jueves, 30 de junio de 2011

MARÍA PACHECO


María Pacheco se cree que nació en el palacio de la Alhambra, Granada, lugar donde residían sus padres, don Íñigo López de Mendoza —conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar— y doña Francisca Pacheco, hija del primer marqués de Villena. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se da como posible el año 1496. La circunstancia de tomar el apellido materno se debió, en buena parte, a que quiso diferenciarse de su hermana mayor, llamada igual que ella, y de otra natural de su padre a la que pusieron idéntico nombre.

En sus años infantiles recibió una exquisita educación propiciada por el ambiente culto y renacentista que predominaba en su casa familiar y, en ese sentido, fue muy versada en las disciplinas de latín, griego, matemáticas, historia y literatura, con especial predilección por la poesía. En carácter parece que congenió, sobretodo, con el menor de sus hermanos: el poeta, embajador e historiador Diego Hurtado de Mendoza. Su adolescencia fue esplendorosa, lo que hizo presumir una magnífica boda con algún pretendiente de alta alcurnia. Pero el padre pensó otra cosa y estableció un acuerdo matrimonial con un joven hidalgo toledano llamado Juan de Padilla, a la sazón sobrino del comendador mayor de la Orden de Calatrava, con quien los Mendoza deseaban estrechar lazos de amistad.

La temperamental María se rebeló contra esta decisión arbitraria. Cuentan que estuvo enfadada con su padre y dejó de hablarle, ya que pensaba que el novio no alcanzaba categoría suficiente para emparentar con su familia por ser miembro de la nobleza menor, pero a quien llegaría a amar con todo su corazón. Las bodas se celebraron en enero de 1515 y un año después vino al mundo su hijo Pedro, único descendiente de una pareja que cada vez se profesaba más amor. En esa época, Padilla ocupó el puesto de capitán de las gentes de armas en Toledo que había ejercido su padre hasta su fallecimiento. Allí se trasladó con su familia.


Con la llegada a España de Carlos I, surgieron en Castilla descontentos contra la influencia del séquito extranjero que traía el nuevo rey y los costes de su política exterior. Padilla, enojado porque el rey no le concedió un cargo al que creía tener derecho hereditario, y tal vez instigado por su mujer, se unió a los descontentos y se opuso a la concesión del servicio que el rey pedía a las Cortes para financiar sus campañas en Europa. El rey le hizo llamar para pedirle explicaciones, pero antes de que pudiera acudir a Santiago -donde se encontraba don Carlos-, estalló una rebelión popular en Toledo y en otras ciudades castellanas. Padilla se puso al frente de la rebelión y capitaneó las tropas toledanas que acudieron a defender Segovia del ataque de las fuerzas reales. Convertida así la protesta en franca rebelión, se inició la llamada Guerra de las Comunidades de Castilla.

En la contienda Juan de Padilla asumió la capitanía del ejército revolucionario con iniciales victorias que incitaron al optimismo en las filas comuneras. Sin embargo, la potencia de las tropas reales, sumada a la negativa de Juana de Castilla de apoyar aquella revuelta contra su hijo, provocaron serios reveses a la causa de los comuneros hasta concluir en su total derrota en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521.


Un día más tarde, Juan Bravo, Francisco Maldonado y el propio Juan de Padilla —cabecillas de la revuelta— eran ajusticiados y sus cabezas expuestas como escarmiento. En principio, se creyó que el conflicto había llegado a su fin, empero, la dolida y ahora viuda María Pacheco decidió clavar la bandera comunera en la ciudad de Toledo, donde recibió apoyo incondicional de casi toda la población y de algunos líderes rebeldes supervivientes. La resistencia toledana se prolongó durante meses, con la Pacheco parapetada en el Alcázar de la ciudad, hasta que los ejércitos del rey lograron rendir la plaza, no sin antes rubricar algunos acuerdos ventajosos para los sitiados. Si bien, aquellos días de obstinación habían supuesto para el rey Carlos I una pequeña humillación encarnada en la figura de aquella indómita fémina. Jamás sería perdonada por esta afrenta y fue irreversiblemente condenada a muerte, pena capital de la que se pudo librar escapando de Toledo, amparada por la noche y vestida de humilde campesina.

La conocida popularmente como Leona de Castilla logró llegar a Portugal para instalarse en las cercanías de Oporto, donde vivió de forma muy modesta los últimos años de su vida. Falleció en marzo de 1531, cuando contaba treinta y cinco años de edad. La causa de la muerte, según los galenos que la atendieron, fue un terrible dolor en el costado. Sus restos jamás se pudieron unir a los de su amado esposo, pues nadie quiso incomodar con esta petición y último deseo de la brava heroína al soberano que vio peligrar la estabilidad de su reino con la actuación de María Pacheco.


Fuentes:
http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/357/1153927486.html
http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/mariapac.htm
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/padilla.htm

miércoles, 29 de junio de 2011

La leyenda de María Pérez, La Varona



Cuenta una famosa leyenda soriana, que allá por el siglo XII existió una singular mujer, de nombre María Pérez de Villanañe, que vestida de hombre guerreó con valor junto a sus hermanos, luchó contra los musulmanes, tomó partido por su reina Urraca I y venció en un combate al rey de Aragón, Alfonso I el Batallador, en los campos de Barahona. Cuando se conoció su verdadero sexo, la apodaron la " Varona de Castilla “ y dejó las armas al casarse con un infante y fundar una familia.

María era una mujer muy corpulenta, que no tuvo reparos en vestir y adoptar el papel de un hombre para formar parte de las filas militares en plena reconquista. Montaba a caballo al estilo masculino y era muy diestra en el manejo de las armas. Ella no era un modelo de austeridad. Aunque virtuosa y honesta, la condición de su alma y las exigencias de su fisiología, le imponían un régimen de comidas abundantes y de grandes libaciones. Dícese de ella que devoraba medio carnero asado sobre las ascuas del pino y libaba un cántaro de vino sin que le alterase la condición moral este exceso.



El momento histórico se sitúa en el año 1109, durante las guerras entre Castilla y Aragón. Castilla defendía a la reina Urraca y a su heredero Alfonso VII, mientras que Aragón defendía a su rey Alfonso I. Los hermanos de María luchaban a favor de Alfonso VII, y acudieron a Barahona para defender sus colores, pero no sabían donde dejar ni con quien a María durante su ausencia. Ella se vistió con armadura y quiso ir a luchar con ellos. Tras la reyerta se produjo cierta dispersión entre las tropas y María, sola, en la penumbra de la tarde, se topó con otro despistado: Alfonso el Batallador. María llevaba el rostro cubierto con la celada, como lo muestra luego la estatua heráldica que todavía se puede observar en su posesión de Villanañe, y así luchó contra el aragonés, partiéndosele la espada, pese a lo cual, fue tan grande su valor, que venció a su oponente y le hizo prisionero. Admirado, el rey aragonés, le dijo: Habéis obrado, no como débil mujer, sino como fuerte varón y debéis llamaros Varona, vos y vuestros descendientes, y en memoria de esta hazaña usaréis las armas de Aragón.

La vida de María Pérez, que algunos hacen descender directamente del conde castellano Fernán González, no terminó con su gesta de armas. Se dice que después mandó construir un puente y varias casas, una iglesia y un magnífico palacio en la localidad palentina de Dueñas. Es tradición que anduvo por la Rioja, donde levantó memoria, antes de casarse con el infante Don Vela ( hermano de tres reyes de Aragón: Pedro I, Alfonso I y Ramiro El Monje ). Del matrimonio entre María y Vela nació Rodrigo Varona, el primero de la estirpe. Al morir su esposo decidió pasar sus últimos días en un convento y se retiró al de Oña, Burgos, donde murió a los setenta y tres años de edad.


Fuentes:
http://www.soria-goig.org/Abanco/Abanco_27.htm
http://www.logoslibrary.eu/pls/wordtc/new_wordtheque.w6_context.more_context?parola=1280767&n_words=1&v_document_code=67091&v_sequencer=489612&lingua=ES
http://es.wikipedia.org/wiki/La_Leyenda_de_los_Varona


domingo, 26 de junio de 2011

María de Médicis y Enrique IV de Francia ( III y última )

Margarita de Valois


Margarita de Valois mantuvo una relación amistosa con su ex esposo Enrique IV, a quien llamaba “ mi hermano, mi amigo y mi rey “. También entabló una firme amistad con la reina María de Médicis y, como no tenía hijos, se encariñó mucho con los de ella, sobre todo con el Delfín Luis. Muchas de las propiedades que por derecho le pertenecían le habían sido devueltas, como también otros bienes, y en señal de reconocimiento, Margot nombró heredero al Delfín.

