domingo, 20 de marzo de 2011

Isabel de Castilla y su boda con Fernando de Aragón ( II y última)


EL PRIMER ENCUENTRO

El 14 de octubre, Fernando viajó, en secreto, desde Dueñas a Valladolid para conocer personalmente a su prometida. Estaba a punto de caer la noche cuando llegó al Palacio de los Vivero, donde Isabel residía. El príncipe entró en la casa por una puerta trasera. El arzobispo Carrillo lo recibió, intentó besarle la mano pero Fernando le dio un abrazo, y lo condujo al lugar donde estaba la princesa. Como Isabel no le había visto nunca, uno de sus cortesanos, Gutierre de Cárdenas, le susurró quien era su prometido: “ese es”. En recuerdo de este detalle dispuso luego Isabel que dos eses figuraran en el blasón familiar de los Cárdenas.

Desde el primer momento en el que se vieron, se gustaron. Isabel tenía ante sí al príncipe audaz y arrojado que había arrastrado las mayores dificultades, y no pocos riesgos, para estar en aquella cita. Un atractivo joven de mediana estatura, algo más alto que ella, de cabello muy negro, ancho de hombros, fuerte musculatura, de mirada viva y alegre, frente despejada que cubría con el pelo peinándolo hacia adelante, barba tupida, astuto e inteligente, afable y con don de gentes. Fernando a su vez contemplaba a una bella princesa de dieciocho años, un año mayor que él, de estatura media, rubia y muy blanca, de ojos verde-azulados, de buen porte, incluso majestuoso, firme y animosa.
 


En esta secreta entrevista, que duró más de dos horas, asistieron como testigos cuatro caballeros aragoneses, por parte de Fernando, y dos de parte de Isabel.  El novio le entregó a la novia los acostumbrados obsequios. Un notario puso por escrito la promesa formal de matrimonio. En esta primera cita se trató la unión de la princesa de Castilla con el príncipe de Aragón y rey de Sicilia. Se establecieron estipulaciones contractuales definitivas y quedaron por decidir las numerosas cuestiones de protocolo, de tan vital importancia para los rituales de la monarquía. Esa misma noche, Fernando regresó a Dueñas.

Como Paulo II, que mantenía unas excelentes relaciones con Enrique IV de Castilla, se negaba a conceder la ansiada dispensa matrimonial a la joven pareja, y como lo que urgía era la boda ante el pueblo, resultaba obligado hacer una pequeña trampa. Algunos autores dicen que los eclesiásticos que rodeaban a Isabel la convencieron de que era suficiente la aquiescencia del legado para que pudiera contraer matrimonio sin preocupaciones de conciencia y el arzobispo Carrillo se puso a fabricar una bula firmada por el anterior Papa Pío II, que había muerto hacía cinco años, a fin de incluirla en el acta y evitar el posible escándalo. Isabel escribirá que tenía su conciencia saneada.

Fernando regresó a Valladolid el día 18 de octubre, y esta vez lo hizo cabalgando majestuosamente en compañía de varios caballeros. Al atardecer, rodeados por los buenos deseos de mucha gente, en el gran salón del Palacio de los Vivero, Isabel y Fernando escucharon al arzobispo Carrillo leer, primero, la supuesta bula que dispensaba el impedimento de consanguinidad y, después, el acuerdo matrimonial firmado por Fernando y por su padre. Los jóvenes principes se casaron en secreto y se separaron. Aquella noche Fernando durmió en casa del arzobispo.

 
 
EL MATRIMONIO DE ISABEL Y FERNANDO
 
La ceremonia religiosa se llevó a cabo al día siguiente en la Sala Rica del Palacio de los Vivero, oficiada por Pedro López de Alcalá, capellán mayor de la iglesia de San Justo. Actuaron como padrinos don Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla, y doña María, esposa de Juan Vivero. Los partidarios leales acudieron en gran número: allí estaban los Enríquez, Manrique y otros señores y caballeros, así como justicias reales y clérigos. Dicen las crónicas, hasta 2000 personas de todos los estados.  El ambiente estaba cargado de emoción y el rito se desarrolló con extraordinaria solemnidad, sin llegar a ser pomposo.

El arzobispo asistió al oficiante, Pedro López de Alcalá. La pareja le presentó la dispensa de consanguinidad y le pidió que los casara. El oficiante la leyó en voz alta y les declaró absueltos. Después de decir misa, dio la bendición nupcial a los contrayentes. Corrieron las lágrimas de alegría y los vivas de la multitud, propios de la ocasión, al contemplar a tan hermosos y tan importantes desposados. Eran, de momento, los reyes de Sicilia. Los festejos públicos duraron todo el día. Todo fue celebrado muy pobremente, pues tuvieron que pedir dinero prestado. Fernando llegó sin dinero e Isabel carecía de él.
 



