domingo, 27 de marzo de 2011

MARÍA ANTONIETA DE AUSTRIA, Reina de Francia ( II )



Por fortuna, poco después de subir al trono, los acertados consejos de su cuñado, el futuro emperador José I de Austria - que por indicación de su madre la emperatriz se desplazó a París para interesarse por los problemas sexuales de su cuñado- y ciertos cuidados médicos, consiguieron que en poco más de siete años Francia no contara con un solo heredero sino con cuatro: dos muchachos, Luis José, que murió de forma prematura, y Luis XVII. Y dos niñas, María Teresa, que pasó a la historia como Madame Royal, y María Sofía, que sólo vivió unos pocos meses. La maternidad llenó de felicidad a María Antonieta y fue una excelente madre. Pero ello no impidió que continuara con su frenética actividad social.

María Antonieta se rodea de una pequeña corte de favoritos - la princesa de Lamballe, el barón de Besenval, el duque de Coigny, la duquesa de Polignac- suscitando las envidias de otros cortesanos. Multiplica su vestuario y las fiestas, organiza partidas de cartas en las que se realizan grandes apuestas. Intenta influir en la política del Rey nombrando y destituyendo ministros caprichosamente o siguiendo los consejos interesados de sus amigos.




La reina recibió de su esposo el Petit Trianon como regalo de coronación y lo convertirá en su retiro favorito cuando deseaba escapar de la corte. El palacete contaba con un zoológico, un jardín, una escuela botánica, un invernadero y un pequeño teatro, en donde la reina solía protagonizar representaciones teatrales. El pequeño comedor, construido por Luis XV, fue transformado por María Antonieta en sala de billar.

En las proximidades del Petit Trianon se construyó el Hameau de María Antonieta o también llamado la Aldea de la Reina. Gustosa del contacto con la naturaleza, la soberana confiará al arquitecto Mique la construcción de una aldea normanda que reflejara la vida campestre. El resultado fue un pequeño pueblo compuesto por una docena de edificios rústicos, pequeñas casas con techos de paja, pizarra y balcones de madera, con lago y cisnes, varios tipos de animales, molinos, huertos, una casa de campo, una herrería, una panadería, una torre, un palomar y una lechería. Un pequeño y encantador mundo rural artificial. La reina visitaba la aldea acompañada de sus hijos y sus amistades más cercanas. Al recinto se accedía con previa invitación de la reina y en la aldea cada cual representaba un oficio o personaje concreto. Allí se podía pasar el día haciendo diferentes actividades como: ordeñar vacas, tomar leche, cosechar y comer frutos.




La corte en pleno vivía del todo ajena a las dificultades por las que Francia atravesaba por culpa de las malas cosechas. Día a día, crecía el descontento popular ante el lujo y la ostentación que imperaban en la corte mientras el país estaba al borde de la bancarrota y María Antonieta era la encarnación misma de la vida despreocupada de Versalles. La reina toma conciencia de su impopularidad y trata de reducir sus gastos, especialmente los de su mansión, lo que provoca nuevas críticas y un gran escándalo en la corte cuando sus favoritos se ven privados de sus cargos. Todo es inútil.

En poco tiempo el país entero se llenó de pasquines y caricaturas alusivos a la reina, donde aparecía con el apelativo de Madame Déficit o como un ave orgullosa y estúpida a la que se calificaba de poule autrichienne ( gallina austríaca). Es acusada de estar en el origen de la política anti-parlamentaria del rey y de nombrar y destituir a los ministros. En 1788 es ella la que induce al rey a despedir al impopular Loménie de Brienne y sustituirle por Necker. Ya es demasiado tarde, Luis XVI había sido demasiado débil.




Una verdadera campaña de desprestigio se desató contra ella desde su acceso al trono. Sus faltas, exageradas por la opinión pública y consideradas como ejemplo vivo del desenfreno de la corte, no fueron otras que su desprecio a la etiqueta francesa, sus extravagancias y la constante búsqueda de placeres en el fastuoso grupo del conde de Artois, así como sus caprichosas interferencias en los asuntos de Estado para encumbrar a sus favoritas. Se la acusó de tener amantes - como su cuñado el conde de Artois o el conde sueco Axel de Fersen - e incluso de mantener relaciones lésbicas con la duquesa de Polignac o la princesa de Lamballe, de despilfarrar el dinero público en frivolidades y sus favoritos o de apoyar los intereses de Austria. Pronto fue conocida entre el pueblo con el despectivo mote de " la austríaca ".

