domingo, 16 de mayo de 2010

MERCEDES DE ORLEÁNS, Reina de España ( I )


El séptimo vástago de los duques de Montpensier, la infanta Luisa Fernanda de Borbón y el príncipe Antonio de Orleans, vino al mundo en Madrid el 24 de Junio de 1860. Resultó ser una niña a la que llamaron María de las Mercedes, siendo declarada infanta de España. Su tía era la reina Isabel II de España. Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento, dentro de un gran ritual digno de una Infanta, en la capilla de Palacio. El 18 de julio del mismo año, con apenas un mes desde su nacimiento, sale por primera vez de su real residencia, para, siguiendo una tradición que llega hasta nuestros días, visitar y ser presentada a la Patrona de la Corte, Nuestra Señora de Atocha.

La familia Montpensier residía generalmente en Andalucía, donde gozaba de bastante popularidad y la infancia de Mercedes transcurrió entre Sevilla, Sanlúcar de Barrameda y el campestre palacio de Villamanrique, viajando a la Corte de Madrid en vacaciones. De ahí que Mercedes conserve desde sus primeros años el ceceo andaluz, ese inconfundible acento del sur. Contando siete años de edad, en Madrid todavía, se despertó un día bañada en lágrimas abrazando a su madre y diciéndole que acababa de soñar que su tía la reina había sido destronada “ y que tenían que huir todos a otro país”.



Un año justo después estalló “La Gloriosa” y se cumplió la pesadilla de la niña. La revolución que arrebató la corona a la reina Isabel II en el otoño de 1868 supuso también el exilio para todos los miembros de su familia y los Montpensier se exiliaron primero a Portugal y después a Francia, residiendo desde entonces en el castillo de Randan, en Auvernia. El intrigante duque de Montpensier haría alguna esporádica aparición en España, pretendiendo ser incluido en la lista de candidatos al trono en aquella búsqueda de Rey a la que se lanzó el general Prim y Mercedes, a los diez años de edad, supo que su padre había matado de un tiro en la cabeza al infante Enrique de Borbón, en un duelo en un descampado de Carabanchel. El infante Enrique era cuñado de Isabel II y también pretendía el trono. Las Cortes votan para elegir al rey de España el 16 de noviembre de 1870, quedando descartado Antonio de Orleans al ser elegido Amadeo de Saboya.

El príncipe Alfonso se educaba en el prestigioso colegio Theresianum de Viena y hasta allí acudió Montpensier para visitar a su sobrino y fotografiarse con él, enviando centenares de copias de la fotografía a los partidarios borbónicos, pues a pesar de que por aquellas fechas ya había sido entronizado Amadeo I, los alfonsinos auguraban que no pasaría mucho tiempo en ser llamado a ceñir la corona el joven hijo de Isabel II. Y Montpensier deseaba aparecer como la persona más adecuada para desempeñar la regencia de su sobrino, si era todavía menor de edad cuando fuese proclamado Rey.


Los Montpensier invitaron a Isabel II y a su hijo el príncipe Alfonso a pasar unos días en el castillo de Randan en las navidades de 1872. El joven Alfonso tiene quince años y Mercedes doce, pero su tía Isabel no puede por menos que exclamar al verla ahora:

- ¡Cómo ha crecido esta niña! ¡ si parece ya una mujer!.

Y una mujer debió parecerle al regio adolescente, puesto que se enamoró de ella. Mercedes era una muchacha bajita, de cara muy redonda, cabellos y ojos negros, linda, gentil, alegre y desenvuelta, heredera del carácter desenfadado de su madre y, sobre todo, de su tía. La estancia de la Reina y su hijo en Randan solamente duró tres días y Mercedes despide a su primo con estas palabras:

- Un día te llamarán los españoles y te despertarás siendo Rey y todos regresaremos a España.




En el verano de 1873 vuelven los dos jóvenes a encontrarse en París y se las ingenian para verse fuera del ambiente familiar, acudiendo Mercedes al Bois de Boulogne acompañada de una dama y Alfonso escoltado de un ayudante. La joven pareja de enamorados caminaban por los senderos llevando enlazadas las manos, seguidos a una distancia prudencial por la dama y el ayudante. Mercedes estaba persuadida de que su primo sería proclamado Rey y le decía una y otra vez:

- Cuando entres en Madrid te arrojarán flores desde los balcones y tu irás montado en un caballo blanco, completamente blanco.

