miércoles, 6 de enero de 2010

ISABEL DE ARAGON, La Reina Santa de Portugal



En 1271 nace en el palacio de la Aljafería de Zaragoza la infanta Isabel de Aragón, hija del rey Pedro III y de la reina Constanza de Sicilia. Se le puso el nombre de Isabel en honor a su tía-abuela, Santa Isabel de Hungría. Recibió una esmerada educación palaciega y parece que desde muy joven ya destacó por tener una personalidad piadosa y caritativa. Antes de cumplir los diez años, su padre había entablado negociaciones con el monarca portugués para el matrimonio entre su hija y el rey Dionis I de Portugal. Éste aceptó gustoso y donó a la princesa, en calidad de arras, los señoríos de Obidos, Abrantes y Porto de Mos, donación verificada en abril de 1281. Con las negociaciones ya avanzadas, en febrero de 1288, una embajada de Dionís con sus más importantes consejeros llegaba a Barcelona para celebrar el matrimonio por poder y, a continuación, escoltar a la princesa hasta la villa portuguesa de Trancoso, donde se iba a celebrar la ceremonia religiosa.

Finalmente, el 24 de junio tuvo lugar el enlace, seguido de la celebración de unas fiestas ensalzadas por la historiografía como las más importantes de la Plena Edad Media lusa. Era don Dionis un hombre culto, seductor, de genio violento, infiel y con una vida bastante escandalosa, lo cual era una continua causa de sufrimientos para la joven reina. Doña Isabel dio dos hijos al rey: Alfonso y Constanza. Al tiempo que educó y acogió a los seis hijos ilegítimos de su esposo.



El rey dejaba a la reina plena libertad para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. En horas libres se reunía con otras damas a coser y bordar y confeccionar ropas para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuanto necesitado encontraba. Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos.

En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados. Conseguía ayudas para construir puentes en sitios peligrosos y repartía con gran generosidad toda clase de ayudas. Visitaba enfermos, conseguía médicos para los que no tenían con qué pagar la consulta; hacía construir conventos para religiosos, a las muchachas muy pobres les costeaba lo necesario para que pudieran entrar al convento, si así lo deseaban. Tenía guardada una linda corona de oro y unos adornos muy bellos y un hermoso vestido de bodas, que prestaba a las muchachas más pobres, para que pudieran lucir bien hermosas el día de su matrimonio.



Su marido el rey Dionis era un buen gobernante pero vicioso y escandaloso. Ella rezaba por él, ofrecía sacrificios por su conversión y se esforzaba por convencerlo con palabras bondadosas para que cambiara su conducta. Una de las leyendas que hablan sobre los milagros de doña Isabel dice que la reina Santa frecuentemente distribuía Monedas del Tesoro Real a los pobres para que pudieran comprar el pan de cada día. En una ocasión, el rey, sospechando de sus actos, comenzó a espiarla. Cuando la reina comenzó a distribuir monedas entre los pobres, su esposo lo observó y enfurecido fue a reclamarle. Cuando el rey le ordenó que le enseñara lo que estaba dando a los pobres, las monedas de oro se convirtieron en rosas.

Llevó a cabo una labor pacificadora por su intervención delicada en los asuntos de gobierno, tan difícil en ciertos momentos. Hay que destacar en ella este especial don. Así, merced a su constante y discreta intervención, contribuyó a reconciliar a Portugal con el Papa, reconciliación que se confirmó con la firma de un Concordato y con la fundación de la Universidad de Coimbra. Una alta visión política, a la par que un gran desprendimiento, demostró tener la reina cuando cedió parte de sus derechos a la dote que le correspondía, en favor de su sobrina la hija de don Alfonso, hermano de don Dionís. Con ella quedó apaciguado el intento de guerra civil que para defender los intereses de su hija se aprestaba a promover don Alfonso. También afianzó la paz entre castellanos y portugueses, mediante la unión matrimonial de sus hijos con los del rey de Castilla. En momentos difíciles para esta paz se entrevistó con la reina castellana María de Molina, siendo eficaz su intervención para los intereses de ambos reinos.



Su hijo Alfonso dio muestras desde muy joven de poseer un carácter violento y rebelde. Y en parte, esta rebeldía se debía a las preferencias que su padre demostraba por sus hijos naturales. En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Por lo que respecta a la reina Isabel, además del profundo dolor que una madre podía sentir al ver peleando a padre e hijo, la cuestión fue un poco más complicada. Cuando su hijo se apoderó del señorío de Leiría, que había sido concedido a Isabel por su esposo, el rey la creyó cómplice del hijo. La reina fue privada del señorío, la jurisdicción y las rentas de Leiría, además de pasar a residir, bajo fuerte vigilancia militar, en el castillo de Alemquer. Doña Isabel logró escapar de su vigilancia en Alemquer para mediar entre padre e hijo y lograr una concordia.