Instalada de nuevo en París, pensó que necesitaba una residencia que estuviera a la altura de su rango. Generosamente, Enrique le concedió una gran extensión de tierra junto al palacio de las Tullerías. Margot hizo construir allí el encantador palacio des Augustins, con su gran extensión de parque y jardines sobre la margen izquierda del Sena. Además de mejorar la ribera izquierda del río, convocó en su palacio a músicos, escritores y filósofos, lo que atrajo a sus salones a mucha gente culta. Margot le escribía con frecuencia a Enrique para darle su opinión sobre consejeros o cortesanos, y en varias ocasiones advirtió a su ex esposo de algún complot contra él.


Charlotte de Montmorency, princesa de Condé



A principios de 1609 el rey se enamora de una bellísima joven de catorce años, Carlota de Montmorency, hija del jefe de una de las más poderosas familias de Francia, ya prometida al noble Bassonpierre. Decidido el monarca a hacerla su favorita, y tras hablar con el prometido y con el padre de la joven, decide casarla con el príncipe de Condé, su sobrino, de quien se decía que no le gustaban las mujeres. María de Médicis se entera, provoca escenas violentas contra su real esposo, inútilmente, ya que éste le anuncia que si bien él la ama como a una esposa, no renunciará a la joven belleza, que espera será su amante oficial.

La proyectada y arreglada boda de los jóvenes se celebra, pero el sobrino se niega a ser un marido paciente y consentidor. Contra todo lo previsto, huye con su bella esposa en sendos caballos y galopan hasta el castillo de Muret, cerca de Soisson. Enterado el rey, emprende su persecución, pero los príncipes de Condé se dirigen hacia los Países Bajos españoles, esta vez en una carroza tirada por ocho caballos y escoltados por algunos de sus caballeros. Llegan a Bruselas donde piden asilo al gobernador, el archiduque Alberto, que en un principio los acoge contento de poder contrariar al monarca francés. Sin embargo, temiendo los problemas que esto pudiese acarrearle, aconseja a su protegido que salga del país, lo que él hace de inmediato yéndose a Colonia, dejando a su esposa al cuidado del archiduque.


Enrique IV de Francia



Enterado Enrique IV, decide raptar a la bella Carlota, confiando la misión al marqués de Coevres, quien, acompañado de un grupo de caballeros, decide escalar las murallas del castillo donde se encuentra la princesa de Condé, con la intención de salvarla de su “ prisión “, pero sus planes fracasan y tienen que abandonar la empresa. Parece ser que, como es su costumbre, el rey ha confiado a su esposa su proyecto, quien sin pérdida de tiempo, no tarda en comunicarlo al nuncio de Su Santidad, que a su vez informa al embajador de España, el cual manda un correo a Bruselas. Allí, la ciudad queda rodeada por doquier. La guardia vigila cada lugar estratégico, las entradas a la ciudad están controladas de manera que los hombres del marqués de Coevres tienen que abandonar la empresa, volviendo vencidos … El archiduque Alberto decide conducir a la princesa junto a su esposo.

Envalentonado el rey por las cartas de amor que Carlota le envía, a pesar de la estrecha vigilancia de las damas españolas residentes en Bruselas, no desiste de su empresa, ofuscado y furioso, reclama a su adorada princesa, se la tendrán que ceder por las buenas o por las malas, y ante la negativa de las autoridades que la vigilan, Enrique está a punto de declarar la guerra. No puede confesar la causa de su decisión pero, inesperadamente, un suceso importante le puede servir de pretexto: la muerte del protestante duque Juan Guillermo de Cleves, que no tiene hijos. Entre los pretendientes a la herencia se encuentran los electores de Brandeburgo y de Neoburgo. Enrique IV decide ayudarlos yendo en contra del emperador de Austria, Rodolfo II, aliado de España, que sigue siendo la rival de Francia, con lo que el monarca francés entraría en el conflicto.


María de Médicis



Enrique prepara un gran ejército que debería invadir los Países Bajos y seguiría hacia las fronteras del imperio austríaco. El nuncio Ubaldini y algunos de los consejeros del rey insisten para que abandone el proyecto. Aunque parezca increíble, declara que si le entregan a la princesa de Condé se podrá llegar a un acuerdo. La guerra parece inminente, ante el desconcierto del Papa, que, contrario a la ayuda a los príncipes protestantes, amenaza con excomulgar al rey francés. María de Médicis se opone a la decisión de su esposo, no solamente por lo que para ella representa la rivalidad con la princesa de Condé, sino también por el aspecto político, ya que sigue siendo partidaria de mantener buenas relaciones con los países católicos. Teme cualquier manera de violencia y una posible guerra contra España, y para evitarla, se vuelve a hablar de una alianza matrimonial entre los príncipes de ambos países. El Delfín se casaría con la infanta Ana de Austria y la princesa Isabel con el príncipe de Asturias. Enrique IV no quiere hablar de todo esto y prepara un ejército que con sus aliados alcanza una cifra de doscientos mil hombres.

La vida de Enrique estaba en peligro. Había salido ileso de dos atentados, uno de ellos inspirado por un médico y perpetrado por una mujer a la que trataron de bruja, el segundo por un iluminado. Ambos atentados se descubrieron a tiempo y los culpables fueron ajusticiados. Por otra parte, el rey había estado gravemente enfermo, temiéndose por su vida. Una adivina le profetizó que sería asesinado en la primera gran fiesta a la que asistiese y que moriría en una carroza.



La inseguridad del soberano hace que, tanto la reina como los Consejeros de la Corona, prefieran asegurar la regencia del reino en caso de accidente, y como primera medida se propone el solemne coronamiento de María de Médicis, al tiempo que se constituye un Consejo de Regencia, compuesto por quince notables y presidio por la reina. Un poco forzado, el rey acepta que se corone a su esposa. Enrique le expresó a su ministro y amigo de confianza Sully sus temores : “ Amigo mío, este coronamiento no me gusta nada, no sé por qué pero el corazón me dice que ocurrirá una desgracia “. Su ministro le aconseja que anule la coronación, pero la insistencia de la reina fue tal, que los preparativos continuaron sin cambiar la fecha ni el lugar.

La consagración iba a tener lugar en la Basílica de Saint Denis el día 13 de mayo de 1610. Las calles de París aparecían ya adornadas para la fiesta y miles de personas iban de un lado para otro. A las dos de la tarde de aquel mismo día, con un lleno impresionante, tuvo lugar en la Basílica la ceremonia religiosa. Al terminar, regresaron los reyes Enrique y María de Médicis en su carroza al Louvre. Sus hijos habían presenciado la ceremonia.



Al día siguiente, Enrique decide salir del Louvre para ir a ver a su ministro Sully. Misteriosamente encuentra un billete en su gabinete de trabajo en el que hay escrito: “ Sire, no salgáis esta tarde “. Duda el monarca si debe salir de palacio, va a ver a la reina que le aconseja que no lo haga y permanezca tranquilo a su lado. Todo fue inútil, manda preparar su carroza y rechaza ser escoltado por capitanes de Guardia. Le acompañan el duque d' Epernon, que se sentó a su derecha, Montalbán y Laforce, que se sentaron a su izquierda, mientras otros dos cortesanos, Mirabeau y Liancourt, se sentaban enfrente. Otros gentileshombres les seguían a caballo y algunos criados a pie.

Un cuarto de hora más tarde, la carroza se detiene en la calle de la Ferronière, que es sumamente estrecha. Dos carretas, una cargada de cubas de vino y la otra por haces de heno, le cierran el paso. Aparece un hombre empuñando un puñal, se abalanza hacia el rey y le asesta una puñalada, que hirió superficialmente su pecho a la altura del corazón."¡Ay!" exclamó el Rey sorprendido,"¡me han herido!". El asesino dirigió una segunda puñalada y esta vez con más acierto consiguió atravesar el pulmón, seccionando la aorta y la vena cava. Aún, sin que nadie al parecer se hubiese repuesto del sorpresivo ataque, dirigió velozmente una tercera cuchillada que atravesó la manga del Duque de Montbaron.

