
Cuando llegaron a los desfiladeros de Pisidia, el rey Luis, que vigilaba la retaguardia, encareció a todos los combatientes doblar la prudencia pues era un paso peligroso. Había que franquear angostos desfiladeros donde estarían expuestos a la amenaza de los turcos. ¿Qué ocurrió exactamente? ¿ Desatendió la consigna Godofredo de Rancon? De todos modos fue él quien se aventuró por los desfiladeros que no se habían de pasar hasta el día siguiente y perdió el contacto con el grueso de la tropa. Esto era lo que esperaban, desde unos altos cercanos, los escuadrones turcos que, protegidos por las cimas, espiaban y aguardaban el momento en que les sería propicio sorprender al enemigo.
El grueso de la tropa, que formando una estrecha hilera escoltaba el equipaje, se vio de súbito rodeado por guerreros con armas ligeras y bajo una lluvia de flechas, no pudo ponerse en formación de batalla. En un espantoso desorden, en medio de los chillidos de las mujeres, se produjo verdadero pánico y hubo de pasar algún tiempo antes que la retaguardia, el rey y sus allegados, se percataran de lo que estaba pasando.
Ya en el lugar del combate, al rey le bastó una ojeada para apreciar la catástrofe a la que se exponía su ejército. Aquel día Luis se comportó como un caudillo y dio muestras de su valor. Reunió de nuevo a los soldados y formó con ellos un grupo que liberó los lugares más expuestos. De pronto se encontró completamente aislado, separado de sus tropas, y pudo salvarse con una hazaña digna de los cantares de gesta: se agarró de las ramas de un árbol que pendían a su altura y las usó como un resorte para saltar a lo alto de un peñasco y, pegado a la montaña, desde allí hizo frente él solo a toda una jauría que se le abalanzaba aullando. Por suerte para él, los enemigos no le reconocieron, pues, cuando fue sorprendido, sólo llevaba la cota de mallas, un escudo ligero y la espada al cinto, sin ninguna insignia que le distinguiera de sus hombres. Esto le salvó la vida; los asaltantes se cansaron y, como anochecía, los turcos empezaron a replegarse para ganar otra vez las alturas.
Al día siguiente, Godofredo de Rancon y los suyos, inquietos por verse separados del resto de la tropa, bajaron al valle y pudieron medir el desastre que había causado su negligencia: faltó poco para que se les cortara la cabeza. Se ignora si la reina se hallaba, como algunos han insinuado, en la vanguardia que se había comportado con tanta insensatez o si estuvo, con todo su séquito, con la parte del ejército que sufrió el ataque pero bastó que uno de sus vasallos favoritos estuviera al frente de la vanguardia para que la responsabilizaran del incidente. Se los miró con rencor a ella y a los aquitanos en general. Al cabo de algunos días consagrados a enterrar a los muertos, a curar a los heridos y a reparar bien o mal los estragos, el ejército reanudó su marcha.

Por fin, tras tantas fatigas, retrasos y peligros, el rey y la reina de Francia se hallaban en territorio amigo y pisaban Tierra Santa. Era el 19 de marzo de 1148. Hacía diez meses que se habían puesto en camino; para ellos y para sus compañeros Antioquía era un excelente refugio. Los reyes fueron acogidos con expresivas muestras de amistad por una multitud de caballeros, entre los que destacaba, por su elevada estatura, hermoso rostro y elegante túnica de seda, el tío de Leonor: Raimundo de Poitiers, príncipe de Antioquía.
Era, según los cronistas, “alto, mejor constituido y más apuesto que ninguno de sus contemporáneos; a todos sobrepujaba en el oficio de las armas y en asuntos de caballería”. Por su fuerza física y sus hazañas en los torneos, rivalizaba con Manuel Comneno. Además, le gustaba la poesía, los trovadores, la vida cortés y, como su padre, tenía el don de transformar los malos recuerdos en relatos divertidos. Había en su corte una atmósfera alegre. Luis y Leonor no iban a pasar más que diez días en la ciudad. Pero esas diez jornadas tendrían tan gran importancia en el curso de la historia y en su destino personal.