La reina llegó a presentarse en el campo de batalla y de rodillas ante el esposo o el hijo les pedía que se reconciliasen. En más de una ocasión tuvo que intervenir para detener el derramamiento de sangre. Se conservan algunas cartas de esta reina pacificadora. Escribe a su esposo: " Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo. Pero al mismo tiempo haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre ". 

 Al hijo le escribe: " Por Santa María la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas, arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos, pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito con el rey ".
 
La reina quiso edificar un monumento, situado en el actual Campo Grande (Lisboa), en recuerdo de la paz conseguida para todo el reino. Cuando el rey Dionis falleció, su esposa que lo había estado cuidando con desvelo y abnegación, se vistió el hábito de las clarisas, cortó por sí misma los cabellos de su cabeza y volviendo ante el cadáver de su esposo, dijo a los cortesanos presentes: «Daos cuenta de que a la vez que al Rey perdisteis a la Reina». Al enviudar y heredar el trono su hijo Alfonso IV, quedó libre para entregarse más por entero a sus devociones y a sus obras de caridad. Hasta el fin de sus días vivió una vida retirada, vistiendo siempre el hábito de la Tercera Orden franciscana, aunque libre de votos religiosos, pues siempre quiso mantener su patrimonio, como ella dice, para construir iglesias, monasterios y hospitales.

Liberada, pues, a los deberes de la Corte, no vive sino para ayudar al necesitado. Sus riquezas van a parar a los pobres y enfermos en forma de ropa y alimentos. En los hospitales pasaba largas horas consolando a los allí acogidos. Construyó iglesias y monasterios: ella misma dirigió las obras del monasterio de Santa Clara de Coimbra. Realizó dos peregrinaciones a Santiago de Compostela llevadas a cabo en 1327 y en 1335, como una peregrina más, sin otra compañía que algunas damas de su antigua corte que quisieron acompañarla. Allí ofreció, como prueba de devoción al Apóstol Santiago, la corona más noble de su tesoro.



Al regreso de su última peregrinación, tuvo noticias de nuevos conflictos familiares, esta vez entre su hijo Alfonso IV y su nieto el rey Alfonso XI de Castilla, hijo de Constanza de Portugal. A pesar de su ancianidad, emprendió un larguísimo viaje por caminos muy peligrosos y con calores horrendos para poner paz entre los dos contendientes. Fue recibida por su hijo en el castillo de Estremoz, pero sintiéndose enferma se retiró a descansar. Unas pocas horas más tarde, el 4 de julio de 1336, fallecería, no sin antes haber hecho prometer a su hijo que de ninguna manera se enfrentaría de manera fratricida con su nieto.

Fue sepultada en el convento de las Clarisas de Coimbra, aunque fue transportado posteriormente hacia Santa Clara-a-Nova, donde reposa en la actualidad. Su canonización tuvo lugar el 25 de mayo de 1625, a cargo del papa Urbano VIII. Su cuerpo permanecía incorrupto, tres siglos después, cuando abrieron su tumba de la que exhalaba un aroma a sándalo y rosas.


Fuentes:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/isabel_santa.htm
http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=619
http://www.corazones.org/santos/isabel_portugal.htm
http://poesiadelmomento.com/hispanica/49mujeres.html#BRUNILDA

6 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Un personaje muy querido y admirado en Portugal, madame, y sin embargo creo que bastante desconocido aqui, por lo que me ha parecido fantastico que le dedique usted esta entrada.

Buenas noches, madame

Bisous

CAROLVS II, REX HISPANIARVM dijo...

Paragonable a nuestro Fernando III el Santo o San Luis de Francia...cada Corona podía presumir de un santo del que sentirse orgulloso como descendientes...

1saludo

Magnolia dijo...

Es un consuelo que al menos en el pais en el que fue reina consorte, se la recuerde y venere.

Buenas noches, madame.

Un fuerte abrazo

Magnolia dijo...

Ciertamente Carolvs II, de tanto en tanto surgía una figura con un aura de santidad en aquella época tan belicosa y convulsa como fue la edad media.

Un saludo y gracias por pasarte :-)

Milano dijo...

Para los interesados en el personaje de la Reina Santa os recomiendo la novela La rosa de Coimbra, biografía novelada de Isabel de Portugal, de María Pilar Queralt del Hierro. Dela misma autora son Leonor (sobre Leonor Teles) e Inés e Castro, otras dos figuras portuguesas.

Magnolia dijo...

Muchas gracias por la información de estos libros, Milano. Yo tengo la rosa de Coimbra e Inés de Castro y me has despertado la curiosidad sobre el de Leonor Tellez de Meneses.

Saludos