“ Estoy herido, pero no es nada “,
exclama el rey débilmente al recibir la segunda puñalada, pero una bocanada de sangre salió de su boca. Cae inconsciente, se piensa que sólo se ha desmayado. Sus acompañantes hacen prisionero al regicida, de nombre Jean François Ravaillac, no quieren que se le mate. Cubren el cuerpo del rey con un manto, piensan que se le puede salvar, y corren precipitadamente hacia el Louvre con la esperanza de que se le pueda curar. Llega el cirujano, que confirma la muerte del rey.



Al ver los despojos ensangrentados de su marido, la reina se sintió desfallecer y fue sacada de allí en volandas por las damas de su séquito. Entretanto, todos los personajes más importantes de la corte que estaban en aquel momento en el Louvre, acudieron a su cámara, arrojándose a sus pies, besándole las manos y prometiéndole fidelidad y apoyo. Presa de una febril agitación, la reina pasaba de uno a otro pidiendo ayuda y consejo, aunque sin ser todavía capaz de prestar atención a lo que le decían. Y como no dejaba de repetir "ay de mí, el Rey ha muerto!", alguien tuvo que recordarle que " en Francia los reyes no mueren " y, señalando al delfín, que estaba silencioso y asustado junto a ella, añadió: " Señora, he aquí el rey vivo". El Delfín tiene apenas nueve años, es ahora el rey Luis XIII. Su madre asumirá el gobierno del reino durante la minoría de su hijo. Sabe que también ella tiene enemigos, por lo que, para su seguridad, nombra cien guardias que la protegerán día y noche.

Se afirma que la muerte del rey ha sido preparada por un complot, se dan nombres … Jacqueline le Voyer d' Escoman, criada de la Marquesa de Verneuil, formuló una serie de acusaciones que implicaban al duque d' Epernon y a la Marquesa de Verneuil como inductores del crimen, afirmando que ella había sido testigo de conversaciones que demostraban la existencia de una conspiración contra el rey. Sus acusaciones fueron consideradas falsos testimonios y fue recluida en un convento.

Ravaillac, un fanático católico, fue interrogado y torturado durante varios días. Pese a los sufrimientos padecidos, no despegó los labios. Siempre declararía que había actuado por su cuenta y que no había sido contratado por nadie. Se dictó sentencia sobre él y fue condenado a muerte. Se le dio atroz suplicio descuartizándole vivo en la parisina plaza de la Greve. Si detrás de su mano ejecutora se escondían otras personas, es un secreto que se llevó a la tumba.


Fuentes:
GARCÍA LOUAPRE, PILAR. Ana de Austria. Editorial Alderabán
FRIEDA, LEONIE. Catalina de Médicis. 2006 Siglo XXI de España Editores, S.A
CRAVERI, BENEDETTA. Amantes y reinas. Ediciones Siruela, S.A. 2006
http://www.gorgas.gob.pa/museoafc/loscriminales/magnicidios/enrique%204.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois_Ravaillac

sábado, 25 de junio de 2011

María de Médicis y Enrique IV de Francia ( II )

Boda de María de Medicis y rey Enrique IV por Rubens



El 16 de diciembre de 1600 tuvo lugar la celebración de la boda oficial en la catedral de San Juan de Lyon. Enrique, muy elegante, vestía un traje blanco bordado de oro y en su cabeza llevaba una toca adornada con varios brillantes. María llevaba un traje de encaje bordado totalmente con hilos de oro y cubierto con un manto color malva salpicado con flores de lis bordadas igualmente con oro y salpicado de brillantes. Sobre su cabeza, una corona incrustada con piedras preciosas y con rubíes y perlas. Por la noche se celebró un banquete con gran abundancia de manjares, que los florentinos encontraron poco refinados.

Pasados los primeros meses de luna de miel y de novedades para la reina, la realidad de lo que sería su vida en Francia dio comienzo. Ya en París, los reyes se instalan en el palacio de Gondi, no lejos del Louvre, donde se hacían trabajos de restauración, sobre todo para arreglar las habitaciones de María. Más tarde se trasladaron a Fontainebleau, lugar de preferencia del rey.


Catherine Henriette de Balzac d ' Entragues, marquesa de Verneuil



Enrique ha seguido teniendo relaciones con su favorita, que espera un hijo casi en la misma fecha que la reina tendrá al Delfín, situación que la amante aprovecha para exigir del rey que la acomode a su lado, no lejos de la reina. Accediendo a tal demanda, el rey ordena a la duquesa de Nemours, dama de María de Médicis, que haga la presentación de Enriqueta d' Entragues a su esposa. La duquesa, escandalizada, y temiendo perder la consideración de su señora, se opone a tal demanda, pero como Enrique insistiese, nada intimidada, entra su amante en el aposento de la reina precedida por el rey. El monarca toma la palabra y dirigiéndose a su esposa le dice: “ Esta mujer es mi amante y quiere ser hoy vuestra humilde servidora “. Enrique obliga a su favorita no sólo a hacer una profunda reverencia, sino también a besar el borde del traje de la reina.

Con esta presentación, el rey trataba de evitar las comidillas de palacio, seguro de que no hubieran tardado en informar a su esposa de sus amores ilícitos, por otra parte, prepara una especie de cohabitación a tres, ya que a partir de aquel momento, su amante viviría en los mismos palacios que la reina, que se ve obligada a aceptarlo no sin disgustos, reproches y escenas violentas con su marido y para colmo, en varias ocasiones ambas mujeres esperan, al mismo tiempo, un hijo del rey. Para María es muy difícil y penosa esta situación de harén, pero su esposo le ha hecho comprender que no tiene otra alternativa si quiere permanecer en Francia junto a sus hijos.


María de Médicis y su hijo Luis XIII



El 27 de septiembre de 1601, nace el Delfín, heredero del trono de Francia, que colma al rey de felicidad y a María de consideración. Será el hijo que más tarde reinará con el nombre de Luis XIII. El 4 de noviembre, la favorita del monarca dará a luz otro niño al que llamarán Gastón Enrique y se le dará el título de conde de Verneuil, y a la edad de siete años se le nombrará obispo de Metz. María, siempre despechada, le llamará “ el hijo de la Puta “, mientras que, al contrario, su madre le considerará el heredero legítimo de la Corona en virtud del documento firmado por el rey tiempo atrás.

Las disputas entre los reyes no cesan. María no puede soportar la presencia de la amante de su esposo, ni los favores que éste le otorga. Las escenas y reproches se hacen violentos y el rey la amenaza de nuevo con mandarla a Florencia con su séquito. Por otra parte, su amante le exige su amor y su presencia y le amenaza recordándole el documento que aún conserva en su poder, custodiado por su padre, alegando que por esta promesa, su hijo Gastón es el auténtico Delfín de Francia y su hijo Luis es un bastardo. De esta manera, Enrique sufre de los reproches de ambas mujeres, consolándose con la compañía de otras amantes.


Isabel de Borbón, reina de España, retratada por Diego Velázquez



La devoción del rey por Enriqueta d' Entragues se pone a prueba durante la conspiración de 1602, en la que estaban implicados el duque de Saboya, el duque de Biron, el duque de Bouillon, Carlos de Valois, conde de Auvergne y medio hermano de la favorita, y ella. Uno de los objetivos era lograr que el hijo de Enriqueta fuese declarado heredero de la Corona, en lugar del Delfín Luis. La conspiración fue descubierta. Biron fue ejecutado, la marquesa perdonada y Carlos fue puesto en libertad, después de estar encarcelado algunos meses, gracias a las súplicas de su hermana Enriqueta, su tía, la duquesa de Angulema, y su suegro.

El segundo hijo de los reyes de Francia es una niña, Isabel de Borbón, futura esposa de Felipe IV de España, nacida en Fontainebleau en el mes de noviembre de 1602. Su nacimiento es recibido por su madre con indiferencia. Una religiosa con supuestos poderes paranormales, conocida como la hermana Ange, que aconseja a María de Médicis desde su juventud, le había adelantado que sería madre de tres varones consecutivos que asegurarían el trono de Francia. Este nacimiento, aunque sirve para desenmascarar a la falsa vidente, produce una gran decepción. Y de nuevo volvieron a coincidir en sus embarazos, la reina y la favorita del rey. Entre la princesa Isabel y su hermana bastarda Gabriela Angélica, hija de Enriqueta, hay sólo dos meses de diferencia en edad.


