domingo, 1 de enero de 2012

La joven infanta Isabel de Castilla y su hermano Alfonso ( IV )


LA EDUCACIÓN EN LA CORTE DE ENRIQUE IV


En la corte de Enrique IV, los dos infantes tuvieron que continuar la instrucción iniciada en Arévalo, si bien sería una educación separada debida a la diferencia de edad y sexo. El moverse en el entorno de la reina Juana, arropada por un numeroso séquito de damas y servidores procedentes de Portugal, les permitió a ambos continuar practicando el portugués aprendido al lado de la madre durante la infancia, ya que esa lengua debía usarse como habitual en el trato diario.

Resulta lógico que la infanta continuara su aprendizaje profundizando antes que nada en la práctica de leer y escribir, más las operaciones de cálculo, sin abandonar, el ahondamiento en cuestiones religiosas y devocionales. Parece muy verosímil que esta docencia estuviera una vez más en manos o, al menos, bajo la supervisión de religiosos, al igual que en Arévalo y en correspondencia con la costumbre de la Casa real, si bien a lo largo de este período debieron integrarse también en la crianza y guarda de Isabel otras personas. Como parte de esa educación hubo de ocupar un lugar destacado la música, el canto y el baile, que debían de ser frecuentes en la corte. Las crónicas mencionan que se celebraban fiestas caballerescas de todo tipo, como justas, torneos, juegos de cañas o el correr de toros. En más de una ocasión, en el tiempo vivido en la corte enriqueña, Isabel asistió a estos espectáculos.



Asimismo la infanta hubo de ejercitarse en la equitación, ya que sabía montar a caballo, y con toda probabilidad se inició también entonces en la práctica cinegética, pues algunos cronistas la presentan en años posteriores participando en partidas de caza junto a su marido. Todas estas actividades debió de compaginarlas con el aprendizaje de algunos juegos de mesa, determinados tipos de lectura y las labores de aguja. Esta última afición la había heredado Isabel de su madre, quien entretenía sus delirios bordando y tejiendo. Se sabe que,como a su padre Juan II, le gustaban las canciones populares, el baile y las novelas de caballerías.

Por la corte desfilaron, en ese tiempo, muchos escritores, con los que la infanta hubo de mantener contacto, mientras que le llegaban las obras de otros y se codeaba con varios más en sus desplazamientos. Aprendió a apreciar la literatura en sus distintas variedades y a comprender el valor de la bibliofilia y el mecenazgo. Pudo aprender conductas o pautas de comportamiento, ceremonial cortesano y normas sobre la gobernación.




EL MANIFIESTO DE LA LIGA NOBILIARIA


El 28 de septiembre de 1464 surge el manifiesto de una liga nobiliaria, que tanta repercusión tendría en la evolución de los acontecimientos, afectando ya directamente a la suerte de la infanta Isabel y de su hermano Alfonso, por cuanto se pregonaba que los dos infantes estaban cautivos y que la princesa Juana no era la verdadera hija del rey, no teniendo, por lo tanto, ningún derecho a la sucesión al trono. El manifiesto era una protesta contra el mal gobierno del rey e impulsada por no pocas ambiciones. Escrito con suma habilidad, aprovechando todos los errores cometidos por el monarca, empezando por su débil carácter que le había dejado en manos de un advenedizo, Beltrán de la Cueva. El rey estaba " secuestrado " por su favorito y lo que procedía era liberarle. Por otra parte, se cuidaba mucho la cobertura religiosa: aquella Corte protegía a los infieles – la guardia mora del rey era una prueba de ello – con menosprecio de la Iglesia católica. Y se pregonaba que se miraba por el bien público, denunciando el continuo quebrantamiento de la Justicia. Y se declaraba que la princesa Juana no era la legítima heredera del trono porque no era hija del rey y lo que era más fuerte, que tal cosa era bien conocida por el monarca.

