miércoles, 14 de abril de 2010

ISABEL DE VALOIS, Reina de España ( I )



Trece años llevaban casados Enrique, Delfín de Francia, y Catalina de Médicis cuando el 13 de abril de 1546 les nacía en el castillo de Fontainebleau su segundo hijo, una niña a quien pusieron el nombre de Isabel. La pequeña Isabel, llamada madame royale desde el momento en que su padre ascendió al trono, se educó junto a la princesa escocesa María Estuardo, prometida de su hermano mayor el delfín Francisco.

Su madre siguió su crecimiento y sus estudios con atención. Ya desde niña la hacía practicar ejercicio físico al aire libre y se preocupaba de que comiera comida liviana y en poca cantidad. Isabel fue descrita como una joven de inteligencia precoz, felicísima memoria y gran amante de las bellas artes, especialmente de la poesía. Sobre su persona tuvo mucha influencia su tía Margarita de Valois, cuya altura intelectual le valió el sobrenombre de Minerva de Francia. También disfrutaba con la danza, especialidad que ella misma practicaba con soltura gracias a las lecciones recibidas del bailarín Paul de Rege.


Durante su infancia fue testigo del sufrimiento de su madre relegada a un segundo plano en favor de la amante del rey, Diana de Poitiers. Veinte años mayor que Enrique II, la de Poitiers era la verdadera artífice de la política francesa, disponía de un sillón en el Consejo de Estado, logró que la nombraran aya de los hijos del rey de Francia e incluso alentaba a Enrique para que cumpliera conyugalmente con su esposa legítima, lo que exasperaba aún más a Catalina de Médicis.

Desde muy niña Isabel tuvo numerosos pretendientes. El primero de todos fue el romano Horacio Farnesio. Después apareció en escena el heredero del duque de Ferrara, con lo que se pretendía unir a los Valois con la poderosa casa de Este, y por último, en 1547 se iniciaron las conversaciones con la corte de Enrique VIII de Inglaterra para emparejar a la pequeña princesa con el príncipe heredero Eduardo Tudor, que contaba por aquél entonces once años. Después de mucho titubeo, y tras la firma el 24 de marzo de 1550 de una nueva paz anglo-francesa, se acordó formalmente la boda. Incluso se habló de enviar a Isabel a las islas, para que fuera educada según las costumbres del país del que habría de ser reina. La repentina muerte de Eduardo VI rompió todas las expectativas de alianza entre Francia e Inglaterra y dejó a Isabel sin prometido.


Eduardo VI de Inglaterra


Pero no tardaron en buscarle un nuevo pretendiente, el príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II de España. Este matrimonio, se proyectaba como un pacto que debería sellar definitivamente la concordia entre aquellas dos monarquías tan hostilizadas mutuamente. Los futuros contrayentes eran unos niños, ya que la princesita francesa contaba doce años y trece el príncipe español. Este proyecto matrimonial sufrió una pequeña modificación, cuando el soberano español quedó viudo de su segunda esposa la reina María I de Inglaterra, y de ser el futuro suegro, pasó a convertirse en el prometido de la jovencísima Isabel.

Algunos estudiosos creen que este cambio de pretendiente se debió, principalmente, a la endeblez psíquica del heredero Don Carlos. El príncipe no perdonará nunca a su padre el haberle “robado” a la princesa que le había sido prometida. Isabel de Valois entrará en la Historia con el apelativo de “ Isabel de la Paz ” , porque su unión con Felipe trajo la paz de Cateau-Cambrésis, que selló, por algunos años, una tregua entre los dos reinos enemigos después de la victoria española sobre las tropas francesas en San Quintín.


Príncipe don Carlos


El 22 de junio de 1559 se celebró la boda por poderes en la catedral de Nôtre Dame, representando al novio el todopoderoso duque de Alba. Un cortejo preciosista marchó desde el palacio del arzobispo hasta la catedral. Algunos nobles, como el duque de Guisa, lanzaban
monedas de plata sobre la multitud que se acercaba embelesada ante tanto esplendor. Isabel lucía su delicada belleza adolescente, con un traje tejido en oro recubierto de pedrería e iba tocada con una hermosa corona de cuyo centro pendía un descomunal diamante regalo de su padre. 

