
LA CORRIENTE LUTERANA LLEGA A INGLATERRA
LA EJECUCIÓN DEL DUQUE DE BUCKINGHAM
El 13 de mayo de 1521, Edward Stafford, duque de Buckingham, fue juzgado y condenado a muerte, acusado de escuchar las profecías de la muerte del rey y de intención de asesinar a Enrique. Cuando Catalina supo de la detención del duque, corrió hacia el rey para pedir clemencia. Habló como una reina y como una amiga, y suplicó perdón para el noble, en el caso de que hubiera algo que perdonarle. Pero imploró en vano.
Cuatro días después murió decapitado en Tower Hill. Su ejecución levantó un clamor de simpatía y dolor popular por la víctima. Se creía que el cardenal Wolsey, por pura maldad, había provocado su caída, ya que era bien sabido que los dos se odiaban. Catalina lloró con rabia, pero a escondidas, la muerte de Buckingham. Su primer gran amigo inglés que le había dado la bienvenida a su llegada a Inglaterra, que había bailado y bromeado en su primera y lejana boda, que le había enviado fruta y venado en los años adversos de su viudedad, y tenía sus mismas opiniones.
LA CONDESA DE SALISBURY Y SU FAMILIA SUFREN LAS CONSECUENCIAS
Los miembros de la nobleza rancia unidos por lazos de sangre a Buckingham, entre ellos la condesa de Salisbury, Margaret Pole, cuya hija estaba casada con el hijo del duque, además de estar ella misma peligrosamente cerca del trono, sufrieron la repulsa del rey. Lady Salisbury fue apartada de su cargo de gobernanta de la princesa María, su hijo mayor pasó una breve temporada en la Torre, a la vez que otros de sus hijos se vieron afectados por el enojo del rey.
Pero la reina Catalina no se olvidó de su gran amiga ni se resignó a que su hija prescindiese en sus años más receptivos de una compañía a su parecer insustituible. Ninguna tan digna, íntegra, piadosa, valiente, ilustrada y perspicaz como la condesa de Salisbury, que pronto volvió a ocupar su puesto junto a la princesa.
EL CARDENAL WOLSEY ESPÍA A LA REINA
La reina, a sabiendas de la filtración que sufrían sus mensajes, no dejaba de pedir a su sobrino el emperador que fuera sincero con su esposo y dijera francamente si estaba dispuesto a observar sus compromisos y a no prometer lo que no pudiera cumplir en el futuro. “ Mientras nuestro sobrino guarde su promesa de casarse con nuestra hija, la alianza permanecerá intacta; mientras el tratado matrimonial se mantenga, puede estar seguro de Inglaterra ”.
El cardenal violó la correspondencia del embajador del emperador, Praest, y a consecuencia de esto se interrumpió la relación entre Inglaterra y Carlos durante casi dos años. En todo ese tiempo, Catalina no pudo hablar con un embajador de su sobrino para aconsejarle, pues no lo había.
La reina, al margen de la política internacional, propiciaría el matrimonio de la princesa María con Reginald Pole, el más prometedor de los hijos de la condesa de Salisbury, en quien veía garantizadas la paz interna de la Corona y la felicidad de su hija.
LA ELEVACIÓN DE HENRY FITZROY
El emperador Carlos rompió su compromiso matrimonial con María Tudor para casarse con su bella prima Isabel de Portugal. El monarca inglés, encendido de cólera, consideró esa disolución del acuerdo matrimonial con su hija como la mayor afrenta que le habían hecho. Con independencia del hecho de que la pobre Catalina se sentía tan traicionada como Enrique, éste descargó algo de su resentimiento en su esposa. El rey arregló de pronto la exaltación pública de su hijo ilegítimo de seis años, Henry Fitzroy, en dos partes.