NOCHE DE BODAS

Al anochecer los esposos se retiraron a la cámara nupcial, donde consumaron el matrimonio. En la puerta de la cámara esperaban los testigos, hasta que al fin pudieron recoger la sábana nupcial manchada de sangre, que demostraba la pérdida de la doncellez de Isabel, la cual al sacarla tocaron todas las trompetas y atabales y ministriles altos y la mostraron a todos los que en la sala, llena de gente, estaban esperándola. Valera, dando a entender que la condición de la sábana complacía a los testigos, añade sin embargo que éstos examinaron la habitación, seguramente para asegurarse de que no estaban siendo engañados.

Las fiestas subsiguientes duraron siete días, según era costumbre. La ciudad estaba llena de espías de Enrique IV y del marqués de Villena, pero esto no impedía las alegres expansiones de la mayoría de los que participaban del acontecimiento. Al final de las celebraciones, Fernando e Isabel asistieron a una misa oficiada por Carrillo y recibieron su bendición.



 
TIEMPOS DIFÍCILES

Isabel y Fernando comunicaron oficialmente su matrimonio al rey de Castilla y le confirmaron que estaban dispuestos a portarse con él como "obedientes hijos". Al mismo tiempo escribían a Juan II de Aragón para que tuviera preparadas mil lanzas en previsión de cualquier evento y para que enviase a Roma al obispo de Sessa a fin de obtener la dispensa del matrimonio. Después de la boda, la vida de la joven pareja se fue complicando. No tenían dinero y estaban cada vez más aislados en Castilla, donde los partidarios del rey se van agrupando y pasan a la ofensiva.

La situación se hizo tan difícil que los príncipes consideraron que no estaban seguros en Valladolid y en la primavera de 1470 se refugiaron en Dueñas, al amparo de las almenas y de las lanzas del conde de Buendía, y después, a partir de diciembre, en Medina de Rioseco.  Perdieron las villas de Valladolid y Medina del Campo que reducían gravemente la zona territorial controlada por los príncipes. Pero Asturias se mantenía firme en la adhesión a "su princesa" y Vizcaya invocaba la obediencia a los príncipes.

No llegaron ni a congeniar el viejo arzobispo Carrillo y el joven príncipe Fernando, produciéndose roces entre ambos. Con su ambición de gobernarlo todo, el arzobispo estaba convencido de que una vez convertidos en reyes sería su principal consejero y el auténtico dueño del reino, más se convertía en un aliado molesto y difícil que útil y provechoso. Solo la necesidad obligaba a los príncipes a buscar su alianza, aunque todas las señales indicaban que esta no podía durar mucho.



 
ISABEL EMBARAZADA 
 
A tales dificultades, a tales contratiempos hubo que añadir el embarazo de la princesa, con el riesgo de que diera a luz antes de que Roma legalizara su matrimonio con Fernando. En todo caso, y dada la mentalidad de la época, un hijo varón podía fortalecer su estado, dando la esperanza al pueblo de que al fin un príncipe castellano heredaría en su día la corona. Incluso Aragón parece aspirar a distanciarse. Juan II no ha respondido a la insistente solicitud de los príncipes, que desean un refuerzo de mil hombres de armas para hacer frente a cualquier posibilidad.

En septiembre de 1470, Pedro Vaca, un agente aragonés, se encuentra con el marqués de Villena y le propone casar a Juana de Castilla con el hijo que está esperando Isabel, si es un varón, y declarar heredera a esta pareja. Entonces se pedirá a los reyes de Sicilia -es decir, Isabel y Fernando- que salgan del reino. Villena, que creía tener todos los triunfos en su mano, rechazó la propuesta. Al enterarse de esas conversaciones, Isabel rompe en cólera.



 
EL NACIMIENTO DE LA INFANTA ISABEL
 
El 2 de octubre nace en Dueñas una niña, llamada Isabel como su madre, y todo se hizo más problemático. E Isabel, la madre, era tan consciente de ello que al dar la noticia al reino prefiere dar a entender lo contrario, como lo hizo con la carta que manda a las ciudades, de las que se conserva la enviada a Trujillo:

Sabed que por la gracia de Dios nuestro Señor -les dice-, yo soy alumbrada de un Infante, e por su inmensa bondad, quedé bien dispuesta de mi salud ...

