
Los duques en Baviera y sus hijos
Elena fue la tercera hija de Maximiliano y Ludovica, duques en Baviera. Fue la hermana mayor de la emperatriz Isabel de Austria, de María Sofía, reina de las Dos Sicilias, y de Sofía Carlota, duquesa de Alençon. Como todos sus hermanos, creció en un ambiente de gran libertad y en medio de una naturaleza salvaje, en el palacio familiar de Possenhofen. Allí solía acompañar a su padre y a su hermana Isabel en sus excursiones a las montañas y a sus paseos por los bosques. Al contrario que su familia era católica practicante, así mismo iba en muchas ocasiones a hospitales, al tiempo que se encargaba de otras obras de caridad.
Hacia 1850, la archiduquesa Sofía, hermana de Ludovica y madre del joven emperador Francisco José I de Austria, creyó entonces oportuno que recayera en una de sus sobrinas la responsabilidad de asegurar la sucesión al trono del Imperio austríaco. Se fijó en la seria y humilde Elena, aunque reprobando la educación poco aristocrática que su hermana había impartido a sus hijos. Así que para ver a su hija en el trono imperial, la duquesa Ludovica se preocupó de enseñarle el francés, idioma oficial en las cortes europeas, así como el complicado ceremonial cortesano español. Elena, conocida familiarmente como Nené, acababa de cumplir veinte años, era bella, elegante, amable, muy religiosa y disciplinada en extremo.

Sissi
Ambas madres acordaron reunirse en Ischl, la residencia de verano de la familia imperial, con los dos jóvenes, que sólo se habían visto en una ocasión en Innsbruck, a fin de cerrar el compromiso. Para la ocasión, Ludovica se hizo acompañar también por otra de sus hijas, Isabel, llamada Sissi. No contaban con que el extraordinario encanto de la joven Sissi iba a cambiar sus planes. Esbelta y muy atractiva, en su rostro ovalado destacaban sus expresivos ojos, entre castaños y verdes, y su espléndida cabellera. Pero, sobre todo, su naturalidad la hacía distinta de las demás cortesanas a las que Francisco José estaba acostumbrado.
El emperador acababa de cumplir veintitrés años. Apuesto, de cabellos claros, ojos azules, buena estatura y una exquisita corrección de modales, contraviniendo los deseos de su madre, quedó prendado de su jovencísima prima Isabel. Así que decidió casarse con ella pese a las críticas de la archiduquesa Sofía. En la cena por el cumpleaños de Francisco José, se sentó a Isabel junto a éste, relegando a Elena a un puesto secundario en la mesa. Durante el baile, volvió a agasajar a la que sería su prometida dedicándole el cotillón, a pesar de que estaba previsto que lo bailara con Elena. Al día siguiente pidió la mano de Isabel a su tía.

Francisco José de Austria
Elena, pues, continuó en Possenhofen. Lo hizo desilusionada y afligida. Se sentía rechazada por Francisco José y traicionada por su propia hermana, puesto que había acudido a la cita convencida de que acabaría por convertirse en emperatriz de Austria. Ludovica supo enseguida levantar el ánimo de su hija. Había que encontrarle un marido. Ya tenía veinte años y, siempre taciturna y refugiada en la religión, corría peligro de convertirse en una solterona. El elegido fue el príncipe Maximiliano von Thurn und Taxis, miembro de una importante familia que había hecho su fortuna gracias al sistema del monopolio de postas. Con el beneplácito de los padres de él, que vieron así la oportunidad de emparentar con el emperador, Ludovica lo invitó a Possenhofen para que conociera a su hija, y en esta ocasión triunfó en su plan, acordándose el matrimonio de los jóvenes.
Sin embargo, el rey Maximiliano II de Baviera, tío materno de Elena, disentía en cuanto a la principesca Casa de Thurn und Taxis que, aunque rica y de antiguo linaje, no tenía ni la realeza ni el poder de los Wittelsbach, dinastía de la que descendían los padres de Elena, aunque en una línea colateral. Aún así, Isabel, que se sentía en deuda con su hermana, intercedió en favor del matrimonio y gracias a ella llegó el consentimiento real, acordándose que Elena seguiría manteniendo tras su matrimonio el rango de Duquesa en Baviera conjuntamente con el tratamiento de Alteza Serenísima y el título de Princesa Hereditaria de Thurn y Taxis. La boda se celebró en Possenhofen el 24 de agosto de 1858. El 22 de diciembre, los esposos entraban en Ratisbona acogidos por un caluroso recibimiento popular.

