de Bobadilla, dijeron que por manera alguna iban a separarse de la infanta. Isabel fue en busca de los otros dos prominentes jefes del bando alfonsino, el arzobispo Carrillo y el duque de Alba, obligándoles a firmar un documento por el cual se comprometían a no imponerle matrimonio alguno sin su consentimiento. Poca garantía era un papel en los revueltos tiempos que corrían, pero la palabra de honor era cosa muy seria, especialmente si la interponían un primado de España o un Álvarez de Toledo.
EL CUMPLEAÑOS DE ALFONSO
Ambos hermanos pasan aquel otoño juntos, en el castillo que alberga a su madre la reina viuda. Son unos meses felices al lado de su madre, aunque demasiado tarde para que esta alegría le devolviera la salud. Y como está cercano el día del cumpleaños de Alfonso y su mayoría de edad con catorce años, su hermana quiere prepararle una sorpresa y encarga a Gómez Manrique una composición poética. Ella organizará los festejos de la celebración que tuvo lugar en Arévalo el 17 de diciembre de 1467. Isabel contaba con dieciséis años y participó de forma activa en los entretenimientos preparados al efecto.
El acto principal consistió en unos momos, el entremés festivo de moda, cuyo texto fue escrito por Gómez Manrique por encargo de la infanta. Se abría el telón con un tratado, o discurso de circunstancias, en el que Isabel imaginaba que la noticia había llegado al Helicón, el paraíso de las musas, que conocían:
El acto principal consistió en unos momos, el entremés festivo de moda, cuyo texto fue escrito por Gómez Manrique por encargo de la infanta. Se abría el telón con un tratado, o discurso de circunstancias, en el que Isabel imaginaba que la noticia había llegado al Helicón, el paraíso de las musas, que conocían:
(…) el comienzo, el medio y el fin de vuestra muy virtuosa niñez y todos los infortunios, peligros, trabajos y buenas andanzas que en ella os habían dado los dioses celestiales. Ahora se despedía de la acabada niñez y entraba en la edad viril, que es de catorce años en adelante.
Para felicitar a Alfonso descendían ocho musas vestidas de plumas y la novena de blancas gasas. Conocemos los nombres de dichas musas – Mencía de la Torre, Elvira de Castro, Beatriz de Sosa, Isabel Castañeda, Juana de Valencia, Leonor de Luján y posiblemente Beatriz de Bobadilla - que fueron dedicando a Alfonso sus mejores augurios. La primera musa, Mencía de la Torre, llevó el hado siguiente:
A tu real exçelençia
Venimos aquestas hadas,
Inducidas e guiadas
Por la divinal esençia.
Cada qual de su figura
Te hadaremos arreo:
Que las dichas y ventura
Obedescan tu deseo.
Las siguientes musas le entregarán justicia, franqueza … Doña Juana de Valencia
lleva:
Yo te hado, rey señor,
El mayor de los señores,
Que por leal amador
Dispongas del dios amor
De la cadira de amores;
Pues con todos tus enojos
Miras tan enamorado
Que, donde pones los ojos,
Levantas nuevo cuidado.
Cerraba la representación el verso recitado por la misma Isabel:
Excelente rey doceno
de los Alfonsos llamado
en este año catorceno
Dios te quiera hacer tan bueno
Que excedas a los pasados
En los triunfos y victorias.
Y en la grandeza temporal
tu reinado sea tal
Que merezcas ambas glorias
La terrena y celestial.
Y pasaron los meses, como si el mundo no existiera, como si solo valiera lo que se encerraba en los muros del fuerte castillo de Arévalo. Fue en ese tiempo cuando Alfonso, dando muestras del cariño que profesaba a su hermana, le hace donación de la villa de Medina del Campo, donación que Isabel agradece tanto, que inmediatamente encarga a Gonzalo Chacón que tome posesión de ella en su nombre, en un documento en el que feliz y orgullosa estampa su firma: Yo, la Infanta. Por esas fechas, Isabel acude entonces a esa Medina del Campo, que se convertiría en uno de sus lugares preferidos. Eso ocurría a mediados de marzo de 1468, cuando ya apuntaba la primavera.
LA MUERTE DE ALFONSO
De pronto un correo trajo a los hermanos una alarmante noticia: aquel Enrique IV, que parecía ya vencido y destronado, había dado signos de vida. Buena parte del reino seguía considerándolo como su único rey verdadero. La ciudad de Toledo se había pasado al bando enriqueño. Por lo tanto, era preciso dejar el refugio materno de Arévalo y enfrentarse con la realidad. Alfonso decidió dirigirse a Ávila en donde confiaba reunir el número de soldados que le permitirían la reconquista de Toledo.
