Una noche de verano, Amadeo y María Victoria salen a dar un paseo en landó por el parque del Retiro, donde saben que se celebran selectos conciertos al aire libre en torno al quiosco de la música. Se apean los reyes en el paseo de coches y cogidos del brazo, se dirigen hacía la plazoleta en cuyo centro se alza el quiosco de la música. Es ya bien perceptible a simple vista el embarazo de la reina, y hallándose ocupadas todas las sillas que formaban un círculo de varias filas en torno al templete de la orquesta, no hay absolutamente nadie que se levante para ceder el asiento a la pobre María Victoria. No puede decirse que los allí reunidos perteneciesen a la clase social más elevada, sino más bien a los estamentos medio e incluso modesto del país. Los soberanos intercambian una mirada con infinita tristeza y deciden regresar al Palacio Real.
En la noche del 18 de julio de 1872, cuando los reyes regresaban del Retiro, fueron objeto de un atentado, del que afortunadamente salieron ilesos. A su regreso a palacio, un coche se cruza en la calle del Arenal, obligando a detenerse en seco a la carroza real. María Victoria se agacha a recoger el chal que se le ha caído. En ese momento, Amadeo distingue en la oscuridad la sombra de un hombre apuntándole con una carabina. Instintivamente, se tira al suelo del coche para proteger con su cuerpo a la reina. Suenan ráfagas de disparos a ambos lados de la calle. El cochero fustiga a los caballos y logra salir de la encerrona. La policía que escolta a los soberanos consigue abatir a uno de los agresores, que queda tendido muerto sobre el asfalto.
Al llegar a palacio, María Victoria viene desmayada por la impresión, tumbada sobre el fondo del carruaje. Su esposo la baja del coche en volandas. Uno de los caballos, herido, cae muerto. La carroza real muestra numerosos impactos de bala, pero ni el rey ni la reina han sido heridos. Esa noche, los reyes rezan juntos, de rodillas, al pie de las camas de sus hijos, dando gracias a Dios por haberles salvado la vida.
La noticia del atentado corre como la pólvora por todo Madrid. El hecho de que no se haya respetado ni siquiera a la soberana, que está embarazada, causa repulsa en la sociedad. Cientos de madrileños se acercan a la mañana siguiente a palacio a inscribir su nombre en el libro de firmas, como símbolo de rechazo a lo ocurrido. Los monarcas, sorprendentemente serenos, celebran una recepción en palacio para recibir condolencias de personalidades públicas e incluso se ven obligados a salir al balcón a saludar a los cientos de personas que invaden la plaza de Oriente como muestra de adhesión.
Amadeo y María Victoria tienen la alegría de saber que en casi todas las iglesias del país se van celebrando misas de acción de gracias por haber salido indemnes del tremendo peligro que han corrido. Llegan telegramas de todas las cancillerías extranjeras. En Italia, la noticia causa especial conmoción. En numerosas ciudades del Piamonte se convocan manifestaciones populares en solidaridad con los duques de Aosta, circunstancialmente reyes de España. El alcalde de Turín escribe a Amadeo para recordarle el inalterable afecto que el pueblo turinés siempre sentirá por él. En la iglesia principal de Reano, señorío de los príncipes della Cisterna, se celebra un Tedeum por la vida de su añorada princesa.
La policía ha iniciado de inmediato la investigación para esclarecer los hechos y delimitar culpabilidades, deteniendo a numerosos individuos, incluso alguna mujer, y determinando que la taberna de un tal Manuel Pastor ha sido el lugar donde se ha fraguado el atentado. En represalia, alguien intenta prender fuego a la taberna esa noche. Parecía como si el regicidio frustrado fuera a servir para hacer reaccionar al pueblo en favor de los Saboya. Puro espejismo, porque el reinado de Amadeo se precipitaba irremediablemente hacia su final.
