sábado, 6 de febrero de 2010

MARIA LUISA GABRIELA DE SABOYA ( I )


Hay mujeres en España, y en el mundo entero, que se conocen poco por haber permanecido siempre bajo la sombra, en ocasiones benéfica y protectora, de un hombre importante. En el caso de María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, el dicho popular que sostiene que detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer, se corrobora. María Luisa, a pesar de su corta edad y de su inexperiencia, desempeñó un papel principal durante la Guerra de Sucesión, ya que sustituyó en la regencia a su esposo cada vez que este debía trasladarse a los escenarios bélicos. Y no sólo eso, sino que consiguió el amor y el respeto de sus súbditos, además de traer al mundo a cuatro hijos varones que aseguraron la sucesión al trono de la dinastía borbónica después de casi medio siglo de intentos fallidos. El talento y el atractivo de esta niña que fue reina quedan reflejados en numerosas canciones populares y testimonios de la época.



María Luisa Gabriela de Saboya nació el 13 de septiembre de 1688 en Turín. Era la segunda hija de Víctor Amadeo II de Saboya y de Ana María de Orleáns. La infancia de la princesa se vio improvisamente truncada por cuestiones diplomáticas y políticas ya que su tío, el rey francés Luis XIV, soñaba con convertir España en un satélite de Francia. Para eso organizó la boda entre su nieto, Felipe de Anjou y la niña de tan solo doce años.

El 11 de septiembre de 1701 tiene lugar la boda en la turinense basílica de la Sábana Santa, representando por poderes al rey de España el príncipe de Saboya–Carignan, tío de la novia. Los salones del impresionante castillo de Racconigi prestan su esplendor a las fiestas nupciales que apretadamente se celebran en una sola jornada y el 12 sale la nueva reina de España hacia Niza, acompañada por casi toda su familia más un buen número de servidores. Recibe allí la joven soberana al legado pontificio que acude desde Roma a entregarle en nombre del Papa, la Rosa de Oro junto con diversas reliquias que se le envía en consideración a que es la primera italiana que va a ocupar el trono español. En la bella ciudad mediterránea Carlos Filiberto de Este, marqués de Dronero, hace entrega al marqués de Castel-Rodrigo de la que es ya su soberana el 27 de Septiembre.



Felipe V


Luis XIV de Francia sabe que, aunque se ha dado a su nieto una esmerada educación, es un muchacho inexperto, de poco temperamento y conoce perfectamente lo qué ha sucedido en España con otros soberanos de similares características a las que muestra ahora su joven nieto Anjou, quienes fueron gobernados por sus ministros o por sus esposas. Así pues, el rey Luis prefiere que en el caso de que la voluntad de Felipe no se haga más resuelta le domine su esposa a que le domine algún prelado o algún aristócrata español. Pero como tampoco María Luisa estará muy capacitada todavía para ejercer tan importantísima misión, preciso será que tome a su cargo el previsor monarca francés la tarea de instruirla para lo cual nada mejor que poner a su lado a una dama de toda confianza: Anne Marie de la Trémouille de Noirmoutier, viuda en primeras nupcias del príncipe de Chalais y en segundas del duque de Bracciano, principe de Orsini. Esta dama conoce bien la corte de Madrid pues allí residió en la década de 1670 junto a su primer marido y tiene cualidades para ser la perfecta mediadora entre la corte de Francia y los nuevos soberanos de España cuyos pasos deberá guiar con máximo tacto e inteligencia, manteniendo siempre bien informado de sus actividades al gobierno francés, obtiene el cargo de Camarera Mayor de la reina.

En Niza se presenta Anne Marie sumándose a la comitiva. El mismo día en que ha tenido lugar la entrega a los españoles de su nueva reina por parte del séquito piamontés, se hace María Luisa a la mar en las galeras napolitanas comandadas por el conde de Lemos pero la difícil navegación y el persistente mareo que sufre la joven reina, obliga a la escuadra a replegarse en Marsella una semana continuando el viaje por tierra.


En Perpiñan se advierte a la soberana que debe despedirse de su servidumbre piamontesa, sin dejar que la acompañen hasta Barcelona, tal como le habían prometido. Esta brusca separación causa gran disgusto a la joven María Luisa, que de repente se halla en medio de extraños y escribe a su madre: "¿Cómo podré vivir en España sin un solo piamontés a mi lado?". La marcha del séquito piamontés fue sugerida por la princesa de Orsini, a quien los españoles llamarán de los Ursinos, con el fin de retirar cuanto antes a la condesa de Noyers, influyente aya, y evitar el excesivo apego que la joven soberana tenía hacia sus criados saboyanos. El rey de Francia da orden de que María Luisa no se entreviste a solas con el embajador de Saboya sin estar presente la Camarera Mayor. Esta precipitada medida será desastrosa para los primeros días del matrimonio.

Felipe ha salido de Madrid a principios de septiembre para aguardar en Barcelona la llegada de su esposa. Tras dos meses de espera, consumido por la impaciencia, escucha que la reina se acerca por fin a la frontera y decide adelantarse de incógnito para conocerla. Vistiendo un sencillo traje de caballero monta a caballo, sale al encuentro de la carroza real que halló cerca de la Junquera y se sitúa junto a la ventana simulando ser un caballero francés, enviado para recoger noticias sobre el viaje. Aunque María Luisa reconoce a su marido por el retrato miniatura que le han regalado, disimula divertida y conversa animadamente con él. El joven rey hizo de escolta departiendo con la reina y con la princesa de los Ursinos hasta llegar cerca de Figueres, en cuyo punto se separó de ellas, altamente prendado de la que venía a ser su esposa.