Palacio del Louvre



En 1604 Enriqueta se encuentra en el corazón de un complot, respaldado por el monarca español Felipe III, para instalar en el trono a su hijo Gastón Enrique. Su padre, el conde de Entragues, estaba implicado en esta trama, así como, de nuevo, su medio hermano Carlos de Valois. Se descubre el complot. La marquesa es condenada a pasar el resto de sus días en un convento, pero nuevamente fue perdonada. El conde de Entragues es condenado a muerte y se le anuncia que será ajusticiado, a no ser que entregue el documento en que consta la promesa que el rey había hecho a su hija. Para salvar su vida, el conde entrega el papel comprometedor que Enrique, complaciente, confía a su esposa.

Enriqueta, vencida, y dada su situación, aprovecha la ocasión para alejarse de los reyes. Pide a Enrique una cantidad importante de dinero, alegando que si no se la da, se alejará de la Corte llevándose a sus hijos, que son los del rey y que éste ama. Se le concede para que se aleje de la Corte. Así termina el complot y la historia del documento amenazador, dando fin a las esperanzas de la favorita de ver a su hijo instalado en el trono francés. Enriqueta se retira a sus dominios de Verneuil, lo que no impedirá que, de vez en cuando, vuelva al palacio del Louvre o visite a sus hijos que viven con sus hermanos en Saint Germain en Laye.


Enrique IV y la familia real



Desde entonces las relaciones de los monarcas cambian, la reina es llamada a participar en el gobierno, medida oportuna dado el hecho de las amenazas de muerte dirigidas al rey y de una grave enfermedad que puso en peligro su vida. Nada de todo esto impediría que Enrique IV continuase teniendo otras favoritas y amantes ocasionales. La reina María sufrirá toda su vida de estas infidelidades, y es posible, que en el fondo nunca llegase a perdonárselas. Mientras tanto, se irán sucediendo los nacimientos de Cristina María ( 1606 ), Nicolás Enrique ( 1607 ), Gastón ( 1608 ) y Enriqueta María, futura reina de Inglaterra, ( 1609 ).

Los príncipes reales y los bastardos se educan bajo el mismo techo y vigilancia en el gran palacio de Saint- Germain- en- Laye, paraje de gran belleza que tenía la reputación de disfrutar de aires saludables. Una única gobernanta, madame de Montglat, se encarga de forma autoritaria de su crianza. Al rey le satisfacía mucho la afectuosa cercanía de su prole y sobre María de Médicis se ha dicho que se mostraba distante en el trato, tanto con los hijos ajenos como con los propios.


Fuentes:
Pilar García Louapre, Ana de Austria. Editorial Alderabán
María José Rubio, Reinas de España, Las Austrias. La Esfera de los Libros S.L. 2010
http://translate.google.es/translate?hl=es&langpair=en|es&u=http://en.wikipedia.org/wiki/Henry_IV_of_France's_wives_and_mistresses
http://dinastias.forogeneral.es/royal-faux-pas-los-ilegitimos-t1313-204.html

jueves, 23 de junio de 2011

María de Médicis y Enrique IV de Francia ( I )


María de Médicis nació en Florencia el 26 de abril de 1573. Fue la sexta de los ocho hijos del matrimonio formado por Francisco I de Médicis, Gran duque de Toscana, y Juana de Austria, hija del emperador Fernando I y sobrina de Carlos V. Al morir su madre en 1578, su padre se casó con su amante Bianca Cappello.

María creció en una corte donde las artes y las ciencias se habían desarrollado con un brillo excepcional. La música y el teatro tuvieron, de igual manera, una gran importancia. El Gran duque de Toscana, auténtico príncipe del Renacimiento, favorecía a los artistas que acudían a su corte, comprando sus obras o ayudándoles económicamente. Poco interesado en la política, Francisco se dedicó más a las ciencias, a la investigación, a la alquimia, a la arquitectura y a la decoración.



Juana de Austria, Francisco I de Médicis y Bianca Cappello



En 1587 fallecieron el duque y su esposa Bianca el mismo día. Desde entonces se ha discutido si fueron envenenados, víctimas de malaria o alguna otra enfermedad contagiosa. Tras cuatro siglos de misterio, hace pocos años, expertos forenses y toxicólogos de la Universidad de Florencia proporcionaron evidencias del doble asesinato en un estudio publicado en diciembre de 2006 por la revista especializada British Medical Journal. Se sospecha que fueron envenenados con arsénico por el hermano menor, el cardenal Fernando de Médicis, que de esta manera heredaba la mayor parte de la fortuna familiar y el título. Retuvo el cargo cardenalicio, después de ser nombrado Gran duque de Toscana, hasta su matrimonio con Cristina de Lorena en 1589. María de Médicis se convirtió en una de las más ricas princesas de la cristiandad.

Los Médicis habían reunido una inmensa fortuna. Pertenecían a una familia de banqueros y grandes negociantes. Su capital les había permitido hacer préstamos a reyes y grandes personalidades de varios países y entre ellos, Francia. Su riqueza les permitió realizar enlaces matrimoniales con príncipes o princesas de la casa de Austria o de Francia. El mismo cardenal Fernando, de carácter afable y dotes diplomáticas, se enriqueció aun más practicando el contrabando con las colonias españolas. Conocidos eran los numerosos galeones de los Médicis que surcaban los mares, las colecciones de arte de sus suntuosos palacios, así como los tesoros de oro y piedras preciosas que habían acumulado.



Fernando I de Médicis, Gran duque de Toscana



Desde la edad media habían sido los banqueros de los reyes franceses, incluso de Enrique IV, que había aumentado la deuda contraída con ellos, por lo que su ministro Sully había negociado la compensación de la deuda, con un millón de escudos que recibiría Francia si se realizaba el matrimonio del rey con María de Médicis. Aceptada la propuesta, tras la anulación del matrimonio del rey con Margarita de Valois, el Gran duque envió a París un embajador extraordinario, Baccio Giovannini, que ofreció aproximadamente la mitad de la deuda francesa como dote de la princesa, además ellos pagarían todos los gastos del viaje de la prometida hasta Marsella, lo que significaba una fortuna.

El secretario de Estado de Asuntos Extranjeros que representaba a Francia, Villeroi, se mostró intransigente, alegando que si Florencia no aceptaba la deuda completa, Francia no la podría pagar y además Enrique IV se casaría con su amante del momento. Al final el embajador cedió. Habiendo llegado a un acuerdo de principio, el monarca francés envió a Florencia a varios embajadores y a varias personas de la más alta nobleza a cuyo encuentro el Gran duque envió una escolta con más de trescientos caballeros que les recibirían y les conducirían hasta Florencia.



María de Médicis era una joven de veintisiete años, lo que era entonces una edad avanzada para una célibe. Tenía una físico agradable, rubia de cutis rosado y transparente, de estatura alta, con un cuerpo de formas generosas, sin ser obesa, convenía a la moda de aquel momento, se ha dicho que igualaba a las modelos de Rubens. María estaba feliz con su futuro de reina de Francia, así lo escribía al Gran duque. Esta princesa había recibido una educación esmerada, interesándose por las Matemáticas y la Historia, había estudiado música, hablaba varios idiomas, pero no el francés, que no llegaría a hablarlo nunca correctamente, lo que en un primer tiempo complicaría sus relaciones con el rey y con las personas de su proximidad.

Hasta el momento de su matrimonio, había vivido en Florencia en el Palazzo Pitti, rodeada de lujo, servida por un gran número de personas y acompañada por varias damas, sobre todo por Leonora Galigai, su hermana de leche, y que la seguirá a Francia y tendrá un final trágico.


Enrique IV contemplando el retrato de María de Médicis por Rubens



Enrique ha recibido el retrato de su prometida, que, algo favorecida, no le ha causado mala impresión. Entre tanto, su amante, Enriqueta d' Entragues conoce la confirmación del matrimonio del rey y furiosa se dirige a Enrique haciendo alusión a María de Médicis, a quien llama la “ banquera gorda “, le amenaza diciendo que organizará un escándalo, le dice que está encinta y si tiene un varón será el heredero de la Corona, en virtud del compromiso que él mismo había firmado. El rey no está tranquilo, le pide el documento y para calmar los nervios de la favorita, le asegura que seguirá siendo su amante oficial aún después de su matrimonio con María de Médicis, que recibirá honores y le aumentará su fortuna. ¿ Qué compromiso había adquirido Enrique IV ?

