VIVIENDO EN THE MORE
Más de doscientas personas acompañaron a Catalina a su nueva residencia, cincuenta servidores de cámara y treinta damas de honor. Entre ellas figuraban una de sus grandes amigas, María de Salinas – viuda de Lord William Willoughby de Eresby-, Elizabeth Darrell y Jane Seymour. The More era uno de los palacios más bellos de toda Inglaterra. A pesar de estar muy descuidado, por los años de abandono por parte de Wolsey primero y de Enrique después, sus jardines franceses estaban considerados como los más elegantes y los más envidiados de todo Londres.
Parece ser que la llegada de Catalina al destartalado palacio, sirvió para darle vida y luz a las olvidadas estancias. La reina no tardó en preocuparse de cuidar el jardín y cada uno de los salones. Y en diversas ocasiones invitó a los embajadores de Venecia para que le hicieran compañía. Pero pocos cortesanos iban allí a presentarle sus respetos. Catalina se esforzaba en recibir a sus visitas con una sonrisa en los labios, pero el embajador Chapuys estaba alarmado por el cambio que el dolor había causado en ella. Fue por esas fechas cuando las cartas de Catalina a su sobrino adquirieron un tono más triste. Ella todavía seguía pensando que su esposo era un príncipe básicamente bueno y que sus servidores lo llevaban por mal camino, " es una pena que una persona tan buena y virtuosa sea así engañada y extraviada cada día ". Y firmaba: Katherina sin Ventura Regina.
Catalina supo que, tras su marcha o expulsión de la corte, el rey no había tardado ni siquiera veinticuatro horas en darle a Ana Bolena sus aposentos reales. Ana ahora era la dueña y señora del ala de la reina y en breve, si todo seguía así, sería la dueña de la corona de Inglaterra. Al abandonar Catalina la corte, su facción perdió poder.
La reina celebró la Navidad en The More y procuró mostrarse alegre en honor de sus damas. Según su costumbre, envió a su esposo un valioso presente, una exquisita copa de oro, que éste ordenó devolvérsela y que no le enviara más regalos. Es más, exige a sus cortesanos que se olviden de la reina e intenta infundir la mayor alegría en los regocijos que ya preside Ana Bolena. Pero el vacío de Catalina y sus damas parecía pesar en la corte y el ambiente en Greenwich estuvo poco animado aquella Navidad.
Bajo los auspicios de Cromwell, el Parlamento introduciría una serie de medidas cuya finalidad era restarle poderes jurídicos y financieros al Papa sobre la Iglesia de Inglaterra, y poner término de forma satisfactoria a la Gran Cuestión. En mayo de 1532 se produce la sumisión del clero. Tomás Moro dimitió de su cargo de Lord Canciller y se retiró de la vida pública.
LA ENTREGA DE LAS JOYAS DE LA REINA
En la corte se estaba preparando un nuevo viaje del rey a Francia. Enrique VIII quería volver al continente para entrevistarse con Francisco I. Buscaba el apoyo del rey francés para alcanzar su deseada separación matrimonial. Estaba decidido a tener a Ana a su lado durante toda la visita a Francia. El rey exigió a Catalina que entregase las joyas oficiales de las reinas de Inglaterra para que Ana pudiera lucirlas en aquella ocasión. Pero la reina, indignada, declaró que no renunciaría a lo que era legítimamente suyo para adornar a “ una persona que es una deshonra para la cristiandad y está acarreando el escándalo y la desgracia al rey por llevarla a un encuentro como el de Francia ”. Pero Enrique insistió y Catalina no tuvo más remedio que obedecer. Con el fin de aumentarla de categoría y ponerla a la altura de algunas de las damas nobles con las que se relacionaría en Francia, el rey creó par del reino a Ana Bolena y le otorgó el título de marquesa de Pembroke con una renta anual de 1000 libras y varias propiedades.
EL EMBARAZO DE ANA
A principios de enero de 1533, Ana estaba embarazada. Enrique seguía casado con Catalina, el Papa no había anulado el matrimonio y el tema iba para largo. Rodeado de astrólogos y adivinos que le predicen todos sus deseos, el rey espera un hijo varón. Enrique decidió que debían contraer matrimonio en breve y así convertir al niño que Ana guardaba en su seno, en el ansiado príncipe heredero. Enrique no podía volver a tener un hijo bastardo. Ese vástago debía nacer dentro del matrimonio. En la última semana de ese mes, el rey se casó en secreto con Ana Bolena. Con todo descaro había cometido el delito de bigamia, al estar casado con dos mujeres a la vez.