Elena de Baviera
Lo cierto es que para entonces la relación entre Isabel y Elena hacía tiempo que se había serenado, ya que ambas se querían mucho y eran confidentes. El caso es que la emperatriz tenía en Elena una fiel amiga en la que desahogar sus angustias en la corte de Viena y los enfrentamientos con su suegra. Siempre hablaban entre ellas en inglés, una lengua incomprensible para la mayoría. También acudió, junto a su madre, a Corfú, donde Isabel se había refugiado ante la ahogante situación que vivía en Viena. El consejo dado por Elena era siempre el mismo: llegar a un acuerdo y tener paciencia con la tía Sofía.
Durante unos años, Elena se reconcilió con la vida. El matrimonio consiguió ser feliz, pues a pesar de que Maximiliano no era guapo, sí era un joven inteligente que supo apreciar las virtudes de su esposa. Y como ella, era un hombre muy religioso y amante del hogar y la familia. De gustos sencillos, la pareja no aspiraba más que a ver crecer juntos a los cuatro hijos nacidos del matrimonio: Luisa Matilde, Isabel María, Maximiliano y Alberto.

Pero la felicidad conyugal no duró mucho y al poco crecieron las preocupaciones por el estado de salud de Maximiliano, que había engordado y envejecido en exceso. Cuando los médicos encontraron el diagnóstico ya era demasiado tarde pues se trataba de una grave patología nerviosa que no supieron curar ni los mejores especialistas llegados a Ratisbona para tratarlo. Moría poco después a los treinta y seis años. Elena se desesperó por el dolor y pese a ello, acudió a la misa celebrada ante la tumba de su marido. Pasó mucho tiempo hasta que recobró la serenidad. Compró el castillo de Tuntzig, sobre el lago Starnberg, para estar cerca de su familia, pero una serie de sucesos la obligó a hacerse con las riendas de la herencia de sus hijos pues su suegro acababa de morir y, tras la unificación alemana, Bismarck había privado a los Thurn und Taxis del monopolio del servicio postal que reportaba gran parte de los ingresos de la familia.
Con la muerte de su suegro, el cargo de cabeza de familia fue cedido a su hijo Maximiliano cuando éste llegó a los veintiún años, convirtiéndose en el VII Príncipe de Thurn und Taxis. Pero su precario estado de salud propició que muriera anticipadamente, siendo sucedido por su hermano menor, Alberto, que no se hizo cargo del principado hasta dos años después, cuando cumplió la mayoría de edad. En 1881, cuando sólo tenía veintiún años, falleció su hija Isabel, que se había casado con el príncipe portugués Miguel de Braganza. La muerte le sobrevino a consecuencia del parto de su tercer hijo.

St. Emmeram's Abbey
Elena buscó descanso, pero pasado un tiempo, en el que murió también su hijo Maximiliano, la desesperación se transformó en locura y en un deseo de alejarse del resto del mundo. No obstante, el joven Alberto dio la impresión a su madre de ser un buen príncipe, por lo que recobró mayor serenidad aunque jamás llegó a recuperarse de la muerte de su marido e hijos. Hacia el final de su vida, enfermó gravemente por una inflamación de la garganta que le impedía comer. Las fuerzas la abandonaron al tiempo que tenía fiebres altas y delirios. Su hermana, la emperatriz Isabel, permaneció junto a ella hasta el fin. Murió en 1890. El funeral se produjo en un clima de gran dolor por los habitantes de Ratisbona, siendo sepultada en la cripta de la familia Thurn und Taxis, en St. Emmeram's Abbey.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Elena_de_Baviera
María Pilar Queralt del Hierro, Mujeres de vida apasionada. 2010 La Esfera de los Libros S.L.
4 comentarios:
Estupenda entrada, Magnolia, la verdad es que se conoce poco de la familia de Sissi y lo poco nos ha llegado distorsionado. Voy a leer la otras entradas que me he perdido.
Besos
Hola Magnolia!! Me encantó el post. Vi la película de Sissi y me gustó mucho pero no conocía bien la historia de su hermana. Pudo casarse y ser feliz un tiempo, pero luego su vida fue muy triste.
Feliz fin de semana!!
Besossssss
Gracias Elysa :-) La más célebre de esta familia es Sissi, conocemos su historia gracias a las películas que inmortalizara la desaparecida actriz Romy Schneider y la serie de novelas juveniles, pero con un tono rosa que nada tiene que ver con la verdadera vida de la emperatriz, que fue muy infeliz. Pero sus hermanas no se quedan atrás en cuanto a infortunios. Me falta Matilde, que no encuentro mucho sobre ella.
Besos, feliz fin de semana
Hola Gabriela! Nené debió de pasarlo muy mal viéndose desplazada por su hermana, después de haberse preparado para convertirse en emperatriz de Austria y haber asumido que lo sería. Las únicas hermanas que llegaron a ocupar un trono como consortes fueron Sissi y María, Sofía estuvo a punto de ser reina de Baviera.
besos amiga, feliz fin de semana :-)
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