Alentada por su padre y su familia, Enriqueta en un principio no había consentido en entregarse a su regio pretendiente sin que antes no se extendiese un documento firmado por el rey, en el que se comprometía a casarse con ella en caso de que se quedase encinta dentro de un plazo de seis meses, a partir de aquella fecha, y que naciese un hijo varón. Su padre, Francisco de Balzac, guardó celosamente la promesa escrita por el monarca. De esta manera, Enriqueta se convirtió en la amante oficial del rey con pretensiones a un posterior matrimonio. A partir de aquel momento se le concedieron suntuosas pensiones, riquezas y el marquesado de Verneuil.



Catherine Henriette de Balzac d ' Entragues, marquesa de Verneuil



Instalada cerca del Louvre, la favorita no tardó en quedarse embarazada, pero el destino hizo que, encontrándose en el castillo de Fontainebleau, un rayo cayese en su habitación, provocándole tal sobresalto, que tuvo un aborto de un niño que no sobrevivió. El documento ya no tenía valor, lo que no impediría que en varias ocasiones la familia Entragues tratase de valerse de él para hacer un chantaje al rey. Perdido este hijo en 1600, el rey acepta la propuesta de sus consejeros para que fuese María de Médicis, la futura reina de Francia.

El 5 de octubre de 1600 se celebra la boda por procuración en la catedral de Florencia y pese a la ausencia del novio, María aparece con un traje cubierto de diamantes y piedras preciosas. Llega en una espléndida carroza seguida por otras ochenta que conducían a trescientas jóvenes vestidas de blanco. En representación del novio, el duque de Toscana, igualmente vestido de blanco con un sombrero adornado con un enorme brillante, da el " sí, quiero " llevando en su mano derecha la procuración real. Se hizo el intercambio de los anillos de boda. La celebración fue oficiada por el cardenal Aldobrini que al final, como broche de la ceremonia, entregó a la novia una rosa de oro regalo del Papa. Por la noche se celebró un fastuoso banquete en el viejo palacio de los duques de Toscana y después hubo un baile. Al día siguiente se representaron varias obras de teatro. Las fiestas duraron una semana más.



El desembarco de María de Médicis en Marsella por Rubens



El 13 de octubre, María de Médicis se puso en camino hacia Francia con varias personas de su familia. Un gran número de caballeros y nobles florentinos la acompañaban, en busca de fortuna en el reino vecino. El viaje dio comienzo en Liborio, embarcando en una galera especial cuyo casco presentaba unas figuras incrustadas con piedras preciosas que representaban animales y vegetales, las armas de Francia estaban igualmente compuestas con diamantes, las de Florencia con rubíes. El interior del barco era de una gran belleza, decorado con muebles y bellos objetos, las cabinas estaban tapizadas con sedas y bordados de oro. A la galera real la acompañaban dieciocho navíos, el séquito de la nueva reina de Francia estaba compuesto por dos mil personas. Todo era pompa y ostentación que anunciaban a la reina más rica de la historia de Francia.

Tras un largo viaje, la comitiva toscana, después de una escala en Puertofino y otra en Génova, llegaba a Toulon, en donde María recibió un mensaje de su esposo anunciándole su involuntario retraso, ya que había tenido problemas de orden militar … lo que no dijo es que se había entretenido con su amante Enriqueta d' Entragues, que haría todo lo posible para retenerle a su lado. El cortejo de la reina continuó su viaje hasta Marsella, en donde le esperan personas allegadas al rey, que al ver el número impresionante de personas que acompañaban a María y que pensaban permanecer en Francia, rechazaron tal posibilidad, recordando que los convenios del matrimonio señalaban que los acompañantes de la reina no deberían llegar a ese exagerado número, que al no ser bien recibidos mostraron su descontento.



Al fin llegaron a Lyon, instalando a la reina en el palacio del arzobispado. Cierto día del mes de diciembre, le anuncian que el rey no tardará en llegar, María comienza a cenar acompañada de una pequeña corte. La primera sorpresa desagradable que recibe es que le presenten a un hijo bastardo de su esposo, César de Vendöme, hijo de Gabriela d’ Estrées, a quien, sin reparos, colocan a su lado. Cuando le anuncian la llegada del rey, María se levanta de la mesa y va a su habitación, donde se apresura para hacer retocar su peinado y su traje.

Enrique impaciente por ver a su esposa, se dirige a su aposento, llama a la puerta y seguidamente penetra en la habitación, la contempla, se acerca y la abraza. Ella se arrodilla a sus pies, el rey la ayuda a levantarse … fue el momento en que la reina puede ver a su esposo … al parecer, su primera impresión fue el ver a un hombre casi anciano, tenía cuarenta y ocho años y la barba gris no le rejuvenecía, a esta edad había perdido su real atractivo, pero quedaba compensado por la expresión de su rostro que mostraba una gran sonrisa, tenía un aspecto afable y una gran majestad se desprendía de su persona. Nada de esto impidió que el matrimonio se consumase aquella misma noche. Desde este momento no se separaron. María quedó encinta dando esperanzas de la llegada del tan anhelado heredero de la Corona.



Fuentes:
Pilar García Louapre, Ana de Austria. Editorial Alderabán
http://es.wikipedia.org/wiki/Bianca_Cappello
http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_I_de_M%C3%A9dici

martes, 21 de junio de 2011

LEONOR DE TOLEDO, Una noble española en la corte de los Médicis

Leonor de Toledo por Agnolo Bronzino ( 1543)


Leonor Álvarez de Toledo y Pimentel-Osorio nace en Alba de Tormes, Salamanca, en el año 1522. Pertenecía a uno de los linajes más importantes de España, la casa de Alba, como hija de don Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, hijo del segundo duque de Alba, y de doña María Pimentel-Osorio, marquesa de Villafranca del Bierzo. Entre sus hermanos y primos se repartían gran cantidad de títulos nobiliarios.

A la edad de diez años se trasladó con toda su familia a Nápoles, al ser nombrado su padre virrey de aquel territorio para gobernar en nombre del emperador Carlos V. Y en la corte napolitana continuaría la crianza de la joven Leonor, que dominaría el español, el francés y el italiano.
 

Cosme I con armadura por Agnolo Bronzino (1545)



DUQUESA DE FLORENCIA

 
Su matrimonio con Cosme de Médicis, duque de Florencia, fue el resultado de una alianza. El florentino buscaba una esposa que pudiera ayudarle a reforzar su posición política y el emperador Carlos V necesitaba una alianza con los Médicis para poder tener tropas españolas dentro de los territorios toscanos y hacer frente a cualquier posible invasión francesa de la península itálica. La candidata perfecta fue la bella y rica Leonor, de diecisiete años, hija del poderoso e influyente virrey de Nápoles.

Leonor de Toledo, ya casada por poderes, zarpó del puerto de Nápoles el 11 de junio de 1539, acompañada por su hermano García y siete galeras. Llegó a Livorno en la mañana del día 22 de ese mes. El mismo día partió hacia Pisa y a mitad de camino tuvo lugar el primer encuentro con su esposo. Después de una corta estancia en Pisa, la pareja ducal partió con destino a Florencia, deteniéndose unos días en Villa Poggio a Caiano. El domingo 29 de junio se produjo la entrada solemne de la duquesa Leonor en Florencia desde la Porta al Prato y el matrimonio oficial en la iglesia de San Lorenzo, celebrado con grandes fiestas.
 
 
Leonor de Toledo por Agnolo Bronzino


Cuando la jovencísima Leonor llegó a la corte florentina la encontró llena de intrigas palaciegas y donde reinaba la hostilidad entre los Médicis y los florentinos de mayor poder. La duquesa no era especialmente querida por el pueblo por su carácter, visto como arrogante. Sin embargo, era a través de sus acciones que manifestaba su benevolencia con el pueblo: daba abundante limosna, ayudaba a jóvenes necesitadas a construirse una dote, sostenía al pequeño clero sacando de sus ingresos privados. Se tuvo que emplear a fondo para mejorar las relaciones palaciegas y con el tiempo, los florentinos la amaron y la respetaron.
 
También conquistó el corazón de su esposo, con fama de gran militar. Se dice de ella que era la única persona capaz de calmar el mal humor de Cosme de Médicis y que muchas personas recurrían a ella en busca de ayuda para llegar a conseguir favores de su poderoso marido. Su capacidad y dedicación le valieron también para ganarse la confianza de su esposo, hasta tal punto que la dejó regente de todos sus asuntos en alguno de sus numerosos viajes.
 
