PRIMERA PARTE
En la verde Irlanda del siglo XVI vivió una legendaria mujer pirata conocida como Grace O’ Malley , nombre inglés del gaélico Gráinne Ni Mháille, que se convirtió en la pesadilla de la poderosa reina Isabel I de Inglaterra, soberana que protegió y se benefició de la piratería. La brava irlandesa fue una mujer excepcional que dominó durante medio siglo el mar de Irlanda y asaltó cualquier nave inglesa que se pusiera al alcance de sus galeras de guerra.
Nació en 1530 en el actual condado de Mayo, en la costa noroeste de la isla. Era hija del jefe del clan, Owen Dubhdara O’Malley y de su esposa Margaret. Los O’Malley, a diferencia de las demás tribus irlandesas, nunca se dedicaron a la agricultura. Controlaban la bahía de Clew, un hermoso puerto natural en la costa occidental de Irlanda, e hicieron de la mar su modo de vida. La divisa que figuraba en su escudo de armas no podía ser más clara: " Poderoso en la tierra y en el mar ". El clan explotaba cualquier recurso marítimo a su alcance: concedía licencias a ingleses, franceses y españoles para pescar en sus ricos caladeros, comerciaba con los puertos ibéricos y norteafricanos, y transportaba de las High Landers escocesas a la verde Erin a los mercenarios que los jefes guerreros irlandeses contrataban cada año por primavera, la época del renacer de la naturaleza y de los conflictos tribales. Pero, sobre todo, se dedicaba con entusiasmo a la piratería. Esta última actividad acabó convirtiéndose en la principal fuente de ingresos.
Se sabe poco de la infancia de Grace. Su padre, uno de los pocos caudillos que se negó a rendir vasallaje a Enrique VIII de Inglaterra, se pasaba la vida en el mar y la pequeña creció en compañía de Donal, su medio hermano, señor de la isla de Clare. Parece ser que la niña prefería la cubierta de las naves a las cocinas. Se cuenta al respecto que incluso llegó a embarcarse disfrazada de grumete y con el pelo rapado en el barco paterno. Cuando se descubrió el engaño, la flotilla estaba lejos de la costa y Grace pudo seguir el viaje, aunque tuvo que aguantar las bromas de la tripulación, empeñada en llamarla Grace la Calva.
Con apenas quince años, se casó con Donal-an-Coghaidh O' Flaherty, jefe del clan vecino, y dio a luz tres hijos: Owen, Murrough y Margaret. Por suerte para la joven, la rutina hogareña duró poco, pues la situación política irlandesa se enrarecía por momentos. Enrique VIII presionaba con fuerza a las tribus libres, bloqueando su comercio, persiguiendo a los navíos de los clanes y quemando sus cosechas. Unas medidas que, por otra parte, también se aplicaban a los grupos sometidos, aunque de forma más suave. Los O’ Flaherty sufrían el embargo bastante más que los restantes clanes, porque Donal era un tipo valiente, aunque algo inmaduro y alocado, y bastante pendenciero. Así las cosas, las gentes del clan pidieron a Grace que se hiciera cargo de las operaciones bélicas y ella, por supuesto, aceptó encantada. Se lanzó al mar y los O’ Flaherty pronto se volvieron ricos gracias a sus piraterías, secuestros, robos, contrabandos y extorsiones.
Las principales víctimas eran los ricos comerciantes ingleses de Galway. Tanto pánico sentían los burgueses de la ciudad por los piratas de Grace, que incluso intentaron exorcizarlos escribiendo con grandes letras sobre la puerta occidental de las murallas, una oración similar a la que rezaban las multitudes asustadas por las hordas vikingas: " ¡ Oh Dios, líbranos de los salvajes O’ Flaherty ! ". Mientras tanto, Donal, que continuaba con sus interminables e inútiles peleas, murió en una de las frecuentes escaramuzas con los Joyce, los enemigos de toda la vida. Había capturado el castillo de Cock, una de las guaridas de sus adversarios, y los Joyce se lanzaron de inmediato a reconquistarlo, pensando que lo tomarían sin ningún problema. No contaban con Grace la Calva, que los obligó a huir tras masacrarlos. En adelante, la fortaleza fue conocida como el Castillo de la Gallina, porque ella lo defendió con la misma furia que un pájaro protege su nido.
Grace, mitad pagana y mitad cristiana, esperaba que el clan la elegiría jefe, pues, al fin y al cabo, era la viuda de Donal y la caudilla de facto. Calculó mal. Los O’Flaherty no solo prefirieron al primo de su llorado marido, tan inmaduro como él, sino que rechazaron de plano su propuesta de partir el " reino " que ella había creado. La cólera de Grace estalló como un volcán. Cogió a sus retoños, reunió a todos los guerreros que la apoyaron y volvió al hogar, a la entrañable isla de Clare. Desde allí, con el apoyo que le daban doscientos hombres y un buen puñado de galeras, retomó su antiguo título de terror de los mares y se convirtió en la sanguinolenta pesadilla de los O’ Flaherty. La dama mató a bastante gente durante ese período de su vida, asaltó decenas de barcos y tuvo unos cuantos amantes pasajeros. Respecto a los compañeros sentimentales no está de más añadir que los cambiaba cuando quería. Cuando ella quería, porque el desgraciado que se interponía en sus caprichos tenía claro su futuro: moriría degollado por las gráciles manos de Grace.
Esta época de sexo, vino, poder absoluto y frenesí homicida, terminó pronto. Grace, traumatizada por su trigésimo quinto cumpleaños, decidió asentar la cabeza y volvió a casarse. El novio, Richard-in-Iron Bourke, jefe de guerra de los Mac William, controlaba el castillo de Rockfleet, al norte de la bahía de Clew, un lugar mucho más seguro que la isla de Clare. Escarmentada por la anterior experiencia, Grace exigió un matrimonio pagano. Conviviría con Richard un año, finalizado el cual podría divorciarse si quería, y quiso.
Poco antes de acabar el plazo, Richard regresó de una de sus grescas nocturnas y se encontró con las puertas de la fortaleza cerradas. Tras aporrear la puerta, una irritadísima Grace se asomó a las almenas y gritó: “ ¡ Te despido. Rockfleet es mío ahora ! “. Estas palabras hicieron que se deshiciera el matrimonio, pero como ella poseía el castillo, se lo quedó. Richard aceptó mansamente. Una vez que el castillo cambió de manos, volvieron a vivir juntos para escándalo del sacerdote local, quien abandonó la isla en señal de protesta. La relación duró diecisiete años y el fruto de la misma nació, como era de esperar, en la maloliente sentina de una galera que surcaba el Atlántico.
Al día siguiente del nacimiento de su hijo Tibbott-ne-Long, la nave fue atacada por los piratas de Salé, una ciudad corsaria de la costa atlántica de Marruecos. El capitán, incapaz de contener el abordaje, bajó aterrorizado a la bodega y pidió a la mujer que subiera a la cubierta. “ ¡ Ojalá esté siete veces peor que yo durante los siguientes doce meses quien no puede pasar un día sin mí ¡ “, maldijo Grace, y dejando al bebé, tomó una espada y subió las escaleras. Los corsarios se sorprendieron ante la repentina aparición de una furiosa mujer y perdieron la batalla.
Fuentes:
Vázquez Chamorro, Germán. Mujeres piratas. 2004 Algaba Ediciones S.A.
pirateuniversity.webs.com
paintingsilove.com
united-celtic-brotherhood.webs.com
tripadvisor.es
http://es.wikipedia.org/wiki/Grace_O'Malley