Mientras tanto, había que vigilar a la princesa María y evitar que se comunicara con su madre, porque de ahí, pensaban con razón el rey y su camarilla, provenía su fortaleza. María protestará por aquella medida, pero se seguirá comunicando en secreto con ella. Mucho las ayudaban fieles servidores y amigos en la corte.
TRASLADO A AMPTHILL
Catalina era trasladada de una residencia a otra. De The More a Bishop’s Hatfield, el palacio del obispo de Ely, y en algún punto se detuvo en Hertford Castle. En la primavera, la reina, que se alojaba en Easthampstead, recibió la orden de mudarse al castillo de Ampthill con una casa reducida. Su fiel amiga María de Salinas había sido despedida meses antes y se le ordenó que no intentara comunicarse con la reina. Fue probablemente en ese momento cuando se ordenó a algunas de las treinta damas de honor de la reina, entre ellas Jane Seymour, que se fueran a sus casas. Ampthill era un castillo imponente situado sobre una colina, en el centro de un atractivo parque bien arbolado, a unas veinte millas de Londres.
VISITA DEL CONSEJO REAL
La reina no había terminado de colocar sus pertenencias en su nueva residencia, cuando recibió la visita del Consejo real, encabezado por el duque de Norfolk y el duque de Suffolk, para que en virtud de su deber de fidelidad renunciara al título de reina y se sometiera a la voluntad del rey en la cuestión de su matrimonio, con la promesa de que, a cambio, el rey la proveería más generosamente de lo que ella podía esperar. Catalina respondió como solía, era y seguiría siendo la mujer de Enrique y la reina de Inglaterra. Entonces, hasta que se sometiera, sería una prisionera bajo la custodia de su antiguo chamberlain, Lord Mountjoy. Como no podía utilizar más el título de reina, sus criados debían llamarla princesa viuda y su pensión se reduciría a menos de un cuarto de lo que había recibido hasta ahora.
Catalina manifestó que los que la sirvieran, por muy pocos que fueran, deberían dirigirse a ella tratándola de reina. Declinaba asumir cualquier responsabilidad sobre su casa, estaba a merced de su esposo. Esperaba que le permitiera disponer de lo suficiente para su manutención, su confesor, su médico y dos doncellas que cuidasen de sus habitaciones. Si eso parecía demasiado, iría por los caminos pidiendo limosna. Norfolk le confirmó sus peores temores. Su resistencia, le dijo con cierta delicadeza, era inútil. Enrique se había casado con Ana Bolena. Catalina no derramó ni una lágrima en presencia de los duques pero su rostro fue el reflejo de una derrota.

CATALINA NO QUIERE UNA GUERRA
El embajador imperial Chapuys, lleno de indignación por el segundo matrimonio del rey, pensó que la solución estaba en una acción agresiva por parte del emperador. Una invasión salvaría la religión cristiana en Inglaterra. Dado " el gran daño infligido a la señora, vuestra tía", le escribió a Carlos V, " no podéis evitar hacer la guerra ahora a este rey y este reino". El Papa " debía invocar el brazo secular", es decir, llamar a la guerra. Chapuys también proponía una forma de sanción económica, agregando que los escoceses estaban ansiosos por ayudar, mientras que el rey francés no se movería.
La reina Catalina no deseaba ninguna acción semejante, como se apresuró a decírselo a Chapuys. El derramamiento de sangre por ella le resultaba horrible de contemplar. " No pediré la guerra a Su Santidad, moriré antes que provocar una cosa así ". Y así se lo hizo saber a su sobrino el emperador. Su postura estaba muy clara, por ella nadie derramaría una gota de sangre inglesa. No daría ningún paso para escapar de su detención o para ir a un lugar seguro, ni participaría en planes a tales fines. Semejante acción, dijo " sería un pecado contra la ley y contra mi marido legítimo, del que nunca seré culpable". Chapuys debió admitir que Catalina era tan " escrupulosa que se consideraría condenada eternamente si consentía algo que pudiera provocar una guerra ". Carlos actuó como quería su tía. No movió a ningún soldado.
EL MATRIMONIO DE ENRIQUE Y CATALINA ES DECLARADO NULO
En los primeros días de mayo de 1533, el arzobispo Cranmer creó un nuevo tribunal en el pueblo más cercano de donde habitaba la reina Catalina. En la villa de Dunstable se pidió la comparecencia de la reina pero ella nunca acudió. Ignoró a ese tribunal como hizo con el de Blackfriars. Cranmer la declaró en rebeldía. Para el rey y sus seguidores esa actitud contumaz era la idónea para anular su matrimonio y desposeerla del título de reina.