El rey emprende un viaje, como estaba proyectado, por el norte de España. Visitará Valladolid, Burgos, Palencia y toda la cornisa cantábrica, desde Santander a Galicia. María Victoria no logra reponerse de la impresión. Desde el atentado, no duerme por las noches y sufre continuas pesadillas. Cualquier ruido la sobresalta y teme recibir de un momento a otro, la noticia de que alguien ha vuelto a disparar contra su esposo. La soberana va a cumplir en el mes de agosto veinticinco años, y tiene su marido veintisiete.
María Victoria recibe información puntual del periplo que su esposo está realizando por las ciudades costeras, pero también de sus continuas infidelidades. Adela de Larra, la amante más conocida del rey, despechada por haber sido sustituida por una rubia inglesa, persiguió a la comitiva real hasta Santander, con idea de hablar con Amadeo y chantajearle con la amenaza de publicar sus cartas íntimas si finalmente la abandonaba. Para evitar el escándalo, un secretario del rey negoció con ella en secreto y la despachó, comprándole el silencio y las cartas por cien mil pesetas. Pero Adela no se resignó y siguió acosando a su ex amante, hasta el punto de que fue necesario dictar contra ella una orden de expulsión de la capital.
Después, el rey mantendrá una breve relación con una conocida cantante de ópera italiana que triunfa en Madrid, y posteriormente con una dama de la aristocracia alfonsina que la prensa llamará " la condesa X ". Mientras, la reina, instalada desde el verano en El Escorial con sus dos hijos, sufre una profunda depresión. Los celos la amargan. No tiene ilusión por nada y apenas ejerce otra actividad que leer con avidez, sentada en un sillón.
María José Rubio, Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. La Esfera de los Libros S.L. 2009
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España. Editorial Bitacora, S.A. 1989
José María Solé, Los Reyes Infieles. 2005 La Esfera de los Libros S.L
http://dinastias.forogeneral.es/maria-vittoria-la-olvidada-t526-72.html
7 comentarios:
He tenido que modificar la entrada anterior, cambiando sus últimos párrafos, porque me había saltado los episodios de la visita al concierto musical del Retiro y del atentado, que venían antes de caer la reina con depresión en el Escorial. Un saludo, gracias por leerme.
Apenas noté la repetición de párrafos finales, esta historia tiene matices emocionantes, pobres María Victoria y Amadeo, después de ese atentado creo que nadie puede sobreponerse tan rápido. Las conductas livianas del Rey, que tuviera amantes solo empeoraba las depresiones de la reina.
Siempre es un placer pasarme por tu blog.
Besos y abrazos...
Gracias a ti Lady grey por pasarte por aquí. La historia de María Victoria contiene tantos elementos trágicos y tristes, que te hacen sentir una corriente de simpatía y ternura hacia ella, una reina efímera pero que merece ser conocida y rescatada del olvido.
Muchos besos
Me gusta mucho la Historia, así que agradezco tu blog. En este artículo desvelas una vida muy poco conocida de la historia de España. ¡Qué tristeza en el rostro -y parece que en el alma- de esta mujer que fue brevemente reina.
Un saludo
Acabo de descubrir tu blog hace un rato y estoy enganchada a él. Me temo que me vas a ver por aquí más que muy a menudo.
Muchísimas gracias por hacerlo.
Un beso,
Maru
Saludos Hada Saltarina, es muy agradable ver aparecer a más aficionados por la Historia, una asignatura que no siempre ha gustado mucho en el colegio.No me agradezcas nada, soy yo la que tiene motivos para agradecerte a ti tu interés en leerme. Ya solo me falta una entrada para terminar con el periplo de esta infeliz reina, tan desconocida por nosotros.
Un abrazo, feliz fin de semana
Vaya, me olvidé de contestarte Maru, lo siento. Aunque un poquito tarde, te agradezco mucho el comentario que me dejaste, gracias de verdad. Espero que me sigas leyendo y te gusten mis entradas.
Muchos abrazos y perdón por el despiste
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