Fue por el año 1851, que un médico alemán llamado Federico Mayer realizó un viaje hacia Chile con el fin de radicarse algunos meses allí. Pero su viaje tuvo un destino diferente y tras cruzar la cordillera se quedó en Mendoza. Varios conocidos le recomendaron al médico que parara en la casa de la ilustre familia de Godoy Cruz. En una de sus visitas, don Tomás lo invitó a alojarse en su casa. El viajero aceptó la gentileza. La ciudad de Mendoza le parecía muy atractiva, la gente lo trataba muy bien, le encantaba pasear por la Alameda y por la calle de la Cañada en donde tomaba café. Nunca faltaba una invitación al joven extranjero a las tertulias y baile de la pequeña aldea. Pero un día, fue encarcelado y deportado por las autoridades, por no ponerse un chaleco rojo punzó, símbolo del gobierno de Rosas. Gracias a la intervención de don Godoy Cruz pudo salir de la cárcel y quedarse en Mendoza.
Allí, en uno de los famosos bailes que realizó la esposa de don Tomás, doña Luz Sosa, conoció a su hija Aurelia. Federico era un hombre muy atractivo: alto, ojos celestes, de origen sajón, impactó a muchas mendocinas que lo conocieron, en especial a Aurelia, quien le entregó su corazón de inmediato. Pero había otra persona que también se había enamorado de él: era su madre doña Luz.
Doña Luz Sosa, era una mujer joven y muy bella, también tenía un carácter muy despótico y dominaba el entorno familiar y sus bienes. Eran muy comentadas las fiestas que organizaba para la alta sociedad mendocina, en donde ella era la figura central. Al enterarse de que el doctor Federico Mayer había declarado su amor a Aurelia, ésta comenzó a despreciar a aquel hombre, poniéndole todo tipo de trabas para que el noviazgo no prosperara.
A pesar de los obstáculos, la pareja decidió casarse. El matrimonio se realizó, aprobado por don Tomás Godoy Cruz, pero no por doña Luz. Pero la felicidad del flamante matrimonio duró muy poco, ya que los desprecios de doña Luz no se hicieron esperar. El punto máximo de tensión llevó a doña Luz a presionar a su hija para que eligiera entre su madre y su esposo. Esta intimación puso a Aurelia en una situación muy difícil, pero dueña de un carácter y una personalidad sólida, eligió a su marido.
Al enterarse de este suceso, Federico fue muy cauto para no herir a su esposa y no agravar más la situación. Entonces, preparó un viaje hacia Chile. Durante su estancia en Santiago, los dos pasaron momentos de felicidad. ¿Por qué retornaron finalmente? Porque desde Mendoza, el padre de Aurelia insistía para que regresaran. Don Tomás falleció en una apartada habitación de su casa, en medio de una fiesta que doña Luz había realizado y que no suspendió. Después del fallecimiento de don Tomás, el matrimonio Mayer se fue a vivir a una finca que tenía Aurelia para que su madre no le hiciera la vida imposible. El amor prohibido que tenía Luz, se transformó en odio.
En una calurosa noche del 2 de marzo de 1853, el matrimonio Mayer salió de la casa de don Melitón Gómez, quien vivía a unas cuatro cuadras de la finca de Aurelia. Allí doblaron hacia la izquierda en donde había un callejón oscuro y como tenían prisa por llegar apresuraron la marcha. Aurelia comentó que tenía un poco de miedo pero Federico le contestó que estaba armado. Este le preguntó si quería doblar hacia la otra calle, cuando de repente aparecieron desde la oscuridad dos que venían del lado opuesto en mangas de camisa y con sombreros. Estos individuos se enfrentaron al matrimonio. Los malhechores fueron a buscar Federico, le asestaron varias puñaladas y lo remataron con dos tiros en la cabeza y el pecho. A pesar de los esfuerzos de Aurelia por defenderlo, nada pudo hacer y los dos asesinos salieron huyendo.