Los duques estaban muy enamorados como prueban las numerosas cartas entre los dos y el testimonio de cronistas. No se conoce ninguna aventura de Cosme en vida de Leonor, que dificilmente podría pasar desapercibida en una ciudad en la que siempre fue el centro de atención. Leonor, a su vez, estaba tan apegada a su esposo, que ante la noticia de un viaje del duque, donde no podía acompañarlo, algunos cortesanos la vieron llorando y tirándose de los cabellos. Y cuando él estaba ausente vivía a la espera de sus cartas: hubiera querido al menos dos al día.


Capilla de los españoles en Santa Mª Novella ( Florencia )

La duquesa de Florencia se entregó a alguna actividad amena como el juego, las apuestas, la pasión por las carreras de caballos. Amaba mucho los animales domésticos y se tiene noticia de un perro, un gato y un loro. Tenía una gran pasión por las joyas, que amaba usar en grandes cantidades, y sus ricos vestidos seguían la moda de la época, pero se distinguían por su exquisito refinamiento.

Una de las cualidades que más destacaban de su personalidad era su profunda admiración por la cultura española, pero también amó la cultura italiana y le agradaba conocer a famosos pintores y literatos de ambas culturas. Leonor quiso llevar el esplendor de la corte española y su arte a su nuevo hogar y fue la promotora de la Capilla de los Españoles, situada en la iglesia de Santa Maria Novella, destinada a las funciones religiosas de los españoles que pertenecían a su séquito.

 
Palazzo Pitti de Florencia


Como otras grandes damas de la Europa renacentista fue una gran mecenas. Protegió a artistas como Bronzino y Pontormo y sus adquisiciones de obras de arte incrementaron de forma considerable la colección de los Médicis. En 1547 funda la Academia Literaria “Degli Elevatti” en las proximidades del palacio ducal.
 
No olvidó sus obligaciones piadosas nunca y así, gracias a su insistencia, los Jesuitas se instalaron en Florencia por primera vez. Emprendedora y pionera para su época, se interesó hasta tal punto por los temas de agricultura y finanzas, que sus conocimientos contribuyeron enormemente a la expansión del negocio de fincas de los Médicis. También fue la responsable de muchas de las reformas llevadas a cabo en los palacios de la ciudad de Florencia.

Los duques residieron al principio en el Palazzo Medici-Riccardi, trasladándose posteriormente al Palazzo Vecchio, mejorado y engrandecido para la ocasión. Diez años después de la boda, cuando la duquesa había dado a luz a siete de sus once hijos, se completó la construcción del Palazzo Pitti, el nuevo hogar de los señores de Florencia, y, con el dinero de Leonor, se compraron los terrenos adyacentes que forman los famosos Jardines de Boboli. Leonor había visto morir demasiados hijos pequeños para querer quedarse en la insalubre Florencia. Esperaba que en la zona menos concurrida de Oltrarno, con un gran jardín espacioso, aún dentro de la ciudad, se resolverían los problemas de salud que aquejaban a su familia.


Leonor de Toledo y su hijo Giovanni de Médicis por Agnolo Bronzino (1545)


LOS NIÑOS MÉDICIS
 
Los duques tuvieron once hijos, asegurando en teoría la sucesión y la posibilidad de combinar matrimonios con otras importantes casas reinantes. Sin embargo, su descendencia tuvo mala fortuna. Algunos murieron jóvenes, otros en plena madurez o al nacer. Se sospecha que tres de sus hijos fueron asesinados y otros tres fallecieron por la malaria. Leonor siempre estuvo muy unida a todos sus hijos y se concentró en la educación de cada uno de ellos. Desgraciadamente tuvo que ver desaparecer a varios de sus hijos:
  • Maria (1540-1557): Murió de malaria.
  • Francesco I (1541-1587): Gran duque de Toscana. Esposo de Juana de Austria y en segundas nupcias de Bianca Cappello. Fue envenenado.
  • Isabella (1542-1576): Se ha difundido que fue estrangulada por su esposo Paolo Giordano Orsini, pero recientes investigaciones demuestran que murió por causas naturales.
  • Giovanni ( 1543-1562): Murió de malaria.
  • Lucrezia ( 1545-1561): Esposa de Alfonso d'Este, duque de Ferrara. Se sospecha que fue envenenada por su marido.
  • Pietro (1546-1547)
  • Garzia ( 1547-1562): Murió de malaria.
  • Antonio (1548-1548)
  • Ferdinando I ( 1549-1609): Gran duque de Toscana. Siendo muy joven fue Cardenal. Se casó después con Cristina de Lorena
  • Anna (1553- 1553)
  • Pietro (1554-1604): Esposo de Leonor Álvarez de Toledo a la que estranguló por supuesto adulterio. Se casó en 1593 con Beatriz de Meneses.


Leonor de Toledo por Agnolo Bronzino



LA MUERTE DE LEONOR

 

Antes de morir, y ya enferma, pidió a su esposo que para mejorar su salud la trasladara a la otra orilla del río Arno, que era un lugar muy hermoso y tranquilo. Leonor de Toledo murió de malaria en la ciudad de Pisa, el 17 de diciembre de 1562, a la edad de cuarenta años. Durante mucho tiempo se creyó que Leonor fue sepultada con el mismo vestido presente en el célebre cuadro de Bronzino, que la representa junto a su pequeño hijo Giovanni, pero en la apertura de la tumba se descubrió que llevaba un vestido más sencillo. Después de una larga y compleja restauración, el vestido original fue reconstruido y se muestra en la Galleria del Costume de Florencia.
 
A pesar de haber comenzado como un matrimonio por conveniencia política y económica, el amor de Cosme y Leonor llegó a ser evidente. Su pérdida y la de sus hijos sumieron al duque en una depresión. Con el tiempo su esposo se volvió a casar, aunque siempre se la conoció en Florencia por la “Amada esposa Leonor de Cosme I de Medicis”. Varias décadas después, una nieta suya, María de Médicis, se convertiría en reina consorte de Francia.


Fuentes:
http://www.phistoria.net/reportajes-de-historia/LEONOR-DE-TOLEDO_67.html
http://historias-de-ticio.blogspot.com/2009/10/leonor-de-toledo.html
http://lopezlinares.com/vintageblog/broche-leonor/
http://mariacolladoavenio.blogspot.com/2011/03/hace-unos-dias-que-he-vuelto-de_26.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_de_Toledo
http://es.wikipedia.org/wiki/Cosme_I_de_M%C3%A9dici
http://it.wikipedia.org/wiki/Eleonora_di_Toledo

domingo, 19 de junio de 2011

CATALINA DE MÉDICIS de Leonie Frieda

Catalina de Médicis (1519-1589) ha sido descrita como "la Reina Negra" y "el gusano de la tumba de Italia", pero según su nueva biógrafa, Leonie Frieda, la verdad es muy distinta. Huérfana en su infancia, encerrada en su niñez, heredera de un apellido con solera y de una inmensa fortuna, Catalina fue criada en la corte florentina y desposada, por parte de su tío el Papa, a Enrique, duque de Orleans, hijo del rey Francisco I de Francia.

A la temprana edad de catorce años, sufrió cruelmente, ya que Enrique amaba únicamente a su bella amante, Diana de Poitiers. En 1559, cuando Enrique, para entonces rey de Francia, murió de forma horrible en un accidente durante una justa, Catalina se vio empujada a la letal vorágine de la política del poder francés. Con el país dividido por las luchas intestinas, la viuda y reina madre de cuarenta años se convirtió en la figura más importante de Francia durante las tres siguientes décadas. Al haber tratado de fomentar la tolerancia religiosa se vio forzada a adoptar medidas extremas en su lucha por conservar el legado de su marido y el derecho de cuna real de sus hijos. Esto condujo a la infame Matanza de la Noche de San Bartolomé del 24 de agosto de 1572, en que fueron masacrados miles de protestantes franceses.

Contemporánea y ex aliada de Isabel I de Inglaterra, Catalina demostró ser una magnífica estratega política y una conspiradora implacable. Aunque muchos la consideran una vulgar intrusa, sin poder de influencia propio, lo cierto es que gobernó Francia con gran determinación por sus enfermizos y corruptos hijos, tres de los cuales llegaron a ser reyes de Francia, incluido uno que se casó con María, reina de Escocia. Su obsesivo amor por ellos fue su fatal talón de Aquiles y el que, en última instancia, puso en peligro los magníficos logros que había conseguido para Francia.