De nuevo se separaran al comenzar el curso y casi un año permanecerán sin verse. Isabel II rehusa con tontos pretextos la invitación que le hacen los Montpensier para pasar unos días en Randan, como la vez anterior, acompañada de su hijo. Es lo suficientemente intuitiva y sagaz para sospechar que su hijo "anda sorbiendo los vientos detrás de esa cucamonas". No está dispuesta a facilitar en absoluto semejante noviazgo, sino todo lo contrario, por lo que con su desparpajo habitual dice a las personas de su mayor intimidad, refiriéndose a Mercedes : “ ¿Con que una mosquita muerta, eh? ¡Sí, una mosquita muerta pero de cuidado! ” y que su hermana Luisa Fernanda es una “ intrigante casamentera ”, a quien ella está decidida a chafar los planes.

Mercedes escribe en su diario íntimo estas palabras:
"Seré suya o de nadie".
Un día en el colegio, cae en manos de la madre superiora el retrato del joven Alfonso con una encendida dedicatoria a su novia, ordena llamar a Mercedes y la reprende "que es demasiado joven para pensar en noviazgos y frivolidades que conducen invariablemente al pecado mortal". Le devuelve el retrato pero ese día Mercedes lloraría sin comprender nada en la soledad de su pequeña alcoba conventual.

Alfonso XII


Isabel II resuelta a impedir por las buenas o por las malas todo lo que signifique un posible matrimonio de su hijo con la joven Montpensier, ordena a dos mayordomos de su máxima confianza que se pongan en guardia y vigilen los pasos de su hijo. En el verano de 1874, nuevamente coinciden Alfonso y Mercedes en París por unos días y éste logra reanudar secretamente los paseos con su prima por el Bois de Boulogne, escoltados por la discreción de la dama de la infanta y del ayudante del príncipe. Alfonso debía partir a Inglaterra para iniciar su formación militar en la prestigiosa Academia de Sandhurst y una tarde, poco antes de la hora en la que la pareja se despedía habitualmente, el príncipe estrecha entre sus brazos a Mercedes y le expresa con un largo beso un deseo que está acariciando desde hace tiempo:

- Quiero que tengas un recuerdo mío .

La joven le responde que lo lleva en el corazón y que, además, cada noche al acostarse besa su retrato.

- No basta - añade él-. Mereces algo más que un retrato.

Y los dos, seguidos a discreta distancia por la carabina y el ayudante, entran en una joyería. Mercedes elige un sencillo brazalete con un trébol pero Alfonso había calculado mal sus posibilidades económicas, por lo que al decirles el joyero el precio de la pulsera, hubo de renunciar a adquirirla. Mercedes, sonriente y divertida, se encoge de hombros y Alfonso susurra en sus oídos ante el perplejo joyero:

- Es un poco cara y yo casi no llevo dinero, ¿sabes?… Tendrás que esperar. Te la compraré cuando sea Rey.




El 29 de diciembre de 1874, Alfonso es proclamado rey de España y el 4 de Enero los duques de Montpensier ofrecen una comida de despedida en honor del nuevo monarca que reúne a las dos familias y a numerosos españoles residentes en Francia. Alfonso aparta a Mercedes del grupo y en privado le dice:

- Nada ha cambiado para mí; si soy rey, tú serás mi reina, y prefiero dejar de serlo antes de que dejes de ser mi mujer.

La conversación, que ha sido escuchada por alguien cercano, llegará también a oídos de Isabel II, aún reticente a dar su visto bueno a la relación. Dos días después, cuando la familia real dice adiós a Alfonso en la estación de ferrocarril de París, en su camino a España, éste insiste nuevamente a su prima:

- Mercedes, espérame; me esperarás, ¿verdad?.