El cuerpo de Mayer estaba en el suelo y su esposa trató de auxiliarlo, la sangre brotaba por doquier. Desesperada, corrió hacia la casa de Nicolás Villanueva, en donde salieron con dos peones armados para auxiliarla. Al llegar estos, Aurelia llamó a un médico, dándole por seña un pañuelo ensangrentado. Pero ya era tarde, Federico murió desangrado. Fueron a buscar al Juez de Paz pero no pudo acudir por no tener un caballo. Después de un tiempo, la policía atrapó a los asesinos, Esteban y Martiniano Sambrano, cuando trataban de escapar hacia Chile, confesaron que habían sido pagados por la señora Luz Sosa para cometer el horrendo crimen. Inmediatamente fue llamada la instigadora del crimen quien se declaró culpable de aquellos hechos.
Al mes y medio de ese mismo año, el juez dictó la sentencia contra los asesinos del doctor Federico Mayer Arnold. En los fundamentos de la sentencia, el juez explicó la participación que habían tenido los dos reos en ese homicidio y sostuvo que Luz Sosa fue la instigadora del crimen. “Ella les proveyó las armas para cometer el delito y encargó su ejecución”, narró. A todo esto se sumó, el agravante de haber puesto en peligro la vida de su propia hija, quien acompañaba a la víctima cuando fue atacado.
El magistrado dictó la sentencia y los hermanos Sambrano y Luz Sosa fueron condenados a la pena de muerte por fusilamiento. Cuando todo hacía presumir que la sentencia del juez era irrevocable, inesperadamente fue apelada y un tribunal conmutó la pena de muerte de los Sambrano por diez años de cárcel. A Luz Sosa se le revocó la sentencia y se le impuso una multa de dos mil pesos, para la construcción de la cárcel. Una vez cancelada la multa, Luz Sosa recuperó la libertad. Años después mientras daba una fiesta en su casa, un terremoto derrumbó su fastuosa casa que cayó sobre ella. Cuando su cuerpo fue hallado entre los escombros llevaba en su cuello un relicario con la imagen de Federico Mayer.
Fuentes:
http://www.losandes.com.ar/notas/2009/5/31/estilo-427046.asp
http://www.losandes.com.ar/notas/2005/9/13/sociedad-166770.asp
10 comentarios:
¡Qué terrible!. ¡Qué mujer tan loca y desalmada!
Realmente hubiese preferido que Luz Sosa se quedara recluida en la cárcel, lástima que no fue así.
Esta mujer tenía el corazón de piedra, parecía no importarle la felicidad de la hija, solo esa terrible sed de venganza.
Besos y abrazos...
Doña Luz qsí que encarna a la peor suegra que uno pueda tener ( y eso que yo no soy hombre)...
Besos
Uff no quisiera yo una suegra como esta, menudo carácter y menuda sangre fría.
Nesos :-)
Esa mujer carecía de corazón, era cualquier cosa menos una buena madre. La felicidad de una hija debe de estar por encima de todo. Era una egocéntrica desquiciada.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios
Que paso con la relación con su hija...?, devió haber llevado una vida solitaria luego de eso, peor castigo no podía tener...
Muchas gracias por esta publicación.
A quienes lamentan que hubiera sido puesta en libertad les digo que esta perversa mujer murió como merecía, ya que años después mientras daba una fiesta en su casa, ocurrió un sismo (muy frecuente en esa zona de los Andes), su fastuosa casa se derrumbó y cayó sobre ella. Cuando su cuerpo fue hallado llevaba en su cuello un relicario con la imagen de su mal amado Dr. Mayer. ¡Increíble ¿no?!
He prestado el libro en donde están los datos precisos de ese final pero quizás puedas añadirlos, apreciada Magnolia, porque dan un justo final a la historia.
FELICITACIONES una vez mas por este blog que disfruto
AbrazO desde Argentina
Helvia
Aldo, según tengo entendido, Aurelia fue acogida por la familia de su esposo con quienes vivió a partir del horrendo crimen. No volvió a ver a su madre.
¡Saludos cordiales!
Historia terrible, soy de Mendoza y por lo que tengo entendido vivo cerca del lugar del asesinato del Dr. Mayer. Una pregunta, las fotografías de dónde son? parecen de alguna película
Gracias
Muchas gracias Helvia, ya he añadido el final de esta perversa mujer. Un gran abrazo :-)
Las fotos que ilustran esta entrada son sacadas de la película "La reina Victoria", no encontré fotos de Luz Sosa. Saludos Laboratorio, muchas gracias por dejar tu comentario.
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