El 2 de noviembre de 1701, la reina llega a Figueres donde está previsto el primer encuentro con su esposo, que ya se produjo como hemos visto. María Luisa era de talla pequeña pero había en toda su persona una elegancia notable. Sus cabellos eran castaños, sus ojos casi negros llenos de fuego y de vivacidad. Su fisonomía conservó largo tiempo una expresión infantil pero muy inteligente, en una agradable mezcla de ingenuidad y de gracia pueril. Su tez era de notable blancura y tenía las mejillas gruesas, talle airoso, pies pequeños y manos encantadoras. En una palabra, ganaba mucho en ser vista y oída, pues sus retratos no dan más que una mediana idea de sus encantos, mientras que su persona estaba llena de atractivo. Un embajador francés dijo sobre la reina que no podía decirse que fuera una belleza pero si que su figura agradaría siempre a cualquier hombre de gusto delicado.

Felipe V



El 3 de noviembre se celebra el encuentro oficial y la inmediata ratificación del matrimonio en la iglesia parroquial. Después de la ceremonia religiosa, los soberanos se sientan a cenar en público. La Camarera Mayor y las damas españolas, según exige la etiqueta, sirven la comida. Con el fin de halagar a su esposa y acomodarse a sus gustos, Felipe V ha dispuesto que la mitad del menú servido en el banquete sean guisos al estilo francés. Esta novedad causa una curiosa rebelión entre las damas que alegando las más variadas circunstancias, como el peso o el excesivo calor de las fuentes, se las arreglan para sacar a la mesa exclusivamente platos españoles. El desaire de la servidumbre a la reina no pasa inadvertido, aunque ni siquiera la princesa de los Ursinos, atónita por lo ocurrido, es capaz de reprender a nadie en ese momento. La cena resulta larga y desagradable.

Cuando los reyes se retiran a sus aposentos para preparar la noche de bodas, estalla el conflicto. María Luisa, ofendida por el agravio, se siente desolada. Llora sin cesar y reclama empecinada que se organice su regreso inmediato a Saboya y la anulación de la boda, antes de su consumación. Felipe espera mientras tanto en su habitación, ya desvestido para pasar la primera noche junto a su esposa, cuando recibe la bochornosa visita de la Camarera Mayor anunciándole la negativa de la reina a permanecer en un pais donde se la humilla de tal forma. Durante varias horas, la Ursinos trata de calmar a la soberana restándole importancia al incidente. A la mañana siguiente consulta con el duque de Medinasidonia y el conde de Santisteban para encontrar una solución al conflicto. Éstos juzgan como intolerable la insolente actitud de las damas, a las que se obligará a pedir excusas, pero también creen que la reacción de la joven reina es una simple pataleta infantil que sólo cabe esperar que pase.


Luis XIV de francia



El enfado le duró a la reina tres días, en los cuales Felipe se exasperó, pues la esposa demostró una gran entereza de carácter, no permitiendo al rey que entrara en su cámara. Para permitirle la entrada, la joven reina exigía de Felipe que la respetase como soberana, advirtiéndole que no soportaría ningún tipo de desplante de ningún súbdito y menos de sus damas. Felipe no tuvo más remedio que ceder, ya que según parece sufría de incontinencia sexual y estaba deseando consumar el matrimonio. Le prometió solemnemente que no consentiría para el futuro que ninguna dama se mostrase con humos delante de ella, ni tendría María Luisa por qué acatar otras órdenes que las del rey, que no serían dadas en ningún caso para humillarla sino para enaltecerla ante la corte. Se superó la crisis, prometió el rey y se doblegó María Luisa. Pero temiendo Felipe V que aquel inicial comportamiento de su consorte pudiese sentar el precedente para lo sucesivo de una conducta caprichosa con tercas puerilidades, se apresuró a escribir a su abuelo contándole lo sucedido y, como siempre, pidiéndole consejo.



Fuentes:
Fernando Gonzalez-Doria,
Las Reinas de España . 1989 Editorial Bitacora S.A
María Jose Rubio,
Reinas de España. Siglos XVIII-XXI de María Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz. 2009 La Esfera de los Libros S.L
http://archivo.lamanana.com.es/index.php/lamanana/ver-mujeresenlahistoria/maria_luisa_gabriela_de_saboya/
http://retratosdelahistoria.lacoctelera.net/post/2010/01/31/maria-luisa-gabriela-saboya

2 comentarios:

Madame Minuet dijo...

Madame la saboyana es una de las reinas de españa que mas simpatias me despierta. Y creo que asi ocurre a la mayoria de la gente. Tan jovencita cuando llegó a tierras de españa, y lo bien que supo adaptarse en poco tiempo y en las peores circunstancias posibles, con la situacion tan revuelta.
Dignisima reina doña María Luisa Gabriela.

Feliz tarde, madame

Bisous

Magnolia dijo...

yo también soy fan de la saboyana. De hecho Juana de Castilla, Isabel de Portugal, Maria Luisa Gabriela, Isabel de Valois, Mercedes de Orleans y Victoria Eugenia de Battenberg son mis favoritas dentro de las soberanas españolas. Sobre la reina Gabriela no entiendo como no han hecho una película o se escriben libros sobre ella porque es admirable la entereza mostrada desde tan jovencita.

un fuerte abrazo, feliz semana

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