El atuendo del duque de Alba, que solía vestir con austeridad, asombró por el lujo en esta ocasión: llevaba una corona de oro, cerrada al estilo imperial. Honraba así la alta representación que ostentaba. A su lado iba una multitud de pajes y escuderos, ataviados todos de rojo, negro y amarillo. La plaza de Nôtre-Dame era un hervidero de gentes, dispuestas a no perderse detalle y a observar la llegada de las dos comitivas. Un ruidoso criterío de vítores se hizo sentir cuando se aproximaron los cortejos, y más en el momento en que la novia hacía su entrada en la catedral. La duquesa de Lorena y la reina María de Escocia portaron el manto de terciopelo azul de la cola nupcial de Isabel de Valois. Acompañaban al duque numerosos nobles, entre otros, Guillermo de Orange y el conde de Egmont. El duque adoptó la costumbre francesa e iba besando a las damas de la alta nobleza que se acercaban para saludarle. 

Concluida la ceremonia religiosa, Ruy Gómez de Silva se adelantó y puso en el dedo de la nueva reina de España una sortija, adornada con un diamante, que le regalaba Felipe II. Era el primer regalo que el rey hacía a su tercera mujer. Por la noche hubo una gran fiesta en la que no faltó un baile de máscaras y llegada la hora de la retirada, el duque de Alba tuvo que tomar posesión simbólica del lecho nupcial, en nombre de Felipe II, materializándose con el contacto físico de un brazo y una pierna con la cama. Después de someterse a este rito, hizo una reverencia a los cortesanos presentes y se retiró.




Una semana de incesantes fiestas siguió a la ceremonia nupcial. Se celebró un gran torneo en el patio del palacio de Tournelles, que resultará de fatídicas consecuencias. Justaban el rey Enrique y el caballero Gabriel de Montgomery, la lanza de éste último salta hecha pedazos, al chocar con brusquedad en la armadura real, y una astilla penetra en uno de los ojos del monarca, que cae desvanecido. Lo más probable es que no tuviera completamente bajada la visera del yelmo. La herida del rey fue tan espantosa que causó no pocos desmayos en la grada.

Se hizo llamar a los cinco mejores cirujanos de Francia e incluso el duque de Alba escribió a Felipe II para que enviara urgentemente al famoso cirujano Andrés Vesalio. La situación llegó a ser tan delicada que se ordenó la decapitación de cuatro convictos para que los médicos pudieran practicar sobre sus cabezas. El resultado en cualquier caso fue negativo. Diez días después de producirse el fatal accidente, moría el rey entre grandes sufrimientos. Previamente había aconsejado a su hijo el delfín que tuviese por padre a Felipe II y que guardase con él el mismo respeto y amistad que se guarda a un padre.



Francisco II y María Estuardo


Comenzaba así una triste luna de miel que se prolongaría los cuarenta días de obligado luto que se observaban en la corte francesa. En septiembre se iniciaron las fiestas de proclamación del nuevo rey Francisco II de Francia. En ellas tuvo un papel destacado la joven Isabel, que durante la ceremonia de coronación en la catedral de Reims estuvo sentada en un trono similar al de su cuñada María Estuardo, ahora reina de Francia y Escocia.

A principios de diciembre de 1559 sale por fin Isabel rumbo a la frontera con España. La corte entera acompañaba a la joven reina en su último viaje por tierras francesas, lo que retrasa enormemente el avance de la comitiva. El camino estuvo jalonado de lágrimas y versos nostálgicos entre Isabel, su madre y su cuñada. En Poitiers se produjo con grande pena la separación definitiva, no sin que antes los nuevos reyes de Francia escribieran a Felipe II para rogarle que amara a Isabel “ por el amor a la obediencia que iba a encontrar en ella ”. El siguiente paso del viaje fue Burdeos, donde la comitiva fue recibida por Antonio de Borbón, rey de la Navarra francesa, a cuyas espaldas, según el protocolo, recayó desde entonces el negocio de la entrega de la reina a los españoles.


Fuentes:
Emilio Calderón, Amores y desamores de Felipe II . 1991 Editorial Cirene
Catalina de Habsburgo, las Austrias. 2006 La Esfera de Los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España. 1989 Editorial Bitacora S.A
Antonio Villacorta, Las cuatro esposas de Felipe II. 2011 Ediciones Rialp, S.A.

9 comentarios:

CarmenBéjar dijo...

Encontré un día un enlace en internet donde te podías descargar unos archivos pdf sobre la vida de esta reina, con datos novedosos (por lo menos yo nos los conocía). A ver si lo encuentro y te los envio porque hace poco me quedé sin la unidad de mis documentos y fue todo un trauma.

Una reina marcada por la tragedia y la dichosa Leyenda Negra que se sacó después, salpicada por la maledicencia y las habladurías. La corte española de Felipe II no era tan tétrica como nos la han pintado y menos aún mientras lució en ella esta mujer. Amaba el lujo, las fiestas y el esplendor (no olvidemos que provenía de Francia y añadamos a esto su temprana edad).

