En su tiempo fue considerada, junto a Ana de Bretaña, Luisa de Saboya y Catalina de Aragón, una de las mujeres más inteligentes de la realeza europea. Era la hija menor del entonces archiduque Maximiliano de Austria y de María de Borgoña. La archiduquesita Margarita, con sólo tres años de edad, es llevada a Francia por su compromiso matrimonial con el delfín Carlos. En el pacto de Arrás firmado entre su padre y el rey Luis XI de Francia se acordó que la dote de Margarita incluiría el Franco Condado y la región de Artois.
El mismo año de la llegada de la niña a la corte francesa tuvo lugar el ascenso al trono de su prometido el delfín Carlos, de trece años de edad, tras el fallecimiento de su padre el rey. En la corte francesa sería educada por Jeanne de Courradon y el señor de L’Espinay, hermano del cardenal de Burdeos. De este período data su iniciación en la práctica de la pintura y la música, a las que había que sumar las misas de la mañana, las visitas de beneficencia, las lecturas religiosas y las interminables sesiones de bordado, en las que sus pequeños dedos tejían con hilos de oro sobre la seda azul de un estandarte los siete lirios del escudo francés. Era tratada como “Madame la Reine”.

Garrett Mattingly nos dice que la archiduquesa había estado casada con Carlos solamente per verba de futuro, la forma más solemne de compromiso, y Catalina de Habsburgo ofrece la fecha del 22 de julio de 1485 como el momento del enlace de la niña y el joven rey Carlos VIII. Los ministros y parientes más cercanos aconsejaron a Carlos VIII que pidiese la disolución de su matrimonio con Margarita y se casase con la duquesa Ana de Bretaña. Así pues la joven fue repudiada antes de consumar su matrimonio.
Los nuevos esponsales del monarca francés se celebraron el 6 de diciembre de 1491. Para Margarita, entonces sola y abandonada, fue la situación más humillante de su vida. Los cortesanos la evitaban, sus privilegios se evaporaban y además tuvo que esperar a que finalizaran las largas y complicadas negociaciones diplomáticas para poder regresar a los Países Bajos. Margarita de Austria conservará de esos dos años, en que fue rehén de los franceses, un rencor que durará casi hasta el final de su vida y repercutirá en sus futuras decisiones políticas.
Tras diez años de ausencia, regresó a su tierra natal donde su padre la recibió con honores dignos de una reina. Puso a su disposición una casa en Flandes y una corte formada por miembros de las familias más ilustres de los Paises Bajos. El emperador Maximiliano I decide entonces dar un giro en su política de alianzas, aproximándose a los poderosos Reyes Católicos con el fin de aislar a Francia mediante el matrimonio de su hijo Felipe con la infanta Juana y el de Margarita con el príncipe heredero Juan.
La flota española que acompañó a la infanta Juana hasta Flandes, estuvo amarrada en Middelburg esperando a Margarita de Austria para poder regresar a Castilla. Allí permanecieron en lenta espera hasta que de los quince mil miembros de la tripulación española, nueve mil murieron de hambre y de frío, dado el duro clima del norte. La archiduquesa se hizo a la mar en pleno invierno de 1497 para ir al encuentro del príncipe Juan. Durante el viaje afrontaron una terrible tempestad en medio del océano, tan fuerte era ésta que todos temieron un naufragio. Margarita propuso que, en caso de que ella se ahogara en el mar, los supervivientes hicieran llegar la noticia de que era su voluntad que se pusiera en su tumba el siguiente epitafio:
Aquí yace Margarita
¡infeliz ella!
Pues, dos veces casada,
Murió doncella.
La flota española que acompañó a la infanta Juana hasta Flandes, estuvo amarrada en Middelburg esperando a Margarita de Austria para poder regresar a Castilla. Allí permanecieron en lenta espera hasta que de los quince mil miembros de la tripulación española, nueve mil murieron de hambre y de frío, dado el duro clima del norte. La archiduquesa se hizo a la mar en pleno invierno de 1497 para ir al encuentro del príncipe Juan. Durante el viaje afrontaron una terrible tempestad en medio del océano, tan fuerte era ésta que todos temieron un naufragio. Margarita propuso que, en caso de que ella se ahogara en el mar, los supervivientes hicieran llegar la noticia de que era su voluntad que se pusiera en su tumba el siguiente epitafio:
Aquí yace Margarita
¡infeliz ella!
Pues, dos veces casada,
Murió doncella.
Pero afortunadamente a principios de marzo desembarcó en Santander sana y salva, siendo recibida por una muchedumbre, encabezada por el condestable y el conde de Haro, que la condujo hasta Burgos donde la esperaba la reina Isabel. El príncipe y el rey Fernando salieron al encuentro de la joven al lugar de Villasevil.