Parece indudable que en Antioquía la reina ganó una mala reputación. La acusaron de mantener relaciones con su joven tío, el apuesto Raimundo de Poitiers. Se dedicaron alegremente a hacer de ella una mujer de costumbres ligeras, una suerte de Mesalina que pasa de un amante a otro haciendo ostentación de su mala conducta, ya con los principales barones, como Godofredo de Rancon, ya con subalternos, como el condestable de Aquitania, Saldebreuil. ¿Tuvo realmente deslices con su tío? Un cronista, y no de los menores, Guillermo de Tiro, la acusa de ello; los demás testimonios son menos claros.
Fuentes:
Régine Pernoud, Leonor de Aquitania
2005. Éditions Albin Michel, S.A.
8 comentarios:
Hola Magnolia!! Qué proeza la del rey!! Lástima que el final de la reina no sea tan claro. Pero eso no quita lo que fue como reina y personaje de la historia.
Feliz domingo amiga!!
Besossssss
Maravilla de maravillas,entrada estupenda querida amiga.
Ya era hora de que Luis demostrara ser un hombre valeroso y capaz de vencer a todo un ejercito.De nuevo Leonor en el ojo del huracán,se le culpaba de todo lo sucedido durante el viaje.
¿Crees que tuvo un romance con su tío?Por lo que he leído era una mujer impredecible y testaruda así que no me extrañaría.
Besos y abrazos...
En parte, son los puntos "oscuros" de la Leonor los que la hacen tan atractiva...Yo creo que fue una mujer formidable, maravillosa y llena de la vida que se bebía a tragos largos.
Besos, Magnolia.
Hola Gabriela,
Ciertamente el rey demostró que no le temblaba la mano cuando se enfrentó él solo a los turcos y demostró tener una buena preparación física: agilidad, fuerza, rapidez, buenos reflejos ... un diestro guerrero.
Otra de las incógnitas que rodean la vida de esta activa mujer. ¿Dónde estaba la reina en el momento del ataque? Cabalgaba a la cabeza de la expedición, en la vanguardia con sus vasallos aquitanos o estaba con el grueso de la tropa que sufrió la emboscada de los turcos ... hay opiniones para todos los gustos.
feliz domingo a ti también :-)
Besazossss
Gracias Lady Grey,
Leonor no era la clase de mujer que le gustaba pasar desapercibida, ella tenía que levantar ampollas tanto en la corte francesa como en la inglesa :-) ¡ menuda era!.
Esta reina también es muy vilipendiada, personalmente creo que no fue una Mesalina con una larga lista de amantes en Antioquía pero referente a sus relaciones con su tío, esta acusación es la única que se me hace más creible. Luis y Leonor no tenían muchas cosas en común, eran diametralmente opuestos y ella se aburría con él, además había perdido su influencia sobre su esposo. Raimundo era joven, apuesto y compartía con ella muchos intereses, si ambos eran personas fogosas una cosa llevó a la otra y pudieron saltarse los lazos de sangre que los unía. La mujer casada insatisfecha que busca los placeres que no encuentra con el esposo, quizás.
Feliz domingo, besosss
Almalaire, comparto tu opinión. Toda la polémica que rodea a Leonor la convierte en un personaje intrigante y fascinante. En algunos momentos despierta admiración en otros piensas pero cómo pudo ser capaz de hacer esto pero la lectura de su vida te hace disfrutar, siempre tenía metida su mano en todos los asuntos saliesen bien o mal.
Muchos abrazos y feliz domingo.
Lo del emperador de los griegos siempre ma ha parecido un despropósito, pero entiendo que el miedo de de lo que realmente pasó más tarde, en 1204. Y es sabido que para Bizancio, los occidentales eran "bárbaros", además les interesaba estar a buenas con sus poderosos vecinos turcoples.
La ligereza de la reina en Antioquía, pues no sé, el de Tiro es muy creíble, igual algo de razón tenía.
Saludos
Bizancio utilizaba el doble juego, por un lado ofrecía hospitalidad a los cruzados que llegaban a Constantinopla y al mismo tiempo negociaban con los turcos por instinto de supervivencia, imagino, como bien dices Dissortat. Dato curioso que la esposa del emperador de Bizancio, Bertha de Sulzbach, era a su vez cuñada del emperador Conrado de Alemania.
Saludos y feliz semana
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