En un extraordinario debut como biógrafa, Leonie Frieda cuenta una fascinante historia en la que encontramos incesto, atroces guerras de religión, asesinatos, veneno, ciencias ocultas y, en palabras de la misma Catalina, "pasión y venganza".




Fuente:
http://www.tirant.com/detalle?articulo=8432312215

sábado, 18 de junio de 2011

JAQUE A LA REINA BLANCA de José Miguel Carrillo de Albornoz

En esta apasionante novela histórica, José Miguel Carrillo de Albornoz narra la intensa vida de María Luisa Gabriela de Saboya (1688-1714), primera esposa de Felipe V y una de las reinas más queridas desde Isabel la Católica.

María Luisa Gabriela fue una de las protagonistas del conflicto más importante de su tiempo: la guerra de sucesión a la corona. En los doce años de su reinado disfrutó del amor apasionado de su marido, el primer rey Borbón de España, al que correspondió con la misma entrega. Con sólo catorce años, mientras Felipe estaba en Italia, fue regente de España con el apoyo de la insigne princesa de los Ursinos, su poderosa e inteligente Camarera Mayor. Tuvo tres hijos, dos de los cuales serían reyes de España, Luis I y Fernando VI, y murió de tuberculosis a los veintiséis años, poco antes del triunfo final de Felipe V en la guerra.

Esta novela es un merecido homenaje a la figura de María Luisa Gabriela, además de un excelente retrato de la España de principios del siglo XVIII, las intrigas de la corte, las conspiraciones, las luchas y las batallas que provocaron el cambio de dinastía.



Fuente:
http://www.edicionesverticales.es/libro/191/jaque-a-la-reina-blanca/

ELIZABETH TAYLOR


Cuenta la leyenda que cuando Elizabeth Rosemund Taylor nació en 1932, en Hampstead Heath ( Londres ), era un bebé muy feo, estaba cubierto de vello y tardó más de una semana en abrir los ojos. Pero, cuando lo hizo, su mirada, de un extraño color violeta, se convirtió en una de sus señas de identidad. Era hija de Sara Sothern, una actriz vocacional, y Francis Lenn Taylor, un marchante de arte estadounidense. Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, su familia volvió a instalarse en Estados Unidos y su madre se empeñó en que la pequeña Elizabeth se convirtiera en una niña prodigio. La llevó a los castings más asombrosos de la época, la obligó a tomar lecciones de baile, canto y equitación, a rodar anuncios y pequeños papeles en varias películas.

Su primer gran éxito le llegó con doce años con la película National Velvet junto a dos figuras emergentes: Mickey Rooney y Angela Lansbury. Con catorce años rodó El coraje de Lassie, una de las varias películas sobre dicha mascota, y poco después obtuvo un papel destacado en la adaptación de la novela Mujercitas. A los dieciocho años no dudó en aceptar la propuesta de matrimonio de Conrad Nicholson Hilton, hijo y gran heredero del fundador de la cadena de hoteles que lleva su apellido. El matrimonio duró sólo un año. Al año siguiente le dio el “ si, quiero “ al actor Michael Wilding, veinte años mayor que ella, con el que tuvo dos hijos: Michael y Christopher. Cuatro años después, el amor llegó a su fin. A los veinticuatro años ya estaba separada nuevamente.


En los años cincuenta, Liz Taylor se convirtió en una gran estrella. En esta década trabajó en películas como El Padre De La Novia, Un lugar en el sol con Montgomery Clift, Ivanhoe con Robert Taylor y Joan Fontaine, La senda de los elefantes, La última vez que vi París, Rapsodia, Gigante junto a James Dean y Rock Hudson, El árbol de la vida, La gata sobre el tejado de Zinc junto a Paul Newman, De repente el último verano junto a Katharine Hepburn y Montgomery Clift … Por alguno de estos trabajos fue nominada al Oscar. A finales de la década ya era un icono y la prensa se comenzó a referir a ella como " la mujer más bella del mundo ". Sus ojos color violeta conquistaron a hombres y mujeres. Era imitada en su forma de vestir, de peinarse su cabello negro o de maquillarse los ojos con khol para logar su intensa mirada. Todas las mujeres querían tener su cutis perfecto, sus espectaculares cejas, sus sensuales labios.


Su tercer matrimonio fue con el productor Mike Todd, su primer gran amor y padre de su hija Liza, que la dejó viuda a los veintiséis años tras fallecer en un accidente de aviación. Encontró el consuelo en los brazos del cantante Eddie Fisher, casado por entonces con su mejor amiga Debbie Reynolds. Su relación fue inicialmente amistosa, pero Fisher se prendó de ella y decidió abandonar a su mujer. La nueva pareja contraería matrimonio en medio de uno de los escándalos más sonados de la época. Ambas amigas pasaron más de cuatro décadas sin hablarse, Debbie le guardó rencor por haberle robado a su esposo.

Liz se debatió entre la vida y la vida por culpa de una neumonía y, tras serle practicada una traqueotomía, sobrevivió y recibió un Oscar por la película “ Una mujer marcada “ . A pesar de no estar del todo recuperada, se enfrascó en el rodaje de “ Cleopatra “, que supuso el mayor escándalo de la historia del cine al destaparse su infidelidad con Richard Burton. Los amantes fueron excomulgados por el Vaticano y criticados por las Ligas de Decencia. Cuando el actor galés le dijo a Liz que lo suyo no podía ser porque ambos estaban casados, la actriz intentó suicidarse ingiriendo una gran dosis de somníferos, por lo que la Fox camufló el incidente alegando que su actriz había sufrido una intoxicación alimentaria.


Cuando todo volvió a la normalidad, se casaron en 1964 y durante una década protagonizaron las borracheras y peleas más famosas. Adoptaron a María, una niña huérfana alemana de nueve meses. Liz no podía tener más hijos porque se había hecho una ligadura de trompas. Se convirtieron en los actores mejor pagados de la historia y los más despilfarradores: compraron mansiones en Suiza, Inglaterra, México y Estados Unidos, poseían una importante colección de obras de arte, avión privado y un enorme yate. En esa época Liz atesoró la mayor parte de sus fabulosas joyas, entre ellas la perla “ La Peregrina “, que solía regalarle Burton tras sus monumentales peleas.

De las once películas que Liz y Richard protagonizaron juntos, ¿ Quién teme a Virginia Woolf ? es la mejor y por la que ella se llevó su segundo Oscar. El resto pasaron sin pena ni gloria, pero su amor destructivo acaparó las portadas de las revistas del mundo. Lo suyo fue un constante “ ni contigo ni sin ti “, ya que se divorciaron en 1974, volviéndose a casar en 1975 para divorciarse de nuevo en 1976. El fallecimiento del actor galés, en 1984, sumió a la actriz en una depresión tan grande que confesó que le encantaría estar enterrada junto a él en Suiza.


Su matrimonio con el congresista John Warner fue un desastre, ya que engordó hasta límites insospechados, se refugió en la bebida, se alejó del cine y vendió el fastuoso diamante de 69 quilates que le regaló Burton para sufragar la campaña electoral de su marido. A principios de los 80, se divorció, debutó en Broadway con las obras teatrales “ La Loba “ y “ Vidas privadas “, ingresó en la clínica de desintoxicación Betty Ford y, en 1985, volvió a caer en otra gran depresión cuando su gran amigo Rock Hudson falleció a causa del sida, lo que motivó que fuera la primera actriz en abanderar una lucha para recaudar fondos contra esta enfermedad.

Su conciencia social la llevó a apoyar la fundación Amfar, galardonada con el premio Príncipe de Asturias a la Concordia ( 1992 ), creó su propia fundación ( Elizabeth Taylor for Aids Research ) y, por sus labores humanitarias y su trayectoria, recibió un Oscar honorífico en 1993. En 1991, sorprendió al mundo entero al casarse con el ex albañil Larry Fortensky, al que había conocido mientras ambos se desintoxicaban en la clínica Betty Ford. Tras su divorcio, en 1996, quedó una buena amistad y la actriz no dudó en pagar las facturas del hospital cuando Larry quedó en coma al caer de un andamio.


