El 2 de noviembre de 1755 , justo el misma día y a la misma hora en que Lisboa quedaba destruida por un terrible terremoto, nacía en Viena, la archiduquesa María Antonieta Josefa Ana, hija de los emperadores Francisco I y María Teresa de Austria. Creció entre mimos y cuidados en la fastuosa corte vienesa. Su padre la adoraba y su madre, como el país entero, estaba embelesada con su hija y no podía negarle ningún capricho.
De la emperatriz María Teresa había heredado una piel tersa y nacarada, unos espléndidos ojos azules y un cuello largo y estilizado que, como triste premonición, acostumbraba a subrayar con terciopelos y collares. Su padre, Francisco de Lorena, le legó una gran capacidad de seducción que le conseguía las simpatías de quienes la conocían y que le valió en muchas ocasiones para hacerse perdonar su incapacidad para la reflexión y el estudio. Así pues, guapa, zalamera e ingeniosa, María Antonieta siempre fue considerada en la corte vienesa como una pequeña joya.
óleo de Franz Xaver Wagenschön
Sus dos diversiones preferidas eran jugar con sus numerosos hermanos por los jardines del palacio de Schoenbrunn y esconderse de sus maestros. El compositor Gluck apenas consiguió hacer de ella una ejecutante mediocre de clavecín y sus profesores de idiomas sólo lograron que hablara francés bastante mal y que se expresara en alemán correctamente, pero nunca pudieron enseñarle ortografía, porque la princesa se ponía triste y los desarmaba con encantadores mohines.
A los doce años supo que iba a ser reina de Francia. Su madre se dispuso a hacer de ella una perfecta princesa parisina y le asignó dos expertos que se ocuparan a fondo de la futura cabeza real: un preceptor eclesiástico y un ilustre peluquero. El primero debía reforzar su fe y su francés, al segundo se le encomendó la no menos delicada misión de edificar en la cabellera de la infanta una versallesca torre dorada llena de bucles. Una semana después, ambos se confesaron derrotados. El preceptor aseguraba que María Antonieta poseía un cerebro ingenioso y despierto, pero rebelde a toda instrucción. El peluquero no podía culminar su obra debido a la frente demasiado alta y abombada de la joven.
En los primeros días de febrero de 1770, la joven archiduquesa abandonó la corte de Viena camino de Versalles. En Kehl, muy cerca de la frontera francesa, la escolta austriaca cedió su lugar a un escuadrón de caballería galo que debía conducir a María Antonieta hasta Compiègne, donde la esperaba Luis XV acompañado por el joven Delfín y la corte en pleno. Para el traspaso de la frontera por parte de la archiduquesa, se construyeron dos pabellones, simbolizando a las dos potencias aliadas. En el pabellón de Francia se encontraban la condesa de Noialles, dama de honor; la duquesa de Cossé, dama de vestuario; cuatro damas de palacio; el conde de Saulx-Tavannes, caballero de honor; el conde de Tessé, primer escudero y el obispo de Chartres, primer capellán. En el otro pabellón se encontraban las damas austríacas, que habían acompañado a la archiduquesa y la habían vestido con prendas francesas enviadas desde París.
Apenas cruzada la frontera, la princesa austriaca ya pudo demostrar sus buenas dotes de diplomática. Cuando el alcalde de Estrasburgo, por gentileza, le habló en alemán, la futura Delfina le respondió: “ Vous êtes tres gentil, Monseigneur. Mais, a ce moment-là je ne comprend que la langue française “ ( Gracias por vuestra amabilidad, señor, pero desde hoy sólo entiendo el francés ).
Las primeras complicaciones se presentaron el mismo día de la boda o, para ser más exactos, la misma noche. El futuro Luis XVI era un muchacho tímido, bonachón y de escaso atractivo, que en el momento de contraer matrimonio contaba con dieciséis años. Cuando nació no estaba destinado a convertirse en heredero al trono de Francia, pero una carambola del destino combinó la longevidad de su abuelo, Luis XV, con las muertes prematuras de su padre y su hermano mayor y, en consecuencia, se vio convertido en Delfín. Huérfano, pues, desde muy temprana edad, se crió bajo la tutela de Mesdames y de su ayo, el duque de La Vauguyon, uno de los escasos nobles que habían conseguido mantenerse incólume al libertinaje cortesano, quienes, velando por su integridad moral, le hicieron crecer instruido y piadoso pero, según escribió un embajador veneciano en 1767, “ salvaje y rústico como si hubiera crecido en el bosque ”.
