
María de Austria fue una mujer de alta calidad moral y de una notabilísima habilidad política y administrativa, siendo ampliamente reconocida en el seno de la familia Habsburgo, como la de mayor inteligencia en la familia. Gracias a ella, que fue la mediadora entre sus hermanos Carlos V y Fernando, se evitó la ruina de la dinastía al mantener vivo el vínculo entre ambos.

María viajó a Hungría tres años después de la muerte del emperador Maximiliano. Fue ungida y coronada reina de Hungría por Simon Erdödy, obispo de Zagreb, en el mes de diciembre de 1521. La coronación de la reina fue seguida por fiestas brillantes. María y su prometido se enamoraron de inmediato, al conocerse, como sus padres Juana y Felipe. Ella era una señorita de diecisiete años que sentía pasión por la caza y la música. La boda se celebró en Buda el 13 de enero de 1522. La unción y coronación de María como Reina de Bohemia tuvo lugar en junio. La nueva soberana fue muy querida por sus súbditos y la nobleza, cosa rara en aquella época tratándose de una mujer extranjera.
Luis y María intentaron, sin éxito, movilizar a la nobleza húngara contra una inminente invasión otomana. En agosto de 1526, el sultán Solimán el Magnífico y su ejército rompió las defensas del sur de Hungría. Luis y todo su gobierno salió con un pequeño ejército de 20.000 hombres. Los ejércitos otomano y húngaro se enfrentaron en los campos de Mohács. La batalla había terminado en menos de dos horas con el ejército húngaro prácticamente aniquilado. Luis trató de huir del lugar de la batalla, pero cayó de su caballo y falleció ahogado en un pantano por el peso de su propia armadura. María se quedó viuda y sin hijos con veintiún años de edad.
Al día siguiente de la muerte de su marido, María comunicó a su hermano Fernando la derrota y le pidió que viniera a Hungría. Fernando, ocupado en Bohemia, donde ya había sido elegido rey, dejó a su hermana como regente de Hungría. En febrero de 1527, ella le pidió su permiso para dimitir como regente. El permiso fue denegado y María tuvo que permanecer en el cargo hasta el verano, cuando finalmente su hermano llegó a Hungría y asumió la corona. Fernando estaba casado con Ana Jagellón, hermana del rey muerto. Un noble húngaro, el conde Juan Szapolyai, se había hecho coronar como Juan I de Hungría, prometiéndole fidelidad al sultán. Un enorme ejército otomano ocupaba parte del reino húngaro.
En 1532 ha de organizar los envíos de hombres y dinero pedidos por el Emperador para hacer frente a la ofensiva de Solimán sobre Viena, lo que trae consigo la sublevación de Bruselas. Y a los pocos meses se desata una tragedia colectiva de las que marcan época: un tremendo temporal se abate sobre los Países Bajos. La mayor parte de Frisia, Holanda y Zelanda queda bajo el agua. La furia del mar se lleva por delante los diques y arrastra hombres, animales y enseres. La desolación es general. Y María se doblega ante tantas circunstancias adversas. De repente, echa en falta a su amado esposo y todo se le viene encima.

A raíz de aquellos sucesos, María de Austria caería en un estado de postración muy similar al padecido por su madre, de tal forma que uno de los hombres de confianza del Emperador, Antoine de Croy, se lo advertiría alarmado a Carlos V. La reina nada hacía por curarse, no hacía caso a los médicos, no tomaba sus medicinas y su estado de postración cada vez era mayor. De forma que algo había que hacer, y pronto. Y Carlos lo tuvo en cuenta. Sus cartas de ánimo comenzaron a llegar a Bruselas. Descargó a su hermana de la presión que sufría y le mandó a uno de sus íntimos, a Charles de Poupet, señor de La Chaulx, para hacer comprender a María que deseaba fervientemente su curación.
Tras la abdicación de su hermano y su retiro a Yuste en 1555, María de Austria decide abandonar su cargo de gobernadora de los Países Bajos, pero su sobrino Felipe II trata de impedírselo. Finalmente, y por presiones de su padre, el nuevo monarca decide dejarla libre de sus obligaciones, y ella puede partir hacia España al lado de sus hermanos Carlos y Leonor. Las sucesivas muertes de Leonor en febrero de 1558 y de Carlos V en septiembre de ese mismo año, provocaron en María una profunda melancolía y con ello decayó su salud. Para animarla -y también porque la necesitaba con urgencia- Felipe la convence de regresar a los Países Bajos y hacerse cargo de la gobernación nuevamente. Demasiado débil para siquiera preparar el viaje, María, sin embargo, acepta la petición de su sobrino. Pero su corazón, minado por años de fatigas y trabajos, le juega una mala pasada. Falleció en la ciudad de Cigales, el 18 de octubre de 1558, apenas unas semanas después que su hermano Carlos V.

