En el camino y al pasar por la aldea de Cardeñosa, Alfonso enferma repentinamente. El 5 de julio de 1468 se produce su muerte sin que ninguno de los cronistas de la época se pongan de acuerdo a la hora de certificar la causa de su muerte. Algunos señalan que fue la peste, otros se inclinan por el envenenamiento a manos del marqués de Villena. Nos dicen que el joven había cenado alegremente en compañía de sus amigos una trucha empanada y a las pocas horas fallecía. La consternación fue general, sólo el marqués de Villena, que se hallaba con ellos, permaneció indiferente.
Estaba presente, según se cree, la infanta Isabel en la muerte de su hermano. Cedemos la palabra al cronista Diego de Valera:
"Partió de Arévalo postrimero día de junio, y llegó a Cardeñosa, casi a dos leguas de Ávila, y con él la serenísima princesa Doña Isabel, su hermana. Y como se sentasen a comer, entre los otros manjares fuele traída una trucha en pan, que él de buena voluntad comía; y comió de ella, aunque poco. Y luego en punto le tomó un sueño pesado, contra su costumbre, y fuese a acostar en su cama sin hablar palabra a persona, y durmió allí hasta el otro día ... como no despertaba, comenzaron a dar voces. Y al clamor y grandes voces que daban, el arzobispo de Toledo y el maestre de Santiago y el obispo de Coria con la señora princesa vinieron ...
"Y venido el físico con gran prisa, lo mandó sangrar, y ninguna sangre salió; e hinchóse la lengua, y la boca se le paró negra, y ninguna señal de pestilencia en él apareció. Y así desesperados de la vida del rey los que mucho le amaban, menguados de consejo, daban muy grandes voces... Y sin ningún remedio el inocente rey dio el espíritu a Aquel que lo crió, en el quinto día del mes de julio...
"Lo cual más se cree ser yerbas que otra cosa, porque aunque era de poca edad, parecíales a los principales que con él estaban que sería más recio en la gobernación que su hermano ... "
¿Murió envenenado?
En el año 2006 se realizó un estudio de los restos de Juan II, Isabel de Portugal y su hijo Alfonso. El profesor de Antropología Física de la Universidad de León, Luis Caro, se encargó, junto a María Edén Fernández, del estudio antropológico de los huesos, mientras que el análisis genético se encargó al Instituto Toxicológico de Madrid y a la Universidad del País Vasco. Según este estudio ninguna señal de pestilencia apareció en los restos y los análisis toxicológicos practicados no revelaron existencia de sustancia alguna que pudiera confirmar que murió envenenado. No obstante, Luis Caro manifestó que la humedad había afectado a los restos con lo que fue imposible demostrar si realmente el infante fue envenenado.
La muerte de Alfonso fue una noticia luctuosa que volaría por toda Castilla. A Enrique IV le llega al día siguiente hallándose en Madrid. Y al punto, consciente de su importancia, manda una circular a todas las ciudades del reino. Nada de reproches por lo ocurrido, nada de echar lodo sobre aquel que se había levantado en su contra. Su hermano era un muchacho inocente y su muerte le había llenado de dolor. La infanta Isabel vivió en aquella primera quincena de julio un drama angustioso. Marchó a Arévalo para abrazar a su madre y confortarla en trance tan desventurado, pero la infeliz reina viuda, con su mente cada vez más perturbada, ni siquiera dio señales de haberse dado cuenta de que se había producido aquel infortunio. Aquella misma noche, el cadáver de Alfonso fue llevado por los criados del obispo de Coria al convento de San Francisco, extramuros de la ciudad de Arévalo, en el que fue enterrado.
El día 6, el arzobispo Carrillo y Juan Pacheco, maestre de Santiago, con gran cortejo de caballeros, llevaron a la princesa Isabel a la ciudad de Ávila, al amparo de sus muros, y protegida en el alcázar real. A Isabel se le presentaba un dilema: o bien seguir el camino trazado por su hermano Alfonso, haciéndose proclamar Reina como su heredera que era, lo cual le ponía en guerra abierta con Enrique IV; o bien optar por la vía negociadora. En principio tanteó la primera posibilidad. Era la más acorde con su dignidad y con la fidelidad a la memoria de su hermano Alfonso. ¿Obró así por consejo de aquellos que estaban en su entorno, como Chacón o Cárdenas? Posiblemente. De hecho, sabemos que mandó cartas a las ciudades del reino, cuando ya la grave enfermedad de su hermano Alfonso hacía prever su pronta muerte, para tenerlas prevenidas y en su momento jurarla por sucesora, en las que se titulaba: ... legítima heredera e sucesora que soy del dicho señor Rey, mi hermano ...
