LA ENTREVISTA DEL CAMPO DEL PAÑO DE ORO
En junio de 1520, Enrique con la reina y un vistosísimo séquito de la nobleza encabezado por el duque de Buckingham, se embarcó para Calais. Aquella famosa entrevista, se conocería más adelante por el nombre del “ Campo del Paño de Oro”, fue todo un acontecimiento. Más de cinco mil personas habían seguido a los reyes, para quienes tuvieron que alzarse cientos de tiendas y pabellones. Los observadores italianos admiraron la abundancia de cadenas de oro que llevaban los ingleses, pero los franceses les parecieron más elegantes en el vestir.
Los ingleses opinaban que los vestidos de las damas francesas eran demasiado atrevidos y singularmente inapropiados para las personas castas, a la vez que el embajador mantuano opinó que las damas inglesas vestían mal y eran demasiado aficionadas al alcohol. Las visitantes pronto empezaron a adoptar la moda francesa y lo que perdieron en recato lo ganaron en gracia.
Durante dos semanas hubo banquetes, justas, bailes y juegos de estío, en los cuales las dos cortes compitieron por la supremacía. Sin embargo, Enrique y Francisco no dejaban de odiarse cordialmente. Entre tanto abrazo y derroche se ratificaría el tratado matrimonial de la princesa de Inglaterra con el Delfín. Solo las reinas Catalina y Claudia, amables, discretas y sencillas, parecían ajenas a aquella insoportable emulación. Cuando los dos reyes se hallaban en cónclave, entonces las dos reinas estaban ocupadas visitándose u orando juntas en la misa.
Catalina estaba sin duda entre aquellos que no gozaron de la experiencia. Sin embargo, vestida con toda la gloria hierática de sus ricas ropas, sus preciosas joyas y perlas (que fueron estimadas las más bellas de todas), estuvo en el cenit de su encanto y jugó su parte en la más auténtica y amistosa escena de todo el encuentro, cuando ella y la reina Claudia, al ir a darse el ósculo de la paz, procurando cada una ceder la precedencia a la otra, de repente se pusieron a reír besándose en cambio la una a la otra.
REUNIÓN CON CARLOS V Y MARGARITA DE AUSTRIA
Tras despedirse del rey Francisco y de la reina Claudia el 25 de junio e intercambiar gran número de costosos regalos, entre ellos joyas, caballos y una litera, Enrique y Catalina se retiraron a Calais, donde el rey dio las gracias a sus cortesanos por acompañarle y mandó a la mitad de ellos a casa. El 10 de julio los reyes ingleses y sus reducidos séquitos fueron a caballo hasta Gravelines, donde se reunieron con el emperador y Margarita de Austria.
Al día siguiente volvieron con ellos a Calais, donde era hora para otro prolongado banquete –se dice que duró cuatro horas- en otro palacio artificial construido especialmente. Aunque ahí se descompuso el tiempo caluroso: grandes vientos y una lluvia torrencial arruinaron la estructura. Siguieron dos días de discusiones. A pesar del tiempo, esas charlas fueron positivas.
Fuentes:
Maria Jesús Pérez Martín, Maria Tudor: La gran reina desconocida. 2008 Ediciones Rialp, S.A
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Fuentes:
Maria Jesús Pérez Martín, Maria Tudor: La gran reina desconocida. 2008 Ediciones Rialp, S.A
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
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