Tras poner la voz a la bebé Maggie en “ Los Simpson “, en 1994 apareció por última vez en el cine con la película “ Los Picapiedra “ e hizo una aparición en TV con “ These old broads “. Tres años más tarde fue operada de un tumor cerebral y empezó su decadencia. Padecía osteoporosis, escoliosis, el corazón no le bombeaba con regularidad, reincidía en sus pulmonías y se desplazaba en silla de ruedas. Aun así, en el 2000 fue nombrada Dama del Imperio Británico y siguió dando que hablar por sus supuesta intenciones de boda con Jason Winters, treinta años más joven.

En el 2009, con la muerte de Michael Jackson, su más íntimo amigo en las últimas tres décadas y a quien había defendido de sus acusaciones de pederastia, la actriz sufrió un tremendo vacío emocional que afectó a su ya maltrecho corazón y ni siquiera tuvo fuerzas para asistir a su masivo funeral. Los últimos años de su vida, Elizabeth Taylor los vivió como siempre, con pasión, en compañía de amigos y de sus familiares más cercanos, sus cuatro hijos, sus diez nietos, ocho biznietos y su hermano Howard. El 23 de marzo de 2011, la gata de los ojos violeta dejó de maullar. Elizabeth Taylor, uno de los grandes mitos de Hollywood, fallecía en Los Ángeles a los setenta y nueve años a causa de una insuficiencia cardíaca congestiva que le fue diagnosticada en el 2004.




Fuentes:
Revista Pronto nº 2030 2-4-2011
http://www.hola.com.ar/actualidad/item/366-los-ocho-escandalosos-amores-de-liz-taylor
http://www.hechosdehoy.com/elizabeth-taylor-mujer-de-belleza-7101.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Elizabeth_Taylor

jueves, 16 de junio de 2011

ELIA EUDOCIA


Dedico esta entrada a Aramat, que hace unas semanas me pidió que hablase de esta emperatriz bizantina. Tras el fallecimiento en 395 d. C. del emperador de origen hispano Teodosio el Grande, el imperio romano se dividió en dos. Heredando su hijo Arcadio la parte de Oriente, mientras su otro hijo Honorio se ponía al frente del imperio de Occidente. Al fallecer Arcadio le sucedió su hijo Teodosio II de tan sólo siete años. Al ser tan pequeño, al inicio de su regencia estuvo muy influenciado por el pretor Antemio, que cuando cayó en desgracia, fue sustituido por Pulqueria, la hermana mayor del joven emperador. Por esas fechas llegaba a Constantinopla, Athenais, una bella griega de origen pagano, que pretendía reclamar parte de la herencia que le correspondía al fallecer su padre el filósofo Leoncio. Al parecer, su progenitor confiaba tanto en las dotes naturales e intelectuales de su hija que sólo le otorgó cien monedas de oro, mientras que sus vástagos varones heredaban la mayor parte del patrimonio familiar.

Otros cronistas dicen que fue la avaricia de los hermanos que no quisieron compartir, a partes iguales, la herencia con ella. Sea como fuera, quiso el destino que Pulqueria se fijara en las actitudes de Athenais y la nombrara dama de compañía. Athenais había recibido una formación tradicional y gracias a su padre se instruyó en letras griegas y latinas. Como Leoncio había previsto su hija sabía defenderse en la vida. Poco a poco fue granjeándose la confianza de Pulqueria, a tal punto que ésta vio en ella a la mejor candidata para convertirse en la futura emperatriz.


Teodosio II se dejó cautivar por la exquisita belleza de Athenais, además su hermana no hacía más que hablarle de las cualidades de su protegida. No obstante existían dos obstáculos para la posible unión de la pareja: uno, que era seis años mayor que el emperador y el otro, mucho más importante, que la joven practicaba una religión diferente. Pulqueria ordenó rápidamente que el obispo de Constantinopla bautizara a Athenais convirtiéndola al cristianismo bajo el nombre de Aelia Licinia Eudocia. De ese modo, el 7 de junio de 421 d.C contraían matrimonio la flamante Eudocia, de veintiséis años, con Teodosio II, de sólo veinte. Un año después nacería la primera hija, a la que llamarían Licinia Eudoxia. El joven Teodosio estaba feliz y no puso ninguna objeción cuando su esposa solicitó cargos de relevancia para sus hermanos. Valerio fue nombrado cónsul y posteriormente gobernador de Tracia y Gesio, prefecto de Ilírico.

Mujer inteligente, enseguida demostró sus dotes para la escritura en el poema sa Metro, que escribió para narrar la excelente intervención de las tropas romanas frente al ejército persa. La verdad es que ambos cónyuges eran apasionados de la cultura. A Teodosio, por ejemplo, se le conocía por el sobrenombre de “el Calígrafo” y más tarde creó el código teodosiano, una importante recopilación legislativa. Eudocia, por su parte, fomentó que en la corte imperial reinara un ambiente intelectual, rodeándose de filósofos, dramáticos y poetas. También fue la artífice, junto a su tío Asclepiodotus, de impulsar la reforma de la Universidad de Constantinopla. Gracias a su influencia se realizaron obras en la ciudad de Atenas y se construyó en la capital imperial la iglesia de San Polieucto.


Al mismo tiempo ayudó a que la persecución a paganos y judíos bajase de intensidad, ya que habían sido grupos muy castigados en la época en la que Pulqueria había ejercido de regente. Esta medida no le gustó nada a su cuñada. Pulqueria comenzó a intrigar contra Eudocia y logró que fuese destituido el patriarca de Constantinopla que apoyaba la política de la emperatriz. En un corto intervalo de tiempo, Eudocia tuvo dos hijos mas: Flacila y Arcadio. La situación en la corte imperial, lejos de arreglarse, comenzó a ponerse más tensa. Así que decidió realizar un viaje en peregrinación a Jerusalén y meditar tranquilamente qué iba a hacer en un futuro.

En compañía de una viuda rica de Occidente llamada Melania visitó los santos lugares. En Antioquía fue recibida como una celebridad. Habló para el senado y repartió fondos para la reparación de edificios. Dejaba muy buena impresión a la gente y lugares por donde pasaba. Cuando decidió regresar a Constantinopla, en 439, lo hizo llena de reliquias y gracias al buen papel que ejerció como embajadora imperial, recuperó parte de su influencia perdida e incluso reprodujeron en una pared de una iglesia de Constantinopla, la imagen de ella postrada de rodillas ante el sepulcro de Cristo.

Pulqueria volvió a sentir envidia de la emperatriz y se propagó un rumor infundado donde se afirmaba que Eudocia cometía adulterio con Paulino, uno de los profesores de la Universidad que impartía filosofía y que era muy amigo de la emperatriz. Eleonuco Crisacius fue el encargado de propagar semejante infamia en complicidad con Pulqueria. El enfado del emperador no se hizo esperar y envió al exilio a Paulino que viajó a Capadocia y fue asesinado un año más tarde, según los historiadores, por orden de Pulqueria.


La emperatriz decidió regresar a Jerusalén, donde le habían demostrado más afecto y cariño que entre los suyos. Eudocia no marchó sola, sino que entre el pequeño séquito que la acompañaba, se encontraban dos de sus más fieles amigos. No sabemos que tenía el emperador contra ellos pero, según los cronistas, mandó a Saturnino, uno de su hombres de confianza, para que les diera muerte. El cronista Marcelino relata sobre el triste episodio, que cuando prendieron a Saturnino, la fiereza de la emperatriz se desató y comenzó a golpearle con tanta fuerza que lo hirió de muerte. Otros, en cambio, opinan que parte de la comitiva que protegía a la emperatriz se ensañó con Saturnino al ver los asesinatos que había perpetrado. El pecado de la emperatriz en cualquier caso fue no parar el ajusticiamiento.

Enterado Teodosio II de la suerte de su enviado especial, no dudó en vengarse de la emperatriz retirándole su Casa y la mayoría de sus bienes. Prácticamente la dejó sólo con el título de Augusta, que había adquirido al nacer su hija Licinia. Después del incidente, Eudocia se volcó en la meditación y en escribir diversos poemas, como uno dedicado a la vida de San Cipriano, o paráfrasis, como las profecías de Daniel y Zacaríaso o del Octateuco. Con lo poco que le quedaba siguió ayudando a restaurar o construir monumentos y murallas de la ciudad. Vivió durante un tiempo en tierra palestina para volver definitivamente a Jerusalén, donde acaeció su muerte en 460 y fue enterrada en la iglesia de San Esteban.


Fuente:
http://ia600500.us.archive.org/23/items/regocijos-04-10-10/mujeres_con_historia_-_elia_eudocia.mp3
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