
Ana de Bretaña nació en Nantes el 25 de enero de 1477. Era hija del duque de Bretaña, Francisco II de Montfort, y de la infanta navarra Margarita de Foix, sobrina de Fernando el Católico. Ana tenía una hermana más joven, Isabeau, que murió en 1490. Recibió una buena educación bajo la dirección de Françoise de Dinan, Señora de Laval y Chateaubriant, y el poeta Jean Meschinot. Se destacó en música, historia y matemáticas. En 1481, su padre firmó un pacto con el rey inglés Eduardo IV para casarla con el príncipe de Gales, heredero de la corona inglesa. Sin embargo, el muchacho desapareció, y fue dado por muerto, poco después de la muerte de Eduardo IV.
Tras la muerte de su padre, Ana quedó convertida en la heredera del ducado de Bretaña. Desde 1488, con apenas once años de edad, la joven duquesa se enfrentó a las conspiraciones de la nobleza francesa por hacerse con su rica herencia.

El máximo interesado en dominar el ducado bretón era, naturalmente, el propio rey francés, Carlos VIII, que envió sus emisarios ante la corte de los Montfort para solicitar el matrimonio con la joven duquesa. Ana, no obstante, resistió hasta la saciedad esta oferta, pues sabía perfectamente que ello implicaría la progresiva absorción de Bretaña dentro del entramado territorial y gubernativo de la monarquía francesa.
MATRIMONIO CON MAXIMILIANO DE AUSTRIA
Ana de Bretaña decidió casarse con Maximiliano de Austria, viudo de María de Borgoña y rey de Romanos, la antesala al cetro imperial germánico. La joven novia contaba trece años y su futuro esposo, treinta y uno. El matrimonio por poderes tuvo lugar en Rennes el 19 de diciembre de 1490, pero tuvo serias consecuencias. La reacción de Carlos VIII de Francia al enterarse de la noticia fue colérica, ya que esta alianza perpetuaba la independencia de Bretaña y, a su vez, sería un germen absoluto de conflictos entre el Imperio y Francia. El monarca francés hizo valer el tratado de Le Verger, firmado entre su hermana, Ana de Beaujeau, y el padre de Ana de Bretaña, el duque Francisco II, mediante el cual ningún matrimonio de la casa Montfort, en su rama de duques de Bretaña, podía celebrarse sin consentimiento del rey de Francia.

Carlos VIII
MATRIMONIO CON CARLOS VIII
Amparado en la legalidad, el monarca francés invadió Bretaña con un potente ejército para cambiar por la fuerza de las armas el destino de Ana. Los barones locales, agrupados para defender a su joven duquesa, intentaron resistir lo posible, pero los prometidos refuerzos alemanes no llegaron jamás. Finalmente, Ana fue obligada a repudiar su matrimonio no consumado con Maximiliano de Austria y a casarse con Carlos VIII, boda que se celebró en el castillo de Langeais el 6 de diciembre de 1491, convirtiéndose así en reina de Francia. Aunque Austria hizo protestas diplomáticas, alegando que el matrimonio era ilegal porque la novia estaba legalmente casada con Maximiliano y Carlos estaba comprometido legalmente a la archiduquesa Margarita de Austria, hija de Maximiliano. El matrimonio de los reyes de Francia fue validado por el Papa Inocencio VIII en febrero del año siguiente.

En este enlace fue firmada una cláusula por la cual, en caso de muerte del esposo, y si no había descendencia, ella debería casarse con el heredero del trono, para así asegurar la continuidad de la alianza entre Francia y Bretaña. A pesar de que el interés del monarca galo residía en la absorción del ducado bretón, Ana solicitó que ella fuera nombrada única administradora y gobernadora del territorio, así como que se respetasen las costumbres tradicionales de la zona. Carlos accedió a ello, plenamente convencido de que, a la larga, el ducado pasaría a la corona. De esta unión nacieron cuatro hijos: Carlos Rolando, Carlos, Francisco y Ana, todos muertos prematuramente.

A pesar de que este matrimonio se realizase manu militari, lo cierto es que durante los siete años que permanecieron juntos ambos esposos llegaron a sentir un gran afecto mutuo. Buena prueba de ello fue el abultado y lastimoso luto que mostró Ana de Bretaña en 1498, cuando falleció Carlos VIII. Eso sí, el dolor no impidió que, de acuerdo a las cláusulas matrimoniales, Ana volviera a contraer un nuevo matrimonio con el heredero, Luis de Orleáns, sobrino de Carlos VIII, coronado como Luis XII. Para poder casarse con Ana consiguió del papa Alejandro VI la anulación de su matrimonio con Juana de Valois, alegando que había sido forzado a casarse y que su esposa era estéril.

