jueves, 16 de junio de 2011

ELIA EUDOCIA


Dedico esta entrada a Aramat, que hace unas semanas me pidió que hablase de esta emperatriz bizantina. Tras el fallecimiento en 395 d. C. del emperador de origen hispano Teodosio el Grande, el imperio romano se dividió en dos. Heredando su hijo Arcadio la parte de Oriente, mientras su otro hijo Honorio se ponía al frente del imperio de Occidente. Al fallecer Arcadio le sucedió su hijo Teodosio II de tan sólo siete años. Al ser tan pequeño, al inicio de su regencia estuvo muy influenciado por el pretor Antemio, que cuando cayó en desgracia, fue sustituido por Pulqueria, la hermana mayor del joven emperador. Por esas fechas llegaba a Constantinopla, Athenais, una bella griega de origen pagano, que pretendía reclamar parte de la herencia que le correspondía al fallecer su padre el filósofo Leoncio. Al parecer, su progenitor confiaba tanto en las dotes naturales e intelectuales de su hija que sólo le otorgó cien monedas de oro, mientras que sus vástagos varones heredaban la mayor parte del patrimonio familiar.

Otros cronistas dicen que fue la avaricia de los hermanos que no quisieron compartir, a partes iguales, la herencia con ella. Sea como fuera, quiso el destino que Pulqueria se fijara en las actitudes de Athenais y la nombrara dama de compañía. Athenais había recibido una formación tradicional y gracias a su padre se instruyó en letras griegas y latinas. Como Leoncio había previsto su hija sabía defenderse en la vida. Poco a poco fue granjeándose la confianza de Pulqueria, a tal punto que ésta vio en ella a la mejor candidata para convertirse en la futura emperatriz.


Teodosio II se dejó cautivar por la exquisita belleza de Athenais, además su hermana no hacía más que hablarle de las cualidades de su protegida. No obstante existían dos obstáculos para la posible unión de la pareja: uno, que era seis años mayor que el emperador y el otro, mucho más importante, que la joven practicaba una religión diferente. Pulqueria ordenó rápidamente que el obispo de Constantinopla bautizara a Athenais convirtiéndola al cristianismo bajo el nombre de Aelia Licinia Eudocia. De ese modo, el 7 de junio de 421 d.C contraían matrimonio la flamante Eudocia, de veintiséis años, con Teodosio II, de sólo veinte. Un año después nacería la primera hija, a la que llamarían Licinia Eudoxia. El joven Teodosio estaba feliz y no puso ninguna objeción cuando su esposa solicitó cargos de relevancia para sus hermanos. Valerio fue nombrado cónsul y posteriormente gobernador de Tracia y Gesio, prefecto de Ilírico.

Mujer inteligente, enseguida demostró sus dotes para la escritura en el poema sa Metro, que escribió para narrar la excelente intervención de las tropas romanas frente al ejército persa. La verdad es que ambos cónyuges eran apasionados de la cultura. A Teodosio, por ejemplo, se le conocía por el sobrenombre de “el Calígrafo” y más tarde creó el código teodosiano, una importante recopilación legislativa. Eudocia, por su parte, fomentó que en la corte imperial reinara un ambiente intelectual, rodeándose de filósofos, dramáticos y poetas. También fue la artífice, junto a su tío Asclepiodotus, de impulsar la reforma de la Universidad de Constantinopla. Gracias a su influencia se realizaron obras en la ciudad de Atenas y se construyó en la capital imperial la iglesia de San Polieucto.


Al mismo tiempo ayudó a que la persecución a paganos y judíos bajase de intensidad, ya que habían sido grupos muy castigados en la época en la que Pulqueria había ejercido de regente. Esta medida no le gustó nada a su cuñada. Pulqueria comenzó a intrigar contra Eudocia y logró que fuese destituido el patriarca de Constantinopla que apoyaba la política de la emperatriz. En un corto intervalo de tiempo, Eudocia tuvo dos hijos mas: Flacila y Arcadio. La situación en la corte imperial, lejos de arreglarse, comenzó a ponerse más tensa. Así que decidió realizar un viaje en peregrinación a Jerusalén y meditar tranquilamente qué iba a hacer en un futuro.

En compañía de una viuda rica de Occidente llamada Melania visitó los santos lugares. En Antioquía fue recibida como una celebridad. Habló para el senado y repartió fondos para la reparación de edificios. Dejaba muy buena impresión a la gente y lugares por donde pasaba. Cuando decidió regresar a Constantinopla, en 439, lo hizo llena de reliquias y gracias al buen papel que ejerció como embajadora imperial, recuperó parte de su influencia perdida e incluso reprodujeron en una pared de una iglesia de Constantinopla, la imagen de ella postrada de rodillas ante el sepulcro de Cristo.

