
Eleonora de Fonseca Pimentel había nacido en Roma en 1752, en una familia de la nobleza portuguesa afincada en Italia. Su padre, Clemente Henríquez da Fonseca Pimentel, se había instalado en la Ciudad Eterna hacia 1740, donde contrajo matrimonio con otra noble dama portuguesa, Caterina Lópes de León. Pese a la distancia geográfica, los Fonseca permanecían estrechamente vinculados a su país de origen, de ahí que, cuando las relaciones entre la curia vaticana y la monarquía lusa se tensaron a causa de la expulsión de los jesuitas de Portugal, decidieran abandonar su residencia romana. El destino elegido fue Nápoles. Allí residía un hermano de Caterina, el canónigo Antonio Lópes de León, quien tomó a su cargo la educación de la pequeña Eleonora, que por entonces acababa de cumplir los diez años.
Despierta y estudiosa, sus progresos fueron tales que su fama se extendió con rapidez por los círculos intelectuales de la ciudad. Con sólo quince años dominaba a la perfección el latín y el griego, era diestra en retórica y oratoria, conocía algunas disciplinas científicas y demostró ser una más que aceptable poetisa. Tal era su nivel que a los dieciséis años fue invitada a formar parte del selecto grupo de escritores y poetas que integraban la Accademia Arcadica dei Filateli, una pomposa asociación literaria en la que ingresó con el singular seudónimo de Epolifenora Olcesamante. Poco después, sucedía otro tanto con otro parnaso poético: la Academia dell'Arcadia, donde quiso ser conocida como Altidora Esperetusa.

María Carolina de Austria por Anton Raphael Mengs
Para entonces, su fama ya había llegado a oídos del prestigioso Pietro Metastasio, con quien inició una relación epistolar que se prolongó hasta la muerte del poeta en 1782. Fue él, muy relacionado con la corte vienesa, quien puso en contacto a la joven poeta con la archiduquesa María Carolina de Austria, recién llegada a Nápoles para contraer matrimonio con el rey Fernando IV. Desde ese momento, Eleonora se convirtió en la poeta de cámara de la nueva reina.
En 1768 compuso un epitalamio para conmemorar las bodas reales, que tituló Il tempio della gloria. Le siguieron diversas composiciones, siempre en relación con acontecimientos familiares de la real pareja, entre las que destaca La nascita di Orfeo para celebrar el nacimiento del príncipe heredero. Extensos poemas con los que contentar a los monarcas, pero plenos de sensibilidad y buen gusto. Para entonces, Eleonora percibía una subvención por parte de la corona y disfrutaba del cargo de bibliotecaria de la reina.

Pero Eleonora era mujer y, aunque su pasión eran los libros, las convenciones sociales recomendaban que contrajera matrimonio y que lo hiciera con el hombre que su padre le destinara. Éste no fue otro que un oficial del ejército napolitano, Pasquale Tria de Solis, un hombre que le llevaba más de diez años y con el que se casó en 1783. De la unión nació un hijo, Luigi, que falleció apenas cumplió los dos años de edad. Hundida, Eleonora se volcó de nuevo en la poesía. Sólo en ella encontraba consuelo, y era mucho el que necesitaba porque, además de haber perdido un hijo, estaba casada con un hombre que resultó ser un auténtico monstruo.
Zafio, vulgar, violento y amante de buscar placeres en lechos ajenos, Pasquale llegó a ser una especie de carcelero para su mujer. No le permitía leer ni escribir, la mantenía recluida en casa y la obligó a alejarse de los círculos literarios que frecuentaba. Por miedo o por resignación, Eleonora soportó la situación hasta que, en 1786, sufrió un aborto a consecuencia de una paliza recibida de su marido. Poco después, solicitó y le fue concedida la separación legal.
Dedicada de pleno a la literatura, Eleonora recobró parte de la serenidad perdida. Reintegrada a sus tareas en la corte, la propia reina la puso en contacto con el círculo de ilustrados napolitanos del que ella misma formaba parte. En un principio, tanto Fernando IV como María Carolina fueron decididos partidarios de las ideas ilustradas, pero su postura cambió radicalmente tras la ejecución de Luis XVI y María Antonieta de Francia, hermana de la reina napolitana.