El día 6, el arzobispo Carrillo y Juan Pacheco, maestre de Santiago, con gran cortejo de caballeros, llevaron a la princesa Isabel a la ciudad de Ávila, al amparo de sus muros, y protegida en el alcázar real. A Isabel se le presentaba un dilema: o bien seguir el camino trazado por su hermano Alfonso, haciéndose proclamar Reina como su heredera que era, lo cual le ponía en guerra abierta con Enrique IV; o bien optar por la vía negociadora. En principio tanteó la primera posibilidad. Era la más acorde con su dignidad y con la fidelidad a la memoria de su hermano Alfonso. ¿Obró así por consejo de aquellos que estaban en su entorno, como Chacón o Cárdenas? Posiblemente. De hecho, sabemos que mandó cartas a las ciudades del reino, cuando ya la grave enfermedad de su hermano Alfonso hacía prever su pronta muerte, para tenerlas prevenidas y en su momento jurarla por sucesora, en las que se titulaba: ... legítima heredera e sucesora que soy del dicho señor Rey, mi hermano ...
Y en esa línea se mantuvo al principio. Cárdenas, uno de sus hombres de máxima confianza, sería el encargado de ir notificando la muerte de Alfonso junto con los derechos de Isabel al trono de Castilla, que para sus partidarios había quedado vacante al rechazar el gobierno de Enrique IV. Sin embargo, los hechos pronto obligaron a Isabel a cambiar de táctica. De día en día, las noticias que iban llegando a su Corte eran cada vez más alarmantes. El partido enriqueño crecía continuamente, en parte por el desconcierto y el desánimo que había cundido entre los miembros de la Liga nobiliaria, al perder a su candidato, el príncipe Alfonso, y en parte porque en todo el reino se anhelaba que de una vez por todas se hiciese la paz, acabando con el caos y la anarquía en la que había caído Castilla.
Ante ese panorama tan contrario, Isabel toma la iniciativa. Tiene que entenderse con su hermano Enrique IV. La vía de la negociación se impone. Y le escribe una carta de su puño y letra, cuyos principales puntos conocemos por el eco que provoca en el rey: ella nada haría en su contra. La firme e irrebatible voluntad de Isabel era reconocer a Enrique como rey, reclamando de él que la reconociera como sucesora siendo así jurada por las Cortes. A los deseos de concordia manifestados por Isabel, el rey se muestra sensible. También él, conforme a su carácter conciliador, está deseando llegar a un acuerdo con su hermana. Y así, con este espíritu de paz y concordia, se llegó al pacto de los Toros de Guisando.
Fuentes:
Fernández Álvarez, Manuel. Isabel La Católica. Espasa Calpe S.A, 2006
Azcona, Tarsicio de. Isabel la Católica: Vida y Reinado. La esfera de los Libros S.L., 2002
Suárez, Luis. Isabel I, Reina. Editorial Ariel, S.A. 2000 y 2005
Isabel La Católica. Ediciones Urbión, S.A. 1983
http://www.renedodelaynera.es/yacimiento/OtrosProyectosAntropologia.pdf
http://www.ateneodelalaguna.es/pdf/ATENEO27/teatro.pdf
Imágenes extraídas de la web de rtve y pertenecientes a la primera temporada de la serie " Isabel ", una producción de Diagonal TV.










2 comentarios:
Otra ajetreada historia Real. Hay que ver como se eliminaban y se repudiaban estos aristócratas.
Se regalaban condados como si el planeta les perteneciera.
Y aun arrastramos monarquias añejas,con sus ladrones refinados.
Un saludo
Saludos querida amiga, muchas gracias por pasarte por aqui. A mi que me gusta mucho los enredos e intrigas cortesanas de otras épocas ... las prefiero a las historias de batallitas. Los corruptos están en todas partes, ¿ dónde han quedado la honradez y el honor ? En qué mundo vivimos ...
Un fuerte abrazo
Publicar un comentario en la entrada