Axel de Fersen era un apuesto militar sueco, hijo de un mariscal de Campo del rey de Suecia. Completaba en París su formación militar, causando gran sensación por su apostura. Parece ser que se habían conocido casualmente en 1779 en un baile de carnaval. Además de contar con numerosas conquistas femeninas, durante el invierno de ese año, frecuenta con asiduidad los salones de María Antonieta con la que tiene un trato muy familiar. El caballeroso militar, para no comprometer el buen nombre de la reina, pidió ser destinado a América y luchar junto con los colonos norteamericanos contra las tropas británicas. No obstante, en 1783, concluida la campaña americana regresó a París, donde volvió a frecuentar la compañía de la reina.




No resultaba una situación fácil. Cierto que en la corte de Versalles eran muchas las damas que gozaban de la compañía de un chevalier servant, es decir, un galán con el que mantenían un coqueteo más o menos inocente. Pero, en el caso de la reina, por razones dinásticas, éste no debía traspasar jamás la puerta de su alcoba. Parece ser que María Antonieta vivía bien las limitaciones de la relación, pero no así Axel de Fersen, quien escribió a su hermana: “ Estoy decidido. Nunca me casaré. No puedo ser de la única persona a la que quisiera pertenecer, la única a la que quiero verdaderamente y, por tanto, no quiero ser de nadie ”. Y, decidido a no soportar más esta situación, Fersen se unió a las tropas de Gustavo III de Suecia, por entonces de campaña en Italia.

La relación con María Antonieta se convirtió entonces en epistolar. Los enamorados cruzaron infinitas cartas que ella firmaba como “ Josefina ” y sellaba con un emblema formado por una paloma volando y un lema: Tutto a te me guida ( Todo me lleva a ti). Así, hasta que llegaron a Italia noticias de los acontecimientos ocurridos en Francia.



Fuentes:
María Pilar Queralt del Hierro, Mujeres de vida apasionada. 2010 La Esfera de los Libros S.L.
http://sobrefrancia.com/2009/12/07/el-hameau-de-maria-antonieta/ http://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Axel_de_Fersen
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Antonieta_de_Austria http://www.viajerosanonimos.com/2010/06/04/maria-antonieta-en-versalles/ http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maria_antonieta.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Antonieta_de_Austria

4 comentarios:

A.K OFMANTH dijo...

Maria Antonieta, sin duda una de las mujeres más famosas de la historia. Debo confesarte que amo lo relacionado a ella. Muy buena entrada, te felicito. Y aprovecho para decirte que acabo de descubrir tu blog y esta muy interesante.
Aprovecho humildemente para invitarte a que te pases por el mío, voy empezando (Hoy 3 de Abril) con una pequeña entrada sobre un suceso sobre el "fantasma" de Ana Bolena y estoy preparando una pequeña biografía sobre ella. La primera parte estoy por terminarla y creo que la postearé en estos días. De ante mano gracias y repito: Felicidades por tu blog, muy interesante.

Mi blog:

http://dereinasyotroscortesanos.blogspot.com/

Magnolia dijo...

Gracias por tu invitación. Acabo de estar en tu blog del que me he hecho seguidora, un abrazo :-)

Aldo dijo...

Dice Carmina Verdejo en su obra sobre Maria Antonieta que esta no fue ni mala ni buena, simple y llanamente fue humana, creo que quisas no fue buen reina pero muchos se exageraron sus errrores para perseguir otros intereses cro que Maria Anotoniete no tenia la mas minima idea de que un cambio tan brusco como una revolución podria darse ...

Magnolia dijo...

Con sinceridad pienso que el gran error de María Antonieta fue no ser consciente de los problemas que tenía el pueblo y vivir en su mundo de lujo y frivolidades de espaldas a ellos. La actitud más acertada hubiese sido dedicarse de lleno a las obras benéficas y a la caridad, como solían hacer las reinas consortes. Se habría ganado el corazón del pueblo francés.

Un abrazo