El 7 de junio de 1525, se celebró en la capilla de San Jorge en Windsor la primera ceremonia solemne con el nombramiento del niño como Caballero de la orden de la Jarretera. Al pequeño se le concedió el segundo lugar al lado del soberano. Catalina de Aragón presenciaba la ceremonia desde el sitio reservado a la reina, decorado con sus insignias de granadas, que miraba al altar. La reina en ningún momento había sentido un ápice de rencor hacia el pequeño. Para ella, Henry Fitzroy era uno más en la corte, un niño como muchos otros hijos de nobles que correteaban por los pasillos.
Dos semanas más tarde, el muchachito fue nombrado duque de Richmond, earl de Nottingham y duque de Somerset. Eran los títulos de un príncipe, tradicionalmente reservados para el heredero del trono. A estos títulos se unieron grandes propiedades y el nombramiento de Gran Almirante, Teniente General al norte de Trent y custodio de todas las provincias hasta Escocia. El pequeño duque de Richmond iría ahora al norte para ser criado como convenía a su posición. Se le concedió además una renta anual que superaba las cuatro mil libras.
La reina Catalina estaba furiosa. Como todas sus esperanzas para el futuro estaban concentradas ahora en su hija concebida legalmente, no podía dejar de sentirse mortificada por la elevación del hijo ilegítimo. Lo consideró una amenaza para la posición de su hija la princesa María. Al niño sólo le faltaba el título de príncipe de Gales. Los espías de Wolsey en la casa de la reina informaron a su señor de que tres damas españolas de Catalina la estaban animando a armar un escándalo por el reciente ascenso del chico. El cardenal ordenó inmediatamente que las despidiesen y cuando la reina pidió al rey que revocara la orden, Enrique se negó a complacerla.
Catalina cobró así, de forma dolorosa, conciencia de su aislamiento. Cerca de los cuarenta años de edad, con una salud que distaba de ser óptima y sin poder confiar en sus propios sirvientes, sabía que sus deseos ya no contaban para su esposo. Por si fuera poco, el emperador había dejado plantada a la hija de Catalina. Como es natural, las relaciones entre Enrique y su ex aliado se habían enfriado y ahora parecía que el sueño de Catalina de un matrimonio español para María nunca se haría realidad.
Fuentes:
Maria Jesús Pérez Martín, Maria Tudor: La gran reina desconocida. 2008 Ediciones Rialp, S.A
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Luis Ulargui, Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
4 comentarios:
Excelente serie de entradas sobre Catalina de Aragón, la hija de los RRCC y la abnegada y católica esposa de Enrique VIII. Me ha gustado especialmente estas últimas dos entradas, sobre su labor social y cultural. Un cordial saludo, Magnolia.
Gracias, Paco. Espero haber demostrado algo con estas entradas, que Catalina no fue una reina florero e hizo cosas por Inglaterra durante su largo reinado como consorte, al menos mientras la dejaron actuar. Se la menosprecia tanto a la pobre ... La vida de Catalina nada tiene que envidiar a la de otros personajes, en intensidad y penalidades.
Un fuerte abrazo, gracias por pasarte :-)
Tengo la opinión de que fue una gran reina y creo, si no me equivoco, que tú también la admiras. De tu blog, excelente, una de las cosas que más me llamó la atención al principio fue precisamente la fotografía del cuadro de Sittou de Catalina, que usa como avatar, una preciosidad. Muy interesantes los dos capítulos dedicados a ella. Un abrazo.
Muchas gracias desdelaterraza por pasarte. Si, efectivamente, Catalina de Aragón es uno de mis personajes históricos favoritos y también opino que fue una gran reina consorte de Inglaterra, por mucho que la reforma protestante haya querido ignorarla y dejarla olvidada en un rincón.
Michael Sittow es el artista que mejor supo plasmar sobre el lienzo la dulce belleza de Catalina de Aragón, desde mi punto de vista, porque algunos retratos y grabados que se hicieron posteriormente de ella parecen caricaturas. Los dibujos de Holbein, por ejemplo, parecen realizados por un enemigo.
Un abrazo y feliz domingo
Publicar un comentario en la entrada