El 14 de Enero, el joven monarca hace su entrada triunfal en Madrid a lomos de un caballo blanco como la nieve y desde los balcones y terrados arrojan flores a su paso entre vítores, tal y como había augurado Mercedes. Alfonso XII pese a su decidido propósito de llevar a Mercedes al altar, intención que solamente ha confiado a sus hermanas las infantas Eulalia e Isabel, comprende que es mejor aguardar algún tiempo, ocupándose entre tanto de poner fin a la guerra civil que dura casi tres años e ir luego, bajo la inteligente dirección política del gran estadista don Antonio Cánovas del Castillo, poniendo las bases para otro período de la Monarquía a la que era necesario dotar de una nueva constitución.


Isabel II de España


Los Montpensier regresan pronto a España y se instalan en el sevillano palacio de San Telmo, pues Cánovas no quiere que el intrigante Duque de Montpensier pulule por Madrid. En el verano de 1876 volvía también del exilio la reina Isabel II y al año siguiente Alfonso XII pone a disposición de sus tios y de sus hijos, el palacio de la Granja. Tiene así ocasión de ver con cierta comodidad a Mercedes, ya que el Monarca reside en estas fechas en El Escorial con su madre y sus hermanas, pero acude a la Granja con frecuencia pretextando que también pasa allí el verano su hermana Isabel.

El jefe del Gobierno proyectaba casar al joven monarca con la princesa Beatriz de Inglaterra, hija menor de la reina Victoria, e incluso parece ser que, sin dar de ello previo conocimiento a su soberano, inició Cánovas algunos tanteos en tal sentido. Pero Londres dio inmediatamente una respuesta negativa, ya que se exigía que la princesa británica había de abjurar del anglicanismo e ingresar en el seno de la Iglesia Católica antes de convertirse en Reina de España.


Alfonso demostrará excepcionalmente su voluntad de ser "hombre antes que rey", espetándole a su madre aquellas palabras:

- Existen dos cosas en las que jamás voy a ceder aunque me cueste la corona: la libertad religiosa, que nunca suprimiré, y mi libertad personal a la hora de elegir una esposa.

El Rey le respondería a Cánovas, ante sus objeciones al compromiso con la hija del duque de Montpensier:

- Me tiene por completo sin cuidado un azar incierto. Quiero casarme con la mujer que amo y ésta es una princesa real mucho mejor que cualquier otra y espero envejecer con ella en el trono.




El rey Alfonso visita en El Escorial a su madre para rogarle que otorgue su consentimiento al matrimonio con Mercedes. La soberana se niega, llora y discute amargamente con su hijo haciéndole ver la humillación que para ella supone ver convertida en reina a una hija de Montpensier, un traidor a la familia cuyo dinero sirvió para derrocarla. Pero Alfonso está decidido y no dará marcha atrás.

Sin embargo, Isabel II está dispuesta a presentar batalla contra Montpensier manifestando públicamente su hostilidad hacia el noviazgo: " Contra la muchacha no tengo nada pero con los Montpensier no transigiré nunca ", declara tajante ante los embajadores de Francia, Alemania y Rusia, a los cuales ha convocado en El Escorial para explicarles las razones de su oposición y pedirles ayuda internacional para bloquear el compromiso del rey de España, así como fotografías y nombres de princesas casaderas de sus respectivos paises.

Alfonso defiende su noviazgo contra viento y marea. El 24 de septiembre reúne a las dos familias con motivo de un almuerzo campestre en el real sitio de El Escorial y ante todos ellos adquiere el compromiso formal de casarse con Mercedes, a la cual entrega como regalo un medallón de brillantes con la fecha del día y un mechón de su cabello.


Los Montpensier se trasladan a Sevilla y es cuando Mercedes escucha la predicción de una gitana:

- Gracia y Hermosura rodean tu vida y veo en tu diestra una corona de reina. Veo que con ella serás coronada por gracia de tus virtudes y por virtud de tus gracias. Un rey y un pueblo se pondrán de rodillas a tus pies, pero ...

Repentinamente, la gitana enmudece y aparta los ojos de la mano de Mercedes. La envuelve con una extraña, indescifrable mirada y desaparece sin más. Es inútil que la joven, que corre tras la nigromante sin dar con ella, exclame:

- ¿Qué más has visto en mi mano?.