Pulqueria volvió a sentir envidia de la emperatriz y se propagó un rumor infundado donde se afirmaba que Eudocia cometía adulterio con Paulino, uno de los profesores de la Universidad que impartía filosofía y que era muy amigo de la emperatriz. Eleonuco Crisacius fue el encargado de propagar semejante infamia en complicidad con Pulqueria. El enfado del emperador no se hizo esperar y envió al exilio a Paulino que viajó a Capadocia y fue asesinado un año más tarde, según los historiadores, por orden de Pulqueria.


La emperatriz decidió regresar a Jerusalén, donde le habían demostrado más afecto y cariño que entre los suyos. Eudocia no marchó sola, sino que entre el pequeño séquito que la acompañaba, se encontraban dos de sus más fieles amigos. No sabemos que tenía el emperador contra ellos pero, según los cronistas, mandó a Saturnino, uno de su hombres de confianza, para que les diera muerte. El cronista Marcelino relata sobre el triste episodio, que cuando prendieron a Saturnino, la fiereza de la emperatriz se desató y comenzó a golpearle con tanta fuerza que lo hirió de muerte. Otros, en cambio, opinan que parte de la comitiva que protegía a la emperatriz se ensañó con Saturnino al ver los asesinatos que había perpetrado. El pecado de la emperatriz en cualquier caso fue no parar el ajusticiamiento.

Enterado Teodosio II de la suerte de su enviado especial, no dudó en vengarse de la emperatriz retirándole su Casa y la mayoría de sus bienes. Prácticamente la dejó sólo con el título de Augusta, que había adquirido al nacer su hija Licinia. Después del incidente, Eudocia se volcó en la meditación y en escribir diversos poemas, como uno dedicado a la vida de San Cipriano, o paráfrasis, como las profecías de Daniel y Zacaríaso o del Octateuco. Con lo poco que le quedaba siguió ayudando a restaurar o construir monumentos y murallas de la ciudad. Vivió durante un tiempo en tierra palestina para volver definitivamente a Jerusalén, donde acaeció su muerte en 460 y fue enterrada en la iglesia de San Esteban.


Fuente:
http://ia600500.us.archive.org/23/items/regocijos-04-10-10/mujeres_con_historia_-_elia_eudocia.mp3

8 comentarios:

Negrevernis dijo...

Muy interesante esta entrada. ¿Se conservarán parte de los escritos de esta mujer?

Un saludo.

Magnolia dijo...

No te puedo contestar Negrevernis, me era desconocida esta emperatriz hasta ahora. Posiblemente queden algunos de sus poemas.

Un abrazo

Elysa dijo...

Otra mujer de la que desconocía la historia, sólo el nombre.

Gracias

Juan Melenchón dijo...

La información de tu artículo está muy bien pero si te interesa más el personaje te sugiero que visites el espacio dedicado a ella y a su hija Licinia en el Museo Nacional de Cataluña con el cuadro La princesa Eudoxia ante la tumba de san Esteban. Es un episodio que Jacopo da Voragine narra en La Leyenda Aurea.
http://art.mnac.cat/fitxatecnica.html;jsessionid=772b8f024e682aae1dd2a4514780b7b329fc595e86d7f71bb10215ed6e477042?inventoryNumber=024146-000

Es una obra maestras del Gótico Catalán que personalmente he investigado ya que hay una relación entre las Eudoxias del imperio romano y las que apareceran en el siglo XV en Cataluña

Para algunos Glòria, para otros Claire dijo...

Hola!
Un personaje nuevo que he descubierto (bueno, en tu blog se descubren a muchas personas :D )

Le daré un vistazo a lo que ha dicho Juan Melenchón :)

Tienes un premio en mi blog, pásate cuando puedas a buscarlo.

Magnolia dijo...

Muchas gracias Juan por toda tu ayuda, cuando vaya por Barcelona no faltará pasarme por el museo, el cuadro parece una gran obra.

De nada Elysa, la Historia nos tiene ocultas mujeres absolutamente asombrosas que se tienen que rescatar.

Estas semanas me vienen cargaditas de premios, muchisimas gracias Glòria o Claire :-) es un honor, en cuanto pueda me paso por tu blog a recogerlo muy gustosa.

Muchos besos a todos feliz fin de semana.

Juan Melenchón dijo...

De nada, un placer servirte de ayuda. ya sabes que puedes contar conmigo para cualquier información que necesites. ¿Visitaste la entrada sobre Egería? quizás sea de tu interes.

felicidades por el trabajo que haces.

saludos

Magnolia dijo...

Gracias por recordarme a Egeria, Juan, será una de mis futuras entradas :-)

Gracias por tu felicitación, este es un hobbie que me apasiona.

Un gran abrazo

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