
SEGUNDA PARTE
Al principiar el último cuarto de siglo, Grace poseía una veintena de barcos y la sola mención de su nombre hacía temblar a los comerciantes ingleses de Galway. Los honrados mercaderes exigieron la ayuda de la reina Isabel de Inglaterra, y la obtuvieron. Una flota inglesa sitió Rockfleet en 1574, pero los valientes piratas de Grace la obligaron a retirarse. Dos años después, Grace cambió radicalmente de política e inició un acercamiento a los ingleses. Aprovechando la visita de Galway de sir Henry Sydney, representante de la soberana inglesa en Irlanda, se entrevistó con él y negoció su sumisión personal a la Corona. La capitana se comportó con tanta delicadeza que incluso invitó a su galera a sir Henry para que el aristócrata pudiera comprobar desde el mar las defensas de Galway.
Grace tenía razones personales para mostrar tamaña amabilidad. Si los Mac William se sometían antes que ella, la posición de Richard, su actual amante y antiguo esposo, peligraba, y consecuentemente la suya propia. Richard era el tanaiste ( jefe de guerra ) electo de los Mac William y conservaría el cargo mientras viviese el cabecilla del clan; luego, de acuerdo con el derecho irlandés, podría optar a la jefatura absoluta, a la que se accedía mediante la votación de todos los varones de la familia dominante del clan. La subordinación de los Mac William a Isabel implicaba la imposición del derecho inglés o, lo que es lo mismo, la sucesión automática del padre por su hijo mayor. Con lo cual las esperanzas de Richard se evaporaban. Mientras Grace entretenía a sir Henry, el viejo caudillo del clan falleció de repente y el tanaiste se hizo con el poder. Su primera medida fue acogerse al regazo de la reina inglesa, adoptar el derecho de los ingleses y disfrazarse de inglés: añadió un lema inglés a su divisa de armas y aceptó un título nobiliario. Se convirtió en sir Richard Bourke y su compañera de correrías en la muy honorable lady Grace.

La respetabilidad y buenos propósitos de la pareja quedó de manifiesto cuando los ingleses de Galway, usando la parafernalia habitual, invistieron a Richard. Grace, cuya feminidad nadie ponía en duda, sorprendió a todos presentándose vestida de mujer. Una sorpresa de lo más agradable, pues el gobernador inglés se apresuró a informar a Londres que la famosa pirata podía ser, si así lo quería, una grandísima lady. Grace aguantó las complicadas y caras ropas femeninas que tanto entusiasmaban a sus sirvientas el tiempo que tardó el bueno de Richard en consolidar su posición. Cuando su situación quedó clara, la mujer se puso los cómodos pantalones masculinos y volvió a las andadas.
En 1577, coincidiendo casi con el aniversario del nombramiento de sir Richard Bourke, el conde de Desmond la capturó mientras efectuaba una incursión de saqueo. El aristócrata la envió a Dublín y el nuevo gobernador de Irlanda, lord William Drury, la encerró en una celda del castillo. La astuta irlandesa permaneció en prisión dieciocho meses. Se las ingenió para salir libre de cargos y continuar su carrera delictiva.

En 1583 Richard murió y Grace inició un nuevo período de saqueos, pillajes y piraterías. Su actitud depredadora tal vez pudo responder a la intuición política que a veces mostraba, o acaso lo hizo porque estaba en su naturaleza. En cualquier caso, las relaciones entre las monarquías inglesa y española eran francamente malas e Isabel Tudor, temiendo una invasión española, encargó la pacificación de la región a Richard Bingham, uno de sus cortesanos más duros. La lucha entre el inglés y la irlandesa duró bastante tiempo y los contendientes alternaron los éxitos con los fracasos. Grace, nombrada general en jefe de las tribus de la región, se levantó tres veces en armas contra los ingleses y las tres fue vencida, aunque se cuidó mucho de reforzar su ejército con expertos mercenarios escoceses.
Bingham, un auténtico tirano, no titubeó en emplear la traición para dominar a la irlandesa. Ordenó asesinar al hijo mayor de Grace, capturó a Tibbott y amenazó con ejecutarlo si seguían las incursiones piratas, y finalmente logró que Murrough, el segundo hijo de la pirata, se le uniera. La respuesta de Grace a esta última ofensa fue terrible. Decidida a dar una lección al desnaturalizado Murrough; tripuló su flota de galeras, atracó en Ballinahinche, donde habitaba, quemó su ciudad y despojó a sus habitantes de su ganado y bienes y asesinó a cuatro de sus hombres que ofrecieron resistencia.

