sábado, 21 de enero de 2012

Catalina de Aragón: Su labor cultural, social y benéfica ( II )



SU APORTE A LA EDUCACIÓN


Desde el primer momento la reina Catalina se ocupó de la educación de su hija María. Se encargó de enseñarle a leer y a escribir y era quien decidía sus lecturas, y durante mucho tiempo fue la correctora de los escritos que la niña realizaba en latín. Si hombre y mujer son idénticos y pueden ser educados en los mismos saberes y actuar igual, ¿por qué no puede gobernar una mujer?. Su madre había sido reina de Castilla y otras habían gobernado en reinos de Europa, pero eran casos excepcionales que sólo confirmaban la regla. La mujer sólo podía representar el papel de reina consorte. A falta de un heredero varón, debía luchar como fuese por el futuro de su hija. María debía ser la reina de Inglaterra. Por ello propiciaba más de una discusión en palacio y en universidades sobre la educación de las mujeres. Creó en torno a la princesa María una escuela para las hijas de los nobles y damas de la corte. Todo bajo la mirada atenta de los grandes humanistas y de la aceptación de Luis Vives.

Catalina era una generosa protectora de la educación. Fundó cátedras en las Universidades de Oxford y Cambridge. Prestó ayuda económica a los estudiantes pobres y se informaba regularmente de sus progresos. Apoyó con dinero al Saint John’s College de Cambridge que pasaba apuros. En Cambridge, tuvo una especial vinculación con el Queen’s College cuyo presidente, Robert Beckensaw, fue su limosnero, y visitó esta Universidad por lo menos tres veces, permaneciendo tres días en una de ellas. Unas vidrieras del King’s College con las armas de Catalina y Enrique, se conservan en la iglesia de Holy Cross, Greenford, y en una capilla lateral del mismo College quedan emblemas heráldicos de Catalina.

En 1518 visitó el Merton College de Oxford, donde los estudiantes la recibieron con “ tantas demostraciones de alegría y amor como si hubiera sido Juno o Minerva”. De 1523 a 1528, junto a John Fisher y Tomás Moro, abogaría por el estudio del griego en las aulas universitarias.




LABOR SOCIAL Y BENÉFICA



Catalina, experta costurera, enseñó los secretos de las agujas de plata y los hilos de oro y seda a sus damas de honor. Las lecciones de encajes que daba la reina fueron extendiéndose entre ellas y pronto salieron de palacio para que toda mujer se iniciara en el arte de la aguja, el dedal y el hilo. La reina creó una industria artesanal de bordados y encajes en los Fens, alentando a las mujeres del lugar a seguir su ejemplo y hacer labor negra española - bordados negros sobre un fondo blanco -, calado y lo que ahora se llama “ encaje de Buckingham ”. No se tardó en poner nombres a los distintos puntos y nudos entre las bordadoras inglesas, como el punto Reina Catalina, muy utilizado en los bordados de los condados de las Midlands. Según la tradición, el término inglés “ pin money ” para referirse al dinero de bolsillo de las mujeres, proviene de los estipendios dados por Catalina a bordadoras.

La reina implantará normas de higiene y alimentación desconocidas en Inglaterra. Introdujo nuevas variedades de frutales traídos de los Países Bajos, la ensalada superior y contribuyó a popularizar las naranjas en Inglaterra, los frutos cítricos eran costosos y raros porque tenían que importarse de España. Parece que los ingleses habían abandonado el cultivo de cerezos, ciruelos y melocotoneros desde la Guerra de las Dos Rosas y que Catalina lo revitalizó. Mejoró la jardinería inglesa y dotará de mayor variedad a los jardines de sus residencias reales.



Uno de los terrenos en donde Catalina de Aragón se granjeó el amor del pueblo inglés fue el de la caridad. La reina llegó a hablar, en más de una ocasión, con su marido para que aumentara las limosnas que la corte destinaba a los más necesitados. Había un funcionario que se llamaba el Limosnero de la Reina y, por lo visto, los fondos a su disposición se incrementaron y se hizo un esfuerzo para hacer que se gastaran prudentemente. Catalina se hacía cargo siempre de un cierto número de indigentes ancianos y muchas de las propiedades que la reina recibió cuando se casó con Enrique VIII se destinaban a alimentar a los pobres. El dinero de las rentas de sus tierras era donado casi en su totalidad a orfanatos y a casas de misericordia.

La reina siempre hacía que se investigara las necesidades de los pobres en cualquier lugar en el que ella viviera y ella misma solía dedicar mucho tiempo a visitarlos sin ostentación, ataviada simplemente con el hábito de una hermana laica de la Orden de San Francisco. Cientos de familias pobres recordarían que le debían dinero, ropas, alimentos, combustible en los meses de invierno y ropa blanca limpia junto a las cunas de los recién nacidos. El profundo afecto que la gente pobre de Inglaterra mostró a la reina en su adversidad puede haber estado basado, en parte, en el recuerdo de que ella no les había olvidado en la suya.



Fuentes:
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A.
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Maria Jesús Pérez Martín, Maria Tudor: La gran reina desconocida. 2008 Ediciones Rialp, S.A
Luis Ulargui, Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
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