domingo, 17 de octubre de 2010

LEONOR DE AUSTRIA ( III )

El rey Francisco I de Francia fue hecho prisionero por el ejército imperial en la batalla de Pavía. Se le trasladó a Madrid y, durante ese viaje, se le trató con suma cortesía por los lugares por donde pasaba. El monarca francés entraba como prisionero en Madrid en agosto de 1525. En enero del año siguiente, se firmó el tratado de Madrid por el que Francisco renunciaba a Milán y a otros territorios que hasta entonces el imperio había considerado propios. Por otro lado, el rey de Francia se comprometía a casarse con Leonor y a entregar a sus hijos como rehenes hasta que se cumpliesen las cláusulas de este tratado. Francisco- con unas pocas galanterías casuales- había logrado cautivar a la bondadosa Leonor, quien para entonces ya estaba perdidamente enamorada de él y no podía creer en su buena fortuna cuando se firmó el tratado.

Leonor y Francisco se encontraron en Illescas y salió la reina de Portugal a la puerta de la casa con sus doncellas y pajes, se besaron a modo de Francia y entraron juntos en la casa, adornada con tapicerías. Y añadía un cortesano: “No puede decirse lo contento que estuvo el rey, cual si se hallase en sus banquetes en Francia, bromeando, acariciando y hablando muy secretamente con la reina y dirigiendo las danzas con admiración de todos los que antes le conocían”. Para ellos se había preparado una sala con sitial y dosel, donde tomaron confituras, se lavaron las manos con agua olorosa y fueron admirados. Especialmente Francisco, cuya talla prócer y bellas piernas atraían las miradas de todos.


Este encuentro duró pocas horas, porque el resto de la jornada lo pasaron en conversación el emperador y su cuñado en ciernes, que pasó la mañana siguiente en nuevo coloquio con Leonor y almorzando juntos para despedirse después ambos monarcas. Carlos iba a Sevilla a casarse con su joven y bellísima prima Isabel de Portugal. Francisco, hacia Fuenterrabía y rumbo a Francia. Seguido de Leonor que llegó hasta Vitoria, en espera de que, regresado a su país, su novio le enviase, con las formalidades necesarias, la promesa de boda. Que se hizo esperar y no llegó, porque Francisco, que entró en Francia en marzo de 1526 al galope y al grito de “¡Aún soy rey! ”, no volvería a pensar en su novia española hasta que se vio obligado, años más tarde. Leonor, desilusionada, volvió a Valladolid, a esperar.

El regreso de Francisco a su país había sido triunfal. Su madre, la regente Luisa, había gobernado con firmeza y fue a recibirlo a la frontera con lucida comitiva de caballeros y damas. Entre estas, una señorita, Ana de Pisseleu, pronto casada con un complaciente marido y elevada al rango de duquesa de Etampes, que desbancó poco a poco a la favorita real, Francisca de Foix, condesa de Châteaubriant. El rey, divertido, entretuvo por un tiempo a las dos francesas mientras a lo lejos aguardaba Leonor.

Ana de Pisseleu, duquesa de Etampes



Entre las fiestas galantes y los versos amatorios, Francisco rompió el tratado de Madrid “ dispuesto a poner límites a la grandeza del emperador”, según dijo. Si no tardó en encontrar pronto por todos lados enemigos a Carlos V, tampoco tardaron él y sus aliados en sentir el peso de las armas imperiales que en Landriano aniquilaron otra vez al ejército francés en junio de 1529. Como respuesta directa a las acciones de Francisco, el honorable cautiverio de los niños se transformó abruptamente en un confinamiento más duro. Finalmente, ambos bandos, franceses y españoles, exhaustos por la guerra, necesitaban con urgencia llegar a un acuerdo.

Luisa de Saboya y Margarita de Austria fueron autorizadas para iniciar conversaciones en nombre y representación de los dos gobernantes. En el tratado de Cambrai, Carlos renunció a la Borgoña y Francisco a toda pretensión sobre Italia. Se devolvería la libertad a los príncipes a cambio de un rescate de dos millones de escudos de oro. Leonor, que había pasado aquellos tres largos años languideciendo de desesperación, convencida que las cosas no se resolverían, se casaría finalmente con Francisco. La boda serviría para cimentar y fortalecer la concordia que se quería lograr. Y cuando el emperador hubiera recibido la primera parte del rescate, los niños y la reina Leonor viajarían a Francia.


Leonor se puso en camino en compañía, con el séquito español, del embajador de Francia. Hizo alto en diversas ocasiones para dar tiempo a cobrar el rescate de los que iban a ser sus hijos, que marchaban también con ella. En una ocasión los defendió airadamente cuando algún contable quisquilloso intentó retener a los príncipes por falta supuesta de unas onzas de oro y recibió de Francisco una cortés carta: “En esta hora en que ambos partimos para sin duda acercarnos no os debo ocultar que no me mueve menos la esperanza de veros que contemplar a mis hijos en libertad”. Y añadía delicadamente: “Me hubiera alegrado con vos de la libertad de mis hijos …, pero el pensamiento de poder veros pronto ha desplazado tal alegría para obedecer al recuerdo del amor que, por vuestra acción, ha tenido y tendrá siempre poder sobre vuestro amigo que tanto ha sufrido”.

Como el rey se interesaba por unos caballos españoles, Leonor desde el camino los pidió a su cuñada la emperatriz Isabel, gobernadora de España en ausencia del emperador y con el que consultó en vista de que se trataba de un total de dieciséis animales. La emperatriz, una vez que supo a Leonor en Francia, expresó su esperanza en Dios de que “ esto ha de ser causa para que la paz se conserve ”.