Perquisizione in casa di Eleonora Pimentel Fonseca por Domenico Battaglia
El estallido de la Revolución Francesa en 1789 encontró en Nápoles un eco inusitado. Los reformistas, entre los que se encontraba Eleonora, aplaudieron la revuelta, convencidos de la llegada de una nueva era en la que el pueblo iba a ser el único dueño de su destino. Decidida a consagrarse a la causa popular, Eleonora abandonó la poesía y se volcó por completo en el estudio del derecho y la filosofía, mientras se integraba en los círculos políticos napolitanos.
La situación cambió de manera radical tras la caída de la monarquía en Francia. Fernando IV y, sobre todo, María Carolina, decididos a cortar de raíz todo brote revolucionario, emprendieron una campaña feroz de detenciones y destierros. De poco le sirvió a Eleonora haber gozado de la amistad de la reina. Acusada de jacobina, fue encarcelada y permaneció en prisión hasta que, en el otoño de 1798, la invasión de Nápoles por las tropas napoleónicas y la partida precipitada de los reyes a Palermo, le devolvieron la libertad.

La Pimentel condotta al patibolo por Giuseppe Boschetto
Pocos meses después, en enero de 1799, se proclamó la República Partenopea y Eleonora, al aceptar la dirección de Il Monitore Napoletano, su órgano de prensa oficial, se convirtió en su portavoz. Su firma apareció en los treinta y cinco únicos números del periódico que se publicaron. Lo hacía además tras encendidas soflamas en las que se mostraba acérrima defensora del espíritu que animó la Revolución. Es más, convencida de haber entrado en una nueva era, para asegurarse de que su mensaje llegara a todos los rincones de Nápoles y consciente de la elevada tasa de analfabetismo que se daba entre sus conciudadanos, aprendió la lengua local para leer en público sus artículos.
La política y el periodismo la absorbieron por completo. Fueron seis meses de frenética actividad que Eleonora vivió pletórica, entregada por completo a la causa revolucionaria e incluso con una cierta conciencia mesiánica. Pero la restauración de la monarquía borbónica, acabó con su ensueño de libertad. La represión no se hizo esperar y Nápoles se vio inmersa en un baño de sangre. Fernando IV y María Carolina no tuvieron compasión con los rebeldes. Más de quinientas personas fueron encarceladas, muchas de ellas después de ser salvajemente torturadas para que delataran a sus correligionarios. Otras trescientas cincuenta deportadas y se llevaron a cabo noventa y nueve ejecuciones.

Detenida y encarcelada a primeros de agosto de 1799, Eleonora de Fonseca Pimentel fue condenada a muerte bajo la acusación de haber escrito y arengado a la multitud contra la monarquía. Alegando su condición de miembro de la nobleza, solicitó ser decapitada, pero el tribunal no atendió su petición y, al igual que el resto de los condenados, fue ahorcada junto con otros ocho condenados políticos en la Piazza del Mercato de Nápoles. Cuentan que fue la primera en subir al patíbulo y que sus últimas palabras fueron el famoso verso de Virgilio: Forsan et haec olim meminisse juvabit ( “ ¡quizá algún día recordemos esto con alegría! " ).
Fuente:
María Pilar Queralt del Hierro, Mujeres de vida apasionada. 2010 La Esfera de los Libros S.L.
http://www.escritorasypensadoras.com/fichatecnica.php/300
http://www.istitutomagistralefonseca.it/pagine/pagina_19.asp?cod=valore19
8 comentarios:
Valla mujer de leyenda, quien diría que después de formar parte de los altos círculos monárquicos se convertiría en revolucionaria, su muerte justa o no, pienso fue una lastima, y mas lastima me da que halla dejado la poesía por la causa de la revolución...
Yo también encuentro la vida de esta mujer digna de estudio. Una dama talentosa que sufrió la violencia de género en sus propias carnes, hasta que dijo basta. Tuvo suerte de que le concedieran la separación legal y escapar de las garras de aquel maltratador. Y pasó a convertirse en una activista revolucionaria, lo que la llevó a la muerte. Y el mundo se quedó sin su talento.
Un abrazo Aldo
Interesante y agitada vida la de esta mujer para mí desconocida en verdad.
Muchas gracias por el post.
Besitos
Efectivamente creo que es una gran desconocida (salvo por tu texto ante el que me descubro), y que merece más conocimiento popular. Somos más ignorantes de lo que pensamos.
Abrazo fuerte.
Saludos Elysa, hasta que no leí el libro de María Pilar Queralt del Hierro " Mujeres apasionadas " ni sabía que existía Eleonora de Fonseca, y fue todo un descubrimiento.
Abrazos guapa
Me siento muy halagada querida Chesana, gracias. No sabes lo contenta que estoy de leerte.
Cuídate muchoooo, se te quiere
Me ha gustado mucho tu texto. He elegido este artículo para comentar porque desconocía este personaje femenino de intensa vida. Tengo varios de tus últimos artículos pendientes de leer, procuraré ir leyéndolos poco a poco.
Un saludo Magnolia.
saludos desdelaterraza, siempre es un honor recibir tu visita. Me alegra que te haya gustado este artículo, ¡ gracias!
Abrazos
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