Constancio, el magíster millitum de Honorio, se mostraba celoso, envidioso de la suerte de Ataulfo, y animó al emperador a proclamar la guerra contra los visigodos. Honorio accedió, la boda de su hermana había sido una infamia, un ultraje para el pueblo romano. Con presteza se organizaron los ejércitos de Roma, se recurrió a la alianza con las tribus bárbaras del Rhin. Una inmensa mole guerrera encaminó sus pasos hacia el sur de las Galias. Y la guerra estalló con total virulencia, batallas sangrientas, miles de muertos. Los godos apenas podían resistir el empuje furioso de los romanos. Constancio estaba determinado a recuperar a Gala Placidia y matar con sus propias manos al rey Ataulfo. Fue una campaña relámpago en la que los visigodos no tuvieron otro remedio sino retroceder, tuvieron que replegarse hacia el sur. Y en el sur se encontraba la fértil Hispania. Entre los visigodos también existían las conjuras. De hecho, el listado de los reyes godos está teñido de sangre. Sólo la mitad de los monarcas murieron pacíficamente en la cama, el resto fueron asesinados mediante la espada o el veneno. Y Ataulfo no permaneció ajeno a esa leyenda negra. Nos encontramos en agosto de 415 d.C. Unos magnates godos se han rebelado contra el, que entienden, blando Ataulfo. Dicen que el rey está dominado por los efluvios de la romana, que es ella quien toma las decisiones que deben dirigir al pueblo godo. Dicen que Ataulfo ha sido víctima de un embrujo, el de la bella e inteligente Gala Placidia. Sigerico se pone al frente de la conjura y manda a un esclavo, llamado Dubius, para que asesine al rey. Ataulfo, muy apenado por la muerte prematura de su hijo Teodosio, meditaba en las cuadras reales, contemplaba a sus caballos. En medio de la penumbra, surgió Dubius, quien desenvainó su espada y asestó un golpe mortal por la espalda al rey visigodo.
Gala Placidia conoció la noticia y corrió rauda a las cuadras reales. Allí encontró moribundo a su esposo. Dicen que se abrazaron en un tremendo momento de agonía. Ella era consciente de la suerte que podía correr, pero, sobretodo, lo que inundaba de pena su corazón era la desaparición del hombre al que más amó, el rey Ataulfo. El rey llegó a susurrar que su heredero debía de ser su hermano Walia. Pero fue Sigerico quien ocupó el trono tras la muerte de Ataulfo, y comenzó una semana trágica para el pueblo visigodo. Lo primero que hizo fue matar a los seis hijos del primer matrimonio del asesinado rey. Su rabia contra los romanos la expresaba con estas palabras: “ Ataulfo humilló a mi linaje en las Galias. Llegada es la hora de cobrarme sanguinaria venganza en él y en esa romana que tiene por esposa ”.
Sigerico
Sigerico sometió a toda suerte de vejaciones a la reina Gala Placidia. La degradó dándole el tratamiento de esclava y la torturó, pero no se atrevió a ejecutarla. Durante el desfile previo a la coronación, el nuevo rey la hizo caminar descalza delante de su caballo, mezclada con un verdadero enjambre de esclavos, durante dieciséis kilómetros, que era la distancia de ida y vuelta habida entre la residencia real y la Catedral de Barcelona, en aquel entonces de rito arriano, lugar donde fue coronado. Gala Placidia soportó todo esto con absoluto estoicismo. Había pasado de reina y esposa querida a viuda y prisionera de un hombre con un odio sin límites. Pero el poder de aquél rey solamente duró una semana. Walia supo reunir a cuantos efectivos pudo, y a cuantos apoyos dentro de la nobleza supo, para derrocar a Sigerico y asesinarlo.
Walia asumió el poder de los visigodos. Siendo muy respetuoso con la que había sido su cuñada y su reina, restituyéndole todos sus honores, enseguida envió mensajeros a Roma para provocar un intercambio. El pueblo visigodo andaba hambriento. Consiguió hablar con el emperador Honorio para canjear a Gala Placidia, devolverla a su mundo romano, a cambio de 600.000 mil modius de trigo. Los romanos accedieron. La princesa viajó de regreso a Roma con su séquito y tuvo un recibimiento multitudinario acompañada por su hermano Honorio y el general Constancio.

Y aquí comienza la segunda etapa romana de Gala Placidia. El rey Walia quedó encargado, como aliado de Roma, para intentar someter a los suevos, a los vándalos y a los alanos. Intentar ser tropa auxiliar de Roma para reconquistar la península ibérica. Y mientras tanto, Gala Placidia tuvo que acceder a un matrimonio forzoso con el general Constancio. El emperador despreciaba a su hermana por lo que había hecho, pero no dejaba de ser una princesa de Roma e hija del gran Teodosio. Por tanto, consintió el matrimonio con Constancio y de esta unión nacieron dos hijos: el futuro emperador Valentiniano III y Honoria.