Poco tenía que ver con su distinguida y coqueta esposa. En mayo de 1770 se celebraron sus solemnes esponsales. María Antonieta caminó hacia el altar, en el que la esperaba Luis, luciendo un vestido decorado con diamantes y perlas. Cerca de 6.000 invitados acudieron a la recepción que se celebró en la famosa Galería de los Espejos en el Palacio de Versalles. Después, se celebró un multitudinario baile en el Teatro de la Ópera de París, que se había construido especialmente para el enlace real .A la mañana siguiente, Luis escribió en su diario íntimo una escueta palabra: “ Nada ”. Terrible término cuando se refiere a lo acontecido en una noche de bodas, máxime cuando la joven esposa esperaba una buena dosis de placer y descubrimientos. La noticia corrió por Versalles como la pólvora, se extendió por todo París y llegó en forma de carta de la desposada hasta la cancillería de María Teresa.
La intimidad de los herederos franceses se convirtió en la comidilla de las cortes europeas. El desdichado Luis se limitaba a escribir la fatídica palabra día tras día, mes tras mes, y año tras año, en un diario que podía recibir muchas calificaciones menos la de íntimo. Sin embargo, pese a la carencia de vida sexual, entre la joven pareja reinaba una perfecta compenetración y una viva simpatía, lo que no impidió que la decepción sufrida en la cámara nupcial fuera el origen de la exacerbada frivolidad de la reina.
A raíz de su boda, María Antonieta se sumergió en una espiral de superficialidad y diversión que dañó de manera notable su imagen y acabó por engullirla. De hecho, su día se repartía entre la elaboración de su complicadísimo tocado y la práctica de la música, los juegos y las diversiones en unión de sus damas, amigos y cuñados, y en especial del joven conde de Artois, tan frívolo y superficial como ella, que cada día le preparaba mascaradas, conciertos, bailes o entretenimientos varios. No acertó tampoco en el reparto de sus simpatías. Su abierta protección al ministro Choiseul, al que calificaba de “ artífice de su ventura ”, la llevó a intrigar a su favor, lo que se interpretó como una defensa a ultranza de los intereses austríacos.
María Antonieta por Jean-Baptiste Gautier Dagoty en 1775
María Antonieta sintió un profundo desprecio hacia la amante del monarca francés Luis XV, Madame du Barry, a la que negaba el saludo ante la corte. Ante la petición de su madre, la emperatriz María Teresa, de que se mostrase cortés con la favorita, la joven Delfina se dignó a dirigirle unas palabras: " ¡ Hay, hoy, mucha gente en Versalles ! ".
En tal estado de cosas, el 10 de mayo de 1774, la viruela acabó con la vida de Luis XV. Al conocerse la muerte del rey, una gran multitud acudió a los aposentos de los hasta entonces Delfines de Francia y, entrando en los mismos, se dirigieron a la pareja como sus Majestades. Tanto Luis como María Antonieta quedaron impactados y arrodillándose exclamaron: « ¡ Oh, Dios mío! vamos a reinar demasiado jóvenes ¡ Dios mío, guíanos y protégenos de nuestra inexperiencia ! ». María Antonieta contaba entonces con diecinueve años y su marido, ya Luis XVI, con veinte.
Fuentes:
María Pilar Queralt del Hierro, Mujeres de vida apasionada. 2010 La Esfera de los Libros S.L.
http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_XVI_de_Francia
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maria_antonieta.htm
5 comentarios:
Interesante primera parte de la biografía. Efectivamente, a esta mujer le rodea un halo de frivolidad y fiesta.
Un saludo.
Gracias :-) si te ha parecido interesante esta primera parte, espera a leer lo que viene. Pienso que María Antonieta se convirtió en reina de Francia en el momento más inoportuno. Si el país hubiese nadado en bonanza y prosperidad, poco importaría que la reina disfrutase de fiestas y gastase dinero en vestidos y joyas y desde luego el fantasma de una revolución estaría muy alejado. Pero ante la crisis había que buscar un culpable y este no tenía que ser otro que la reina ...
Un abrazo Negrevernis
De acuerdo con tigo Magnolia, fue muy facil asignar la culpabilidad de todo a Maria Antonieta, es facil criticarla pero como ella muchas Reinas hicieron y se comportaron de forma parecida antes que ella y en la misma corte francesa, ejemplo de Ello la Reina francesa Isabel de Baviera...
Ciertamente Aldo, hubo reinas peores que ella en el trono francés pero se necesitaba que rodasen cabezas y cayó la de María Antonieta, una mujer con sus defectos y virtudes, en definitiva, un ser humano.
Maria Antonieta, foi a mulher mais
caluniada e injustiçada da História. Felizmente a verdadeira História foi descoberta no século xx e finalmente a sua memória foi reabilitada.
Maria Isabel
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