Muy importante fue su labor diplomática de representante de la monarquía francesa ante la monarquía hispánica (ese artículo del que te hablo te lo explica muy bien)

UN beso

Magnolia dijo...

Pues te agradecería muchísimo si me pasaras ese enlace porque todo lo relacionado con la vida de esta reina me apasiona. Efectivamente Carmen, esta joven inteligente y refinada dio esplendor a la corte española. Veo que le gustaba las diversiones pero también el arte y las letras y en esta corte encontró grandes artistas. Su felicidad se vió empañada por su delicado estado de salud y por las malas relaciones entre su esposo y su problemático hijastro. En una reunión que mantuvo con su madre Catalina de Médicis defendió los intereses de España y su madre llegó a decirle: muy española veo que vienes. Aunque no le dio al rey un hijo varón, le dio dos mujeres inteligentísimas y en mi modesta opinión, mejor hubiese sido tener por reina a Isabel Clara Eugenia que a Felipe III.

Un gran abrazo, guapa

Gabriela Maiorano dijo...

Hola Magnolia!! Una mujer con una educación exquisita amiga. Además de una madurez admirable. Un casamiento muy triste al igual que la despedida de su madre. Apasionante hitoria.
Besossssss

lady grey dijo...

Hola Magnolia:
Tu no sabes lo mucho que admiro a esta dama!!Estaba esperando con desesperación la historia de esta Reina.
He leido acerca de ella y su historia me parece apasionante. Me encanta la perfección con la que describiste los hechos, por lo que espero la otra parte.
Te hago dos preguntas que me han aquejado desde que Isabel de Valois entró a mi circulo de Reinas favoritas:
¿Habrá sido feliz en España?¿Amó a su esposo o fue cierto que ella estuvo enamorada de su hijastro?
Exelentisima entrada...
Besos y abrazos...

Magnolia dijo...

Hola gabriela, ¿Cómo estás guapa?. Si, la joven reina comenzó con mal pie su matrimonio con la muerte de su padre en tan terrible accidente y la despedida de todo lo que ella amaba para ir a un país extraño y junto a un esposo desconocido debió de ser angustiosa. Estoy preparando la siguiente entrada.

Un fuerte abrazo :-)

Magnolia dijo...

Hola lady Jane Grey:
Bienvenida al club de las admiradoras de Isabel de Valois, esta reina junto a Juana de Castilla, Isabel de Portugal, María Luisa Gabriela de Saboya, Mercedes de Orleans y Victoria Eugenia de Battenberg forma el grupo de mis reinas españolas favoritas. La vida de Isabel en la corte española no fue del todo un ramillete de rosas, tuvo momentos dolorosos como abortos y las malas relaciones que mantenian su esposo y su hijastro Carlos, aparte de algunas infidelidades de Felipe de las que se arrepintió cuando ella cayó gravemente enferma y desde entonces le fue fiel. Ella amó a su esposo, le escribía a su madre diciéndole que tenía un marido muy cariñoso y que ella era muy feliz. En cuanto a la supuesta historia de amor imposible entre el príncipe Carlos e Isabel fue alimentada por la Leyenda Negra para desprestigiar a Felipe II, a dia de hoy muchos historiadores niegan rotundamente eso y yo soy de la misma opinión tras leer varios libros. Isabel de Valois sentía pena y compasión por aquél desdichado príncipe Carlos cuyo desequilibrio psíquico era evidente, él si se enamoró de ella pero no fue correspondido.

Un gran abrazo, guapa

PACO HIDALGO dijo...

Magnífico retrato de esta reina, con una vida ciertamente desgraciada, pero creo que fue la única mujer a la que amó Felipe II. Un cordial saludo.

Magnolia dijo...

Gracias Paco, soy de la misma opinión. Isabel de Valois fue la mujer que más tiernamente amó Felipe, cariño que después volcó en las dos hijas que ella le dió.

feliz fin de semana, un abrazo

Unknown dijo...

hola, estupendo sitio, me parece muy interesante y ahora me pasaré a verlo despacio.
quisiera comentar un detalle que me llamó mucho la atención y son las tumbas de isabel y carlos en el monasterio de el escorial. la verdad es que las busqué, las dos precisamente, y están situadas al final, una frente a la otra, donde acaban cada uno de los pasillos. las dos últimas tumbas.
aunque esta disposición no fue la elegida por el rey ya que sus enterramientos estaban en origen situados bajo el altar, así lo eligieron sus descendientes.
además hasta que la reina no tuvo su primera mestruación felipe la respetó y estuvo completando su formación junto al infante y juan de austria en alcalá de henares, con quienes compartió tutores.

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