Una pregunta que queda para siempre flotando en el aire.



Antonio Cánovas del Castillo



Isabel II disgustada por la determinación de su hijo decide irse del país y se traslada a París, dejando que su ausencia alimente aún más la polémica de esta boda, cuyos preparativos avanzan con rapidez. Tras su reciente separación, los enamorados se intercambian cartas diariamente que un criado del rey se encarga de llevar y recoger en el tren que viaja entre Madrid y Sevilla. Alfonso guarda esas cartas en un cofre que hasta el final de sus días esconderá debajo de la cama y poco antes de su muerte hará quemar para que nadie más pueda jamás leerlas.

El Consejo de Ministros se reúne para dar una resolución definitiva a su boda y discutir otras opciones de matrimonio de Estado. Cánovas sabe que el soberano será capaz de abdicar si se le obliga a prescindir de Mercedes y, como gran político, presenta ante sus ministros la cuestión de forma tal que ninguno de ellos se atreve a oponerse. El 6 de diciembre se anuncia oficialmente el compromiso matrimonial. El pueblo se complace con las circunstancias de que la elegida sea española y que el rey se case por amor. La boda se convierte en un acontecimiento extraordinariamente popular.


Aunque el rey no necesita la aprobación parlamentaria para casarse, la nueva constitución prevé que el gobierno debe al menos comunicarlo a las cortes, donde será objeto de debate y votación. Cánovas lee ante los diputados la determinación del rey de casarse con su prima y a continuación se escuchan las duras intervenciones de algunos diputados que se oponen tajantemente argumentando que la familia Orléans será dañina para la monarquía española y que este matrimonio real no aporta al Estado ningún beneficio en relaciones internacionales y convierte en suegro del rey a Montpensier, uno de los diputados diría que nada tiene contra la novia pues "los ángeles no se discuten".

Para contrarrestar las críticas, Cánovas anuncia por sorpresa que en atención a la precaria situación de la Hacienda Real, Mercedes renuncia a la asignación económica que le corresponde como reina y financiará sus gastos personales del capital privado del rey. El duque de Montpensier ha concedido a su hija una espléndida dote que comprende fincas, acciones, joyas y dinero en efectivo por valor de más de un millón de pesetas. Cinco días después las Cortes votan: 311 votos a favor del casamiento y cuatro en contra. El matrimonio real queda aprobado por abrumadora mayoría. Se celebrará en Madrid al cabo de ocho días, el 23 de enero de 1878.



Una comisión encabezada por el marqués de Alcañices parte de inmediato a Sevilla para pedir al duque de Montpensier la mano de su hija. Al margen de las correspondientes formalidades y contestación oficial, el duque responde a Alfonso breve y contundentemente por la vía privada: "Sabes que la contestación será un "sí" como lo deseas y lo desea también tu respetuoso y afectísimo tío. Antonio de Orleans". La infanta se siente a ratos abrumada por el interés que su persona despierta. Comisiones de toda Andalucía solicitan audiencia en San Telmo para conocerla en persona y felicitarla. Mercedes, vestida y enjoyada con sencillez, recibe a todos con amabilidad y dulzura, confirmando la buena fama que la precede.

Alfonso pasa las fiestas navideñas con ellos cuando ya se ha fijado la fecha de la boda. Acompañado de su hermana Isabel, cómplice y consejera, disfrutará de unos días de radiante felicidad, en los que se suceden comidas familiares y saraos de todo tipo en los cuales la presencia de los novios arranca efusivos aplausos de muchos concurrentes.




Se ha acordado que la madrina de la boda sea la anciana ex reina Maria Cristina, abuela de ambos prometidos, la cual llega a Madrid con Francisco de Asís de Borbón, esposo de Isabel II, que actuará como padrino. El día de la boda real, Madrid amanece soleado. Desde primeras horas de la mañana las calles se encuentran abarrotadas de gente, hasta el punto de que los balcones por donde pasará el cortejo nupcial se alquilan a elevados precios. Mercedes se viste en Aranjuez con el traje de novia cosido en Andalucía y regalo del rey, que también se ha ocupado de que esa misma mañana le llegue un ramo nupcial de flores frescas de azahar y jazmín traídas directamente de Sevilla.