El 28 de mayo de 1533, el complaciente arzobispo dio por válido el matrimonio de Enrique VIII y Ana Bolena, y a su vez anuló el de Catalina de Aragón. La princesa María se convertía en hija ilegítima según las leyes inglesas. En Europa se informaba que la iban a despojar de su título llamándola solamente " Lady Mary ", que el rey la iba a confinar en la Casa de Ana Bolena, que no la casaría fuera del reino y todavía algunos apuntaban que la haría profesar.
Catalina, al conocer la noticia, lloró. En el sitio donde estuvo construido el desaparecido castillo de Ampthill, el conde de Upper Ofory erigió en 1773 un crucero, con las armas de Enrique VIII y de Catalina de Aragón y una inscripción en la base: " puras pero inútiles lágrimas " las que derramó la reina y " ciego celo que la sostuvo en sus años de declive".
Catalina, al conocer la noticia, lloró. En el sitio donde estuvo construido el desaparecido castillo de Ampthill, el conde de Upper Ofory erigió en 1773 un crucero, con las armas de Enrique VIII y de Catalina de Aragón y una inscripción en la base: " puras pero inútiles lágrimas " las que derramó la reina y " ciego celo que la sostuvo en sus años de declive".
Fuentes:
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A.
Maria Jesús Pérez Martín, Maria Tudor: La gran reina desconocida. 2008 Ediciones Rialp, S.A
Luis Ulargui, Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII. 1998 Ediciones B Argentina, S.A.






10 comentarios:
¡Qué triste final para Catalina! y también para Lady Mary... esa Bloody Mary a la que ya desde niña le tocó sufrir.
Y que lástima, no sólo de ellas, sino de todas las mujeres a las que Enrique VIII ha hecho padecer ¿estaría maldito?...
Me ha gustado mucho tu entrada, Manolia, te felicito.
Un saludo!
Qué vida más triste, la de esta mujer. Aunque no fue la única, casí todas las mujeres de Enrique no acabaron muy bien que digamos.
Besos
Gracias C.G Aparicio por tu felicitación :-) Me está llevando mucho tiempo contar la vida de Catalina de Aragón porque está llena de sucesos importantes para la historia y es muy intensa. Iré avanzando poco a poco en esta última etapa y la más penosa de su vida.
Pobre María, me parece tan injusto que después de todo lo que tuvo que pasar su madre para defender sus derechos al trono y sus esmeros por hacer de ella una reina instruida y preparada, tuviera ese corto reinado tan convulso y que haya pasado a la historia como Bloody Mary cuando su padre también puede ser llamado Bloody Henry y en el reinado de su hermana Elizabeth también hubo persecuciones, torturas y muertes ...
Cristina de Dinamarca se negó a casarse con Enrique y quién sabe si esto le salvó la vida, qué inteligente esta mujer ...
Un abrazo
Dos repudios, dos decapitaciones, una muerte tras el parto ... y es posible que su última esposa Catalina Parr terminase en el patíbulo de no haber muerto antes Enrique. Por no hablar de lo mal padre que fue para sus hijas y de los aspectos negativos de su reinado.
Besos Elysa
Los Tudor, una familia llega de injusticia y deslealtad.
Saludos,
Postes de madera
Los Tudor fueron pocos reyes pero han dado mucho que hablar :-)
Saludos Todo pasa
Mujeres con una gran personalidad que son capaces de luchar contra el poder establecido y rebelarse contra toda injusticia.
Me ha encantado como siempre tu publicación.
Saludos desde Málaga y buen fin de semana Magnolia.
Gracias Pepa, la lucha de Catalina es la defensa de su dignidad y la de su hija. Se llama a Catalina intransigente y testaruda por no bajar la cabeza, aceptar las condiciones que le imponía su esposo y dejarle el camino libre. Si hubiera actuado así, hoy en día también se la criticaría, se diría que no tuvo personalidad ni agallas para defender lo suyo, que siempre estaba bajo el yugo de otros.
Feliz fin de semana amiga.
besos
Muy buenas, considero que catalina fue una gran heredera al trono y lo hizo muy bien. Aunque cabe resaltar, que en si los tudor dejaron una gran marca en la historia.
Saludos,
Maquinas de Soldar
Saludos Nada te Turbe,
Te doy la razón, todos los integrantes de la dinastía Tudor aportaron su granito de arena para hacer que esta familia tenga un gran peso en la Historia.
Feliz domingo
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