El nacimiento de la pequeña es recibido con una cierta frialdad en el bando aragonés y una cierta alegría en el enriqueño. Obviamente fue intitulada como infanta de Castilla y Aragón, con lo que manifestaban claramente que Isabel aún se consideraba princesa de Castilla.




ENRIQUE IV DESHEREDA A ISABEL

Y a poco, la temida reacción de Enrique IV, con su declaración hecha en Valdelozoya en contra de la princesa Isabel acusándola de haber roto los acuerdos de Guisando con su matrimonio con el príncipe aragonés, por lo que la desheredaba, al tiempo que proclamaba a su hija Juana como la única y auténtica heredera del reino de Castilla. Declaración que completó con la boda de la niña Juana con aquel duque de Guyena que apenas si hacía un año había intentado casarse con Isabel. Escandalosa ruptura, porque además Enrique IV denunciaría la falsedad de la bula pontificia utilizada por los príncipes, que corrieron el riesgo de ser excomulgados por la Iglesia por su osadía.

Isabel se defendería de los ataques, acusaciones y amenazas vertidas por su hermano Enrique IV en Valdelozoya, en un largo escrito de más de diez folios. La llamada Autodefensa. En ella apareció la acusación de que el rey no estaba casado canónicamente con su mujer Juana de Portugal, y por tanto su hija era ilegítima y no podía ostentar ni el princesado ni la sucesión. Nótese cómo desplaza Isabel el peso de su argumentación: no se ceba en la ilegitimidad biológica de su sobrina Juana sino en la nulidad del vínculo canónico de sus padres.



 
EL CARDENAL RODRIGO BORGIA

Isabel y Fernando tuvieron que esperar dos años para que su matrimonio fuese legalmente canónico. Juan II de Aragón actuó con obsesión para conseguir de Paulo II la bula de dispensa matrimonial, que la obtuvo del siguiente pontífice Sixto IV el 1 de diciembre de 1471 y que fue traída en persona por el legado cardenal Rodrigo Borgia. Tenía el encargo de tantear a los príncipes, para averiguar si se podía contar con ellos para la defensa de la Cristiandad, ante la creciente amenaza turca. Recibido por Fernando en Valencia, a principios de septiembre de 1472, y por ambos príncipes en Alcalá de Henares, a mediados de febrero de 1473, el legado pontificio quedó favorablemente impresionado. Y sus informes enviados a Roma serían tan buenos, que Sixto IV les acabaría dando todo su apoyo, como futuros herederos de la Corona de Castilla.

Y no quedó ahí la cosa. El legado pontificio traía un capelo cardenalicio a favor de Pedro González de Mendoza, dejando bien patente al interesado cuánto se lo debía a los príncipes. Eso traería el distanciamiento definitivo de Carrillo, que lo había pretendido. Al tornadizo arzobispo de Toledo le sustituiría uno de los hombres más importantes y más leales de la alta nobleza castellana, el que andando el tiempo sería llamado el tercer rey de España, un Mendoza.
 


Fuentes:
Isabel La Católica. Ediciones Urbión S.A 1983
Manuel Fernández Álvarez, Isabel La Católica. Espasa Calpe S.A, 2006
Teresa Martialay, Isabel I. Homo Legens 2009
Tarsicio de Azcona, Isabel la Católica: Vida y Reinado. La esfera de los Libros S.L., 2002
Tarsicio de Azcona, Juana de Castilla, mal llamada La Beltraneja.  La esfera de los Libros S.L., 2007
Joseph Pérez. Isabel y Fernando:Los Reyes Católicos. Editorial Nerea 1997
Imágenes pertenecientes a la primera temporada de la serie " Isabel" (2012).
http://areaespaciosefimeros.com/es/portafolio/isabel
http://www.rtve.es/television/isabel-la-catolica/fotos/
http://www.facebook.com/isabeltve?ref=stream#!/pages/Foro-Serie-Isabel/171861902916132

2 comentarios:

Negrevernis dijo...

Se acerca la guerra civil en Castilla, pues.

Un saludo.

Magnolia dijo...

Asi es, estallará tras la muerte de Enrique IV. Pero el tema de confrontación y política de los Reyes Católicos lo dejaré para más adelante.

Lo próximo sobre Isabel de Castilla será los aspectos menos conocidos de su vida como el conyugal y doméstico. Me gusta descubrir la faceta humana de los personajes controvertidos: sus sufrimientos, sus inseguridades, sus debilidades, sus virtudes y sus defectos ...

Un abrazo Negrevernis

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