En contra de lo que se podría pensar, Grace jamás pidió ayuda a los españoles, que habían llevado a Irlanda la guerra con Inglaterra. Todo lo contrario, cuando algunos barcos supervivientes de La Invencible pasaron junto a Rockfleet no dudó en asaltarlos. Su hijo Tibbott era mucho más hispanófilo y negoció con los agentes españoles el apoyo a una rebelión general de las tribus del actual Ulster. Sir Richard se enteró y ordenó su detención. La grave acusación dejaba poco margen de maniobra a Grace, pero ella no se rindió y efectuó una audaz jugada. En julio de 1593 escribió a la reina Isabel de Inglaterra proponiéndole un tratado de paz. Si la “cabeza del clan Tudor “, como siempre la llamó, liberaba a su hijo pequeño y devolvía las tierras confiscadas a Tibbott y a Murrough, que al parecer había vuelto al redil, ella se comprometía “ durante su vida a combatir con espada y fuego a los enemigos de Su Alteza donde estuvieran o pudieran estar, sin ninguna interrupción de ninguna persona o personas “.
Isabel, tan astuta como Grace, le envió un exhaustivo cuestionario con dieciocho preguntas. En función de las respuestas, concedería o no un indulto a la díscola familia. La irlandesa contestó rápidamente la encuesta y la reexpidió a la corte londinense. No esperó la respuesta. Se embarcó en su barco y se presentó en el Palacio de Greenwich exigiendo una entrevista personal con la “ mujer Tudor “. El latín fue la lengua que emplearon durante la entrevista, pues Grace sabía muy poco inglés y la reina no hablaba gaélico, y tomaron un té que Isabel sirvió en persona. Ambas mujeres llegaron a un acuerdo y cuando zarpó, la irlandesa llevaba consigo un decreto real ordenando a Bingham que pusiese en libertad a Tibbott y que devolviese sus propiedades a los dos hijos de la nueva aliada del reino.

Sir Richard Bingham se horrorizó al leer la carta que la pirata le entregó a mediados de septiembre. Puso en práctica las órdenes reales aunque introdujo algunas modificaciones de su propia cosecha. Liberó a Tibbott y entregó las heredades a los hermanos, si bien, como favor personal, les cedió un buen número de soldados ingleses para que velaran por la seguridad de sus tierras. Lo mismo hizo con Grace, ya que se había comprometido a combatir hasta la muerte por Inglaterra, era de justicia que llevase soldados de la reina en sus galeras. Bingham cayó en desgracia en 1595 y Grace volvió de inmediato a las andadas. Dos años después, navegó hacia Escocia y asoló la costa como represalia por el ataque de un clan escocés. Al poco tiempo, se unió a la rebelión de dos poderosos jefes de guerra del Ulster y volvió a batir a los ingleses en el mar.
Por desgracia para la madre y el hijo, los líderes de la revuelta, fervientes partidarios de la ley irlandesa, removieron el viejo asunto de la elección de Richard Bourke como jefe del clan Mac William y depusieron a Tibbott. Lógicamente, Tibbott se pasó de inmediato a los ingleses y finalizó la campaña capitaneando los barcos de su madre, que ahora navegaban bajo la enseña de Inglaterra. Se destacó sirviendo a los ingleses y ganó una gran fama en la batalla de Kinsale. Nombrado sir en 1603, recibió el título de vizconde de Mayo en 1627. Por lo que atañe a Grace, abandonó la piratería y la política y se retiró al castillo de Rockfleet, donde murió en 1603. Su cuerpo reposa en la abadía de la isla de Clare, junto a su único y gran amor: el océano Atlántico.
Vázquez Chamorro, Germán. Mujeres piratas. 2004 Algaba Ediciones S.A.
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