En el zagúan del palacio de Aranjuez se ha habilitado un apeadero donde se espera el lujoso vagón de tren, enteramente tapizado en blanco, que traslada a la futura reina y su familia hasta la Estación del Mediodía en la capital, a donde llega a las diez de la mañana. Se ausentará la anciana María Cristina, que se ha puesto enferma y no podrá asistir a la ceremonia, lo que obliga a improvisados cambios: su nieta la infanta Isabel, princesa de Asturias, ejercerá de madrina en su representación. El cortejo de carrozas se pone en marcha hacia la basílica de Atocha, donde la espera el rey. Y a mediodía en el altar mayor de la basílica de Atocha, ella y Alfonso XII se convierten en marido y mujer.


Al terminar la ceremonia religiosa, el fastuoso cortejo recorre las calles hasta el palacio real. Su paso fue saludado en más de una esquina por rondallas que cantaban con aire de jota:

Quieren hoy con más delirio
a su Rey los españoles,
pues por amor se ha casado,
como se casan los pobres.


Se suceden los saraos en Palacio y en algunas mansiones de la nobleza, alternando con festejos populares y corridas de toros. El día de la boda se inaugura en algunos puntos de Madrid el alumbrado eléctrico y las plazas que han gozado del privilegio de tal primacía; Puerta del Sol, Cibeles y Neptuno, aparecen en la noche con una animación inusitada, atrayendo de todos los barrios de la Villa y Corte a la gente deseosa de bañarse en el resplandor luminoso tan distinto del mortecino que irradiaban las viejas farolas de gas. Isabel II desde Paris escribió una conmovedora carta a sus hijas las infantas rogándoles que transmitieran a Alfonso “ la certeza de su cariño en fecha tan significativa ” y disculpándose por no poder ser testigo presencial del fausto evento.


Fuentes:
Fernando Gonzalez-Doria. Las Reinas de España. 1989 Editorial Bitacora S.A
José Antonio Vidal Sales. Crónica íntima de las reinas de España. 1993 Editorial Planeta S.A
María José Rubio. Reinas de España, Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. 2009 La Esfera de los Libros S.L
http://www.archimadrid.es/catedral/reina/default.htm

6 comentarios:

Princesa Nadie dijo...

Acabo de encontrar tu blog por casualidad y estoy encantada con lo que veo...Tendré que dedicar tiempo a leer todas las biografias que llevas publicadas...poco a poco...Si te apetece te invito a visitarme

Magnolia dijo...

Pues acepto encantada tu invitación, ahora mismo me paso a visitarte. Muchas gracias, Princesa Nadie, eres muy bien recibida aqui, en mi casa ... sus puertas estan abiertas de par en par para cuando quieras volver a entrar.

Un abrazo

Gabriela Maiorano dijo...

Hola Magnolia!!Me enacantó la historia de amor, extraña en una época donde los casamientos se hacían de acuerdo a los intererses de la corte.
Besosssss

Magnolia dijo...

¡Hola Gabriela! Esta historia de amor prontamente truncada por la desaparición prematura de la pobre Mercedes es una de las más bonitas dentro del mundo de la realeza. Lo tenian todo para convertirse en unos grandes soberanos pero no pudo ser, ambos murieron muy jóvenes :-(

Un besazo

CarmenBéjar dijo...

La historia triste de una triste reina y de un amor profundo. Quizás hubiese pasado a las tinieblas del olvido a no ser por la copla y por las películas que se hicieron hace tiempo.

Una puntualización, querida Magnolia: estoy comentando esta entrada nº 1 de la reina, pero he comprobado que antes hay una 2ª. ¿Es un error de internet o de mi ordenador? Porque en último lugar debería aparecer la segunda entrada, ¿no?

Un besazo

Magnolia dijo...

El error fue mio, al encontrar más datos sobre esta reina y modificar la entrada anterior comprobé que debía dividirla en dos porque quedaba demasiado extensa. Entonces se me coló antes la segunda entrada y la primera queda última :-)

Gracias carmen, un besazo

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