Francisco I de Francia


Francisco fue al encuentro de su "querida Leonor" en Mont-Marsan. Y allí, a última hora de la tarde, en una abadía vecina, el rey fue casado sin ceremonia con la mujer amable, buena, virtuosa y sencilla, cuyo gran defecto era el de formar parte de un rescate. Leonor de Austria se dedicó íntegramente a defender los intereses de su patria de adopción, buscando por todos los caminos posibles la reconciliación de su marido y de su hermano, evitando el derramamiento de sangre, templando las ebulliciones de su esposo, cerrando los ojos a su permanente infidelidad, aguantando los malos modales de la duquesa de Etampes y sus reiterados intentos de indisponer a su regio amante con el emperador, afanándose en la educación y el bienestar de los hijos de su marido, de los que se ocupó como si fuesen propios. Leonor transigió, toleró la omnipresencia de la favorita, la duquesa de Etampes, compartiendo con ella viajes y banquetes.


Fuentes:
Emilio Beladiez, Españolas, Reinas de Francia . 2002 Ediciones Palabra S.A
Leonie Frieda, Catalina de Médicis . 2006 Siglo XXI de España Editores, S.A

12 comentarios:

¿Mañana más? dijo...

Pero, ¿será verdad tanto sufrimiento de Leonor?. Si es que no le iba bien a la pobrecilla en nada. Gracias por la historia.

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

Pobre mujer, utilizada por su hermano, cumpliendo con los deberes que le imponía su rango y siendo leal a su dinastía, teniendo que actuar de madre de unos hijos que no eran suyos mientras su hija permanecía en Portugal porque su cuñado no le permitía salir del reino, se enmoró perdidamente de un hombre que la despreciaba y la humillaba, se había casado por imposición con la hermana de su enemigo y la pobre mujer lo pago caró, con su infelicidad.

Un abrazo mañana más

Madame Minuet dijo...

Nunca entenderé que las mujeres se enamoraran tanto de Francisco, pero mucho menos que le ocurriera tambien a Leonor, teniendo en cuenta que ademas era el enemigo de su familia y que tan mal la correspondía.
Yo lo veo en los retratos y la verdad, no lo comprendo,jiji, no es mi tipo, madame. Muy seductor tenía que ser, desde luego.

Buenas noches

Bisous

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

madame, yo también me hago el mismo planteamiento que usted sobre la atracción que ejercía el Francis sobre las mujeres, todo un misterio porque un bello Apolo no era ... si muy alto, bellas piernas pero ... quizá tenía don de palabra y sabía endulzar los oídos de las damas, y ser quien era, un rey, era un motivo más que poderoso para que las damiselas se le ofreciesen gustosas, esperando recibir buenas mercedes para ellas y sus familiares. Otro tanto me sucede con el Enriquito VIII que no le veo ningún atractivo por ninguna parte ... :-)

Un abrazo madame, feliz domingo

◊ Dissortat ◊ dijo...

Otra Habsburgo maltratada por un rey de Francia, como lo fueron después Ana y María Teresa. Sacrificadas a los designios políticos de su época y cada una de forma diferente, fueron reinas tristes en sus flamantes cortes.

Saludos

Luis Napoleon dijo...

Muchas felicidades magnolia, como todos claro eso si desde mi punto de vista no comprendo el atractivo del rey Francisco a menos claro que se tome en cuenta que según las crónicas era un caballero muy galante, sabia endulzar el odio de las mujeres, conversación, postura, gallardía, etc., quizás fue eso

La vida de doña Leonor siempre me ha conmovido si tan siquiera el rey la hubiera amado pero al parecer el rey Francisco no se enamoro de ella?

Le envió un saludo afectuoso magnolia y de nuevo le agradezco por escribir sobre esta dama que siempre ha despertado en mi simpatía y ternura

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Pobre Leonor, casada con un rey francés que, como otros reyes franceses, exhibía y daba todo tipo de honores en público a sus amantes. A ningún rey español se le ocurrió hacer algo parecido. Otra cosa fueron nuestras reinas. Un saludo.

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

Recibo su afectuoso saludo con afecto y agradecimiento, Luis Napoleón :-)

Parece ser que el amigo Francis nunca llegó a estar enamorado de su paciente y digna esposa. No me de las gracias por dedicarle unas entradas a Leonor, se lo merece y espero poder terminar entre hoy y mañana la última parte de su vida.

Un abrazo

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

Asi es amigo Dissortat, las reinas Habsburgo les venía demasiado grande a estos monarcas tan "mujeriegos" ( por no emplear un lenguaje más fuerte) y poco considerados.

Un abrazo

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

Pobres reinas aguantando los aires de grandeza y los desplantes de las favoritas de turno, soportando los cuchicheos de la corte y las risitas soterradas, sufriendo las humillaciones que recibian del esposo infiel ... en fin, se ganaron el cielo con su paciencia.

Un abrazo, desde la terraza

CarmenBéjar dijo...

¡Pobres infantas siempre yendo de un lado y a otro por caprichos de la política del momento! El caso de Leonor no fue una excepción. Pero, por lo menos ella estaba enamorada, aunque estoy con madame Minuet que el novio no era un dechado de belleza. No sé qué verían en él. Ahora bien, a mi no me habría gustado ser parte del canje de un acuerdo político y militar que podría romperse de un momento a otro. Porque la rivalidad entre España y Francia en Italia no era cosa de risa.

Besos

Magnolia, Marquesa de Bechameil dijo...

y se rompió ese acuerdo de paz hispano-francesa como una finísima tela de araña, Leonor se convirtió en una prenda fallida de concordia. ¿ Su sacrificio fue en vano?

Muchos besos carmen

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