Según las descripciones Margarita era encantadora: sus ojos de cervatilla, levemente rasgados, eran inmensos y cambiantes; su tez aterciopelada, entre rosa y dorada; su rubia cabellera provocaba la admiración de todos los que la veían. No era demasiado alta pero tenía un cuerpo muy bien proporcionado.
Margarita, además de suscitar de inmediato el encendido amor del Príncipe que deseaba cuanto antes consumar el matrimonio, fue recibida como una hija y al mismo tiempo como una princesa merecedora de todas las ceremonias protocolarias. La reina Isabel deseó agasajar a la joven esposa de su hijo cubriéndola de regalos. Las fiestas del matrimonio de Juan y Margarita fueron grandiosas.
Según las descripciones Margarita era encantadora: sus ojos de cervatilla, levemente rasgados, eran inmensos y cambiantes; su tez aterciopelada, entre rosa y dorada; su rubia cabellera provocaba la admiración de todos los que la veían. No era demasiado alta pero tenía un cuerpo muy bien proporcionado.
Margarita, además de suscitar de inmediato el encendido amor del Príncipe que deseaba cuanto antes consumar el matrimonio, fue recibida como una hija y al mismo tiempo como una princesa merecedora de todas las ceremonias protocolarias. La reina Isabel deseó agasajar a la joven esposa de su hijo cubriéndola de regalos. Las fiestas del matrimonio de Juan y Margarita fueron grandiosas.
La ceremonia religiosa se celebró en la catedral de Burgos en abril de 1497 y el cardenal Cisneros fue el encargado de la homilía. Ocurrió un suceso a la salida de la boda, la hacanea en la que cabalgaba el príncipe se espantó y dio con el principesco jinete en una acequia, pero todo quedó en un susto acabando en risas lo que pudo ser llanto. Después de la boda vino el gran banquete nupcial. Parecía como si la reina quisiera desplegar para tal ocasión todo el boato del mundo.
Después de la cena vino la danza, iniciándola el propio rey Fernando sacando a bailar a la princesa Margarita. El príncipe Juan bailó con su hermana la infanta María y el duque de Alba con la infanta Catalina, que tenía entonces once años, y sin duda sería su primer baile. Una fiesta que se prolongó hasta bien entrada la noche. Y los novios consumaron su matrimonio con la misma furia que hicieron gala la otra pareja en Flandes. La luna de miel debió de durar poco más de un mes.
Los Reyes Católicos obsequiaron a su nuera con plata, joyas, textiles, tapicería y libros. El impresionante legado que le hicieron a Margarita contribuyó, sin lugar a dudas, en la formación de su gusto artístico.
Después de la cena vino la danza, iniciándola el propio rey Fernando sacando a bailar a la princesa Margarita. El príncipe Juan bailó con su hermana la infanta María y el duque de Alba con la infanta Catalina, que tenía entonces once años, y sin duda sería su primer baile. Una fiesta que se prolongó hasta bien entrada la noche. Y los novios consumaron su matrimonio con la misma furia que hicieron gala la otra pareja en Flandes. La luna de miel debió de durar poco más de un mes.
Los Reyes Católicos obsequiaron a su nuera con plata, joyas, textiles, tapicería y libros. El impresionante legado que le hicieron a Margarita contribuyó, sin lugar a dudas, en la formación de su gusto artístico.
El enamoramiento de los recién casados complacía a todos, pero el latinista Pedro Mártir, aunque alaba grandemente a la princesa, manifiesta sus recelos de que tanto amor no sea bueno para el joven príncipe. La pasión que siente por su esposa inquieta incluso al propio Juan, su confesor tuvo que decirle que no se sintiera culpable por ello. El tiempo que pasan juntos en el lecho preocupa a los médicos de la corte. Temen que el príncipe sea demasiado joven y débil para tales esfuerzos. Los médicos y el propio rey exhortan a la reina para que interponga su ascendiente separando a los cónyuges y que se abra una tregua en las incesantes relaciones amorosas, pero la reina responde que los hombres no tienen poder para desatar lo que Dios ha unido. A partir de un cierto momento, los consejeros le recuerdan cuán débil ha sido siempre la constitución del príncipe y que el caso del rey Fernando no puede servir de ejemplo porque su esposo estaba dotado desde su nacimiento de un admirable vigor corporal. La reina hizo oídos sordos.
Seguramente no murió el joven príncipe por abusar de su condición de casado. Siempre fue débil y aunque el matrimonio fuese una sobrecarga de actividad, parece que Juan sufrió de un ataque de viruelas mientras estaba en Medina del Campo. El ataque fue en julio o agosto y en la enfermedad se supone que el príncipe cesaría sus relaciones con su amada esposa para no contagiarla. Los reyes ordenaron el traslado de su hijo a Salamanca esperando que pudiera reponerse bajo los cuidados de su ayo, fray Diego de Deza.