Finalmente se pedía al rey que acudiese a la ciudad de Burgos, donde había puesto su emplazamiento la liga, acompañado de los dos infantes, pero sin el odiado favorito, para convocar Cortes en las que el infante Alfonso fuese jurado heredero del trono, denunciando el peligro de que aquellos malos consejeros del rey, concretamente Beltrán de la Cueva, intentasen la muerte de los infantes para asegurar la sucesión de la princesa Juana. Mensaje que no podía ser más injurioso, dado que se presentaba a Enrique IV no ya como rey “ secuestrado “ y engañado, sino como sabedor y consentidor del todo, incluso del emparejamiento de la reina con su favorito para lograr una sucesión que él era incapaz de conseguir. En suma, no sólo era impotente sino también cornudo, el más grave insulto que aquella sociedad podía lanzar. Algo para encender los ánimos de cualquiera, por muy pacífico que fuera. Y, sin embargo, ese no sería el caso de Enrique IV.



Los consejeros instaron al monarca a actuar con mano dura como merecía tan insolente desacato contra su autoridad, en particular el obispo López Barrientos, que le incitó a tomar las armas contra aquellos rebeldes. No fue de esa opinión Enrique IV, que contestó: " Los que no habéis de pelear, padre Obispo, ni poner las manos en las armas, sois muy pródigos de las vidas ajenas. Bien paresce que no son vuestros hijos los que han de entrar en la pelea, ni vos costaron mucho de criar … "

Parece que estamos escuchando a cualquier admirable pacifista de nuestros días, un rey tan conmiserativo, tan cuidadoso de velar por las vidas ajenas antes que por su propio prestigio. Aquella sociedad pedía hombres duros, violentos, enérgicos. Nada de mansedumbre ni de contemplaciones. De ahí la sentencia del obispo advirtiendo gravemente al rey de lo que había de costar su blando comportamiento: " Quedaréis por el más abatido rey que jamás ovo en España e arrepentido eis, señor … "



ALFONSO E ISABEL SE SEPARAN


Pero el rey, conforme a su modo de ser conciliador, prefirió la negociación con los rebeldes antes que el enfrentamiento. Una postura que le debilitaba aún más, por cuanto que podía entenderse como un reconocimiento de que algo habría de cierto en las acusaciones de la Liga, en especial en lo referente a la dudosa legitimidad de la princesa Juana, en su discutida situación de heredera al trono. Y esa situación la sentiría ya la infanta Isabel en su confinamiento en Aranda, en los aposentos regios donde vivía con su hermano Alfonso, bajo la vigilancia de la reina Juana y de los servidores del rey. Pues difícilmente podían cerrarse el paso a los rumores que circulaban sobre los graves acontecimientos que estaban ocurriendo en el reino. Y aún más cuando llegó la orden de que el infante Alfonso debía incorporarse al séquito regio, como prenda de cambio, para apaciguar a la Liga nobiliaria que así lo exigía.

A partir de ese momento, cuando corría el otoño de 1464, los acontecimientos se precipitarían. Y cada vez más se acrecentaría el protagonismo de Isabel, que a sus trece años cumplidos la vemos ya como un personaje expectante, creciendo entre la incertidumbre y la esperanza. Ver salir a su hermano Alfonso de Aranda, sin conocer con seguridad su destino, la llenó sin duda de zozobra pero pronto supo que la Liga lo protegía. Y es más, que lo proclamaba como el verdadero heredero del trono.


Fuentes:
Fernández Álvarez, Manuel. Isabel La Católica. Espasa Calpe S.A, 2006
Salvador Miguel, Nicasio. Isabel La Católica: educación, mecenazgo y entorno literario. CENTRO DE ESTUDIOS CERVANTINOS 2008Imágenes pertenecientes a la primera temporada de la serie " Isabel ", una producción de Diagonal TV.

2 comentarios:

genetticca dijo...

Que tal el primer día del año?

Leyendo con atención ,me pierdo, me hago un lío con los personajes,a cual más complicado.

Te sigo amiga.

Un abrazo

Magnolia dijo...

Hola querida Genetticca
Pues he empezado el año con un resfriado de aupa y como no me apetecía salir a pasar frío y a encerrarme en uno de esos cuchibaches con la música a todo volumen que no puedes ni hablar, he preferido quedarme en casa leyendo y tomando apuntes para seguir con este hobbie.

Me queda una entrada para acabar con los infantes Isabel y Alfonso y empiezo de lleno con la infancia de Juana de Castilla que es la que ha preferido la mayoría en la encuesta. Quiero agradecer a todos la participación y seguiré con el orden tal y cómo ha quedado: Lucrecia Borgia, Margot de Valois, las dos reinas de Egipto y Eva Perón.

Muchos abrazos amiga

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...