Luis XII
MATRIMONIO CON LUIS XII
El enlace, celebrado el 8 de enero de 1499, volvió a incluir una serie de pactos con respecto al gobierno de Bretaña. De nuevo Ana se hacía con el control gubernamental del ducado. En cuanto a la regulación de la descendencia, al ser un hipotético hijo primogénito de ambos el designado para heredar la corona de Francia, Luis XII aceptó la petición de Ana de Bretaña: que el ducado quedase en manos del segundogénito o, en su defecto, de la hija mayor de Ana. En caso de que no hubiera descendencia, el ducado de Bretaña volvería a ser disputado por la línea hereditaria del linaje Montfort. Asimismo, Luis XII aceptó respetar los usos y costumbres bretonas, sin intromisiones en el gobierno o en la administración de justicia.
La boda del nuevo rey con Ana de Bretaña iba en camino del éxito. Él sabía lo raro que era encontrar una mujer honrada en la corte, apreciaba a su esposa precisamente porque era virtuosa. De esta unión nacerían las princesas Claudia y Renée.

Los últimos años de la reina Ana de Bretaña estuvieron dedicados a la reforma cortesana, tanto en Bretaña como en París. En ambas cortes, Ana fue mecenas y patrona de artistas, literatos, poetas y escribanos, y como tal aparece en la documentación que hoy se conserva. No en vano, una de las joyas de la miniatura francesa es el Libro de Horas de la reina Ana, un precioso manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de París.
En la corte capitalina, por otro lado, introdujo una reforma de las costumbres, al instaurar el cuerpo de damas de honor de la reina y, en general, canalizando adecuadamente la vida palaciega. Mujer de fuerte carácter, no dudó en representar a la monarquía francesa ante diversas legaciones en sustitución de su marido, cuando éste se encontraba ausente.

Claudia de Francia
Para septiembre de 1504, Ana logra firmar el tratado de Blois que estipula el matrimonio de su hija Claudia con el príncipe Carlos, duque de Luxemburgo e hijo de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla. Ella considera que la independencia de Bretaña se garantizaría mejor casando a su hija con un Habsburgo que con un francés.
Tras una grave enfermedad, Luis XII hace un testamento en el cual rompe el compromiso de Claudia y ordena un enlace con Francisco de Angulema. Ana de Bretaña trata de disuadir al rey y se encuentra con una negación categórica. Luis XII le gana la partida a su esposa reuniendo a los Estados Generales, quienes dan la aprobación de la boda de Claudia con su primo Francisco de Angulema, el heredero al trono de Francia por no tener el rey hijos varones. La reina Ana, que siempre había luchado ferozmente por mantener la independencia de Bretaña de la corona francesa, intentó legar el ducado bretón a su hija Renée. Sin embargo, Luis XII, ignorando su deseo, se lo concedió a Claudia.
La reina Ana no gozaba de buena salud, que estaba quebrantada desde 1511, cuando perdió un hijo varón. No le satisfacían las guerras que sostenía Luis. Ansiaba reconciliarse con todos y ponía en práctica cuantos medios se le ocurrían para ganarse al nuevo Papa. En esto, le sobrevino a Ana de Bretaña un ataque terrible de cálculos biliares en el castillo de Blois. No se rehizo. El 9 de enero de 1514, después de una agonía de cinco días, cerró sus ojos para siempre. Le faltaban quince días para cumplir los treinta y ocho años.
Hacía un cuarto de siglo que Luis XII conocía a su Ana. Lloró sobre ella como un niño al verla dentro del ataúd con el rostro descubierto y la expresión joven y tranquila. " Haced el panteón grande, que quepamos los dos - dijo con desconsuelo- Antes de terminar el año me uniré con ella, iré a hacerle compañía ".
En Cognac, Luisa de Saboya, acérrima enemiga de la bretona, y su familia estaban locos de alegría por la muerte de la reina. Tenían vía libre. Desde el momento en que Ana de Bretaña se había casado con Carlos VIII, Luisa había vivido constantemente en tensión. No bastaba compartir la satisfacción, producida por la gran noticia, con los Chabots en Jarnac, hasta donde su hijo Francisco de Angulema, caminando amorosamente al lado de la litera de su madre, se había dirigido. Luisa quería celebrarlo. Una semana después, cuando su hijo volvió a entrar en Cognac, se le hizo un recibimiento fastuoso. Precisábales asistir al entierro, y toda la familia, bien ajustadas sus caretas, se presentaron en Blois.
La larga procesión abandonó Blois tomando el camino hacia París. Francisco, su madre y su hermana, detrás del féretro, a través de ciudades y pueblos, arrastraban negros crespones. Desafiando el vendaval, seguía el cuerpo yacente conducido por mulas. Este era el acto segundo del ceremonial de los cuarenta días para conducir a la reina a su última morada de Saint Denis. El Réquiem de Ana fue compuesto probablemente por el famoso compositor Johannes Prioris.
El relicario de Ana de Bretaña
Si bien sus restos reposan en Saint Denis, la reina Ana legó su corazón a su amada Bretaña. De acuerdo a su voluntad, su corazón fue colocado en un relicario de oro y trasladado a Nantes. El corazón de Ana no estaría indefinidamente allí. Durante la Revolución francesa se destrozó su tumba y se intentó fundir la urna de oro. El corazón desapareció un tiempo, aunque fue encontrado después desprovisto de la envoltura. En la actualidad podemos ver el relicario del corazón de Ana en el Musée Dobrée de la capital de Bretaña.
Actualmente, la figura de Ana de Bretaña es vista con notable simpatía por la historiografía francesa, que ha hecho de ella el paradigma de mujer inteligente, culta y excelente gobernadora de la casa real gala en el complejo tránsito del Medievo al Renacimiento.