Seguramente no murió el joven príncipe por abusar de su condición de casado. Siempre fue débil y aunque el matrimonio fuese una sobrecarga de actividad, parece que Juan sufrió de un ataque de viruelas mientras estaba en Medina del Campo. El ataque fue en julio o agosto y en la enfermedad se supone que el príncipe cesaría sus relaciones con su amada esposa para no contagiarla. Los reyes ordenaron el traslado de su hijo a Salamanca esperando que pudiera reponerse bajo los cuidados de su ayo, fray Diego de Deza.
El 6 de octubre de 1497, el Príncipe de Asturias muere en los brazos de su padre, al lado de esa esposa a la que tanto había amado. Sus últimas palabras fueron para ella: "A partir de ahora, mi alma habita dentro de ti". El reino entero llora sinceramente a su amado príncipe. Todos los castellanos, sin distinción de estamento, visten luto durante cuarenta días y, durante los meses siguientes, se considerará de mal gusto utilizar otros colores que no sean el negro, el malva o el violeta.
Los padres quedaron desolados. Margarita, la joven viuda vestida de negro, llevaba un hijo en sus entrañas y por ella, todos, los Reyes y la Corte, intentaban no exteriorizar su duelo por no afligir aún más a la enamorada viuda que en tan duro trance se veía. Pero a veces el dolor que sentían se hacía patente a los que los rodeaban. Margarita, sumida en una profunda tristeza por la muerte de su esposo, daría a luz prematuramente una niña que no sobrevivió.

Una vez conocida la noticia, Maximiliano de Austria trata de que su hija regrese de inmediato a Flandes pero otra vez la diplomacia se tomará su tiempo y ello no podrá ser posible hasta el verano de 1499, cuando Margarita emprende el viaje desde Granada hasta Bayona, donde la espera un enviado de su hermano, Felipe el Hermoso. Antes de su partida tendrá lugar la penosa división de bienes, en la que se le devolverá lo que ella había llevado como dote, más lo que había recibido, tanto como donación propter nupcias como en forma de regalo antes y después de la muerte de su marido.
El 24 de Febrero de 1500, Juana de Castilla dio a luz en Gante al primer hijo varón del archiduque Felipe de Austria. Respondiendo a la ansiosa llamada de su hermano, Margarita se dio prisa para llegar a Gante. En un gesto de cortesía, Felipe permitió que su hermana sostuviera al recién nacido sobre la pila bautismal, el 7 de marzo. Margarita, que apareció llevando un vestido español, recomendó llamar al recién nacido “Juan” en memoria de su esposo fallecido. Sin embargo Felipe hizo bautizar al niño como Carlos por su abuelo, Carlos “El Temerario”.
Fuentes:
Catalina de Habsburgo, las Austrias. 2006 La Esfera de Los Libros S.L
Manuel Fernandez Alvarez, Isabel La Católica. 2006 Espasa Calpe S.A
Bethany Aram, la reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. 2001 Marcial Pons, Ediciones de Historia S.A
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Vicenta Marquez de la Plata, El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos. 2008 Santillana Ediciones Generales, S.L
http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Austria_(1480-1530)
http://www.sigojoven.com/grupos/munidores_de_la_historia/articulo/margarita_de_austria_gobernadora_de_flandes_y_tutora_de_carlos_v
Fuentes:
Catalina de Habsburgo, las Austrias. 2006 La Esfera de Los Libros S.L
Manuel Fernandez Alvarez, Isabel La Católica. 2006 Espasa Calpe S.A
Bethany Aram, la reina Juana, Gobierno, piedad y dinastía. 2001 Marcial Pons, Ediciones de Historia S.A
Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Vicenta Marquez de la Plata, El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos. 2008 Santillana Ediciones Generales, S.L
http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Austria_(1480-1530)
http://www.sigojoven.com/grupos/munidores_de_la_historia/articulo/margarita_de_austria_gobernadora_de_flandes_y_tutora_de_carlos_v


2 comentarios:
Madame, que buen gusto tiene usted para los personajes que elige! Esta mujer inteligente tambien es interesantisima. Que frase maravillosa la de "A partir de ahora, mi alma habita dentro de ti".
Y estoy deseando que llegue a aquella historia con el duque de Suffolk!
Buenas noches, madame
Bisous
Gracias madame,cierto es que la vida de esta dama no tiene desperdicio digna del mejor de los culebrones y merece más atención. La siguiente entrada promete ser muy interesante. Dado su alto concepto de la responsabilidad y el deber debió marchar con un sabor agridulce de España al no poder haber dado un heredero de su primer gran amor.
Feliz semana, madame
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