Constancio fue declarado emperador junto con Honorio en el año 421. Pero murió meses después, quedando Gala Placidia nuevamente viuda, aunque sucediendo en el trono a su marido, gobernando Roma conjuntamente con su hermano. Hasta que, por sus diferencias con Honorio, tuvo que exiliarse a Constantinopla acompañada de sus dos hijos, donde permaneció hasta la muerte de su hermano. Y mientras que Valentiniano conseguía la mayoría de edad, su madre regentó los designios del Imperio Romano de Occidente y dicen que fue la más hábil, la más inteligente, la más educada, la más refinada … que los romanos fueron felices en aquél período. Finalmente, Gala Placidia consiguió el sueño de ver a su hijo en el trono imperial.
En la etapa final de su vida mandó construir diversas iglesias como muestra de su fe cristiana. Mandó edificar las basílicas de San Juan Bautista y de la Santa Cruz en Rávena. De la segunda sólo queda el oratorio de San Lorenzo, conocido como el mausoleo de Gala Placidia, donde quedaron depositados los cuerpos de Teodosio, de Constancio, de Honorio, el de su hijo Valentiniano, el de ella misma. Pero sólo faltaba un cuerpo en ese panteón familiar. Si, estaba rodeada por hombres importantes de su vida, pero faltaba su gran y definitivo amor, su único amor, el hombre al que se entregó por completo, en cuerpo y alma. Faltaba el rey Ataulfo, que cumpliendo con los rituales visigodos, fue incinerado para que su alma pudiera ascender más rápidamente a los cielos.
Gala Placidia falleció en el año 450 d. C. Tenía sesenta años y dicen que no había perdido ni un sólo ápice de su belleza. Fue la mujer más importante del siglo V y por fortuna para ella, porque amaba profundamente a Roma, no llegó a ver como Atila, rey de los hunos, desolaba aquellos territorios natales suyos y por supuesto, no vio como en 476 desaparecía la mismísima Roma.
Mausoleo de Gala Placidia, Rávena
Fuentes: http://larosadelosvientosporsecciones.wordpress.com/2008/04/08/pasaje-de-la-historia-%E2%80%93-gala-placidia/ http://aamr.cat/Articles/Gala_Placidia_castellano.htm http://es.wikipedia.org/wiki/Gala_Placidia
David González Ruiz, Breve historia de las leyendas medievales. 2010 Ediciones Nowtilus S.L.

5 comentarios:
Intensa y larga vida la de esta mujer. De todo le toco vivir, de lo más alto a ser esclava y vuelta a sus origenes.
Gracias por presentarmela.
De nada Elysa, estoy encantada de desempolvar las viejas páginas de la Historia y sacar a la luz a grandes mujeres olvidadas como Gala Placidia. Sorprende que la vida de esta reina no haya sido llevada a la gran pantalla porque tiene todos los ingredientes para atraer al público.
Su vida es como una montaña rusa: descender, elevarse, caer y volver a ascender. Todo esto en un período histórico decadente: la agonía de una era, de un tiempo, de un modo de vida, el final de imperios milenarios ... el tramo final para entrar en la Edad Media. Una nueva era que Gala Placidia no llegó a pisar, quedándose como una de las últimas grandes mujeres de la Antigüedad.
Un abrazo :-)
Una mujer interesada además por el mecenazgo. La verdad es que reunía todas las dotes para ser un gran reina como demostró. Menos mal que la Parca se la llevó antes de que Atila arrasara con su querida Roma.
Besitos
Que maravilla de mujer la que hoy nos presentas. Tan inteligente que fue capaz de luchar contra todos sus enemigos y vencerlos.
Gracias Magnolia por abrirnos las puertas de la historia.
Saludos desde Málaga. Pepa
Una gran princesa romana, culta, valiente y muy inteligente. Me pregunto qué habría sucedido si la vida le hubiese regalado unos años más a Gala para ser testigo de la llegada de Atila, ¿ la veríamos animosamente organizando las defensas del imperio?
besitos Carmen, ahora me viene una época de exámenes. Siento que no se me vea mucho el pelo por el mundo bloggero. Esperemos que para el verano me pueda pasar más a menudo por aquí.
Las puertas de mi blog siempre estarán abiertas para ti Pepa. Un abrazo a la tierra malagueña :-)
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