Francisco I de Francia
Al enviudar, Luis XII se vuelve a casar con María Tudor, hermana de Enrique VIII de Inglaterra, que entonces contaba con dieciocho años y el monarca francés tenía cincuenta y dos, en un intento infructuoso de concebir un heredero varón para su trono. El matrimonio apenas duró tres meses, muriendo el rey en París en enero de 1515. Tras la muerte del monarca fue coronado rey de Francia, Francisco de Angulema, quien se había casado con Claudia de Francia, nueva duquesa de Bretaña. Un enlace que no hubiera tolerado la difunta Ana de Bretaña. La otra hija, la princesa Renée, se uniría más tarde con un hijo de Lucrecia Borgia y terminaría calvinista.
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=ana-de-bretanna-reina-de-francia
Francis Hackett, Francisco I de Francia. 1941 Editorial Juventud, S. A.
http://www.grupoese.com.ni/2002/10/02/crrMMII1002.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_XII_de_Francia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_de_Breta%C3%B1a
http://www.ecured.cu/index.php/Ana_de_Breta%C3%B1a
http://www.grupoese.com.ni/2002/10/02/crrMMII1002.htm
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http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_de_Breta%C3%B1a
http://www.ecured.cu/index.php/Ana_de_Breta%C3%B1a


7 comentarios:
Me pregunto como reaccionaria hoy la sociedad si un monarca adulto se casara con una adolescente de trece años.
La monarquia, cada vez me doy más cuenta, fue y es corrupta en todos los sentidos, político, ambicioso, burocratico...
Lo que no estiendo es como hoy en día, en pleno siglo 21, con medio mundo revuelto por religiones y guerras, sigue existiendo la monarquia, que solo sirve para que los ciudadanos alimentemos parásitos que son totalmente inutiles para las democracias.
Es mi opinión.
Un saludo
La primera palabra que emplearíamos hoy en día sería, pederasta, pero en aquella época veían algo normal casarse con niñas que apenas eran núbiles, porque también envejecían antes y su esperanza de vida era más corta que ahora. Es difícil juzgar con nuestra mentalidad del siglo XXI las actuaciones de aquellos individuos que vivieron siglos atrás y se comportaban según los dictados de la sociedad de su época.
Saludos Genetticca, espero que pases un buena semana
Últimamente me estoy viendo The Borgias y hablan mucho de Carlos VIII, me produce bastante interés el reinado de Ana, pues era una mujer con convicción y no iba a permitir que su amado ducado terminara en manos de Francia.
Damas con mano de hierro e inteligencia es lo que necesitan las sociedades actuales.
Besos ya brazos...
Hola Magnolia!! Admiro a estas mujeres que forjaron la historia con su fuerza e inteligencia a pesar de que empezaban a tener responsabilidades muy temprano. Casarse tan niña con un hombre mucho más grande no debe haber sido muy fácil. Una historia atrapante amiga.
Un beso enorme
http://visceral-genetticca.blogspot.com/
Hola Lady Grey. Ana de Bretaña fue una pieza muy codiciada desde muy niña, no le faltaron pretendientes a su mano. Con uñas y dientes defendió su posesión pero al final no le valió de nada, su hija mayor se casó con el candidato que menos le gustaba a su madre. besos y abrazos
¡Hola gabi !
Los matrimonios tan dispares en edades estaban a la orden del día en aquellas épocas. Las mujeres de la realeza, como en la nobleza, eran meros vehículos para engrandecer las posesiones de sus consortes, conseguir las familias más poder o como alianzas entre paises. Un destino que yo no hubiera deseado para mí, donde estén las bodas por amor ...
Muchos besos, feliz semana amiga
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